April 15, 2022
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
263 puntos de vista

El Grupo Socialista del Congreso de los Diputados apoy贸 con su voto el 29 de marzo tramitar una proposici贸n de ley del Partido Popular, Ciudadanos y dos partidos del grupo mixto para ampliar la pena de prisi贸n permanente revisable a dos nuevos supuestos: cuando el autor de un asesinato sea reincidente y cuando no confiese d贸nde escondi贸 el cad谩ver de la v铆ctima. El respaldo socialista a la tramitaci贸n parlamentaria de este proyecto de reforma de la pena m谩s alta que contempla nuestro C贸digo Penal, se nos dice, no implica un voto futuro favorable al mismo, ya que el PSOE afirma que quiere obtener los mismos objetivos modificando otros aspectos del C贸digo, pero que est谩 abierto a la discusi贸n suscitada por el partido mayoritario de la derecha y las formaciones liberales.

La prisi贸n permanente revisable fue incorporada al C贸digo Penal espa帽ol en una reforma de 2015, durante el gobierno de Mariano Rajoy. El C贸digo Penal vigente prev茅 esta pena para los delitos determinados como m谩s graves, como los asesinatos m煤ltiples, los de menores de 16 a帽os y personas vulnerables, los que se produzcan en concurso con un delito contra la libertad sexual y los que cometan miembros y grupos de organizaciones criminales o terroristas, as铆 como el asesinato del Rey, la Reina o el heredero al trono.

La pena contempla una pena de prisi贸n permanente que puede revisarse cumplidos entre 25 y 30 a帽os de prisi贸n ininterrumpida. Pasado ese plazo, el tribunal debe volver a revisarla de oficio cada dos a帽os. Por tanto, se trata de una pena que puede convertirse en una cadena perpetua de facto, cuyo cumplimiento completo queda en manos de los juzgados, en base a los informes presentados ante los mismos por los servicios penitenciarios, a帽adiendo as铆, a la posible perpetuidad de la pena, una componente de zozobra e inseguridad para el preso sobre su situaci贸n penitenciaria que se reitera cada dos a帽os.

La prisi贸n permanente revisable entra en abierto conflicto con la redacci贸n del art铆culo 15 de la Constituci贸n espa帽ola, que proh铆be expresamente las penas 鈥渋nhumanas y degradantes鈥. Sin embargo, no lo vio as铆 el Tribunal Constitucional que, al pronunciarse sobre la misma en una sentencia de 2021, con siete votos favorables (el sector conservador) y tres en contra (el sector progresista) determin贸 que la regulaci贸n de la prisi贸n permanente es conforme a la Carta Magna siempre que se interprete de forma que el condenado que salga en libertad, tras una revisi贸n, y vuelva a cometer un delito o rompa las condiciones de la libertad condicional, siga teniendo derecho a las revisiones tras volver a prisi贸n. Esta sentencia es uno m谩s de los m煤ltiples ejemplos de c贸mo el bloqueo a la renovaci贸n de los 贸rganos esenciales del poder judicial operado por la derecha en los 煤ltimos a帽os ha permitido al sector m谩s conservador y hostil a las libertades p煤blicas de la judicatura controlar uno de los poderes esenciales del Estado, en abierta contradicci贸n con la composici贸n real de la sociedad espa帽ola reflejada en las urnas.

La prisi贸n permanente revisable es una pena de cadena perpetua camuflada y es, por ello, una forma de castigo encaminada, 煤nicamente, a multiplicar el sufrimiento del preso de forma 鈥渋nhumana y degradante鈥, sin que tenga finalidad alguna desde el punto de vista de la resocializaci贸n del delincuente ni de la prevenci贸n del delito.

