May 22, 2022
De parte de Indymedia Argentina
238 puntos de vista

Las elecciones del pasado 11 de mayo fueron un duro golpe para el activismo multicolor, que se encontró con un avance generalizado de la lista kirchnerista celeste-violeta.

Roberto Baradel, Romina del Plá.

Lejos de buscar hacer leña del árbol caído, pretendo reflexionar, como activista multicolor y militante de izquierda sobre qué rumbos contribuyen a una construcción clasista que tienda a aportar a un horizonte estratégico revolucionario y qué tácticas, no. Coincidiendo con compas de contrahegemonía web (ver aquí) a nivel nacional es positivo destacar un crecimiento en la continuidad y la inserción de las corrientes de izquierda en los sindicatos docentes. Sin embargo toca analizar un retroceso concreto en uno de estos sindicatos que es Suteba: El avance de la celeste fue contundente y se perdieron varias seccionales (Madariaga, Quilmes, Ensenada, Escobar), incluyendo La Matanza, perdida en una elección a tres listas por un fraude que es de alrededor del 1% del padrón del gremio.

Por Gabriela Domínguez.

El balance submicroscópico

Lamentablemente, la mayor parte de los pocos balances que circularon hablan sobre la celeste y no sobre la multicolor y sobre lo que sucedió desde unos días antes de las elecciones. Al parecer la burocracia controla la junta electoral con lo que puede introducir al padrón gente a discreción (docentes sin tiempo de afiliación o no docentes) y puede agrupar escuelas de oposición en mesas alejadas. También muchas veces hace fraudes quijotezcos en una y otra urna (en una sola urna se señala en Matanza). Y como si fuera poco pone remises para que voten sus jubiladas.

Este tipo de balances son, como dije, lamentables, ya que es sabido que estas son prácticas de la burocracia. Lejos de naturalizar el fraude toca antes de llegar a llorar sobre la leche derramada anticiparse con política. Estos balances lo único que ponen de manifiesto es que no se pudo ganar prácticamente ninguna junta electoral en la asamblea estatutaria correspondiente. También ponen de manifiesto que muchas veces la oposición se desayuna de que hay no docentes en el padrón el día de la elección siendo que accede al padrón unos días antes. Y oculta el hecho conocido de que al tener las escuelas de oposición agrupadas en mesas lejanas, también les afiliades multicolor comparten autos para ir a votar (aunque por supuesto no se paga la nafta con plata de afiliades no es per se una práctica criticable).

Estos balances, que da vergüenza si son leídos por compas clasistas de gremios de otras centrales sindicales que tienen que lidiar con prácticas bastante más mafiosas, tienen el peor déficit en el método. Ponen la lupa sobre el día de la elección en lugar de analizar los procesos históricos que llevan a esa particular cristalización de una correlación de fuerzas.

El caso de Matanza merece algún análisis porque fueron denunciadas a tiempo frente al Ministerio de Trabajo las incorporaciones incorrectas al padrón. Sin embargo lo concreto es que el padrón de matanza no se achicó sustancialmente, había 3 listas disputando la seccional, y hubo alrededor de 1000 votos multicolores menos respecto al 2017 (un 10% del padrón).

El que estos análisis pongan la lupa en el día antes de la elección es en realidad expresión del principal problema que vemos en las fuerzas del FITU y aspirantes al frente.

El electoralismo

Este electoralismo se puede ver de lejos. Lo hemos observado en elecciones previas, e incluso en la conformación de la lista Multicolor de UTE en CABA. No solo en el tipo de campaña (caras por sobre propuestas) sino en el armado de listas. Algunas fuerzas pelearían un duelo de pistolas para no perder la cabeza de seccionales que no esperan (ni hacen demasiado esfuerzo para) ganar, para así proyectar a sus referentes, ya flojos de influencia movilizante en la base, más arriba en las listas provinciales para desde ahí tener un lugar más destacado en la tribuna de los plenarios multicolor. Como contraparte otras fuerzas que se han propuesto no repetir esa lógica, permiten acríticamente este tipo de jugadas a cambio de retener cargos expectables de congresales de Suteba, para así tener también su lugar secundario pero no menor en las mismas tribunas. Así, las listas que se proyectan al masivo no tienen mucho que ver con la referencialidad construida en años no electorales, y por supuesto, el activismo independiente o afín pero no interno a las listas no tiene ni voz ni voto en nada de su construcción.

