September 29, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
189 puntos de vista


鈥淒e aqu铆 que ellos (los socialistas ut贸picos) rechacen toda acci贸n pol铆tica y especialmente revolucionaria; desean alcanzar sus objetivos por medios pac铆ficos y mediante experimentos a peque帽a escala, condenados necesariamente al fracaso; y, por la fuerza del ejemplo, se proponen allanar el camino para el nuevo evangelio social鈥 (Marx-Engels)

Lo que se ha venido a llamar Espa帽a entr贸 con un gran desfase en la era capitalista, de hecho nunca se integr贸 del todo, ni consigui贸 sentirse completamente a gusto en ella. Su desarrollo muy tard铆o, de muy desigual implantaci贸n, sucede mientras deca铆a como potencia colonial, precisamente en un tiempo de auge imperialista, en el curso de una revoluci贸n democr谩tica una y otra vez fallida. Por supuesto, la industrializaci贸n reprodujo un drama social acuciante con la diferencia de que aqu铆, las libertades b谩sicas siguieron siendo una tarea pendiente a lo largo de todo el siglo XIX, con excepci贸n del breve intervalo republicano.

Dichos estigmas son conocidos: trabajo en p茅simas condiciones de salud, ni帽os y mujeres empleados en faenas agotadoras, jornadas laborable casi interminables, ausencia absoluta de legislaci贸n laboral, etc茅tera. Sin conocer esta cruel realidad 鈥搒obre la que tantas veces pasan de puntillas los libros de historia-, no se puede comprender muchas cosas. Es un movimiento que desde sus primeros pasos surge 鈥渁 la contra鈥 en una sociedad de relativo subdesarrollo cuyas leyes y costumbres dan por bueno el enriquecimiento de unos pocos, pero que siente p谩nico cuando los trabajadores organizan huelgas y provocan disturbios, y las mismas fuerzas represivas que miran hacia otro lado delante de los negocios m谩s sucios, reprimen las revueltas por el pan.

Las primeras acciones obreras tuvieron lugar en Barcelona en 1823, cuando al decir de la prensa de la 茅poca, 鈥済rupos de sediciosos saquearon los almacenes de los hacendados y de los comerciantes鈥. Estos enfrentamientos se repitieron de nuevo 1827 y 1831, con motivo de los salarios del tiraje de piezas textiles. El primer precedente de sindicalismo en el pa铆s fue el acuerdo firmado entre los industriales y j贸venes obreros el 2 de julio de 1834, y en el que se fija en 33 canas la longitud de la pieza. A partir de 1838 los obreros comenzaron a asociarse y acudieron al capit谩n general de Catalu帽a, bar贸n de Meer, representante de la Comisi贸n de F谩bricas, pidi茅ndole autorizaci贸n para asociarse. Los patronos estaban asociados desde 1833 en dicha Comisi贸n de F谩brica, empero los obreros no obtuvieron la autorizaci贸n solicitada.

No fue hasta el 28 de febrero de 1839 que el Gobierno concedi贸 la autorizaci贸n de sociedades mutualistas y cooperativas, aunque dejaba a los dirigentes pol铆ticos regionales su reconocimiento. E esta manera, se fund贸, en 1839, una 鈥淪ociedad de Tejedores del algod贸n鈥, todav铆a no tolerada. El 17 de marzo de 1840, bajo la inspiraci贸n del tejedor Juan Munts, se fund贸 la 鈥淎sociaci贸n mutua de obreros de la industria algodonera鈥, aunque ambas asociaciones, eran en realidad eran la misma con dos caras. La primera 鈥揕a 鈥淪ociedad de Tejedores del algod贸n鈥濃 efectuaba la resistencia activa; la segunda era una pura mutualidad, una dualidad de m茅todos que tambi茅n se hab铆a dado en Inglaterra, el pa铆s donde el sindicalismo ten铆a mayor arraigo. Aunque fueron reconocidas por el Gobierno Civil que el 25 de mayo de 1840, 茅ste prohibi贸 las reuniones obreras fomentadoras del asociacionismo.

