September 27, 2021
De parte de Ateneo Libertario Carabanchel Latina
189 puntos de vista


Carlos Javier Gonz谩lez Serrano 

S贸crates (470-399 a.C.) es una de las figuras hist贸ricas sobre las que m谩s se ha especulado en t茅rminos biogr谩ficos. Porque, en efecto, no es mucho lo que de 茅l se sabe con seguridad. Es f谩cil imaginarlo como fil贸sofo, como pensador y sabio de la Grecia cl谩sica en su faceta m谩s noble e intelectual, pero su vida personal y su manera de actuar han quedado siempre sujetas a un extra帽o misterio. Su m茅todo de filosofar, llamado may茅utica, consist铆a en el ejercicio de la constante e insistente pregunta, y no por casualidad fue apodado como 鈥渆l t谩bano de Atenas鈥. Sus m谩ximas pueden ser resumidas en la f贸rmula que emple贸 Plat贸n en la c茅lebre Apolog铆a de S贸crates鈥淯na vida que no se examine a s铆 misma no es una vida digna de ser vivida鈥.

Pero descendamos a la arena de la vida. A aquella convulsa y multiforme Atenas, fragua en la que se curti贸 S贸crates. Frente al sobrio y frugal gusto de Esparta, Atenas se gloriaba de ser la capital de aquella gloriosa Grecia en la que, sin embargo, un exc茅ntrico ciudadano de rasgos mediterr谩neos y nada norte帽os, de nombre S贸crates, no parec铆a mostrar nunca inter茅s alguno por el aspecto m谩s material de la existencia. De hecho, parece que en los 煤ltimos a帽os de su vida opt贸 por un modus vivendi muy austero, cercano a la pobreza, y no cuidaba en absoluto su apariencia (que, se dice, dejaba mucho que desear en lo referido al aseo), si bien su brillantez intelectual nunca se vio por ello mermada. Pero 驴cu谩l fue el recorrido que convirti贸 al S贸crates m谩s vigoroso, joven y apasionado en la barbuda, desali帽ada e inolvidable figura que, con el paso de los a帽os, lleg贸 a ser el maestro de maestros de la tradici贸n filos贸fica occidental?

Ya fuera como honorable combatiente de guerra, como enamorado de mancebos e inteligentes e influyentes mujeres o como insidioso cuestionador de las convenciones sociales, la gran lecci贸n que el S贸crates ciudadano de Atenas nos da es la de practicar el necesario di谩logo entre seres humanos, pues era as铆 como m谩s c贸modo se sent铆a, entre las gentes de la ciudad. No practic贸 dicho di谩logo tanto para llegar a alcanzar la verdad, como para cuestionar y confrontar nuestras opiniones con y frente a los otros en el 谩gora, en medio de la plaza p煤blica. En contra de la corriente sof铆stica, que s贸lo pretend铆a hacerse con la raz贸n y ganar el combate dial茅ctico con argumentos de todo tipo 鈥揳un cuando se trataran de argumentos falsos鈥, S贸crates sostuvo que el m茅rito y aspiraci贸n de la filosof铆a es justamente el de carear el propio conocimiento con el de los otros y llegar a tener el valor de asumir que podemos estar equivocados.

Es por esta raz贸n por la que el fil贸sofo de Atenas no escribi贸 nada: por su convicci贸n de que la aut茅ntica sabidur铆a se practica y emerge en el discurso y, sobre todo, en la acci贸n moral comprometida. Y fue as铆, tambi茅n, como repercuti贸 enormemente en sus contempor谩neos. Desde muy joven, S贸crates se interes贸 por el autoconocimiento, y, debido a ello, su ocupaci贸n principal cotidiana era la de entablar distintas conversaciones con cualquiera que estuviera dispuesto a debatir y enfrentarse dial茅cticamente con 茅l. Pose铆a un enorme magnetismo personal, y su fama s贸lo puede ser comparada en nuestros d铆as a la de una estrella del pop o a la de alg煤n c茅lebre influencer.

Esta actitud, que a algunos les resultaba hilarante o rid铆cula, hizo que se rodeara de numerosos y fieles seguidores que deseaban escuchar su palabra o entablar di谩logo con 茅l. Pero, como contrapartida, tambi茅n se gan贸 legiones de detractores, que lograron imponerle la fama de pervertidor y corruptor de la juventud que cuestionaba sin pelos en la lengua los convencionalismos sociales establecidos en la ciudad ateniense. Para hacerse una idea de su relevancia, s贸lo hay que tener en cuenta el n煤mero de miembros que compusieron el jurado que, finalmente, le condujo a la muerte: nada menos que quinientos.

