November 26, 2021
De parte de Amor Y Rabia
311 puntos de vista


D铆a tras d铆a, a cada hora, se nos informa sobre la cantidad de muertos y contagiados de COVID-19. Supuestos expertos especulan sobre cu谩ndo se producir谩 el famoso pico de contagios (que parece empe帽arse en dilatarse en el tiempo).

Periodistas y comentaristas de toda laya y pelaje discurren sobre la famosa 鈥渃urva鈥 y su 鈥渁planamiento鈥. Se habla todo el tiempo de la eventual saturaci贸n del sistema sanitario, y las autoridades muestras cifras en las que creen ver (aunque a veces comentan groseros errores con los datos), la confirmaci贸n de lo acertado de la decisi贸n tomada por ellas en esta aut茅ntica cruzada de salvaci贸n p煤blica sin distinci贸n de bander铆as pol铆ticas: en perfecta sinton铆a Alberto Fern谩ndez, Axel Kicillof y Rodr铆guez Larreta. Con iron铆a pudo referirse a ellos Jorge As铆s como 鈥渆l nuevo partido conservador鈥. De momento conforman un s贸lido bloque pol铆tico. Aqu铆 no hay grieta: ante la amenaza del COVID-19 鈥渆stamos todos juntos鈥. Ese es el mensaje. Como en un poema 茅pico los generales marchan al un铆sono en la guerra contra el enemigo invisible. Al fin todos unidos: peronistas, radicales y prosistas. Pero, 驴y si en vez de un poema 茅pico nos hall谩ramos ante un cuento?

Significativamente, hay algunas cifras de las que no se habla nunca. La primera: 驴cu谩ntos contagiados por COVID-19 podr铆a soportar nuestro sistema sanitario sin colapsar? La segunda: 驴cu谩nto aument贸 su capacidad en los dos meses de cuarentena? Nadie lo sabe. Secreto de estado. Tampoco se sabe cu谩ntos contagios y cu谩ntos decesos esperaban las autoridades. Se han filtrado estimaciones oficiosas. Pero no hay cifras oficiales. Y los rumores filtrados indican que el gobierno esperaba para el 15 de mayo entre 6.000 y 9.000 muertos. Si esta era la estimaci贸n oficial, se cometi贸 un error de calado. Otra informaci贸n que no se conoce es la magnitud del famoso pico. Y si no se sabe cu谩l es la capacidad de respuesta del sistema sanitario ni cu谩l es el pico de contagio esperado (ni en qu茅 se fundan esas estimaciones), entonces no hay ninguna posibilidad de ning煤n debate p煤blico m铆nimamente serio sobre c贸mo afrontar el peligro de la pandemia. La ciudadan铆a est谩 ciega y enceguecida a la vez: ciega de informaci贸n relevante, y enceguecida por un bombardeo constante sobre las cifras del COVID-19.

鈥溌縋ero las autoridades s铆 conocen esas cifras? 驴Y los expertos dicen鈥? Debemos creer en ellos鈥. Si algo tienen en com煤n la democracia y la ciencia es su car谩cter p煤blico y comunitario. Si la informaci贸n pertinente no se halla disponible para ser evaluada, analizada, criticada y discutida p煤blicamente, no hay ni democracia ni aut茅ntica ciencia. Lo que hay, a lo sumo, es parodia de democracia y tecnocracia. En la ciencia no hay verdades reveladas. Y las tesis no valen por los t铆tulos que tenga quien las sostiene, sino por los argumentos y evidencias que se puedan presentar en su favor.

Entonces, 驴debemos creer? Quiz谩: yo estar铆a dispuesto a creerles, si me dieran buenas razones. Pero, 驴hay buenas razones para pensar que se ha hecho lo correcto? Veamos.