Con todo, a pesar de las prohibiciones la actividad de las Asociaciones obreras se desarroll贸 de la 煤nica manera posible, o sea clandestinamente. De esta manera obligaran a la patronal a reunirse con los representantes obreros en un Comit茅 paritario. En enero de 1841, el general Espartero, que actuaba como Regente, accedi贸 a la petici贸n de los patrones catalanes, y disolvi贸 鈥渕anu militari鈥 las asociaciones obreros, pero estos continuaron actuando en la clandestinidad, hasta que las autoridades catalanas publicaron un Decreto autorizando las sociedades mutualistas de los trabajadores, aunque en diciembre de 1841, el Gobierno dict贸 una segunda orden de disoluci贸n de la 鈥淪ociedad de Tejedores del algod贸n鈥. De la resoluci贸n de los trabajadores en la defensa de sus derechos ser谩 muestra el Manifiesto que se public贸 contra esta segunda disoluci贸n, y en el que se proclama: 鈥淭ejedores y dem谩s jornaleros asociados, no os dej茅is sorprender. Nuestra Asociaci贸n no necesita de la aprobaci贸n ni de la reprobaci贸n de nadie; con los derechos que nos concede la naturaleza y la ley, tenemos bastante, y los que digan lo contrario son los perturbadores. Por consiguiente, nuestra asociaci贸n es un acto voluntario y rec铆proco que no est谩 sujeto a disoluci贸n. Mucha firmeza y mucho silencio es lo que debemos guardar y vengan decretos.鈥

Los acontecimientos revolucionarios de diciembre de 1842 dieron pie a que el Gobernador Civil de Barcelona dictara una orden disolviendo la 鈥淪ociedad de Tejedores鈥, bajo cualquier modalidad o denominaci贸n que presentara, fuera p煤blica o clandestina禄. Esta suspensi贸n tampoco consigui贸 acabar con la asociaci贸n, cuyo n煤cleo dirigente se respaldaba en la cooperativa creada 鈥淐ompa帽铆a Fabril de Tejedores de Algod贸n鈥, en cuya direcci贸n segu铆a Juan Munts. Sin embargo, los sucesos de 1843, asestaron un golpe fatal a la asociaci贸n y supusieron un debilitamiento del movimiento obrero que no volvi贸 a resurgir hasta 1854.

Esta lucha por el derecho de asociaci贸n de la clase obrera, no s贸lo se dio en Barcelona sino en toda la Catalu帽a textil. De 1844 a 1854, la actividad asociacionista se desarroll贸 en plena clandestinidad y, a pesar de la represi贸n, continuaron los conflictos laborales, como lo demuestran las circulares de los gobernadores civiles de 23 de febrero de 1850, la de 1851 y la resoluci贸n de 1853 prohibiendo las asociaciones obreras. En 1850, en Igualada, los tejedores a mano presentaron la primera reivindicaci贸n colectiva a los patronos del gremio. En 1854 la colocaci贸n de numerosas m谩quinas autom谩ticas (selfacting) produjo numerosas huelgas organizadas por Comisiones de Trabajadores. En 1854 apareci贸 en Barcelona la primera Confederaci贸n de Sociedades Obreras de Espa帽a. Su denominaci贸n fue 鈥淯ni贸n de clases鈥.

En 1855 tuvo lugar la primera Huelga General en Espa帽a. La motivaci贸n fue la orden cursada por el Capit谩n General, general Zapatero, el 24 de julio, disolviendo las asociaciones obreras ilegales, y poniendo bajo el control militar todas las asociaciones de socorros mutuos permitidas. Asimismo se somet铆a a la ley marcial a 芦todo el que directa o indirectamente se propasase a coartar la voluntad de otro para que abra sus f谩bricas o concurra trabajar en ellas, si no accede a las exigencias que colectivamente se pretenda imponer. La huelga general que dur贸 del 2 de julio al 11 del mismo mes fue masivamente seguida. El lema de la huelga era 鈥渁sociaci贸n o muerte鈥. Adem谩s de la libertad de asociaci贸n, se ped铆a la reducci贸n de la jornada de trabajo y el aumento del salario. La 鈥淯ni贸n de clases鈥 public贸 un Manifiesto en el que, dirigi茅ndose a la clase obrera de Catalu帽a, se la exhortaba a sumarse a la acci贸n huelgu铆stica. Se envi贸 una Comisi贸n de Trabajadores a Madrid para entrevistase con el Regente, general Espartero, y conseguir el reconocimiento del derecho de asociaci贸n. El general Espartero no recibi贸 a la Comisi贸n. Entre tanto, en Barcelona, la autoridad militar aplicaba severas sanciones: entre ellas, prisi贸n, deportaci贸n, castigos corporales, y amenazas de pena de muerte. El 8 de julio, la fragata 鈥淛ulia鈥 zarp贸 con rumbo a La Habana con 70 militantes obreros deportados. El d铆a 9 de julio, Barcelona fue tomada militarmente y el general Espartero envi贸 a su ayudante, Sanabria, con un documento lleno de vagas promesas. La huelga general se extingui贸 el 11 de julio.