Hay que tener en cuenta que el ejercicio de la justicia penal por parte del Estado no puede interpretarse desde el prisma con que contemplar铆amos la respuesta visceral por parte de la v铆ctima del delito. Lo que puede ser comprensible por parte de una v铆ctima, en atenci贸n al sufrimiento padecido, no lo es desde el punto de vista de la actuaci贸n estatal. El Estado democr谩tico act煤a en nombre de toda la sociedad, y no puede tener como uno de sus fines la venganza o la multiplicaci贸n del sufrimiento, sino que debe orientar su sistema penal a la prevenci贸n del delito y la humanizaci贸n de las relaciones sociales.

As铆, la funci贸n retributiva de la pena (hacer sufrir al que me hizo sufrir) ha sido justamente marginalizada por la Ciencia Penal moderna desde la ca铆da del Antiguo R茅gimen absolutista. En su lugar, se plantea para el sistema penal una funci贸n preventiva, que impida que el delito se expanda en la sociedad y que los delincuentes reincidan en sus il铆citos; y una finalidad humanizadora, que permita recuperar para la sociedad, mediante procesos de reinserci贸n, a sujetos que, muchas veces, han cometido il铆citos concretos empujados por las persistentes desigualdades econ贸micas o la falta de acceso a servicios sanitarios, psiqui谩tricos o de servicios sociales b谩sicos, en un contexto de degradaci贸n creciente del Estado de Bienestar.

La cadena perpetua, obviamente, excluye toda forma de resocializaci贸n del preso. Pero tambi茅n lo hacen las condenas de muy larga duraci贸n que producen el efecto psicol贸gico conocido entre los profesionales como 鈥減risionizaci贸n鈥, es decir, adaptaci贸n extrema del preso al contexto carcelario que le incapacita para la vida en libertad. Este efecto explica, en gran medida, la reincidencia de algunos sujetos que sufren largas condenas de c谩rcel y que luego no pueden adaptarse a un contexto distinto, que implica formas distintas de convivencia interpersonal, como el que se encuentran al salir de prisi贸n.

Adem谩s, la cadena perpetua tampoco ayuda en la prevenci贸n del delito. Y ello por dos razones: porque impulsa el proceso de expansi贸n sin freno del sistema penal y los discursos del llamado 鈥減opulismo punitivo鈥; y porque dicha expansi贸n del sufrimiento asociado al sistema penal a cada vez mas 谩mbitos y sectores sociales acaba produciendo fen贸menos concomitantes de deslegitimaci贸n del sistema mismo y de c谩lculo funesto de las penas asociadas a sus acciones por parte de los delincuentes. Nos explicaremos.

En primer lugar, es una constante hist贸rica, percibida en numerosas sociedades, que el sistema penal, si no encuentra una clara limitaci贸n por parte de la sociedad y los poderes p煤blicos, tiende a expandirse a todos los 谩mbitos sociales. El aumento continuado de penas y la aprobaci贸n de legislaciones cada vez m谩s duras, tras su previsible fracaso, impone la percepci贸n de la necesidad de penas a煤n m谩s duras y procedimientos a煤n menos garantistas. Esta carrera no tiene final. La 煤nica manera de garantizar la no reincidencia individual es la pena de muerte, pero dicha pena no garantiza la no expansi贸n del delito en el resto de la sociedad, por lo que legislaciones hist贸ricas especialmente b谩rbaras han llegado a ensayar la imposici贸n de penas a los descendientes y familiares de los delincuentes, que no han cometido delito alguno. El sistema penal no se limita a s铆 mismo, sino que tiene que ser limitado por la sociedad desde una perspectiva democr谩tica y humanizadora.

En segundo lugar, un sistema penal m谩s duro deslegitima al Estado. El sistema penal no funciona en el vac铆o, sino en una sociedad de clases donde los delitos se definen y penan en funci贸n, muchas veces, aunque no siempre, de los intereses de las clases dominantes. Los delincuentes y los pobres suelen ser los mismos. La pobreza y la falta de acceso a servicios sociales, educativos, psiqui谩tricos o sanitarios p煤blicos y gratuitos, multiplica la comisi贸n de delitos, sobre todo de los delitos que han sido previamente definidos por la clase poseedora. Un sistema penal cada vez m谩s duro, que se ceba sobre los pobres, deslegitima al poder al hacer visible su condici贸n de clase. No en vano, la Bastilla fue lo primero en caer en la Revoluci贸n Francesa.

