July 26, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
221 puntos de vista


Interesante art铆culo que describe francamente bien la singularidad del sistema pol铆tico suizo, uno de los modelos de democracia parlamentarista m谩s participativos y descentralizados, as铆 c贸mo su personalidad sociocultural, y c贸mo todo ello tiene mal encaje en una Uni贸n Europea burocr谩tica, centralista y orientada al beneficio de las grandes empresas. Nota de Tortuga.


Muchos de los tratados existentes firmados entre la Uni贸n Europea y Suiza expirar谩n durante los pr贸ximos a帽os y deber谩n ser renovados; otros deber谩n ser puestos al d铆a.

Wolfgang Streeck

Director em茅rito del Max Planck Institute for the Study of Societies de Colonia.

El 26 de mayo el gobierno suizo puso fin a las negociaciones con la Uni贸n Europea en torno al denominado Acuerdo Marco Institucional, que se hab铆an prolongado durante un a帽o y que deb铆an consolidar y ampliar el centenar aproximado de acuerdos bilaterales vigentes en la actualidad para regular las relaciones existentes entre ambas partes.

Las negociaciones comenzaron en 2014 y concluyeron cuatro a帽os m谩s tarde, pero la oposici贸n dom茅stica suiza obstaculiz贸 su ratificaci贸n. Durante los a帽os siguientes, Suiza quiso obtener garant铆as fundamentalmente respecto a cuatro 谩reas: el permiso para continuar prestando ayuda a su enorme y floreciente sector de la peque帽a empresa; la inmigraci贸n y el derecho a limitarla a quienes fueran trabajadores o trabajadoras en vez de tener que admitir a la totalidad de los ciudadanos de los Estado miembros de la Uni贸n Europea; la protecci贸n de los (altos) salarios vigentes en el realmente exitoso sector exportador suizo; y la jurisdicci贸n, reclamada por la Uni贸n Europea, del Tribunal de Justicia Europeo sobre las disputas legales sobre la interpretaci贸n de los tratados conjuntos.

Como no se verific贸 progreso alguno, la impresi贸n prevaleciente en Suiza fue que el acuerdo marco era en realidad un acuerdo de dominaci贸n y como tal demasiado pr贸ximo a la pertenencia a la Uni贸n Europea, algo que los suizos ya hab铆an rechazado mediante el correspondiente refer茅ndum nacional celebrado en 1992, cuando votaron contra su incorporaci贸n al espacio econ贸mico europeo.

Existen paralelismos interesantes con el Reino Unido y el Brexit. Ambos pa铆ses, de modos espec铆ficamente diferentes, han desarrollado variantes de democracia caracterizadas por un profundo respeto por un determinando tipo de soberan铆a popular mayoritaria, que exige la soberan铆a nacional, lo cual hace dif铆cil para ambos entablar relaciones externas que constri帽an la formaci贸n de la voluntad colectiva de su ciudadan铆a.

Gran Breta帽a, por supuesto, resolvi贸 parcialmente este problema convirti茅ndose en el centro de un imperio en vez de ser incluido en otro, defendiendo su soberan铆a nacional apropi谩ndose de la soberan铆a nacional de otros, mientras que Suiza se convirti贸 en un pa铆s perennemente neutral dispuesto a defenderse a s铆 mismo, como de Gaulle hab铆a dicho respecto de Francia, tous les azimutes.

Constitucionalmente, la soberan铆a popular brit谩nica reside en un Parlamento que no se halla constre帽ido por una constituci贸n escrita y puede, por consiguiente, decidir sobre cualquier asunto mediante una mayor铆a simple, sin que sea necesario disponer para ello eventualmente de mayor铆a alguna de dos tercios de los votos de la c谩mara o de cualquier otra supermayor铆a parlamentaria. Adem谩s, no existe un Tribunal Constitucional que pueda interponerse en el camino del Parlamento, como tampoco puede hacerlo la segunda c谩mara, la C谩mara de los Lores.