Todo esto puede parecer natural, “así es la política”, etc. pero en realidad es una adaptación a los modos de construcción de los partidos burgueses, bien alejado de la democracia obrera. Lejos de incorporar a sectores más amplios de la clase a un activismo multicolor se apunta a la construcción primero superestructural. Se apunta a construir representación antes que a construir participación. Esto puede servir para montarse sobre una explosión de descontento (como la de los conflictos del 2014 y 2017) y cosechar votos, pero no sirve para retener seccionales, menos aún para avanzar en conquistar sindicatos provinciales.

Si hurgamos entre las prácticas que acompañan este electoralismo suele haber una serie de cuestiones más que se hacen, muy bien desglosadas en la nota que señalamos antes del orden de: pretender definir planes de lucha en plenarios provinciales sin mandatos de base por sobre las asambleas de seccionales ganadas, juzgar la política por la cantidad de días de paro propuestos sin intentar siquiera un análisis subjetivo o al menos de participación de la base, y, peor aún, abonar una perspectiva de lucha en la que parece imposible jamás ganar algo, con la consecuencia de que les compas deciden desafiliarse porque “para qué pagarle a Baradel” mejor “me doy un aumento”…

El otro análisis microscópico: “es que se desafilian”

Otros análisis pobres en autocrítica hacen a la desafiliación, llegando a hablarse (tribuna docente) de un desinfle del 20% sin datos. Sin embargo, si miramos los números de distritos más movilizados por la multicolor, los mayores desinfles de padrón fueron posteriores al conflicto del 2017, no en los últimos años. Y si bien somos concientes que esa desafiliación continuó por goteo y tiene por protagonistas a ex activistas opositores insistimos en que es muchas veces nuestro propio discurso derrotista el que los lleva a esos extremos (y por supuesto que el maltrato celeste, pero no vamos a culpar al león de tener melena).

Ante todo aclaremos que según información oficial del Suteba el padrón total decreció entre 2017 de 91701 afiliados a unos 85000, un decrecimiento del 7% que es el promedio de baja que se ve en los distritos fiscalizados. Sobre esta baja de padrón hubo además una menor participación que impactó en todas las listas, pero en menor medida en la celeste que avanzó del 70% de los votos a casi el 80% (Ver gráficos 1 y 2 para un desglose entre algunos distritos).

De todas maneras, si esto era lo que se avizoraba desde el activo militante, es llamativo cómo fueron la excepción las campañas de afiliación (que incluso en un marco electoralista de construcción son fundamentales) y más importante, cómo en la mayoría de los distritos no se observa ni se busca un recambio generacional. Si culpamos a la desafiliación y no cambiamos la política difícilmente evitemos nuevas olas de desafiliación.

El Suteba acrecentó el padrón general pero también el padrón en seccionales que ganó como Ensenada. Y no solo en base de puro fraude sino con docentes de carne y hueso que comenzaron a trabajar y fueron contactados y politizados por el kirchnerismo desde los profesorados. De hecho en la web de suteba se habla de 116200 afiliados, y muy probablemente la diferencia entre ese número y el de votantes anunciado para la elección no sea solo algún número pico en alguna campaña de afiliación reciente, sino la diferencia entre adherentes (estudiantes que aun no cotizan) y afiliados. Sin ir más lejos en el distrito de Baradel, Lanús (aunque con un desinfle del 8% de padrón), la burocracia cedió el lugar a una supuesta renovación al tiempo que se desplazaba a dirigentes históricos a cargos de mayor jerarquía a nivel provincial o a tareas en la CTA Yasky. Y tanto en Madariaga como en Ensenada fueron agrupaciones filo celestes que se muestran (aunque no lo fueran) como “renovación” las que recuperaron para la burocracia esos distritos.