Lo primero que se deber铆a tener en cuenta es que ninguna cuesti贸n pol铆tica se decide en base a una experticia cient铆fica. Entre evidencia cient铆fica y decisi贸n pol铆tica hay un hiato. Ha sido un logro no menor del neoconservadurismo y del neoliberalismo el instalar la idea de que las decisiones pol铆ticas se fundan el un supuesto saber experto. Y que sus supuestos cr铆ticos asuman esa premisa habla de la hegemon铆a neoliberal cuando nos sumergimos en las profundidades de la cultura contempor谩nea, m谩s all谩 del espumarajo superficial de las olas que vienen y van.

Los expertos de los que tanto se habla, lo son en campos muy acotados. Las decisiones pol铆ticas integran m煤ltiples campos y dis铆miles dimensiones. No hay aqu铆 ni expertos ni demostraciones. Hay decisiones tomadas en contextos de incertidumbre, con un conocimiento parcial y aproximado y en torno a probabilidades antes que certezas. Las decisiones pol铆ticas implican un proceso de totalizaci贸n. Son dial茅cticas, antes que anal铆ticas. Esto no significa que se pueda o deba ignorar el conocimiento experto en campos acotados. Significa que esos m煤ltiples conocimientos son un insumo necesario, pero no suficiente, para la toma de decisiones. Y sus datos y conclusiones deben ser objeto de un debate p煤blico no solo entre los expertos sino, a otro nivel, entre toda la ciudadan铆a.

Quienes, siendo de izquierdas, pensamos que ha habido una enorme desmesura entre la amenaza real del COVID-19 y las medidas implementadas para combatirlo, recibimos dos tipos de cr铆ticas:

a) eso es lo que dicen Trump y Bolsonaro

b) no puede ser que tanta gente y tantas autoridades est茅n enga帽adas.

La primer cr铆tica es insustancial, por dos razones. La primera es que una evidencia emp铆rica, si lo es, resulta independiente del perfil ideol贸gico de quien la enuncia. La segunda es que no es cierto que las personas de izquierda que denunciamos lo que nos parece una hip贸crita reacci贸n ante una amenaza real pero claramente exagerada estemos diciendo lo mismo que los dos l铆deres derechistas. No, no decimos lo mismo. Trump y Bolsonaro pr谩cticamente negaron el problema. Nosotros nunca lo negamos: decir que se lo exagera no es lo mismo que negarlo o ningunearlo. Trump y Bolsonaro eligieron no hacer pr谩cticamente nada. Nosotros sostuvimos que todas las enfermedades eran merecedoras de la preocupaci贸n y atenci贸n despertadas por el COVID-19. Pero, ciertamente, es muy extra帽o el contraste entre la movilizaci贸n que ha generado la guerra contra el coronavirus, y lo poco y nada que se hace ante enfermedades mucho m谩s letales.

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En todo el mundo han muerto, en lo que va del a帽o (escribo el 26 de mayo) casi 24 millones de personas. De ellas, 350.000 han sido atribuidas al coronavirus. Esto significa que, hasta ahora, el COVID-19 es responsable del 1,5 % de los decesos mundiales. Supongamos que las cifras est茅n mal, que las v铆ctimas sean en realidad muchas m谩s. De ser as铆, ello se reflejar铆a en un aumento con respecto a la tasa mundial de mortalidad de 2019. Pero no es as铆. Las tasas son semejantes, comparando las mismas fechas.