El hecho de que un tribunal supremo como el Tribunal de Justicia de la Uni贸n Europea goce de la potestad de imponerse sobre el Parlamento brit谩nico siempre fue fundamentalmente incompatible con la idea brit谩nica de democracia popular ligada a la soberan铆a, convirti茅ndose en la principal fuente de descontento popular con la UE, lo cual condujo al Brexit y a deshacer el Brentry.

De igual manera, que un tribunal extranjero con jueces extranjeros se hallara autorizado a desbaratar una mayor铆a del pueblo suizo se demostr贸 incompatible con la idea suiza de democracia, lo cual obstaculiz贸 el Swentry y, por consiguiente, evit贸 un posible futuro Swexit. Obviamente, Suiza es un pa铆s mucho m谩s peque帽o que Gran Breta帽a y su Parlamento nacional no tiene pr谩cticamente nada que decir.

Mientras que Gran Breta帽a es un Estado altamente centralizado, a pesar de la descafeinada devoluci贸n asim茅trica falsamente federal efectuada en favor de los tres cuasi estados existentes, Suiza, con sus 8,7 millones de habitantes, es una confederaci贸n de veintis茅is cantones que disfrutan de derechos originales de autogobierno y que disponen de una poderosa voz en el 谩mbito federal.

Por otro lado, el gobierno suizo, en algo que es como el extremo opuesto de la democracia de Westminster, ha sido desde 1959 un Allparteienregierung, que ha incluido a los cuatro mayores partidos representados en el Parlamento, disponiendo que el presidente del gobierno rote anualmente entre ellos, raz贸n por la cual nadie conoce el nombre del primer ministro suizo. El terminus technicus para un gobierno de este tipo es Konkordanzdemokratie (democracia consociativa). En este caso, la democracia popular se verifica mediante la pr谩ctica establecida de los plebiscitos sobre la pr谩ctica totalidad de los asuntos que se plantean a escala municipal, cantonal y nacional, los cuales son vinculantes para todo gobierno que ocupe el poder.

A帽谩danse a esto los ejercicios comunales de democracia directa en los que, en algunos cantones, incluso el presupuesto del gobierno local es votado en asamblea ciudadana presencial y disponemos de todo el aroma de la naturaleza popular, incluso populista, de la democracia suiza: una fuerte cultura pol铆tica antijer谩rquica cuando se trata de los asuntos colectivos, un sentido de autonom铆a popular profundamente arraigado e, igualmente, una profunda sospecha ante cualquiera que afirme conocer cu谩l es el inter茅s del pueblo suizo mejor que el propio pueblo suizo en su sabidur铆a democr谩tica.

Y, entonces, 驴d贸nde entra aqu铆 la Uni贸n Europea? En ambos pa铆ses, una extra帽a coalici贸n formada por las industrias manufactureras orientadas a la exportaci贸n y por la nueva clase de la izquierda liberal, o de los liberales de izquierda, se siente atra铆da por la Uni贸n Europea para permanecer o entrar en ella, respectivamente.

En Gran Breta帽a, esa coalici贸n se vio fortalecida por una parte del movimiento sindical, que confiaba en obtener protecci贸n de Bruselas contra una mayor铆a parlamentaria furiosamente conservadora, y ello por razones no del todo comprensibles, dada la penosa implementaci贸n por parte de la Uni贸n Europea de sus pol铆ticas sociales.

Sentimientos como los expresados por los Verdes en Alemania durante la d茅cada de 1990 mediante su eslogan 芦Queridos extranjeros, no nos dej茅is solos con los alemanes禄 se hallan profusamente extendidos en la sociedad suiza actual

En Suiza, por el contrario, y para sorpresa de aquellos que disfrutan de sus estereotipos antisuizos, los sindicatos, que en el sector del metal todav铆a operan en virtud del Acuerdo de Paz de 1937, dispon铆an de suficiente poder dom茅stico, industrial y pol铆tico, como para oponerse a la entrada en la Uni贸n Europea, la cual, como correctamente tem铆an, abogar铆a por presionar a la baja sus elevados salarios. Este hecho los convirti贸 en aliados del bien organizado y pol铆ticamente poderoso peque帽o sector empresarial, cuya prosperidad se halla protegida por una pol铆tica industrial p煤blica 鈥攅n la jerga de la Uni贸n Europea: 芦ayudas del Estado禄鈥 que en buena parte ser铆a ilegal a tenor de la legislaci贸n europea sobre la competencia.