Aun con todo esto alguien dirá que meten en el padrón docentes de fines. Los docentes de fines son docentes precarizados, y si fuera una pura afiliación clientelar porque los planes fines son clientelares, bien podríamos articular con las construcciones multicolores de este medio, que las hay y luchan contra este problema.

Es decir,  en general de lo que se pudo leer de las fuerzas del FITU, se recurre a análisis impresionistas, sobre la realidad del gremio, fácilmente refutables con datos numéricos (datos que llamativamente el grueso de los militantes no tienen nunca a mano como muestra de la desconexión con la realidad). Y además, estos análisis se hacen a posteriori, para paliar la frustración de la derrota, ni siquiera orientan la política previa a la elección. Contra esto proponemos hacer historia reciente del gremio analizando las condiciones objetivas y subjetivas de la docencia.

Gráfico 1: Cambios absolutos en el padrón de algunos distritos.
Gráfico 2: Cambios porcentuales respecto a 2017 en votos a la multicolor y la celeste por distrito (Elaboración propia).
Gráfico 3: Porcentaje de participación en elecciones de Suteba (Elaboración propia en base a resultados circulados por las diferentes listas de la multicolor).

El marco político que rodea a la baja de participación

a- Los últimos desbordes a Baradel

El marco de desmovilización no es nuevo y no se ciñe exclusivamente a la pandemia. El último conflicto grande que excedió a las conducciones de las seccionales celestes se dio en 2017. Entre el 2014 y el 2017, los dos últimos picos de movilización, se dieron cantidad de conflictos a diferente escala: desde rebeliones por escuela que incluyeron con paros autoconvocados hasta la defensa de docentes de inicial injustamente acusados de abuso, pasando por los habituales logros “micro” en infraestructura escolar, no cierre de cursos, no cierre de Cens, etc. Muchas escuelas llegaron a tener delegades por primera vez en años y las oposiciones de los distritos celestes llegaron a marcarle agenda a sus conducciones en más de una ocasión, a partir de su influencia concreta en las escuelas, presentación de mandatos, convocatoria a movilizaciones locales, etc.

Recordemos que a partir del 2012, en la gestión en educación de la economista Nora de Lucía, con Scioli, les docentes comenzaron a cobrar mal a pesar de que el sistema ya era completamente digital hacía 2 años. A partir de diferentes relevos hechos por el activismo multicolor (El bondi, La Plata, Lista Roja, Lanús) se estableció que era el 10% de la masa salarial mes a mes no se pagaba por diferentes “errores informáticos”.

Los pequeños logros gremiales mencionados más arriba se articulaban con la política que se dieron las seccionales multicolor de convocar a jornadas de lucha y movilizaciones a La Plata, muchas veces ocupando oficinas para efectivamente conseguir solucionar problemas concretos de no cobro.

Contra el sentido común del activismo de izquierda (en el que siempre estamos perdiendo salario) es en este período en el que se alcanzó el mayor poder adquisitivo (ver gráfico 3); y los grandes conflictos respondían a defender lo ganado, así como tenían un contenido antiburocrático que se expresaba en asambleas autoconvocadas (en las seccionales celestes), cuerpos de delegados por escuela, etc. Sin embargo, en los plenarios multicolor que se organizaban en la provincia, a donde en general concurrían los activistas más movilizados y/o con más experiencia, no se priorizaban los delegados con mandatos de escuela, e incluso algunas corrientes querían imponerle agenda a las bases de las seccionales multicolor desde estas instancias, contra toda lógica de democracia de base. La lógica de quién apuesta a la consigna de lucha más extrema funciona cuando hay un alza en la movilización, pero en momentos de reflujo es contraproducente y desgasta el poder de convocatoria.

Gráfico 4: Salario real docente. Fuente: Elaboración de Cristian Caracoche en base a Coordinación General de Estudio de Costos del Sistema Educativo, Álvarez (2010), Perotti (1998), Ferreres (2020), Ministerio de Economía, y Universidad Austral.