Un 1,5 % de los decesos parece demasiado poco para un virus que ha tenido obsesionada a la humanidad por meses. Pero claro, se podr铆a pensar que ese porcentaje es bajo gracias al estado de cuarentena en que se halla la mayor parte de la poblaci贸n. De no ser por ello las v铆ctimas ser铆an muchas m谩s. Podr铆a ser, pero, 驴cu谩ntas m谩s? Si hemos de creer a las predicciones del Imperial College, sin las medidas adoptadas ahora habr铆a millones de muertos. Pero no es eso lo que muestran las evidencias. Como explicamos en otro art铆culo (Ariel Petruccelli y Federico Mare, 鈥淐ovid-19: estructura y coyuntura, ideolog铆a y pol铆tica鈥, Rebeli贸n, 18 de mayo de 2020), las tasas de mortalidad por mill贸n de habitantes presentan un cuadro enormemente diverso a nivel mundial, pero con claras y muy uniformes pautas regionales. Al interior de cada regi贸n, por lo dem谩s, las tasas de muertos por mill贸n no var铆an significativamente entre los pa铆ses que establecieron cuarentenas y aquellos que optaron por medidas m谩s relajadas. A una conclusi贸n semejante ha llegado Williams Briggs, en 鈥淭here Is No Evidence Lockdowns Save Lives. It Is Indisputable They Caused Great Harm鈥, un art铆culo publicado el 14 de mayo. Briggs no realiza un an谩lisis regional ni le preocupa explicar por qu茅 hay una variabilidad tan grande de muertos por mill贸n en los distintos pa铆ses, que al d铆a de hoy van de menos de un muerto por mill贸n a m谩s de 800 muertos por mill贸n de habitantes. Simplemente constata esta disparidad y agrupa a todos los pa铆ses con al menos un mill贸n de habitantes en cuatro categor铆as (tomando los datos hacia el 14 de mayo): aquellos que tienen m谩s de 100 muertos por mill贸n (12 pa铆ses), aquellos que se hallan en un rango entre 11 y 99 muertos por mill贸n (31 pa铆ses), los que tienen entre 1 y 10 por mill贸n (51 pa铆ses) y aquellos que tienen menos de un muerto por mill贸n (30 pa铆ses). Luego observa cu谩les pa铆ses tienen cuarentena y cu谩les no, y c贸mo se despliegan al interior de estas cuatro categor铆as. El resultado es sorprendente. En todas las categor铆as hay pa铆ses con y sin cuarentena. Los pa铆ses en cuarentena son la mayor铆a, pero en los rangos m谩s bajos de mortalidad por mill贸n hay m谩s pa铆ses sin cuarentena, en tanto que los pa铆ses con m谩s alta tasa de mortalidad por mill贸n est谩n todos en cuarentena. La conclusi贸n de Briggs es que no hay ninguna evidencia sobre la efectividad de la cuarentena.

Evidencia hay poca, pero hay un exceso de discursos ideol贸gicamente sesgados. A modo de ejemplo: quienes se escandalizan porque Brasil no est茅 en cuarentena omiten decir que tampoco tiene cuarentena el M茅xico progresista de L贸pez Obrador ni la Cuba revolucionaria. Ni Taiwan, ni Jap贸n, ni Suecia, ni Bielorrusia, si se quiere ampliar el espectro pol铆tico y geogr谩fico. No hay ning煤n v铆nculo necesario entre las medidas adoptadas y los perfiles pol铆ticos de los gobiernos. Por ejemplo, no hay nada de progresista ni de populista en el gobierno paraguayo, que ha adoptado un temprano y severo aislamiento social.

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Se habla mucho de cuarentena, pero no hay ninguna claridad sobre lo que significa. De hecho, si cuarentena es lo que se estableci贸 en Wuhan, la conclusi贸n es que lo que hay en los otros pa铆ses son diferentes grados de aislamiento social, pero no una cuarentena en el sentido estricto y radical de Wuhan. All铆 la poblaci贸n no sal铆a literalmente de sus casas. Se suspendieron todas las actividades y s贸lo circulaba el personal m茅dico y las fuerzas armadas, que se encargaban de dejar la comida en las puertas de las casas sin trabar ning煤n tipo de contacto con quienes las recib铆an. Los m茅dicos chinos que llegaron a Italia supuestamente cuarentenada no consideraban que eso fuera una cuarentena: la gente segu铆a saliendo a hacer las compras y muchos a trabajar.