Por otro lado, en Suiza, como en el Reino Unido, el 芦proyecto europeo禄 es objeto de predilecci贸n por parte de los liberales de izquierda, compartiendo as铆 los partidarios de la incorporaci贸n suiza a la Uni贸n Europea con los partidarios de la permanencia del Reino Unido en la misma una profunda sospecha ante la pol铆tica mayoritaria popular.

La izquierda liberal suiza afirma que la democracia suiza es demasiado lenta, demasiado localista, demasiado provinciana 颅鈥攅n otras palabras, demasiado suiza鈥 comparada con las instituciones europeas, que se hallan protegidas contra los antojos de la participaci贸n ciudadana y firmemente en manos de una elite 芦cosmopolita禄 de expertos dotados de formaci贸n universitaria.

Obviamente, ello prescinde del hecho de que la pol铆tica suiza ha producido una de las mejores infraestructuras del mundo, que cuenta con un legendario sistema de transporte p煤blico y con algunas de las mejores universidades del planeta.

La pol铆tica suiza tambi茅n permiti贸 al pa铆s acometer grandes proyectos de ingenier铆a civil de importancia europea, como el t煤nel bajo de San Gotardo 鈥攁probado por refer茅ndum y completado en plazo y sin sobrepasar el presupuesto previsto鈥 que forma parte de la conexi贸n ferroviaria entre Rotterdam y Ginebra. En el mejor esp铆ritu europeo, los suizos consignaron el t煤nel en cooperaci贸n internacional sin necesidad alguna de jerarqu铆a internacional, tan solo para descubrir que la parte alemana del proyecto, la ruta ferroviaria proyectada a lo largo del Rin que conecta el puerto de Rotterdam con el t煤nel, sufre un retraso que se mide en d茅cadas y ello a pesar de su pertenencia a la Uni贸n Europea.

Si la clase media suiza desea ser gobernada por los bur贸cratas de Bruselas antes que por sus conciudadanos y conciudadanas suizos, ello responde m谩s a los sentimientos de culpabilidad por su prosperidad nacional o a la interiorizaci贸n de los sentimientos antisuizos presentes por doquier, y entonces es probable que tal deseo tenga que ver con el hecho de que el gobierno confederal plebiscitario permite m煤ltiples nichos y espacios para el tradicionalismo populista, una especie de 芦diversidad禄, que se halla en agudo contraste con los valores y estilos de vida 芦diversos禄 de la izquierda liberal.

En ocasiones, esto puede resultar embarazoso, como por ejemplo cuando se recuerda el hecho de que Suiza esper贸 hasta 1971 鈥攜 en algunos cantones todav铆a m谩s tiempo鈥 para conceder el pleno derecho al sufragio a las mujeres. Sentimientos como los expresados por los Verdes en Alemania durante la d茅cada de 1990 mediante su eslogan 芦Queridos extranjeros, no nos dej茅is solos con los alemanes禄 se hallan profusamente extendidos en la sociedad suiza actual, especialmente en el sector cultural.

En realidad, un asombroso n煤mero de trabajadores culturales suizos han emigrado a lugares bohemios como Berl铆n, donde a diferencia de Zurich pueden encontrar un local como el Berghain, en un esfuerzo por escapar de la estrechez puritana e incluso de la xenofobia de su pa铆s de origen. Un pa铆s, por supuesto, que cuenta con aproximadamente 1,5 millones de trabajadores extranjeros presentes en todos los sectores de la econom铆a, la cual emplea a 4,2 millones de trabajadores, incluyendo a 340.000 que cada d铆a se desplazan a Suiza procedentes de Alemania, Francia e Italia.