Fue incluso considerado, por sus enemigos, como un especialista en repartir facilona moralina (o, como hoy lo llamar铆amos, autoayuda) a diestro y siniestro, se帽alado (falsa e injustamente) por cobrar por sus 鈥渄esviadas鈥 ense帽anzas. El mism铆simo Arist贸fanes, escritor sat铆rico, se refiri贸 a S贸crates en su obra Las nubes (423 a.C.) como una 鈥減ensader铆a鈥 que reparte consejos al mejor postor, al igual que cualquier empresario dispensa y administra sus productos y recursos con el fin de enriquecerse. Tambi茅n se le presentaba como un hombre de vida alegre, solaz y despreocupada que iba de ac谩 para all谩 buscando la compa帽铆a del joven m谩s bello, al que embaucaba con su ret贸rica para retozar con 茅l bajo la sombra de un olivo, o como alguien que no dudaba en aprovecharse de las riquezas de alg煤n acaudalado mecenas. Estas s谩tiras tuvieron tal 茅xito en la Atenas de S贸crates que no s贸lo se transmit铆an a trav茅s del boca a boca, sino que, como aut茅nticos best sellers, se editaban y difund铆an con normalidad. Resulta comprensible, por tanto, que la imagen de S贸crates se viera mermada a medida que estos discursos que deformaban su imagen se hac铆an cada vez m谩s conocidos.

Este afanoso empe帽o por vilipendiar a S贸crates, podemos suponer, s贸lo respond铆a a la envidia que despert贸 la ejemplar fama que el fil贸sofo hab铆a ganado como fiel guerrero en la batalla de Delion y, antes, en la de Potidea. Una actitud que le hizo muy famoso: su respeto por la ley, se dice, siempre fue mod茅lico. Pero tampoco podemos desmerecer las opiniones de Arist贸fanes (y otros autores sat铆ricos), porque, muy probablemente, el S贸crates-hombre, m谩s all谩 del S贸crates-mito, reuniera algo de todas estas caracter铆sticas sin que llegaran al paroxismo con el que quedaron expuestas por tales escritores. Aquel individuo sin duda genial, de dotes intelectuales brillantes, pose铆a tambi茅n, muy probablemente, una vertiente desenfrenada que, por cierto, qued贸 refrendada por su desmesurado ah铆nco por amainar nuestras m谩s excesivas pasiones.

Por ejemplo, leemos en el di谩logo plat贸nico Gorgias (507 d-a) que 鈥淓l que quiera ser feliz ha de perseguir y ejercitar la moderaci贸n, as铆 como huir de la indisciplina lo m谩s r谩pido que uno pueda [鈥, de modo que haya justicia y moderaci贸n para el que se propone ser dichoso, y as铆 debe obrar, sin dejar que los apetitos se queden sin recibir disciplina y que por intentar colmarlos, mal inacabable, se lleve vida de bandido鈥. Por su parte, ahondando en el mismo asunto, el S贸crates del di谩logo Prot谩goras no consideraba que el placer constituyera un fin suficiente de la vida (aunque s铆 moderadamente necesario), ni mucho menos que la vida pudiera reducirse al placer. 驴Retrata aqu铆 el af谩n socr谩tico por calmar nuestras pasiones a un hombre avasallado por ellas? Lo cierto es que, para S贸crates, debemos 鈥渃alcular鈥 con gran cuidado los placeres a los que nos dejamos someter, y eso significa conocer su medida. Pero si conocemos su medida, 驴debemos tambi茅n haberlos antes probado?

Todo apunta, por estas y otras obsesiones socr谩ticas, a que el fil贸sofo, antes de serlo, fue un joven muy ardiente y entusiasta, sujeto a todo tipo de vaivenes pasionales: desde el amor sentimental al amor sexual, pasando por su valeroso y aguerrido car谩cter mostrado en combate, hasta llegar a su gusto m谩s que probable por las bebidas espirituosas. Y aunque s铆 parece cierto, por testimonios de la 茅poca, que atemper贸 tales actitudes con el paso de los a帽os, es m谩s que probable que muchos de esos impulsos quedaran latentes en el S贸crates m谩s reflexivo. S贸lo m谩s tarde, como tambi茅n le ocurriera al Tolst贸i m谩s maduro, habr铆a ca铆do en la cuenta de que una posici贸n moderada en la vida es lo que m谩s conviene a las complejas fluctuaciones de nuestro 谩nimo. No contamos con testimonios directos del propio S贸crates, y por tanto su imagen siempre quedar谩 sujeta a la interpretaci贸n: bien de sus m谩s amigables seguidores o continuadores (Jenofonte, Plat贸n, Arist贸teles) o bien de sus m谩s duros y c谩usticos enemigos.