Así, se multiplicaron los paros de la multicolor, y los descuentos correspondientes. Esto, al tiempo que se remarcaba la traición de la burocracia en la suma salarial obtenida, sin notar que con el cambio de gestión y el ascenso de Vidal a la provincia de Buenos Aires en 2015, se venía un ataque directo a la acción gremial docente a la par que se iniciaba la conocida campaña de desprestigio de nuestra labor. Desmejoraron las condiciones de trabajo en complicidad con el gremio: Por ejemplo, se corrieron rumores sobre la probable corrupción de Baradel en relación al IOMA lo que hizo que abandonaran ese frente de lucha y se destruyera la obra social. Además se propagandizaron las amenazas a la familia de Baradel al tiempo que se desplegaba cada vez más frecuentemente policía en las marchas docentes.

b- El trabajo celeste sobre la subjetividad docente

Mientras que la celeste había logrado politizar desde lo pedagógico, cultural a franjas mucho más amplias que los votantes kirchneristas (que sin embargo en ese momento de duelo Macri-CFK eran más). Incluso sectores que acordaban con la política pedagógica celeste comenzaban a ver sus falencias por ejemplo en una inclusión que se pretende sin más recurso material que el cuerpo de la maestra. La celeste viró su estrategia de intervención sobre la subjetividad de ese activismo para retomar las riendas y/o desalentar a ese activismo.

Para quien lea esta nota y no sea docente le comentamos que la principal traba subjetiva para la lucha de un docente es el legalismo en el que se haya inserta su tarea. Casi todo lo que hace está normado en algún tipo de protocolo legal, y es por eso que solo fue posible desde la multicolor impulsar a romper alguna conciliación obligatoria (difundiendo un argumento leguleyo sobre que el Estado no puede obligarnos a cesar un paro como árbitro imparcial porque es en realidad, a la vez, nuestro patrón). Mientras amplios sectores de la clase obrera arriesgan su puesto de trabajo al movilizar o parar, y/o su integridad física ante la represión estatal, les docentes tan solo hacen cuentas sobre los descuentos que van a recibir por parar y hace años no habían recibido ninguna represión.

Sobre esta subjetividad es que la celeste difundió un discurso de terror a la represión mientras la multicolor no trataba casi el tema: En el 2017 se desplazó la lucha hacia una carpa itinerante.  Como dice la célebre frase: «La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa»​  La primera carpa blanca, referencia heroica para el grueso de la docencia, había sufrido una derrota en casi todos los frentes, la segunda no se proponía más que una simple intervención comunicacional. Desde la oposición nos sorprendimos por la aceptación de la medida sin analizar más profundamente la subjetividad docente y seguimos construyendo exclusivamente con las franjas más combativas de la docencia. Sobre la represión que levantó la carpa, repudiamos pero no debatimos a fondo el aspecto teatral de la misma, donde no se convocó realmente a la docencia a defender el espacio sino que sirvió para victimizar a algunos dirigentes celestes de cara a las elecciones.

A pesar de que con estas jugadas lograban acumular en los sectores kirchneristas de la docencia, Suteba Multicolor mantuvo y amplió la cantidad de seccionales ese 2017, montado sobre este escenario de movilización. Las expectativas de las corrientes multicolores, montadas en el progresivo despegue de los sectores combativos de la mayor parte de la base docente, eran mucho más optimistas sin embargo.

Este despegue se hizo mayor cuando dejó de ser fácil salir a luchar: El gobierno de Vidal cortó las comisiones de servicios (cientos de rentados del Suteba celeste) como ataque al gremio, y la celeste le recortó las licencias gremiales a la oposición (y las rentas y la manuntención de los locales).Se cortaron las licencias gremiales limitándose a delegades solamente y luego ni siquiera.

A pesar de todo esto, hacia fines del 2017 logramos que buena parte de la franja combativa de la docencia, referenciada aun en la multicolor, llegue a plaza congreso a luchar contra la reforma jubilatoria macrista, pero no previmos la gravedad de la represión, sobre todo en su impacto subjetivo sobre activistas nuevxs que casi en ningún caso habían estado en otras represiones. No digo con esto que no hubiera que movilizar, de hecho considero que habría que haber tirado las vallas, pero sí que, en la mayor parte de los casos faltó debate político sobre la gravedad de la situación, la importancia de no perder la calle y preparación práctica para enfrentarla. Nos encontramos con centenas de activistas de izquierda perdiendo zapatillas a los gritos y empujones para huir desordenadamente de una represión con balas de goma. Esto, combinado con las ratoneras que armaba la policía disparando de frente y ahogando en gases a una muchedumbre despavorida es lo que pudo observar y dejó huella en aquellos activistas docentes que no se quedaban en la primera línea.

