June 23, 2021
De parte de La Haine
318 puntos de vista


Pol铆tica como 茅tica de lo colectivo

Para entender la concepci贸n gramsciana de la pol铆tica como 茅tica de lo colectivo hay que fijarse en tres aspectos. El primero y principal es la pasi贸n (razonada) con que Gramsci defendi贸 siempre la veracidad en pol铆tica. El segundo aspecto es la comparaci贸n que fue estableciendo, en las notas de los Cuadernos de la c谩rcel, entre filosof铆a de la praxis y maquiavelismo. Y el tercero, su di谩logo (tentativo) con el Kant del imperativo categ贸rico en el contexto de una interesante discusi贸n sobre irrealismo y relativismo 茅tico.

Ya de joven Gramsci hab铆a escrito, con mucho fervor moral, que la verdad debe ser respetada siempre, independientemente de las consecuencias que tal respeto pueda traer. La b煤squeda de la verdad y la aspiraci贸n a la veracidad en el quehacer pol铆tico son congruentes con la explicitaci贸n de las propias convicciones y 茅stas deben ha llar en su propia l贸gica la justificaci贸n de los actos que el hombre con convicciones cree necesario llevar a cabo. La mentira y la falsificaci贸n 鈥揹eclaraba este Gramsci joven鈥 s贸lo producen, en cambio, castillos en el aire que otras mentiras y otras falsificaciones har谩n de caer.[1] M谩s tarde Gramsci hizo suya la m谩xima de Lassalle, seg煤n la cual la verdad es siempre revolucionaria. 芦Decir la verdad y llegar juntos a la verdad禄 fue para 茅l la sustancia moral del programa comunista en la 茅poca de L鈥橭rdine Nuovo. En los cuadernos y en las cartas escritas desde la c谩rcel reiterar谩 que decir la verdad es consustancial a la pol铆tica aut茅ntica, la t谩ctica de toda pol铆tica revolucionaria. La exaltaci贸n de la veracidad, ya no s贸lo frente a la mentira o el enga帽o expl铆citos, sino incluso frente a la falsa piedad y la compasi贸n mal entendida, es el hilo rojo a trav茅s del cual, en su epistolario, trata de fundir una relaci贸n afectiva sana y la vida buena en la esfera p煤blica. Se podr铆a decir que es la veracidad de Gramsci, esta pasi贸n suya por buscar y decir la verdad, lo que m谩s conmueve en las Cartas de la c谩rcel, probablemente porque el lector atento capta enseguida que ah铆, en esta pasi贸n vivida en condiciones tan penosas, est谩 una de las causas de su tragedia.

Pero, 驴c贸mo cuadran y se complementan la exaltaci贸n de la veracidad, esta insistencia en la necesidad de decir la verdad en pol铆tica, con la atracci贸n que Gramsci ha sentido por Maquiavelo? 驴No es Maquiavelo el padre moderno de la 芦doble verdad禄 en pol铆tica, el representante por antonomasia de una concepci贸n de la pol铆tica en la que el decir la verdad no tiene cabida porque se equipara a ingenuidad?

Gramsci ha defendido firmemente la principal lecci贸n de Maquia velo: la distinci贸n de planos, de car谩cter anal铆tico, entre 茅tica y pol铆tica, con la consiguiente afirmaci贸n de la autonom铆a del 谩mbito de lo pol铆tico.[2] Esta distinci贸n implica que la actividad del hombre pol铆tico ha de ser juzgada por la aptitud o inaptitud de sus propuestas y proyectos en la vida p煤blica, esto es, con relativa independencia del juicio que expresemos acerca de la buena o mala fe del individuo, de la persona, que es un juicio moral. Esta distinci贸n es b谩sica para el fil贸sofo pol铆tico y para la forma laica del hacer pol铆tica, aunque todav铆a ahora choque con importantes reticencias en las democracias real mente existentes. La afirmaci贸n met贸dica de la autonom铆a del 谩mbito pol铆tico implica que el hombre pol铆tico no puede ser juzgado prioritariamente por lo que 茅ste haga o deje de hacer en su vida privada, sino teniendo en cuenta si mantiene o no, y hasta qu茅 punto lo hace, sus compromisos p煤blicos. En este 谩mbito el juicio 鈥損iensa Gramsci鈥 es pol铆tico y, por tanto, lo que hay que juzgar es la coherencia, la conformidad de los medios a determinados fines. Lo cual no quiere decir que la coherencia pol铆tica se oponga por principio al ser honesto, como pretenden los tergiversadores de Maquiavelo y los pseudo-maquiavelianos. El reconocimiento de que el juicio en este plano es pol铆tico va acompa帽ado por la afirmaci贸n de que la honestidad de la persona es precisamente un factor necesario de la coherencia pol铆tica.