Ahora bien, como casi todo en esta crisis, la discusi贸n p煤blica sobre la cuarentena se halla a a帽os luz de cualquier cosa que con alg煤n grado de verosimilitud pudi茅ramos llamar pensamiento cr铆tico. Comparado con las medidas tomadas en Wuhan lo que hay en Argentina es una parodia. Pero es tambi茅n una parodia costosa: los efectos sociales, econ贸micos, psicol贸gicos y educativos del ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio) son enormes. Y uniformemente negativos, salvo para un pu帽ado de empresas beneficiadas con esta crisis. Pero como existe un consenso medi谩tico y pol铆tico en no analizar ni discutir con detalle ese aspecto, bajo el imperativo cuasi-religioso y falaz de 鈥渓o importante es salvar vidas鈥, estas consecuencias de la ASPO son objeto de un manto de silencio. Argentina entr贸 supuestamente en cuarentena cuando todav铆a no hab铆a registros de circulaci贸n comunitaria del virus. Si la medida tomada hubiera sido la misma que en Wuhan, no deber铆a haber habido contagios o, de haberlos, deber铆an haber virtualmente desaparecido a esta altura. Sin embargo los contagios contin煤an y se multiplican. Como estrategia de aniquilaci贸n del virus, la ASPO fracas贸. Pero ello no es para alarmarse. Era inevitable que fracasara. Ni el Estado ni la sociedad de Argentina estaban en condiciones de establecer una cuarentena semejante a la de Wuhan. Lo que se estableci贸 fue algo m谩s bien orientado a mitigar el impacto del virus, antes que a cortarlo de cuajo. Pero el discurso oficial fue ambiguo: ello explica la brutalidad policial y los excesos de todo tipo que se cometieron sobre todo en los primeros d铆as.

Dentro del ampl铆simo abanico de las medidas orientadas a la mitigaci贸n de los contagios implementadas en el mundo entero, la ASPO ha sido de las m谩s severas. Pero no ha tenido la severidad de las medidas implementadas en Wuhan. Esto hace que la ASPO Argentina no tenga el mismo impacto epidemiol贸gico que la cuarentena decretada por las autoridades chinas; aunque su impacto econ贸mico y social no es tan diferente. Por lo dem谩s, aunque la circulaci贸n del virus no fue erradicada -como en Wuhan- luego de dos meses de cuarentena, lo m谩s probable es que Argentina no supere la tasa de unos cien muertos por mill贸n que tiene Wuhan, porque las condiciones son aqu铆 diferentes, y muchas variables relevantes para explicar el impacto del coronavirus tienen en Argentina poco peso.

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驴Es eficiente la ASPO como estrategia de mitigaci贸n? No es sencillo evaluarlo. El estudio de Briggs muestra a las claras, a nivel mundial, que no hay ninguna correlaci贸n entre cuarentena y menores tasas de mortalidad. Por otra parte, hay m煤ltiples factores a la hora de entender por qu茅 el coronavirus impacta tan desigualmente en diferentes pa铆ses y sobre todo regiones: cantidad de poblaci贸n con enfermedades respiratorias y circulatorias preexistentes, porcentaje de poblaci贸n mayor de 65 a帽os, densidad de poblaci贸n, cantidad de ancianos en asilos, caracter铆sticas de los sistemas de salud, h谩bitos culturales, presencia del turismo internacional, etc. Comparar los resultados de dos pa铆ses considerando s贸lo si tienen o no cuarentena no tiene mucho sentido. Pero es f谩cil y tranquilizador. 鈥淢iren a Brasil como le va sin cuarentena鈥. Y por supuesto, Brasil tiene m谩s contagios y m谩s muertos. Pero comparado con la mayor parte de los estados de Europa Occidental su perfomance no parece tan mala. En todo caso, podr铆a suponerse que sin cuarentena la situaci贸n en Argentina ser铆a semejante a la de Brasil (que de todos modos no ha colapsado). Puede ser, aunque no es seguro: despu茅s de todo Uruguay, con restricciones mucho menos severas, tiene una tasa de decesos por mill贸n bastante m谩s baja que la de Argentina. Pero la comparaci贸n de cu谩ntos contagios y v铆ctimas posee cada pa铆s est谩 mal planteada: no se puede medir el 茅xito sanitario como si lo 煤nico pertinente fuera el coronavirus, y haciendo abstracci贸n de las diferentes situaciones de los pa铆ses.

