January 14, 2021
De parte de Amor Y Rabia
151 puntos de vista


por Pablo Malo

7 de diciembre de 2020

Este art├şculo que voy a comentar concluye que los esfuerzos para combatir la COVID-19 han sido moralizados, es decir, combatir la COVID-19 se ha convertido en un mandato moral que tiene muchas de las cualidades de lo que se considera un valor sagrado. Debido a ello, el da├▒o que puedan causar las medidas para luchar contra la COVID-19 (sean costes econ├│micos, en derechos y libertades o en muertes) se perciben como m├ís aceptables que los costes debidos a no combatir la COVID, por ejemplo costes debidos a priorizar la econom├şa o costes que no tienen nada que ver con la COVID, como reducir accidentes de tr├ífico. Pero antes de resumir el art├şculo vamos a recordar lo que es el proceso de moralizaci├│n del que ya hablamos aqu├ş.

En cualquier cultura, en un momento determinado, existe un consenso acerca de las actividades que caen dentro del dominio de la moral y las que caen fuera. Pero esta dicotom├şa no es estable o inamovible, sino que el estado moral de una actividad fluye y cambia con el tiempo. La Moralizaci├│n es el proceso por el que una actividad que previamente se consideraba fuera del campo moral entra dentro del mismo. Por citar un ejemplo, en los ├║ltimos a├▒os se ha ido moralizando el consumo de carne de manera que ha aumentado la creencia de que comer carne es inmoral. Al proceso inverso, es decir, que un objeto o actividad considerada moral salga del dominio moral, Paul Rozin lo denomina Amoralizaci├│n. Un ejemplo podr├şa ser el cambio en las actitudes hacia la homosexualidad. Lo que no se comprende  muy bien son las causas de este proceso de moralizaci├│n, es decir, por qu├ę en determinado momento una conducta se moraliza o se amoraliza. Parece haber, sin embargo, un consenso en que la percepci├│n de un da├▒o es algo esencial. Podemos verlo en el caso de la carne. Cada vez m├ís gente considera que el sufrimiento causado a los animales de los que nos alimentamos no est├í justificado. Es probable que el proceso de moralizaci├│n no pueda funcionar sin la existencia de un da├▒o (real o percibido).

Volviendo al art├şculo, el estudio consiste en dos experimentos. El primero de ellos se realiza en USA con una muestra de sujetos de TurkPrime a la que se les presenta una serie de escenarios que describen 3 tipos de costes:

1- Coste social. En este escenario el Dr. Bloom, que es un experto en salud p├║blica, critica las medidas que ha tomado su ciudad. En un escenario las medidas han sido priorizar la econom├şa y en el otro escenario las medidas han sido combatir la COVID-19. Pero el escenario es exactamente el mismo, la tasa mortalidad por caso es 1% en ambos escenarios, por ejemplo. El resultado es que al Dr. Bloom, en ambos casos, se le acosa en Twitter y se pide su dimisi├│n, etc.

2- Coste Sanitario. En estos escenarios se presenta a los participantes unos modelos estad├şsticos que han cometido una serie de fallos que han llevado a una infra-estimaci├│n de la diseminaci├│n del virus y en el otro a una sobre-estimaci├│n. Las consecuencias sanitarias y en muertes son iguales en ambos casos.

3- Coste en derechos humanos. En este escenario un polic├şa comete un abuso de poder y multa a 15 personas o incluso llega a detener a una persona (que en los videos se ven que no han quebrantado la ley) pero en un contexto lo hace porque cree que se han saltado las medidas de protecci├│n frente al virus y en el otro caso cree que se han saltado las normas de circulaci├│n.

El resultado es que los participantes muestran una asimetr├şa en sus valoraciones de manera que aceptan los costes sociales (el acoso al experto), los costes sanitarios (las enfermedades y  muertes por el error estad├şstico) y los costes en derechos humanos (el abuso de poder del polic├şa)  cuando estos costes han sido debidos a los esfuerzos para contener al virus. La aceptaci├│n del da├▒o, cuando es debido a las medidas contra la COVID-19, viene mediada, seg├║n los autores, por la indignaci├│n moral. Los esfuerzos para eliminar el virus reducen la indignaci├│n moral y los deseos de castigar y aumenta, por contra, la aceptaci├│n del da├▒o que resulte de los mismos. Por otro lado, las personas que m├ís miedo tienen a contraer la infecci├│n y los que se identifican como liberales (en sentido americano, es decir, dem├│cratas) moralizaron m├ís los esfuerzos a  favor de reducir el da├▒o de la COVID-19.