Durante los Gobiernos de O鈥橠onnel, Narv谩ez y Gonz谩lez Bravo (de 1856 a 1868) se agudiz贸 la reacci贸n contrarrevolucionaria. El 31 de abril de 1857 se prohibieron todas las asociaciones obreras, incluso los montep铆os. Pero el asociacionismo obrero continu贸 su marcha en la clandestinidad. En esta 茅poca naci贸 un sindicalismo fuerte, constituido de abajo a arriba, de las asociaciones de oficio a las uniones locales y de 茅sta a la federaci贸n regional de clases. En 1858, una huelga de la f谩brica 鈥淓spa帽a Industrial鈥 fue reprimida duramente. No obstante, a partir de 1860, el movimiento asociacionista volvi贸 a adquirir vuelo y en 1861 el gobierno dict贸 nuevamente disposiciones represivas.

En los a帽os 1864 a 1868, hubo una cierta tolerancia gubernamental que permiti贸 reconstruir las sociedades de resistencia obrera. As铆 el 31 de diciembre de 1865 se celebr贸 el Congreso Obrero de Barcelona, al que acudieron 40 sociedades obreras catalanas y en el que adem谩s de las sociedades de resistencia, acudieron a participar asociaciones mutuas y cooperativas. El Congreso Obrero se pronunci贸 a favor de la libertad de asociaci贸n, por el principio de cooperaci贸n y por la federaci贸n de las sociedades obreras, respetando su autonom铆a. Adem谩s, predomin贸 en los participantes la tendencia a excluir la participaci贸n del Estado en la cuesti贸n social, un Estado que, invariablemente, aparecer谩 exclusivamente ante los trabajadores a trav茅s de las fuerzas represivas.

Simult谩neamente con el movimiento obrero industrial, comenz贸 a desarrollarse, en algunas regiones espa帽olas, el movimiento obrero campesino. Su principal historiador 鈥揇铆az del Mora鈥 hablaba de 鈥渦n socialismo ind铆gena鈥, en el campo andaluz, y dec铆a que 鈥渆se socialismo era una vaga tendencia de pobres contra ricos. Socialismo vino a significar, para unos y para otros, el reparto de la propiedad de los primeros entre los segundos. Ser socialista val铆a tanto como aspirar al reparto. En ese sentido, se puede hablar de movimiento obrero campesino en esa 茅poca, pues aunque revueltas y sublevaciones campesinas ha habido muchas a lo largo de la historia, sin embargo, a principios del siglo XIX ten铆an ya un cierto sentido socialista鈥. Se puede hablar de un socialismo b谩sico o primitivo que subyace entre los trabajadores que, sin acceder a una conciencia plena, creen y saben que la 鈥渧erdad鈥 es la justicia social, as铆 como de una cultura de la pobreza, solidaria, muy arraigada..

Desde esta primera 茅poca datan las entidades de tipo cultural que fueron surgiendo en este periodo. Y, entre todas destac贸 el 鈥滱teneo Catal谩n de la Clase Obrera鈥, fundado en 1861 en Barcelona, dedicado a ilustrar a los obreros. Aunque en un principio, estuvo dirigido por republicanos, y m谩s tarde, despu茅s de la Revoluci贸n de 1868, lo fue por los 鈥渋nternacionalistas鈥. En Madrid, se cre贸 la m谩s tarde famosa instituci贸n cultural obrera 鈥淔omento de las Artes鈥, que comenz贸 su actividad en 1847, con el nombre de 鈥淰elada de Artistas, Artesanos, Jornaleros, y Labradores鈥. El primer grupo de la Internacional madrile帽a se constituy贸 por obreros que acud铆an al 鈥淔omento de las Artes鈥. Otro influjo intelectual importante que se difundi贸 entre los trabajadores fueron los clubs pol铆ticos de car谩cter progresista y dem贸crata, a los que acud铆an militantes obreros, principalmente en Madrid. Era la 茅poca en que los trabajadores trataban de conseguir mejoras a trav茅s de los partidos republicanos burgueses que no tardaron en decepcionarlos.