En cualquier caso, es evidente que las realidades sociales, demogr谩ficas, clim谩ticas y econ贸micas de las diferentes regiones de la Argentina son enormemente diversas como para que haya tenido alg煤n sentido establecer un criterio uniforme en todo el pa铆s.

Tanto Trump como Bolsonaro compararon al COVID-19 con la gripe. En un punto, la comparaci贸n no era descabellada: efectivamente, lo m谩s parecido a un coronavirus es el virus de la influenza. Lo descabellado era pensar que siendo parecido el virus, el impacto del COVID-19 ser铆a semejante. Esto fue un error garrafal. Sin embargo, que el impacto del coronavirus en Brasil y en USA fuera mucho mayor que el impacto de la influenza no significa que lo mismo fuera a ocurrir en todas partes. De hecho, aunque por diferentes razones, tanto USA como Brasil tienen, a帽o tras a帽o, relativamente pocos muertos por influenza. Muchos menos que la Argentina, en cualquier caso. Pero, por eso mismo, su poblaci贸n es m谩s vulnerable al coronavirus que aquella de pa铆ses en los que la influenza u otras afecciones principalmente respiratorias causan da帽os mayores. Si la pandemia ha impactado tan poco en 脕frica y la India, ello en buena medida se debe a que all铆 las enfermedades respiratorias son la principal causa de muerte y la poblaci贸n es mucho m谩s joven en promedio: el coronavirus causa muy pocas v铆ctimas, simplemente porque sus potenciales v铆ctimas ya est谩n muertas.

Ahora bien, la influenza no es en Argentina (como en USA o Brasil) un problema sanitario menor. Es un problema mayor. El a帽o pasado provoc贸 unos 30.000 decesos (en t茅rminos relativos, nueve veces m谩s que USA), lo que arroja una tasa de casi 800 muertos por mill贸n de habitantes. La misma tasa que B茅lgica este a帽o con el coronavirus. 隆Y B茅gica es el pa铆s m谩s afectado! Y el a帽o pasado no tuvo nada de excepcional. Sin embargo, ni en 2019 ni en ning煤n a帽o anterior hubo una movilizac贸n general para frenar la expansi贸n de la influenza, que tambi茅n es viral y contagiosa. 驴Pensaban nuestras autoridades que el coronavirus causar铆a una tasa mayor? Para que eso sucediera Argentina deber铆a convertirse en el pa铆s con peores resultados en todo el mundo ante la pandemia. Lo esperable, sin embargo, m谩s all谩 de las medidas de emergencia adoptadas por las autoridades, es que las tasas de muertos por mill贸n sean mucho menores en Am茅rica Latina (por las razones que hemos explicado en el art铆culo antes mencionado) que las de Europa y USA.

Se podr铆a pensar que quiz谩 las internaciones por el coronavirus no ser铆an tantas, pero se adicionar铆an a las de la influenza y otras afecciones haciendo colapsar al sistema sanitario. Suena razonable. Pero, 驴lo es? No del todo. En primer lugar porque la capacidad del sistema bien puede ampliarse. En segundo lugar porque no hay nada que lleve a pensar que las v铆ctimas del coronavirus se adicionen simplemente a las de la influenza: en muchos casos se superponen. Y en tercer y decisivo lugar, porque si el temor era la superposici贸n del coronavirus con la influenza, entonces no ten铆a mucho sentido establecer restricciones severas de alto costo econ贸mico y social pero relativo efecto sanitario: era preferible establecer un aislamiento m谩s severo en el invierno. En vez de poner toda la carne al asador de entrada, hubiera sido m谩s sensato una cierta dosificaci贸n. Pero para dosificar es preciso no entrar en p谩nico: y buena parte de nuestra poblaci贸n ya lo estaba. Y para dosificar son necesarias, tambi茅n, autoridades menos preocupadas por las encuestas.