En la vida moderna esta confusi贸n entre el plano 茅tico y el plano pol铆tico tiene dos consecuencias. La primera, y m谩s fundamental, es la permanencia de una concepci贸n muy extendida (lo que Maquia velo llamaba la hipocres铆a cristiana) tendente a desvalorizar la pol铆tica como actividad en nombre de una moral universalista y absolutizadora, de una moral declamatoria pero que luego no se practica. La persistencia de esta tendencia se encuentra reforzada, en el mundo contempor谩neo, por el hecho de que, efectivamente, existe en la sociedad una amplia capa de pol铆ticos profesionales (lo que hoy se llama 芦la clase pol铆tica禄) que vive en y de la pol铆tica con mala fe, sin convicciones 茅ticas, haciendo de las actuaciones y decisiones p煤blicas un asunto de inter茅s privado.

Ah铆 anida la corrupci贸n. Y esto conduce a la identificaci贸n vulgar de la pol铆tica con la mentira, el enga帽o y la doblez, con el falso maquiavelismo. Gramsci rechaza esta muy ex tendida identificaci贸n y recuerda al respecto un viejo chiste jud铆o:

芦驴A d贸nde vas?禄 鈥損regunta Isaac a Benjam铆n鈥. 芦A Cracovia禄 鈥搑esponde Benjam铆n鈥. 芦隆Qu茅 mentiroso eres! Dices que vas a Cracovia para que yo crea que vas a Lemberg, cuando s茅 muy bien que vas a Cracovia. 驴Qu茅 necesidad hay de mentir?禄. De donde deduce, primero, que en lo que hace a la pol铆tica como praxis se podr谩 hablar de reserva (de la prudencia cl谩sica), pero no de mentira en un sentido mezquino; y, segundo, que decir la verdad, en el sentido de ser veraz, es precisamente una necesidad cuando se trata de pol铆tica alternativa a la politiquer铆a, es decir, de la actividad pol铆tica que tiene en cuenta y prioriza los sentimientos y las creencias de las gentes.[3]

Todav铆a hay otro aspecto importante por considerar en la reflexi贸n de Gramsci; a saber: que es precisamente la ampliaci贸n de esta con fusi贸n de planos entre los de abajo lo que acompa帽a y facilita siempre la generalizaci贸n y manipulaci贸n del sentimiento que provoca la corrupci贸n pol铆tica en la llamada opini贸n p煤blica, impuls谩ndola hacia la negaci贸n y liquidaci贸n gen茅rica de la pol铆tica en cuanto tal. La oscilaci贸n entre el hacer pol铆tica sin convicciones 茅ticas y la manipulaci贸n moralista de la opini贸n p煤blica contra toda pol铆tica es, para Gramsci, la consecuencia 煤ltima del primitivismo, del car谩cter muy elemental de una cultura que a煤n no distingue con claridad entre los planos 茅tico y pol铆tico. Dicho de otra manera: lo que a veces se ha presentado y se presenta pretenciosamente como escepticismo o como cinismo respecto de determinadas actuaciones en la esfera p煤blica no es tal, no es en realidad cr铆tica de la pol铆tica en acto, sino m谩s bien falta de cultura pol铆tica inducida por aquellos que quieren mantener a los de abajo al margen de la participaci贸n pol铆tica.

Tampoco la tradici贸n social-comunista, la filosof铆a de la praxis o el materialismo hist贸rico en alguna de sus versiones, se ha librado del todo de esta confusi贸n de planos entre 茅tica y pol铆tica. En los Cuadernos de la c谩rcel Gramsci ha denunciado la existencia de una mala tendencia en el materialismo hist贸rico que, en la vulgarizaci贸n de 茅ste, enlaza con las peores tradiciones de la cultura media italiana y las favorece. Alude en ese contexto a la improvisaci贸n, al talentismo, a la pereza fatalista, al diletantismo fantasioso, a la falta de disciplina intelectual, a la irresponsabilidad y a la deslealtad moral e intelectual.[4] Esta cr铆tica trae a la memoria los mismos rasgos psico-sociol贸gicos que Gramsci hab铆a denunciado, unos a帽os antes, en su an谩lisis sobre los or铆genes socioculturales del fascismo en Italia. En aquella circunstancia, Gramsci hab铆a escrito, efectivamente, que el desorden intelectual conduce al desorden moral y que 茅ste ha sido uno de los componentes del ascenso del fascismo. Enlazando con esta preocupaci贸n, en los Cuadernos de la c谩rcel afirma la necesidad de una cr铆tica interna, severa y rigurosa, sin convencionalismos ni diplomacias, de una cr铆tica doble: cr铆tica de los prejuicios y convenciones, de los falsos deberes y de las obligaciones hip贸critas, pero tambi茅n cr铆tica del escepticismo de pose, del relativismo absoluto y del cinismo esnob.