En Bruselas, el dosier suizo se hallaba en la cartera de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisi贸n Europea, quien lo ha heredado de su predecesor, el ahora olvidado Jean-Claude Juncker. Su fracaso a la hora de hacer capitular a Suiza debilita ulteriormente su posici贸n, poniendo en evidencia una vez m谩s las l铆neas de fractura de una 芦uni贸n cada vez mayor禄 de talla 煤nica.

Los suizos son acusados en ocasiones de querer ser demasiado listos, intentando imponer sus 芦predilecciones y caprichos禄, algo que no debe permitirse nunca hacer a los ni帽os, que deben aprender a comer lo que se pone en la mesa

Presionada por los partidarios de la l铆nea dura imperial-centralista presentes en el Parlamento de la Uni贸n Europea 鈥攜 debemos presumir que tambi茅n por los gobiernos nacionales alem谩n y franc茅s鈥, la Comisi贸n est谩 amenazando ahora a Suiza con tomarse la revancha.

Muchos de los tratados existentes firmados entre la Uni贸n Europea y Suiza expirar谩n durante los pr贸ximos a帽os y deber谩n ser renovados; otros deber谩n ser puestos al d铆a. La burocracia europea ha advertido a los suizos que sin Acuerdo Marco, ello ser谩 dif铆cil y en ocasiones imposible, lo cual les costar谩 caro.

Menos diplom谩ticamente, los integracionistas, frustrados por el rechazo suizo a seguir la senda de la unificaci贸n imperial de 芦Europa禄 bajo la 茅gida de la hegemon铆a alemana y francesa, especulan p煤blicamente sobre si los suizos son malos o est谩n locos: malos, dado que est谩n ego铆stamente obsesionados con mantener sus riquezas para s铆 mismos en lugar de compartirlas con los europeos que las merecen como, por supuesto, hacen los alemanes y los franceses habitualmente (la Comisi贸n rechaz贸 (隆!) una oferta efectuada en el 煤ltimo minuto por la delegaci贸n suiza de contribuir con 1.300 millones de euros durante un periodo de diez a帽os para ayudar a aliviar la desigualdad econ贸mica y social existente en el seno de la Uni贸n Europea) o locos, en el sentido de que son incapaces de reconocer sus verdaderos intereses, que obviamente incluyen ser gobernados por el buen juicio de la Comisi贸n y del Tribunal de Justicia Europeo.

Al mismo tiempo, los suizos son acusados en ocasiones de querer ser demasiado listos, intentando imponer sus 芦predilecciones y caprichos禄, algo que no debe permitirse nunca hacer a los ni帽os, que deben aprender a comer lo que se pone en la mesa, lo cual se come o se deja. Si el 芦proyecto europeo禄 ha de avanzar tal y como se halla definido por los centralistas de Bruselas, debe quedar claro a todo el mundo implicado en el mismo que la cooperaci贸n confederal, bilateral o multilateral, como alternativa a la dominaci贸n jer谩rquica, no es una posibilidad factible en Europa, como se dej贸 claro a los ingleses, para evitar que a otros pa铆ses, incluidos quienes ya son miembros, no se les ocurrieran ideas est煤pidas.

Por supuesto, los suizos, en sus setecientos a帽os largos de historia, han sobrevivido a desaf铆os m谩s imponentes, como lo han hecho los ingleses desde la Magna Carta, y hay buenas razones para creer que lo har谩n tambi茅n en esta ocasi贸n y que, en un periodo de tiempo mucho m谩s reducido, sobrevivir谩n a la frankensteiniana construcci贸n neoliberal y mercantil-tecnocr谩tica denominada Uni贸n Europea.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/carta…




Fuente: Grupotortuga.com