En tercer lugar, penas muy duras imponen, en la mente del delincuente, la idea de que cometer otros delitos para intentar evitar la detenci贸n es, de facto, algo que no conlleva un aumento real de la pena. Si la condena es la prisi贸n permanente, quiz谩s cometa otro delito menor para intentar ocultar el principal, si ya no me pueden condenar a nada m谩s. El delincuente puede, en este contexto, disparar al polic铆a que va a detenerle por asesinato, asesinar a la persona a la que ha agredido sexualmente, o asesinar a los testigos de un crimen, si piensa que, con ello, va a tener una posibilidad de escapar a la acci贸n de la Justicia, pero no va a cumplir una pena sustancialmente mayor, porque la pena por el primer delito ya es permanente o pr谩cticamente permanente.

El sufrimiento de las v铆ctimas de delitos especialmente graves es un argumento importante, y a todos nos conmueve. Las v铆ctimas deben recibir una atenci贸n especial e integral del conjunto de nuestra sociedad. Ayudas financieras directas, atenci贸n psicol贸gica y emocional, respeto, acompa帽amiento en los momentos duros, acceso directo al sistema judicial. Tambi茅n, se debe experimentar con las nuevas formas de justicia restaurativa, que favorezcan los procesos de apoyo, concienciaci贸n, minimizaci贸n del dolor y mediaci贸n entre los sujetos implicados. Nadie puede evitar el sufrimiento de las v铆ctimas, y debemos acompa帽arlas y suturar, en lo posible, sus heridas.

Pero reclamar que el Estado practique una justicia penal retributiva (que haga sufrir a quien hizo sufrir) sin finalidad resocializadora o preventiva alguna, es un error. Pretender que el sistema penal puede resolver el problema del delito, s贸lo con elevar las penas y eliminar las garant铆as de los justiciables, es una utop铆a que lo 煤nico que hace es multiplicar el sufrimiento y expandir la l贸gica penal al conjunto de la sociedad. La 鈥渟ociedad-c谩rcel鈥 no es una sociedad m谩s pac铆fica o segura para la ciudadan铆a, sino una sociedad atravesada por una violencia constante donde los derechos fundamentales han desaparecido. La historia de los sistemas penales occidentales nos demuestra que el control del poder y la limitaci贸n de la vigilancia social son buenas ideas.

Adem谩s, la c谩rcel (y esto lo dejamos para otro art铆culo) es una herramienta penal que ha demostrado sus dificultades para la resocializaci贸n del delincuente y para la prevenci贸n del delito. La c谩rcel es un mito hecho de sufrimiento y dolor, m谩s que una realidad hecha de humanizaci贸n o castigo. Deber铆amos empezar a experimentar con otros modelos penales como la justicia restaurativa o las comunidades terap茅uticas, pero tambi茅n invertir fuertemente en un sistema penal r谩pido y garantista y en unos centros penitenciarios con recursos y donde tanto funcionarios como presos puedan sentirse seguros (porque dif铆cil es que, quienes no se sienten seguros en su vida cotidiana o profesional, que puede abarcar muchos a帽os, puedan centrarse en su concienciaci贸n personal o en su trabajo de resocializaci贸n).

El delito y la pobreza generan heridas que la c谩rcel no es capaz de restaurar. Esa es la verdad. Lejos de buscar una pena centrada en multiplicar el sufrimiento, nuestros poderes p煤blicos deber铆an buscar la manera de humanizar y hermanar a una sociedad donde los enfermos mentales no encuentran tratamiento, y los seres humanos no encontramos estabilidad y paz. El populismo punitivo no conduce a ninguna parte.

Jos茅 Luis Carretero Miramar.

Fuente: https://kaosenlared.net/sobre-la-pr…




Fuente: Grupotortuga.com