El segundo experimento tiene lugar en Nueva Zelanda a primeros de Octubre un momento en que no hubo ning├║n caso registrado en el pa├şs, es decir, se hab├şa eliminado el virus. En este segundo estudio se les presenta a los participantes dos propuestas de investigaci├│n exactamente iguales pero la primera plantea que abandonar la estrategia de eliminaci├│n del virus (la que ha seguido Nueva Zelanda) puede aumentar el sufrimiento humano, mientras que la segunda plantea que continuar la estrategia de eliminaci├│n puede aumentar el sufrimiento humano. Los datos y la informaci├│n son iguales en ambas.

Los resultados son que los participantes evaluaron la propuesta que cuestionaba la estrategia de eliminaci├│n (la que ha seguido Nueva Zelanda) como de menos valor, de menos calidad y al equipo que la realiz├│ como menos competente que la propuesta partidaria de mantener la estrategia de eliminaci├│n. La indignaci├│n moral volv├şa a ser el mediador de esta valoraci├│n y tambi├ęn result├│ que los participantes que se sent├şan m├ís amenazados de poder contraer el virus y los que se consideraban m├ís de izquierdas mostraron una mayor asimetr├şa (se supone que Nueva Zelanda no est├í tan polarizada como USA).

Las conclusiones globales del estudio son que ante la amenaza tan grave, urgente y visible que est├í suponiendo la COVID-19, los esfuerzos para reducir el da├▒o que produce se han moralizado y se han convertido en mandatos morales, de forma que los efectos secundarios de estos esfuerzos (sean en forma de muertes, consecuencias econ├│micas o p├ęrdidas de libertades) se aceptan como m├ís tolerables que id├ęnticos da├▒os que no se deban a esfuerzos relacionados con la COVID-19.  Estos resultados son compatibles con los resultados del conjunto de trabajos existente en psicolog├şa sobre un campo que se llama de los valores sagrados. Las asimetr├şas se deben  a la indignaci├│n moral y las personas con m├ís miedo de contraer el virus y los de ideolog├şa pol├ştica m├ís de izquierdas muestran una mayor indignaci├│n moral. Como esto ocurre tanto en USA como en Nueva Zelanda, los autores deducen que no se debe a un determinado clima pol├ştico sino que probablemente refleja la existencia de diferencias ideol├│gicas o en valores profundas entre la derecha y la izquierda. La izquierda pondr├şa el ├ęnfasis en evitar el da├▒o y los conservadores en las libertades personales. 

Estos hallazgos ilustran una consecuencia importante de la moralizaci├│n, que hemos visto en la vida real y que el segundo experimento de este estudio corrobora, a saber, que han existido desacuerdos entre cient├şficos de prestigio pero que la moralizaci├│n ha hecho imposible el debate mesurado y la valoraci├│n de los datos y los argumentos. La postura adoptada por Suecia o la que ha propuesto la Great Barrington Declaration han sido condenadas p├║blicamente por otros cient├şficos como inmorales o no ├ęticas. Hemos visto c├│mo se ha atacado personalmente a John Ioannidis o a Sunetra Gupta y no por troles de las redes sociales sino por otros colegas. Hemos hablado en este blog con frecuencia de los peligros de la moral. Las convicciones morales se viven como objetivas y como universalmente obligatorias por lo que conducen a la intolerancia, al castigo y al silenciamiento de  los que no comparten esas mismas creencias morales. 

Hemos visto c├│mo la posibilidad de tener un debate cient├şfico ha saltado por los aires. Se ha creado el bando de los buenos y el bando de los malos y cualquier discusi├│n o conversaci├│n matizada sobre los costes de las estrategias ante la COVID-19 ha resultado imposible. Esta ausencia de debate cient├şfico ha tenido probablemente unos costes por la toma de decisiones equivocadas por desconocimiento exacto de la realidad. Esfuerzos que podr├şan haber conducido a una mayor comprensi├│n del coste de las medidas y estrategias adoptadas han sido desanimados, no han recibido fondos o han sido obstaculizados o rechazados, lo que supone un coste para toda la sociedad. Tal vez m├ís adelante, en fr├şo, pueda volver a hacerse ciencia, pero la triste realidad es que durante la pandemia ha resultado imposible.