Luego siguió como correlato una baja progresiva en la movilización, con conflictos salariales en los que se perdía salario real año a año (Ver el gráfico 4), se culpaba a Vidal pero no se lograba una correlación de fuerzas en la calle. La baja del salario real lógicamente amplificó la desmovilización ya que, por un lado les docentes se volcaron al sobreempleo, si les daba el puntaje, a tomar empleo basura (fines, atr o incluso vender cosméticos o conducir Uber) y comenzaron a tener muchísima más cautela antes de parar. Los descuentos por paro al azar (a quienes pararon y a quienes no) contribuyeron a golpear la imagen de los sectores de la multicolor que proponían más y más paros con menos y menos base.

La muerte de Sandra y Rubén shockeó y deprimió a sectores del activismo que vieron cómo no se lograba a pesar del suceso ninguna mejora concreta en infraestructura. En lo concreto la patota celeste del municipio de Moreno ayudó a desalojar el acampe frente a ese concejo escolar, cuestión que no se difundió lo suficiente para mostrar los manejos de la burocracia. Y sí se difundieron desde la celeste los ataques a las maestras que se animaban a sostener ollas populares (A una maestra le escribieron “ollas no” en la panza foto que fue viralizada), en sintonía con la política del miedo a tomar la militancia en las propias manos que venía inculcando la celeste contra su habitual política clientelar (“hablá con fulana que tiene contacto con…”)

c- La pandemia y el giro hacia la militancia virtual

A la baja de participación del año siguiente se sumó la pandemia con las heridas subjetivas que causó la misma en la docencia: desde los padecimientos de salud mental (desde los leves a los graves) sin posibilidad de atención médica (por el estado de IOMA) o licencia (por lo ininterrumpido e invasivo del trabajo virtual). La obligación a articular en proyectos arbitrarios y la sobrecarga de trabajo administrativo fuera del horario de trabajo (bimodalidad) con su contraparte de un impulso al aislamiento en lo cotidiano: muchísimas escuelas ya no tienen salas de profesores ni carteleras gremiales. En el activismo también a veces hay una tendencia a sobrevalorar la difusión en redes (cartelazo para la foto en ig) por sobre poner el cuerpo en la calle, y/o se sitúa la vara alta, en los conflictos masivos del 2014 o 2017, lo cual frustra al no lograr lo mismo.

Mientras tanto y desde antes de la pandemia la celeste redujo los espacios de participación, llegando antes de la pandemia a cerrar con encuestas en papel sin fiscalización acuerdos salariales. Actualmente la vida orgánica del sindicato en seccionales celestes, aunque haya vuelto la presencialidad, se reduce a alguna que otra reunión de delegades por supuesto sin capacidad de resolver nada ni a nivel distrital, y alguna capacitación. Pero no hay ningún activismo que exija algo más que eso tampoco en los distritos celestes.

Lamentablemente los debates sobre si aceptar la “presencialidad (des)cuidada” para la segunda ola evitaron que se construya con las autoconvocadas que proponían frenar la exposición y luchar por conectividad. O en todo caso, salir a dar el debate de cara a toda la docencia, amplificando la participación.

El punto está en que los docentes que se desafilian, no van a votar o votan a la celeste no es que sean tontxs, desclasados o la etiqueta que se quiera poner, sino que no ven una alternativa de poder en las propuestas que hacemos en la multicolor, ni siquiera una alternativa para canalizar sus frustraciones.