La b煤squeda de un equilibrio entre 茅tica privada y 茅tica p煤blica (o sea, entre 茅tica y pol铆tica como 茅tica de lo colectivo) se lleva a cabo en Gramsci a trav茅s de una cr铆tica del maquiavelismo corriente y del marxismo vulgar. En ambos casos la degradaci贸n del punto de vista original, de Maquiavelo y de Marx, consiste, por as铆 decirlo, en la confusi贸n de la moral pol铆tica con la moral privada, de la pol铆tica con la 茅tica.

La gran contribuci贸n de Maquiavelo habr铆a consistido, para Gramsci, en haber distinguido anal铆ticamente la pol铆tica de la 茅tica. Y en haberlo hecho, en los or铆genes de la modernidad, no s贸lo, o no principalmente, en t茅rminos elitistas, en beneficio del Pr铆ncipe, sino en favor de los de abajo. De ah铆 su republicanismo. La pregunta es: 驴supone esta distinci贸n un desprecio o una anulaci贸n de la 茅tica, como se dice a veces? La respuesta de Gramsci es: no. Esa derivaci贸n es consecuencia de una mala lectura de Maquiavelo favorecida por los competidores hist贸ricos del maquiavelismo, empezando por los jesuitas, 芦que fueron en la pr谩ctica sus mejores disc铆pulos禄.[5]

El uso peyorativo, vulgar, pero interesado, de la palabra 芦maquiavelismo禄 reduce la pol铆tica a la imposici贸n de la raz贸n de estado con desprecio de todo principio 茅tico. Pero Maquiavelo no es reducible al 芦maquiavelismo禄 vulgar o inventado. Maquiavelo es, para Gramsci, a la vez un cient铆fico de la pol铆tica y un hombre pol铆tico. Como cient铆fico, establece una distinci贸n anal铆tica entre la moral y la pol铆tica, precisamente para dar autonom铆a a la pol铆tica como ciencia, como reflexi贸n racional. Esta distinci贸n anal铆tica, hecha por razones metodol贸gicas, no niega toda moral. El mismo Maquiavelo, como hombre pol铆tico, no puede dejar de ocuparse del 芦deber ser禄. Tanto para Maquiavelo en los or铆genes de la modernidad como, por extensi贸n, para todo aquel que pretenda reflexionar sobre el 芦nuevo pr铆ncipe禄 (sobre pol铆tica, poder y deber en la modernidad tard铆a), la complicaci贸n del asunto viene dada por la pregunta acerca de qu茅 tipo de 芦deber ser禄 es 茅ste: si mero acto arbitrario y abstracto o voluntad concreta.[6] Cuando, en uno y otro caso, el 芦deber ser禄 es con templado como voluntad concreta se est谩 afirmando la necesidad de otra moral, de una moral distinta de la dominante, cristiano-confesional, vaticanista o secularizada. Esta 煤ltima, como vislumbr贸 Maquiavelo, hace imposible la pol铆tica laica, pues, qued谩ndose en el anuncio del Para铆so (en sus m煤ltiples formas), conduce al desastre en este mundo. Lo que Maquiavelo estableci贸 es, por tanto, una relaci贸n entre 茅tica y pol铆tica m谩s pr贸xima a la concepci贸n de los antiguos, para los cuales la pol铆tica era tambi茅n, como conocimiento y como pr谩ctica, m谩s fundamental que la 茅tica. Esto, que es obvio para todo lector culto de las obras de Arist贸teles, queda olvidado o disfrazado en la versi贸n vulgar, corriente, del maquiavelismo.

De la misma manera que la distinci贸n anal铆tica, maquiaveliana, entre 茅tica y pol铆tica (con la consiguiente denuncia de una 茅tica, con creta, hist贸ricamente determinada, que no permite desarrollarse a la pol铆tica como 芦茅tica p煤blica禄) acab贸 dando lugar a la versi贸n vulgar del maquiavelismo, as铆 tambi茅n la denuncia marxiana de la doble moral burguesa, de los falsos deberes y de las obligaciones hip贸critas (con la consiguiente propuesta de una pol铆tica revolucionaria, de una 茅tica p煤blica laica) no ha podido evitar la confusi贸n. As铆 nace, de un lado, el politicismo, la peque帽a pol铆tica (que se desliza desde la negaci贸n de la universalidad de los valores hacia el escepticismo 茅tico ab soluto); y, de otro, la politizaci贸n de los viejos valores tradicionales (en el marco del propio partido pol铆tico), con lo que se tiende a situar a los amigos pol铆ticos m谩s all谩 de la justicia. Esta 煤ltima derivaci贸n es, para Gramsci, lo que caracteriza a las sectas y las mafias, en las cuales lo particular (la amistad y la fraternidad propias del 谩mbito privado) se eleva a universal y no se distingue ya entre el plano de la moral individual y el plano del quehacer pol铆tico, entre 茅tica y pol铆tica.[7]