En este cuadro se sit煤a la relativamente importante difusi贸n de las ideas del socialismo ut贸pico, sobre todo las deudoras de Charles Fourier y de Etienne Cabet, que se difundieron a trav茅s de la prensa liberal en la que destacan plumas como la muy 谩cida de Mariano Jos茅 Larra, traductor por cierto de Palabras de un creyente, de Lamennais, un socialista cristiano condenada por el Vaticano (1834), y en cuya obra La esclavitud moderna, se ofrece un an谩lisis de la situaci贸n del pueblo, o sea de 鈥渜uienes, no poseyendo nada, viven 煤nicamente de su trabajo鈥. El trabajador se hab铆a convertido en un 芦instrumento de trabajo. Liberado con el derecho vigente, libre legalmente de su persona, ya no es, ciertamente una propiedad que pueda venderse o comprarse por quien la usa. Pero esta libertad es solamente imaginaria. Los cuerpos no son esclavos; lo es la voluntad. 驴Acaso puede decirse que es una voluntad real la que s贸lo puede elegir entre una muerte espantosa e inevitable y la aceptaci贸n de una ley impuesta? Las cadenas y los azotes del esclavo moderno son el hambre禄. Su denuncia y su descripci贸n de las relaciones sociales est谩n llenas de vigor. y aunque critica 鈥搉o sin raz贸n鈥: a las doctrinas socialistas por su dogmatismo y por otros motivos menos nobles -por su materialismo y su negaci贸n de la propiedad privada-, Lamennais se aproximaba de esta manera al movimiento 鈥渃artista鈥 brit谩nico por su defensa de la organizaci贸n aut贸noma de los trabajadores, de las libertades democr谩ticas m谩s amplias y de un igualitarismo que no explic贸 en t茅rminos pol铆ticos. Se trataba de los primeros pasos de una corriente, la de cristianos por el socialismo que en este pa铆s aflorar铆a con fuerza en tiempos del franquismo 鈥搇a Iglesia espa帽ola ni tan siquiera fue abolicionista (del esclavismo), y el cristianismo social tard贸 mucho en ofrecer frutos reconocidos.

Habr铆a que hablar de un avanzado ideario socialista ut贸pico hispano, con personalidades de la entidad de Sixto C谩mara, Fernando Garrido, sin olvidar una importante presencia en la corriente federalista catalana adscrita a la corriente cabetiana. Estuvo animada por personajes tan sobresalientes como Narc铆s Monturiol, conocido como 鈥渆l capit谩n Nemo鈥 del socialismo espa帽ol, el urbanista Idelfons Cerd谩 que planific贸 las obras del Ensanche barcelon茅s de espalda a los intereses creados y con el sentimiento de rechazo de los 鈥減isos pateras鈥 en los que malviv铆an hacinados los trabajadores de aquel tiempo o Anselm Clav茅, el de las corales obreras, parte de un historial que, afortunadamente, suscit贸 el inter茅s de los historiadores m谩s inquietos que trabajaron en oposici贸n al franquismo, bien en el exilio como Manuel Tu帽贸n de Lara (El movimiento obrero en la historia de Espa帽a Introducci贸n a la historia del movimiento obrero, etc.). Bien desde el 鈥渆xilio interior鈥, con trabajos pioneros como los de Antoni Jutglar (Ideolog铆as y clases en la Espa帽a contempor谩nea: 1874-1931; La era industrial en Espa帽a: aproximaci贸n a la historia social de la Espa帽a), o dee Fernanda Romeo Alfaro (Las clases trabajadoras en Espa帽a, 1898-1930), de tal manera que en los a帽os sesenta-setenta conocieron un creciente reconocimiento entre los propios trabajadores que bajo la noche oscura del franquismo estaban luchando en condiciones muy duras de represi贸n, por la recomposici贸n del movimiento. Estas obras comenzaron a ser editadas legalmente en la segunda mitad de los a帽os sesenta, y en el tiempo que sigue hasta finales de la d茅cada siguiente, sucedi贸 algo parecido a lo que ya hab铆a tenido lugar en los a帽os treinta: que la clase trabajadora se convirti贸 en la clase m谩s lectora, en tanto que su amplia franja militante convirti贸 el libro en uno de sus instrumentos m谩s deseado.

Lamentablemente, esta tendencia desapareci贸 en la d茅cada siguiente.


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Fuente: Grupotortuga.com