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Argentina entr贸 en cuarentena en medio del p谩nico. Tras m谩s de dos meses, la misma comienza a hacerse insostenible. Pero as铆 como el gobierno se vio arrastrado a la cuarentena por el p谩nico de las clases medias, parece evidente que decretar谩 su fin cuando ya se haya extinguido de hecho. Pese a que se diga y aparente lo contrario, las autoridades van a la saga de los acontecimientos, en lugar de orientarlos. La flexibilizaci贸n real de la cuarentena es mucho mayor de lo que se declara. Las empresas violan sistem谩ticamente la cuarentena ante la vista gorda de las autoridades, que adem谩s las premian con subsidios de todo tipo. Todas las fuerzas pol铆ticas de peso est谩n unidas en la cruzada sanitaria. De momento, s贸lo unos pocos sectores de ultraderecha llaman abiertamente a desconocer la cuarentena. Pero gran parte de la poblaci贸n comienza ya a salir de sus casas. Y no son pocos los movimientos sociales y grupos de trabajadores que salen a las calles contra los despidos o a reclamar las ayudas que no llegan. Aunque durante los 煤ltimos meses se repiti贸 que el virus nos afecta a todos y todas, y que todas las vidas valen; la triste realidad es que eso no es cierto. Los millones de muertos por la desnutrici贸n, los cientos de miles de muertos por el c贸lera, las v铆ctimas del dengue y de la tuberculosis nunca han generado tanta preocupaci贸n. La pandemia no elimin贸 las desigualdades geopol铆ticas ni a las clases sociales. Tampoco puede suspender la lucha de clases. En mayor o menor medida, la poblaci贸n se ir谩 hartando de una cuarentena tan costosa de la que nadie puede mostrar concluyentemente que sea efectiva. La mayor铆a saldr谩 de la cuarentena sin mucho contenido pol铆tico ni por medio de acciones colectivas: simplemente pasear谩n m谩s, saldr谩n m谩s, volver谩n a trabajar, andar谩n por ah铆. Dejar谩n de vivir en suspenso. Pero tambi茅n habr谩 salidas pol铆ticas. Ya lo estamos viendo: bocinazos y llamados con tinte de derecha (a veces desopilantes, como la fallida 鈥渕archa contra el comunismo鈥). Con menos difusi贸n medi谩tica, hace ya semanas que empezaron las protestas, reclamos e incluso cortes de ruta de sectores obreros, movimientos sociales y trabajadores precarizados: mineros de Andacollo y m谩s recientemente los obreros de Zan贸n en la Provincia de Neuqu茅n; trabajadores precarizados en La Plata y otros lugares; trabajadores de la econom铆a informal en varias ciudades; distintos tipos de reclamos y atisbos de movilizaciones docentes en difrentes distritos; el reclamo de los obreros de Mel茅ndez Victoria, de los trabajadores de Pedidos Ya; y la lista sigue. Sale poco en los medios. Estos reclamos incomodan al gobierno, a la 鈥渄erecha鈥, a las representaciones progresistas y a la sensibilidad de las clases medias. La solidaridad progresista clasemediera, ante ellos, suele trastabillar: 隆es tan f谩cil solidarizarse con los pobres que se quedan en sus casas (si es que tienen)! Pero los pobres que siguen reclamando en medio de la pandemia provocan m谩s bien rechazo o recelo. S贸lo la militancia de izquierdas los apoya sin reservas. Al otro lado de la cordillera, las barricadas de Chile nos muestran el camino.

