August 17, 2021
De parte de Arrezafe
233 puntos de vista

3 de febrero de 1980.
Paso de Khyber [Pakistán/Afganistán]. En su lucha contra la Unión
Soviética, el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos,
Zbigniew Brzezinski, se dirige a los refugiados afganos en inglés
(un intérprete traduce su arenga al pastún).

Brzezinski, voló a
Pakistán para organizar la resistencia. Quería armar a los
muyahidines sin revelar el verdadero objetivo de Estados Unidos. En
la frontera afgana, cerca del paso de Khyber, instó a los soldados
de dios
a redoblar sus esfuerzos, alentándoles hipócritamente
con la siguiente arenga:

“Conocemos vuestra
profunda fe en dios. Estamos seguros de que vuestra lucha tendrá
éxito. Aquella tierra de allá [Afganistán] es vuestra. Volveréis
a ella algún día, porque vuestra lucha prevalecerá y tendréis
vuestros hogares y vuestras mezquitas de nuevo, porque vuestra causa
es justa y Dios está de vuestro lado”.

●


IN
DEFENSE OF COMMUNISM
– 17/08/2021

Traducción del inglés:
Arrezafe

Caos en Kabul, mientras
los talibanes retoman Afganistán. Veinte años después de la
intervención imperialista de Estados Unidos y la OTAN en el país,
las consecuencias para el pueblo afgano son más que devastadoras.
Las consignas de “libertad”, “seguridad”, “democracia” y “paz”, que los imperialistas estadounidenses y sus aliados
utilizaron como pretexto para la invasión militar de 2001, en el
marco de la denominada “Guerra contra el terrorismo”, se probaron
promesas vacías.

El hecho de que el
gobierno de Afganistán, respaldado por Estados Unidos, se rindiera a
los talibanes sin ninguna resistencia es la prueba más clara de que
no fue más que un mecanismo de apoyo a la ocupación imperialista.
Cuando Estados Unidos decidió retirar sus tropas, el “gobierno”
de Kabul se derrumbó como un castillo de naipes.

Los gobiernos de Estados
Unidos y sus aliados europeos tienen la abrumadora responsabilidad de
la tragedia que vive el pueblo de Afganistán. La criminal guerra
imperialista de 2001 desatada por el gobierno de Bush y sus aliados
de la OTAN no tuvo nada que ver con la “lucha contra el terrorismo” o con “traer la democracia”. La única razón detrás de la
intervención fue el control de importantes regiones geoestratégicas,
recursos energéticos y vías de transporte, en favor de las
corporaciones y monopolios estadounidenses.

Cuando se logró el
objetivo y la política exterior de Estados Unidos se enfocó en
otras regiones, la administración Biden decidió el pasado abril
retirar las fuerzas militares estadounidenses de Afganistán. En el
contexto de la feroz competencia entre el bloque EEUU/UE y otras
grandes potencias, como Rusia y China, Estados Unidos tuvo que
transferir personal y equipo militar a otras áreas, incluido el
Báltico, el Mar Negro y el Mar de China Meridional.

Afganistán está
nuevamente en manos de los talibanes, en manos de los fanáticos
yihadistas que fueron entrenados, armados y financiados por los
gobiernos de Estados Unidos y sus aliados durante la década de 1980,
con el fin de volverlos en contra de la Unión Soviética. El ascenso
de los talibanes al liderazgo del país en la década de 1990, con la
valiosa ayuda de Estados Unidos y la CIA, se produjo como resultado
del colapso de la República Democrática de Afganistán.

En su guerra contra el
socialismo-comunismo, los Estados Unidos crearon y albergaron el
monstruo del yihadismo, del que renegaron en 2001 calificándolo de “amenaza terrorista” para así reforzar su pretexto para la
intervención imperialista en Afganistán.

Hoy, la aparente
preocupación de la administración estadounidense y los gobiernos
europeos por el resurgimiento de los talibanes y el futuro de
Afganistán solo puede verse como una obscena hipocresía. Son los
responsables de la situación actual del país. Los trabajadores,
trabajadoras y pueblos de todos los países, deben condenar la
propaganda imperialista. El crimen contra el pueblo afgano no debe
olvidarse, debe tenerse presente como lo que es, la constante
barbarie y atrocidad del imperialismo.




Fuente: Arrezafe.blogspot.com