February 27, 2021
De parte de Briega
165 puntos de vista


He aqu铆 un libro que desnuda la incesante y medi谩tica banalizaci贸n del proceso migratorio. Frente a la radical descontextualizaci贸n que provoca el fotograma un mill贸n de veces repetido -el cayuco, la valla-, Shahram Khosravi pone en pr谩ctica aquello que reivindicaba el soci贸logo argelino Abdelmalek Sayad: la reconstituci贸n 铆ntegra de las trayectorias migrantes. Y lo hace a partir de su propia experiencia encarnada, la que le lleva de Ir谩n a Suecia tras varios a帽os de migraci贸n clandestina a trav茅s de Afganist谩n, Pakist谩n y la India. Su propia vida sirve de ancla a Khosravi para desplegar su teor铆a sobre y contra las fronteras y la pol铆tica migratoria imperante.

鈥淟as fronteras determinan el aspecto del mundo鈥, afirma Shahram. Cuando 茅l lleg贸 a Suecia a finales de los a帽os ochenta, Frontex, la 鈥淎gencia europea para la gesti贸n de las fronteras exteriores鈥, ni siquiera exist铆a a煤n. Fue creada en el a帽o 2004, cinco a帽os antes de que escribiera Viajero ilegal. Desde entonces, tal y como 茅l mismo vaticinaba, las fronteras europeas no han hecho m谩s que endurecerse y multiplicarse. Su vertiginoso aumento ha engordado en la misma medida los resultados de las grandes multinacionales de la industria militar y de control migratorio y las cifras de muertes en el trayecto fronterizo. Todo ello lo podemos constatar en esa frontera sur de la Uni贸n Europea que es Espa帽a. La violencia en la frontera espa帽ola contra los cuerpos migrantes no es la anomal铆a, sino la norma, gobierne quien gobierne. Tambi茅n lo son los acuerdos para garantizar en territorio extraeuropeo esas 鈥渮onas de exenci贸n鈥 donde la violencia, las agresiones sexuales o la muerte son medios l铆citos para cumplir el objetivo europeo de modular -que no impedir- la llegada de migrantes a sus costas.

鈥淟as fronteras europeas no han hecho m谩s que endurecerse y multiplicarse鈥

Las fronteras determinan el aspecto del mundo, s铆. Pero no s贸lo por sus alambradas. Tambi茅n porque son el lugar por el que cruzan -aunque menos desde que comenz贸 la sindemia鈥 cientos de millones de turistas, congresistas, militares, cooperantes, agentes de las multinacionales. Lo hac铆an -y lo volver谩n a hacer- sin medida alguna, 鈥済loriosamente鈥, dice Khosravi. Representan la movilidad desaforada, el env茅s de la inmovilidad forzada. No s贸lo por lo que expresan en t茅rminos simb贸licos esas fronteras que caen a los pies del viajero occidental, sino por razones muy concretas y materiales. Entre ellas, los devastadores efectos sobre el planeta de la contaminaci贸n provocada por la cantidad de aviones que sobrevuelan el cielo, as铆 como por otros muchos factores asociados a industrias como la tur铆stica o la militar. Pero tambi茅n por los propios actos que esos viajeros van a realizar -van a cometer- en el lugar de destino: exotizar a los aut贸ctonos, consumir para fines de lujo recursos b谩sicos escasos, acometer intervenciones militares humanitarias, acumular tierras, impulsar proyectos extractivistas y destruir bosques que, por cierto, antes de ser esquilmados garantizaban que ciertos virus se mantuvieran confinados en su interior. Millones de personas, pues, se ven forzadas a migrar debido al expolio de los territorios en los que viven. La hipermovilidad de los privilegiados forma parte, parad贸jicamente, de las causas que imposibilitan la inmovilidad de quienes querr铆an quedarse en su casa.

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Alguna vez hemos escrito que las principales mafias migratorias son los Estados y sus cuerpos de seguridad. Un avi贸n de deportaci贸n. Un inspector de polic铆a espa帽ol. Un malet铆n lleno de billetes. El intercambio de la mercanc铆a humana por la pasta en el aeropuerto de Lagos, Nigeria. Esa imagen vale m谩s que mil palabras. Khosravi contribuye en este libro a poner patas arriba algunas categor铆as tambi茅n banalizadas por la mirada medi谩tica: 鈥渘o es de extra帽ar鈥, se帽ala el autor, 鈥渜ue la poblaci贸n que vive cercana a la frontera suela considerar que los verdaderos delincuentes son los diversos funcionarios de fronteras y no los contrabandistas鈥. Los Estados est谩n muy interesados en convertir a las mafias en las responsables principales de la violencia fronteriza. Shahram cuestiona este discurso estatal, pero no lo hace mediante la idealizaci贸n del tr谩fico. Por el contrario, describe escenas en las que los migrantes son lanzados por la borda, o relata las sistem谩ticas violaciones perpetradas contra las mujeres migrantes en su tr谩nsito por M茅xico hacia Estados Unidos. Sin embargo, en su experiencia cabe la ambivalencia y la complejidad: 鈥De hecho, no es justo que le llame traficante, ya que 茅l me salv贸 de morir en una guerra terrible鈥, dice al recordar su cruce clandestino de la frontera entre Ir谩n y Afganist谩n. Partir para contar. Un clandestino africano rumbo a Europa, de Mahmud Traor茅 y Bruno Le Dantec, aborda esta misma complejidad en el contexto de la migraci贸n desde Senegal al Estado espa帽ol. Mahmud, que acabar谩 saltando la valla de Ceuta tras una acci贸n asamblearia que desborda completamente a los jefes de los guetos, cuenta c贸mo, en el campamento de Maghnia (Argelia), los dirigentes 鈥減ierden sus galones鈥 y 鈥渧uelven a ser migrantes鈥 una vez que han organizado 鈥渃inco convoyes鈥 hacia Marruecos.