Al momento, la frustración de índole más política la canalizan los sectores liberales por un lado y el kirchnerismo por izquierda al hacer una teatralización permanente de puja interna dentro del poder estatal.  La asociación Celeste-Kicillof les suma ideológicamente, y tan solo denunciarla sin debatir a fondo un proyecto de poder no sirve de nada, precisamente porque el nivel de conciencia no es clasista: les docentes no esperan necesariamente que su sindicato sea autónomo del gobierno, sino que esperan que les resuelva lo cotidiano y les de beneficios sociales.  Pasar  una conciencia clasista requiere política explícita en este sentido. Mientras tanto la celeste se preocupa por azuzar todo el tiempo el maccartismo, y así va desplazando franjas de activistas hacia su seno, a la vez que expulsa a otros sectores desalentados o desorientados según el caso, a la desafiliación.

Este marco es el que nos hace llegar con una baja generalizada de la participación, que impacta mucho más fuerte en la multicolor (analizando los 15 distritos más movilizados, como se ve en el gráfico 3, la celeste bajó un 10% en votos mientras que la multicolor casi un 50% en promedio).

Contratendencias

Hay sin embargo contratendencias de las que aprender. En Suteba Tigre, la baja de votos celestes es del  4% y la de la multicolor es del 17%, la baja más pequeña de los distritos multicolores. Y esto muestra que la desmovilización no es algo “dado” por la realidad, sino que incluso en contextos de reflujo se puede morigerar. Por ejemplo, Tigre fue de los primeros distritos en abordar la defensa de una docente, Viviana Caliva, falsamente acusada de abuso, metiéndose con temáticas delicadas que cruzan la escuela y el barrio y afianzándose así en nivel inicial.

Además en estos años se pudo hacer lazos con construcciones de trabajadorxs de la zona norte y sus barrios. Es así que obreros de la 60 aportaron públicamente a su campaña. Esta cotidianeidad de solidaridad de clase, ejercitada ya en decenas de cortes de la Panamericana fue la que en gran medida trabajó sobre la subjetividad de un activismo contra la represión. Además se observa una relativa rotación de cargos y el ejercicio permanente de la asamblea de base. Son algunas de las seccionales que se sostienen, las que mantienen a su vez la participación en las urnas (Tigre con casi un 60%).

El caso de Bahía Blanca requiere un análisis más largo, donde según denuncia el PO tendencia (lista naranja) se los dejó afuera de la multicolor por un acuerdo del encuentro colectivo con el FIT-U. En todo caso, el gallinero de la vanguardia que ni siquiera puede sostener listas de unidad en seccionales recuperadas redundó en una baja de participación (al 30% contra 46% en el 2017) donde la celeste casi sostuvo la cantidad de votos de la anterior elección, mientras la multicolor sumada a la naranja bajó en un 40% de votos. Con este análisis de contratendencia no quiero decir ni que en Matanza o Ensenada no hubiera asambleas o solidaridad de clase, sino en todo caso invito a más activistas a escribir, aunque sea para contradecirme, aquellos balances que planteen otras cuestiones de la cotidianeidad sindical, de la convivencia entre agrupaciones, de la inserción en las escuelas, para atender al aprendizaje colectivo.

¿Para qué hacíamos sindicalismo en primer lugar?

Las corrientes de izquierda afirman de una u otra palabras que hacen sindicalismo para aportar a un proceso revolucionario desde la construcción de un activismo clasista de masas. Un proceso de estas características debería desprenderse de una democracia representativa para avanzar hacia una democracia obrera, de base.

La política electoralista que se hace en los gremios docentes muchas veces es una copia a escala de la política electoralista que se hace desde los principales partidos trosquistas, y mientras puede ser muy discutible el efecto subjetivo a nivel de masas, es comprobable a nivel docente una baja de participación que causa la pérdida de las dos seccionales que dirigen estas corrientes (Matanza, Ensenada).

En tiempos de reflujo generalizado se podría haber convocado a plenarios por distrito del activismo multicolor para así llegar a listas que reflejen las fuerzas y referencialidades reales de la militancia, en lugar de resolver a puertas cerradas priorizando las internas partidarias por sobre la construcción del distrito (Bahía Blanca, La Plata, Lanús y varios otros distritos). Incluso pensando en electoralismo, tenemos 4 años para poner en pie este tipo de asambleas del activismo de escuela y de distrito, aprovechando justamente el vaciamiento concreto que hace la celeste.