Entre tanto, no deja de ser preocupante, en t茅rminos intelectuales, ideol贸gicos y culturales, que haya sido la derecha libertarista la que se haya apropiado de la bandera de la defensa de la libertad. En sus versiones m谩s pol铆ticamente incorrectas -como la del gobernador estadounidense que declar贸 que los ancianos deb铆an sacrificarse para salvar la econom铆a- dejaban un flanco f谩cil para al cr铆tica. Con todo, no habr铆a que tomarse a la ligera estas cuestiones. Los libertaristas vern谩culos (como el payaso medi谩tico de Milei) no se caracterizan por su inteligencia, pero poseen amplias usinas de difusi贸n ideol贸gica y sus ideas, aunque en general bastante tontas, son simples y claras: no hay que menospreciar su poder de seducci贸n. Hay que combatir esos discursos. Pero se los puede combatir de diferentes maneras. Y bien, la respuesta que han dado los 鈥減rogresistas鈥 es para quedarse pasmados: se basa en contraponer la vida a cualquier cosa. Y en nombre de la vida se est谩 dispuesto a aceptar todo tipo de restricciones, a renunciar alegremente a la libertad. Cualquier costo, cualquier sacrificio es poco si se trata de conservar la vida en las condiciones que sea. Esa es la premisa que hoy eleva el pensamiento progresista dominante ante la defensa de la libertad por los ide贸logos de derecha. Es una actitud meramente defensiva. Y muy poco 茅pica. La derecha ha tomado ideol贸gicamente -incluso en medio de una crisis de la que sus agentes son primer铆simos responsables- la delantera. Por supuesto que yo no har铆a el m谩s insignificante sacrificio para salvar la econom铆a capitalista. Pero ciertamente estar铆a dispuesto a hacer muchos sacrificios si se tratara de abolir la econom铆a capitalista, salvar la econom铆a de las clases trabajadoras e instaurar un nuevo sistema que nos salve del desastre al que nos conduce el capitalismo. La cr铆tica a los discursos libertaristas filos贸ficamente algo m谩s sutiles (no las declaraciones de un tosco gobernador yanqui tan bruto como Trump) no puede ser la burda contraposici贸n de la vida a la libertad. Lo condenable de los libertaristas no es su defensa de la libertad, sino una concepci贸n estrechamente individualista de la misma. Pero por la libertad, la igualdad y la comunidad, vale la pena arriesgar incluso la vida. Ya Hegel aclar贸 el punto en su dial茅ctica del amo y el esclavo. Y convendr铆a no olvidar la vieja m谩xima de San Mart铆n: 鈥渟eamos libres, lo dem谩s no importa nada鈥. La vida importa, desde luego. Pero si por conservar la vida a como sea estamos dispuestos a aceptar cualquier cosa, el resultado bien puede ser la esclavitud.

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La pandemia ha ocasionado p谩nico. Y el p谩nico no es bueno: nos paraliza. O nos lleva a acciones desesperadas y contraproducentes, como las avalanchas hacia los botes salvavidas en los naufragios. Y no nos deja pensar, ni mucho menos pensar claramente. El miedo es otra cosa. El miedo nos alerta del peligro, el miedo nos pone en guardia y nos permite tomar las decisiones m谩s inteligentes. Debemos tener miedo. Pero m谩s que al COVID-19, debemos temer al capitalismo: ese sistema que ha convertido a nuestro planeta en un barco a punto de naufragar.

No hace falta creer que la pandemia es una invenci贸n, ni que todo se trata de una gran conspiraci贸n. Yo no lo creo. Lo que s铆 creo es que un problema sanitario real llev贸 a un estado de p谩nico a las clases medias y acomodadas globalizadas: luego de construir un mundo basado en la seguridad, de pronto se sintieron vulnerables. Desatado el p谩nico, ya fue muy dif铆cil escapar de la l贸gica intr铆nseca de la situaci贸n. Pero puesto que el capital y sus agentes poseen estrategias pensadas a largu铆simo plazo, una vez inmersos en una situaci贸n que seguramente no buscaban empezaron a ver c贸mo sacar el mayor provecho. En eso est谩n. Naomi Klein lo acaba de mostrar muy bien en 鈥淒istop铆a de alta tecnolog铆a: la receta que se gesta en Nueva York para el post-coronavirus鈥.

De pronto tambi茅n desaparecieron o se vieron reducidas a un minimum todas las discursividades ultrarrelativistas y subjetivistas de los tiempos postmodernos. El 鈥渢odo es una construcci贸n鈥, 鈥渢odo es relativo鈥, 鈥渃ada cual tiene 麓su verdad麓鈥 cedi贸 en forma silenciosa el paso a la Verdad cient铆fica con may煤sculas. En menos de lo que canta un gallo, el relativismo radical se transform贸 en cientificismo dogm谩tico; un dogma ocup贸 el lugar del otro.