Esta parte de la reflexi贸n de Gramsci sobre 茅tica y pol铆tica sigue siendo interesant铆sima y de mucha actualidad. Por varias razones. Desde el punto de vista historiogr谩fico, por lo que tiene de recuperaci贸n de Maquiavelo, de afirmaci贸n del car谩cter 芦revolucionario禄 del 芦maquiavelismo禄 aut茅ntico, frente a sus cr铆ticos interesados. Des de el punto de vista de la teor铆a pol铆tica, porque contribuye a elevar el principal descubrimiento de Maquiavelo a sentido com煤n ilustra do, lo cual permitir谩 hablar con propiedad de una cultura pol铆tica nacional-popular a la altura de los tiempos. Y desde el punto de vista de la evoluci贸n hist贸rica de los marxismos, porque conduce a una ampliaci贸n radical del concepto maquiaveliano de la relaci贸n entre 茅tica y pol铆tica, a la idea de un 芦pr铆ncipe moderno禄, que no es ya in dividuo singular, sino organizaci贸n colectiva, la cual tiene que saber distinguir tambi茅n, anal铆ticamente, entre 茅tica y pol铆tica en su seno. Pero hay m谩s. Esta parte de la reflexi贸n gramsciana, basada en la comparaci贸n entre maquiavelismo y marxismo, permite pensar con provecho en uno de los grandes asuntos de la vida p煤blica contempor谩nea, el de la relaci贸n entre pol铆tica y delito.

Es conocida la atracci贸n que se siente por el 芦comunitarismo禄 tradicional de las mafias y las sectas, de las organizaciones cerradas, en los momentos de crisis cultural y de identidad colectiva, o de crisis de la pol铆tica (y hoy vuelve a hablarse de 芦la muerte de la pol铆tica禄).

Esta atracci贸n va acompa帽ada por la tendencia, sobre todo en los casos de corrupci贸n pol铆tica, a poner a los propios (a los amigos pol铆ticos del propio partido) m谩s all谩 de la justicia, exigiendo reiteradamente que se trate a 茅stos en la esfera p煤blica como los tratar铆amos en familia. Aquella atracci贸n y esta tendencia juntan el at谩vico moralismo, que niega jurisdicci贸n a la justicia de los hombres cuando se trata de 芦los nuestros禄, y el moderno sectarismo mafioso, que retrotrae el juicio sobre los delitos p煤blicos de los pol铆ticos a la comparaci贸n interesada sobre la moralidad privada de los individuos (芦la moralidad de los nuestros est谩 fuera de toda duda y por encima de lo que decidan los tribunales禄, se suele decir en tales casos).

Tiene inter茅s subrayar que, tanto en su di谩logo con Maquiavelo como en su di谩logo con Kant sobre la relaci贸n entre 茅tica y pol铆tica, Gramsci vuelve a encontrar en el materialismo hist贸rico de Marx (una vez liberado de sus interpretaciones vulgares) el hilo que con duce a la afirmaci贸n de la superioridad de la concepci贸n de los antiguos en este punto: la priorizaci贸n de las virtudes propias del 谩mbito de la polis, la priorizaci贸n de las virtudes pol铆ticas. El ser humano sigue siendo un zoon politikon, un animal pol铆tico. Pero el moderno 芦primitivo禄 no siempre lo sabe.

Maquiavelo se lo record贸. Gramsci pretende, adem谩s, organizarlo para que pueda llevar a cabo su propia reforma moral e intelectual. Por eso el fundamento de la moral superior, de la moral sin m谩s, ser铆a para 茅l la socr谩tica b煤squeda del conocimiento cr铆tico, la superaci贸n de la ignorancia y del desorden intelectual que nos lleva a obrar mal.

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Notas:

[1] 芦Per la verit脿禄 [1916], en Cronache torinesi: 1913-1917, al cuidado de S. Ca prioglio, Einaudi, Tur铆n, 1980, p谩g. 5. De entre los estudiosos de Gramsci quien mejor ha tratado este punto ha sido A. A.

Santucci, 芦Per la verit脿: intellettuali, classe, potere禄, en Senza comunismo, Editori Riuniti, Roma, 2001, p谩gs. 65-76.

[2] Q. 1598-1601.

[3] Q. 699-700.

[4] Q. 749.

[5] Q. 1857.

[6] Q. 1577-1578.

[7] Q. 750-751.

Extracto del ep铆grafe Pol铆tica como 茅tica de lo colectivo del libro de Francisco Fern谩ndez Buey Leyendo a Gramsci.




Fuente: Lahaine.org