Sin embargo hacer sindicalismo requiere, valga la redundancia, de hacer sindicalismo. En tiempos de reflujo no hay realmente una tribuna en la que dar discursos altisonantes. Sin negar la necesidad del debate teórico y político hay que reconocer que éste se ve reducido en audiencia y que es necesario reaprender y reenseñar a nuevas camadas de activistas cómo organizar una a una cada escuela, cómo construir mandatos de base, cómo evitar nuevamente cierres de cursos, lograr mejoras puntuales en infraestructura, etc. Y esto requiere de conocer el estatuto docente, normativa y hacer aquellas tareas que ciertos sectores muy iluminados consideran “menores”, desviaciones sindicales, etc. No alcanza con hacer más larga la lista de demandas, solidaridades, etc. si este “programa” no lo construimos realmente con la base docente (y no solo con el activismo).

Por otra parte una democracia obrera requiere de un debate fluido y unidad de acción siempre que se pueda entre las corrientes que se consideren clasistas o incluso revolucionarias. Es urgente superar los diques de chicana, maltrato, ensimismamiento y altanería que delimitan unas corrientes de otras y les impiden articular en la mayor parte de los distritos más que para el día de la elección.

Además, por si fuera poco, trabajamos en un sector estratégico para influir en la subjetividad de la sociedad (aunque seguramente nada estratégico para golpear el bolsillo de la burguesía). Mientras la celeste tiene una amplia política cultural reformista, nacionalista, etc. desde la multicolor ni siquiera se disputa el sentido de la escuela pública. Simplemente no está en la agenda. Apenas, gracias a la lucha feminista y para no caer en la arena de la incorrección política se incluye las más de las veces como mera consigna, algo de la agenda feminista. Este aspecto programático debería ser importantísimo para toda corriente revolucionaria volcada al sindicalismo docente.

Seamos realistas y evitemos lo inevitable

Si no aprovechamos este momento para parar la pelota y debatir lo más ampliamente posible cómo volver a poner en pie la multicolor de Suteba, en los próximos años vamos a enfrentar desde una posición mucho más desventajosa nuevos desafíos.

No es casual que se votase la reforma del estatuto de lxs docentes de CABA en la legislatura al día siguiente de las elecciones de Suteba. Es sabido que en el conurbano bonaerense las agrupaciones cruzan la General Paz y el Riachuelo y los esfuerzos son fluidos entre recuperar Suteba, UTE o sostener ADEMyS.

En el conflicto en CABA también se observó escasa preparación previa en los meses anteriores, por lo cual el acto el día de la sesión en la Legislatura, si bien contó con una cantidad de gente significativa en relación al contexto previo, difícilmente impidiese la reforma, y fue más bien “un como si”. Incluso la represión policial no respondió a un plan de los trabajadores para impedir la aprobación sino a una acción de algún sector dirigente para sacarse una foto heroica para las redes.

Desde hace décadas en CABA carecen de convenio colectivo de trabajo y esas decisiones las toma la legislatura vía el Estatuto Docente, no habiendo habido nunca las fuerzas suficientes para modificar la situación.

No sería descabellado que ese sea un futuro posible de la provincia de Buenos Aires: el corrimiento del debate sobre condiciones de trabajo de las mesas paritarias a los órganos legislativos, en sintonía con las necesidades de ajuste del pacto con el FMI. Si no comenzamos a reconstruir nuevamente un activo que valore las décadas de lucha detrás del Estatuto docente y que busque disputar y abrir su sindicato en lugar de solamente vomitar diatribas de descontento en los recreos, no va a ser la celeste la que frene los nuevos avances de la burguesía.

Gabriela Domínguez

Hasta este año Congresal Suplente de Suteba Lanús Multicolor

Horizonte Comunista


Fuente: https://horizontecomunista.wordpress.com/2022/05/17/suteba-2022-una-derrota-de-la-que-aprender/




Fuente: Argentina.indymedia.org