Aparte de todo lo anterior quer├şa hacer una reflexi├│n sobre otro aspecto moral de esta pandemia, independiente -pero creo que complementario- del anterior. Frans de Waal habla del c├şrculo de la moralidad de la siguiente manera (aunque en realidad prefiere la imagen de una pir├ímide flotante como vamos a ver). Afirma que la moralidad surgi├│ evolutivamente para tratar primero con la propia comunidad, despu├ęs con otros grupos; m├ís tarde, con los humanos en general y finalmente, ha englobado a los animales no humanos. Al decir de De Waal, el c├şrculo de la moralidad se extiende m├ís y m├ís solo si est├í garantizada la salud y la supervivencia de los niveles y c├şrculos m├ís internos. Cuando los recursos se reducen, el c├şrculo se encoge y las conductas morales se pliegan hacia lo m├ís ├şntimo, algo que est├í en consonancia con la afirmaci├│n de Peter Singer de que un aumento de la riqueza entra├▒a un aumento de las obligaciones para con los necesitados. 

A diferencia de Singer, de Waal prefiere conceptualizar este c├şrculo moral como una pir├ímide flotante. La fuerza que eleva la pir├ímide del agua -su flotabilidad- procede de los recursos disponibles. El tama├▒o que asoma por encima del agua refleja  la amplitud de la inclusi├│n moral. Cuanto m├ís se eleva la pir├ímide, m├ís amplia ser├í la red de ayuda y obligaciones. La gente que est├í a punto de morirse de hambre s├│lo puede permitirse una peque├▒a punta de la pir├ímide moral: cada uno ir├í a la suya. En ├ępoca de necesidad prevalecen en todo caso las obligaciones para con los m├ís cercanos, las obligaciones m├ís b├ísicas, las presididas por la lealtad, que para De Waal es un deber moral b├ísico.

Y creo que esto es lo que hemos observado en esta ├ępoca de pandemia, que nuestro c├şrculo moral se ha constre├▒ido al aqu├ş y al ahora y nos hemos olvidado de los que est├ín m├ís lejos y de lo que viene despu├ęs. Hemos visto gobiernos que han retenido respiradores para atender primero a su poblaci├│n, o peleando y pujando en el mercado para conseguir el material de protecci├│n del que carec├şan; no se han tenido en cuenta las repercusiones econ├│micas para los pa├şses m├ís pobres de detener la econom├şa y el turismo; se han abandonado campa├▒as de vacunaci├│n de ni├▒os en Africa y en otros lugares as├ş como diagn├│sticos y tratamientos de enfermos de c├íncer; las consecuencias sobre el medio ambiente del uso generalizado de mascarillas ha pasado a un segundo plano, etc.  Como dice de Waal, es l├│gico cuando hay una amenaza y nos atenaza el miedo y no estoy juzgando, s├│lo estoy describiendo este estrechamiento del c├şrculo. 

Me parece que observando la estrategia que hemos seguido en esta pandemia a nivel global vemos efectivamente un hundimiento de la pir├ímide, una respuesta insolidaria, parroquiana y egoista de los pa├şses m├ís ricos para con los pa├şses m├ís pobres y de los ciudadanos o grupos m├ís ricos de cada pa├şs con respecto a los m├ís pobres. En este pa├şs hemos visto, por ejemplo, que un gobierno que se ha subido el sueldo en plena pandemia ha tomado medidas que han impedido que muchos ciudadanos puedan ganarse el suyo. Y hemos visto tambi├ęn a gente que tiene un sueldo seguro y la posibilidad de teletrabajar pidiendo que nos quedemos en casa, cosa que un vendedor ambulante de Mexico o Bangkok no puede hacer. Me pregunto qu├ę habr├şa pasado si en tiempos de pandemia la ley exigiera bloquear las cuentas de todos los ciudadanos y asignar a todos y cada uno de nosotros un sueldo de 1.000ÔéČ, desde los miembros del gobierno a la cajera del supermercado pasando por los sanitarios. ┬┐Habr├şan sido las medidas las mismas cuando los que las toman tienen skin in the game, como dice Taleb?

Esta pandemia no ha sido s├│lo un problema sanitario, ha sido un problema econ├│mico y tambi├ęn un problema moral. Pero creo que no ha habido un debate o una conversaci├│n sobre los dilemas y aspectos morales asociados a la pandemia y a las decisiones para enfrentarla. Espero que en alg├║n momento tenga lugar ese debate y que  la sociedad aprenda de lo sucedido y dise├▒e estrategias de afrontamiento que impidan cuando llegue la pr├│xima pandemia, por un lado, que la ciencia se pare y, por otro, que eviten todo lo que se pueda el estrechamiento del c├şrculo moral o el hundimiento de la pir├ímide moral flotante que dice de Waal.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com