Como tambi茅n ocurre en el caso de Epicuro, es posible que la tradici贸n cristiana haya dulcificado, o incluso silenciado, los rasgos del S贸crates m谩s impetuoso. Pero no cabe duda alguna de que nuestro protagonista debi贸 tener un fuerte y decidido car谩cter que cautivaba y encend铆a los 谩nimos de quienes de 茅l se rodeaban. El magnetismo y fascinaci贸n que despertaba se deja ver en un di谩logo como C谩rmides, en el que un glorioso S贸crates no duda en acudir al gimnasio a ejercitar su cuerpo reci茅n llegado de la batalla de Potidea, quedando sus interlocutores asombrados. Su sentido de la justicia y de la honradez parece probado, y no dudaba en criticar el exceso de individualizaci贸n: pero 驴habr铆a huido de las redes sociales y los medios de comunicaci贸n un S贸crates actual? En tanto que S贸crates deseaba repercutir en el sano funcionamiento de su ciudad, es probable que hubiera empleado todos los medios a su alcance.

Nos cuenta Jenofonte que S贸crates se opuso con dureza a su fiel disc铆pulo Crit贸n cuando 茅ste se quejaba amargamente de la molesta y bulliciosa vida ateniense, lo que, al parecer, le imped铆a desarrollar con libertad y sosegadamente su esp铆ritu. S贸crates no duda entonces en enfrentarse a 茅l y le recomienda que, para preocuparse por la justicia de todo un pueblo, es necesario difundir la concordia entre ciudadanos, y que para ello es preciso practicar la moderaci贸n, la cordialidad y la amabilidad. Fuera de la ciudad, el individuo es nada, y muy bien lo sab铆a S贸crates, en una 茅poca en la que el destierro era moneda corriente en la pr谩ctica de la justicia, o cuando 茅l mismo tuvo que acudir al campo de batalla.

En el Gorgias (513 a), las palabras de S贸crates son a este respecto muy elocuentes y llamativas: 鈥溌gu谩late a la ciudad en que habites, y as铆, ahora hazte lo m谩s semejante posible al pueblo de los atenienses, si quieres serle caro y tener influencia en la ciudad!鈥. 隆Influencia! S贸crates, podemos concluir, deseaba y precisaba de la celebridad y la influencia para poder diseminar sus convicciones. Y de seguro lo consigui贸 a trav茅s de un verbo astuto (aunque no intrigante), contundente y claro que siempre conduc铆a hasta sus l铆mites intelectuales a su interlocutor. Mas, por otro lado, reivindicaba igualmente la funci贸n p煤blica de la ciudad como conglomerado de personas que tienen un origen y, sobre todo, unas leyes en com煤n. Aunque muy seguramente habr铆a estado en desacuerdo con una pol铆tica expansiva como la de Alejandro Magno, porque S贸crates ya critic贸, sin tapujos, la deriva 鈥渄emocr谩tico-imperialista鈥 que en sus tiempos cobraba el gobierno de Pericles, y no ten铆a problema en denunciar los gastos excesivos en cargos p煤blicos innecesarios para el sano funcionamiento de la polis.

S贸crates, que no naci贸 entre gentes ricas ni nobles, ni era miembro de la aristocracia (como Plat贸n) o ni siquiera de la burgues铆a, que tuvo que curtirse a s铆 mismo, fue todos estos hombres. El comprometido y diligente ciudadano pero tambi茅n el 谩cido e ir贸nico cr铆tico de las instituciones cuando 茅stas se exced铆an en sus funciones; el moderador del 谩nimo y del esp铆ritu pero tambi茅n el apasionado individuo doblegado por las emociones; el adversario de las m谩s bajas pasiones pero tambi茅n el hombre que cay贸 (con gusto) en el embrujo de la carnalidad y el placer sexual; piadoso y mesurado por lo general pero, cuando tocaba, contundente, tajante y categ贸rico (aunque en absoluto iracundo); el enemigo de la m谩s vac铆a sof铆stica pero, a la vez, el aglutinador y aguijoneador de las masas que no dudaba en exponer p煤blicamente sus doctrinas 茅ticas; el circunspecto y meditabundo pensador pero, igualmente, alguien que no elud铆a la fama y sus ventajas; y, en fin, el sobrio y comedido fil贸sofo pero, tambi茅n y sobre todo, el ardiente hombre que vivi贸 y se nutri贸 de la experiencia cotidiana para poder dar forma a uno de los pensamientos m谩s influyentes de la historia de la humanidad. Primum vivere deinde philosophari.

FUENTE: EL VUELO DE LA LECHUZA




Fuente: Ateneolibertariocarabanchellatina.wordpress.com