March 26, 2021
De parte de ANRed
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El fútbol y las barras se han construido como espacios cuyo centro es la masculinidad hegemónica; como consecuencia se ha relegado a un segundo plano otras identidades o expresiones de género como la femenina, situándolas en contextos de violencia machista al interior de estos espacios deportivos. Manuela Arango, integrante de la barra Sororidad Roja del Deportivo Independiente Medellín -DIM-, habló con Colombia Informa sobre esta situación. Por Colombia Informa


Colombia Informa: ¿Cómo ha sido su experiencia en las barras del DIM?

Manuela Arango: Mi experiencia ha sido muy nueva porque llevamos apenas como un año y tres meses de la conformación. Desde el principio estuve con el ideal de posicionar temas de género alrededor del fútbol y porque siempre había sido muy hincha del Medellín y no había encontrado como un nicho en el cual poderme sentir acogida con esta pasión, sobre todo porque estos espacios suelen ser de hombres.

Al ser una barra tan nueva han sido difíciles ciertos encuentros, sobre todo por el año de pandemia; sin embargo, nos hemos mantenido y hemos estado construyendo espacios a la luz de fortalecernos nosotras en los temas de género y el entendimiento del fútbol colombiano.

C.I: ¿Qué lugar ocupan las mujeres en las barras del fútbol?

M.A: Es un lugar difícil. Las mujeres que se conocen en barras amplias, mixtas, que no tienen ninguna posición política feminista, sufren día a día violencias basadas en género que van desde la invisibilización hasta ser reconocida solo como la novia del man, la amiga del man, la compañera del man; pero nunca como un papel determinante o protagónico de las barras.

También se les asignan tareas que son de secretaría, de relatoría, de no estar en las decisiones, sino más bien acompañar, ni se les reconoce la fuerza que tienen dentro del estadio. Te pongo un ejemplo: a las mujeres no las dejan cargar trapos, ni hacer actos ni nada de eso. Día a día los estadios se llenan mucho más de mujeres; pero digamos que dentro de las barras como organización o comunidades organizadas, siguen habiendo unos roles y unos estereotipos de género bastante importantes.

C.I: ¿Cómo ve la sociedad y los hombres de las barras a las mujeres que asisten a estos espacios?

M.A: Desde lo externo se cree que las mujeres que les gusta el fútbol son marimachas como suelen decirlo, y desde el interior de estos espacios se las ve como que no tienen la suficiente fuerza, entonces como que hay una ambivalencia ahí que sigue oprimiendo e invisibilizando lo que pueden aportar las mujeres en las barras. Siguen haciendo, principalmente labores muy logísticas, de cuidado también, sobre todo porque cuidan que no haya peleas, cuidan las relaciones, cuidan a los hombres; mientras que en la sociedad es una irrupción, como que no concuerda que mujeres y fútbol estén relacionados.

C.I: ¿Sororidad Roja ha sufrido el machismo al interior de las barras de fútbol?

M.A: Claro que sí, como somos una barra feminista entonces de una nos excluyen. Por ejemplo, con otras barras hemos tenido problemas cuando intentamos hacer hincapié en que se utilice el lenguaje incluyente de todos y todas, o todes.

El año pasado sufrimos como barra una amenaza por estar en contra de la decisión del Deportivo Independiente Medellín de tener a “El Bolillo” Gómez como director técnico del equipo; nos dijeron que nos quedáramos calladas, que no sabíamos nada de fútbol. Lo que demuestra es la participación de las mujeres en el fútbol los incomoda, que saben que nosotras estamos no solamente para ir a cantar y gritar los goles, sino también para demostrar que el fútbol tiene mucho más potencial que eso, y que además debería tener una perspectiva feminista.

C.I: ¿Cuál es el lugar que debería ocupar el feminismo en barras de fútbol?

M.A.: El fútbol tiene la capacidad de encuentro como no lo tiene ningún otro deporte, o ningún otro escenario. Tiene la capacidad de desbordar pasiones e incluso pues los hombres se permiten desbordar pasiones ahí como no lo hacen en otros lugares: llorar, gritar, amar, abrazar; eso es un potencial muy importante en términos políticos porque demuestra que el encuentro permite crear lazos y esos lazos desde el feminismo hay que explotarlos para que sean diferentes, para que se impulse una comunidad diferente, una manera de hacer con el otro diferente.

El feminismo tiene cabida sobre todo entendiendo que feminizar el fútbol no es solamente que haya una liga femenina, sino que las mujeres se reconozcan en un espacio que les permite el encuentro y la organización a partir de emociones muy fuertes.

C.I: ¿Cómo posicionar el feminismo dentro de las barras?

M.A: A partir de pequeñas acciones que vamos día a día denunciando, exponiendo, visibilizando, y debatiendo con los demás. Obviamente es muy necesario el diálogo, obviamente es muy necesario comprender también la posición del hombre, porque hay una apuesta también de nuevas masculinidades que debe ser vista en el fútbol. Es en ese diálogo y no con amenazas, como nos ha tocado.

C.I: ¿Cuáles serían los puntos claves para transformar el barrismo hacia una apuesta más acorde a lo que ustedes se proyectan?

M.A: Colombia es uno de los pocos países de Suramérica en el cual los equipos de fútbol son empresas y no clubes. En otros países existen asociados que hacen parte de la sociedad civil y que pueden proponer y hacer del fútbol algo mucho más comunitario; aquí no, entonces creo que esa es otra de las apuestas que desde el barrismo tendría que reestructurarse: pensar hasta dónde va nuestra acción, si solamente es de alentar o denunciar.

Por otro lado está el machismo; el fútbol se ha reconocido como un territorio de hombres y eso ha permitido que ese nicho que han creado lo vean amenazado a toda hora por la figura líder, o determinante de una mujer.

C.I: ¿Cómo llevar al barrismo a apoyar al fútbol femenino?

M.A.: Eso es una cosa difícil porque no solamente es que las barras decidan ir hacia allá, sino pensar en cómo las personas que organizan el fútbol en Colombia, promuevan este fútbol. El fútbol femenino es concebido desde un lugar muy familiar; los partidos se ven los domingos, en estadios pequeños y eso no promueve un desborde de pasiones, como sí lo permite la liga masculina.

Nosotras como barristas feministas nos reconocemos ante todo hinchas del Medellín femenino, antes incluso que de la liga masculina, así veamos los partidos y así vayamos a alentarlos. Creo que ahí está la apuesta, en saber cómo se promociona y en identificar cómo llegar a las barras.

Cada vez tienen que haber más colectivos de mujeres que acompañen estos procesos, pero sobre todo cada vez es más necesario demostrar que el fútbol femenino también puede convocar otras pasiones.





Fuente: Anred.org