El desconcierto ante una situaci贸n in茅dita parece dominar. Y ante la duda, la mayor铆a ha optado por concluir que lo mejor es acompa帽ar a las autoridades y hacerles caso: es como si el grueso de los intelectuales quisiera creer en la racionalidad de los l铆deres y lideresas. 隆M谩s nos valdr铆a desconfiar! Despu茅s de todo: 驴es racional una sociedad en que el 1 % de la poblaci贸n es m谩s rico que el 90 % inferior? 驴Es racional que el hambre cause millones de muertos anuales en una sociedad con capacidad para desarrollar la tecnolog铆a 5G? 驴Es racional la tecnolog铆a 5G? No deber铆amos apostar por la alta racionalidad de autoridades dispuestas a administrar (en lugar de transformar o abolir) un mundo tan irracional.

Ser铆a necio negar lo inusual de la situaci贸n. Contrariando casi todas la previsiones, el coronavirus ha afectado mucho m谩s a los pa铆ses 鈥渄esarrollados鈥 que a los perif茅ricos. Ello explica el p谩nico que provoc贸 en las clases medias y altas globalizadas, que se traslad贸 -si bien no uniformemente- a las autoridades pol铆ticas. Las previsiones de una cat谩strofe apocal铆ptica cuando el virus llegara a 脕frica o la India no se han cumplido. Un art铆culo fechado el 4 de abril afirmaba que en dos o tres semanas la situaci贸n en 脕frica ser铆a semejante a la de Europa: han trascurrido ocho semanas y la situaci贸n es incomparable: el COVID-19 ha llegado al 脕frica, pero all铆 causa pocas v铆ctimas. En los pa铆ses 鈥渄esarrollados鈥 hay cierta sobre-representaci贸n de las clases m谩s pobres entre las v铆ctimas. Pero para tratarse de una enfermedad contagiosa (en las que las v铆ctimas pobres son usualmente much铆simo m谩s numerosas tanto en t茅rminos absolutos como relativos que las de las clases acomodadas), la sobre-representaci贸n de los pobres, si bien existe tambi茅n en este caso, comparado con otros es m谩s bien escasa. Los pobres, es indudable, siempre est谩n sobre-representados en los males del capitalismo. Eso es lo que ocurre siempre. Con el coronavirus ha emergido una novedad: una enfermedad contagiosa que afecta m谩s a los pa铆ses industrializados que a los perif茅ricos. Dentro de los primeros, la clase cuenta, pero cuenta un poco menos que en problemas semejantes. Un estudio que analizaba el impacto por quintiles de ingresos en Espa帽a estableci贸 que el quintil menos afectado era el superior, pero el segundo menos afectado era el inferior. Los m谩s afectados era los tres quintiles intermedios. Por lo dem谩s, las diferencias entre todos eran escasas. Estos datos pueden ser desconcertantes para las miradas aprior铆sticas. Nadie dice que sea f谩cil orientarse en un mundo tan trastornado. Pero el ejercicio de la duda, la cr铆tica y la raz贸n no se suspende por pandemia.

Tras d茅cadas de formaci贸n cientificista ultra-especializada, por un lado, y de insulso discursivismo filos贸fico especulativo, por el otro, parece que el racionalismo cr铆tico -aqu茅l pensamiento capaz de an谩lisis integradores pero f谩cticamente bien informados- se halla reducido a su m铆nima expresi贸n. Abundan los especialistas capaces de seguir al dedillo una 煤nica variable ignorando pertinazmente todas las dem谩s. O los ingenios especulativos que echan a rodas hip贸tesis de todo tipo, sin tomarse la molestia de verificar un solo dato. O los combativos ide贸logos que aplican a una realidad nueva y compleja los mismos an谩lisis y las mismas previsiones que aplicar铆an a cualquiera.

As铆 estamos.

Por suerte algunas voces se atreven a disentir. Algunas cabezas no renuncian a seguir pensando.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com