May 15, 2022
De parte de ANRed
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Pionera en la cirugía plástica, Suzanne Noël empleó sus conocimientos para ayudar a las mujeres obreras a no caer en la precariedad y operó a personas judías para que no fueran reconocidas y capturadas en la Francia ocupada. Hasta el fin de sus días siguió investigando para devolver la dignidad a las personas heridas y marcadas como prisioneras en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Por Alicia Medina.


Siempre luciendo una cinta en su sombrero en la que se podía leer, «Quiero votar», Suzanne Noël renunció a su acomodada vida burguesa para ser cirujana. Fue también sufragista y creó clubs de mujeres profesionales por todo el mundo; hizo huelga de impuestos por la desigualdad de derechos entre mujeres y hombres; ayudó a los soldados heridos durante la Primera Guerra Mundial y se enfrentó alnazismo acogiendo y operando a personas judías y pertenecientes a la resistencia para que no fueran reconocidas y capturadas. Sin embargo, no es fácil encontrar su nombre en los libros de historia ni en los itinerarios académicos; su invisibilidad es un ejemplo más de los referentes que se nos han negado a las mujeres.

La autora Leila Slimani —ganadora del premio Goncourt en 2016 por su novela Canción dulce (Cabaret Voltaire, 2017)— y el ilustrador Clément Oubrerie —quien ya ha participado en otras biografías ilustradas como Pablo (Norma Editorial, 2012) y Érase una vez en el este (Ponent Mon, 2021) sobre la vida de la bailarina Isadora Duncan— rescatan su vida en el cómic Con las manos desnudas (Liana editorial, 2022), un estudio bien documentado que nos acerca a una mujer fascinante que se enfrentó a las convenciones sociales y a los prejuicios de la época para estudiar y ejercer su profesión.

En el apartado gráfico destaca un estilo sobrio y un dibujo en acuarela en tonos cálidos en los días más felices de la vida de Noël —como sus primeros años como cirujana o su vida en Montmartre (París)—; oscuros en los momentos más difíciles —durante las dos guerras mundiales o tras la muerte de su hija— y emborronados y sin forma durante su ceguera transitoria, provocada por cataratas en los ojos.

Página de la novela gráfica, Con las manos desnudas, de Liliana Editorial.

Las manos desnudas que curaban a los bocas rotas

Durante la Primera Guerra mundial, Noël se interesó por la cirugía reconstructiva, disciplina que le permitió ayudar a los llamados bocas rotas: soldados que habían sufrido amputaciones en el rostro o heridas que les impedían comer o hablar, llevaban incomodas máscaras para no asustar a la gente y muchos acababan suicidándose. Noël les devolvió su rostro y, con la sanación, fue más fácil para ellos recuperar su vida anterior.

Susanne Noël pertenecía a una familia burguesa por lo que, antes de dedicarse a la cirugía, aprendió a pintar, a coser y a llevar un hogar. Se casó con diecinueve años con Henry Pertat, un reconocido médico, y se trasladó a vivir a París. En sus primeros años en la capital llevó la vida que se esperaba de una mujer de su condición, socializando en fiestas, alternando con mujeres de la aristocracia y coleccionando arte como hobby, pero no encontraba placer en nada de ello y lo único que conseguía despertar su interés eran los casos que trataba su marido como médico.

Influida por las sufragistas inglesas, Noël comenzó a desarrollar un pensamiento feminista y a darse cuenta de que las mujeres tenían el mismo derecho a estudiar y a ejercer una profesión que los hombres. Así, en 1903 se presentó al examen de bachillerato y después empezó a estudiar medicina, siendo de las primeras mujeres en hacerlo.

En una facultad repleta de hombres, como mujer tuvo que demostrar su valía y su derecho a ser alumna, algo que no se exigía a ninguno de sus compañeros. Pero estar en la universidad también le permitió, por primera vez en su vida, conocer otro París, uno más libre y bohemio, de cabarets y charlas hasta el amanecer.

En 1908 fue contratada en el Hospital Universitario de París, pero ser estudiante, médica, esposa y madre supuso tensiones en su vida privada y socialmente fue acusada de fría y mala madre por dejar a su hija con nodrizas. En 1911 se separó de su marido y se instaló en Montmartre con su amante, André Noël, un colega de la facultad y, con toda probabilidad, padre de su hija.

Cirugía estética contra la precariedad de las trabajadoras

Pasada la guerra, cambió la cirugía reconstructiva por los liftings y las liposucciones: Suzanne Noël fue una pionera en la cirugía estética no intrusiva ya que, al contrario que sus colegas varones, se preocupaba porque sus pacientes sufrieran lo menos posible y se recuperaran con rapidez.

Para ella, que las mujeres quisieran cambiar su aspecto se debía a una amarga necesidad, la de no partir con desventaja en una sociedad que pone en la belleza en el centro. De hecho, Noël consideraba la cirugía estética como una forma de ayudar a las mujeres trabajadoras para que no cayeran en la precariedad. Una muestra de ello es que muchas veces no cobraba a sus pacientes por la cirugía hasta que no habían encontrado un empleo.

Hoy en día no todo el mundo estaría de acuerdo con esta visión feminista de la cirugía estética, pero hay que tener en cuenta que estamos hablando de un momento en el que las mujeres apenas podían tomar decisiones sin sus maridos y tenían pocos medios para mantenerse económicamente. En este contexto, la cirugía de Noël podía verse como una aliada más para sobrevivir a un mundo patriarcal y, aunque no estemos de acuerdo con ello, resulta problemático juzgar sus ideas con los estándares actuales.

Fundadora del club soroptimista de París

Si Noël es considerada un referente feminista no es tanto por su trabajo en cirugía estética —disciplina dominada actualmente por hombres cirujanos que operan a mujeres, tal y como demuestran los datos del Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), donde ellos fueron el 74,9 por ciento de los afiliados en 2020, frente al 25,1 por ciento de las mujeres registradas— como por haber vivido de forma independiente en un momento en el que las mujeres no podían hacerlo, por pedir el voto y la igualdad de derechos y por crear clubs de mujeres profesionales por todo el mundo.





Fuente: Anred.org