鈥淟a hipermovilidad de los privilegiados forma parte de las causas que imposibilitan la inmovilidad de quienes querr铆an quedarse en su casa鈥

Dicho esto, es cierto que uno de los efectos del aumento exponencial de la industria fronteriza es el menoscabo radical del espacio de autonom铆a de quienes pretenden cruzar fronteras de forma clandestina. El coste de los viajes se multiplica, as铆 como su peligrosidad. Adem谩s, aumenta en este contexto la dependencia de empresas m谩s grandes dedicadas a lucrarse con el tr谩fico. La mafia estatal alimenta a su alrededor la consolidaci贸n de otras mafias de frontera.

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Muertes en centros de internamiento. Migrantes enterrados bajo una l谩pida sin nombre. Supremacistas que disparan a matar a refugiados que pasean por un parque. Las escenas que Khosravi dibuja en Suecia resuenan poderosamente en nuestro contexto espa帽ol. Aqu铆 tambi茅n podemos rastrear las muertes en los CIE por desatenci贸n m茅dica, los suicidios provocados por las condiciones del encierro, la asfixia en pleno vuelo de un migrante deportado, los apaleamientos a menores institucionalizados鈥 Aqu铆 tambi茅n un guardia civil fuera de servicio acribill贸 a una persona a la que consider贸 sospechoso de terrorismo por tener rasgos magreb铆es. Por lo dem谩s, en la playa del Tarajal, los guardias civiles que dispararon a migrantes que trataban de alcanzar la orilla, provocando su muerte, no s贸lo estaban de servicio, sino que el aparato del Estado se ha encargado de que sus actos queden impunes.

Khosravi recuerda c贸mo el cuerpo apalizado de Rodney King se convirti贸 de pronto en cuerpo amenazante para los polic铆as que lo golpeaban. En Espa帽a, un par de fornidos escoltas policiales que trasladan a migrantes al aeropuerto, esposados de pies y manos, llevaron a juicio a una mujer a la que conduc铆an a Barajas por la fuerza, acus谩ndola de golpearles. La mujer fue condenada. Cuando los acusados de asfixiar a un deportado en pleno vuelo fueron dos polic铆as, la cosa se arregl贸, cinco a帽os despu茅s, con una multa de seiscientos euros a quienes le amordazaron hasta la asfixia. Tambi茅n la l谩pida sin nombre resuena en nuestros o铆dos: es la historia de Khalid, el chaval que se ahog贸 en Gij贸n tras una persecuci贸n policial y fue enterrado en uno de los cementerios de la ciudad; es la historia de un joven buscando desesperadamente un nombre para rociar la tierra de agua y rezar frente a la tumba de su hermano.

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Cuando Shahram Khosravi lleg贸 a Europa, en Espa帽a hab铆a tan solo un dos y medio por ciento de poblaci贸n migrante, cinco veces menos que en Suecia. A d铆a de hoy, esa diferencia se ha reducido mucho, fundamentalmente porque Espa帽a fue el pa铆s del mundo que, en relaci贸n con su poblaci贸n total, m谩s migraci贸n recibi贸 en el per铆odo 2000-2008. En Estocolmo, un hostelero le cont贸 a Khosravi que un inmigrante ilegal viene siempre 鈥渃on un cincuenta por ciento de descuento鈥. En Espa帽a este descuento -la explotaci贸n laboral de la poblaci贸n migrante- se aplic贸 y se aplica a escala gigantesca. De hecho, ha sido una de las condiciones principales del auge econ贸mico que se dio en el per铆odo se帽alado. El descuento, por cierto, no opera s贸lo contra la poblaci贸n que no tiene permiso de residencia y trabajo. En alg煤n otro lugar hemos se帽alado que la pol铆tica migratoria espa帽ola ha producido principalmente migrantes amenazados de deportaci贸n y no tanto migrantes deportados. 鈥淓l estado de deportabilidad est谩 marcado a fuego por el miedo鈥, escribe Khosravi. La trilog铆a redadas racistas, Centros de Internamiento de Extranjeros, vuelos de deportaci贸n es s贸lo la parte m谩s expl铆citamente represiva de la pol铆tica migratoria interior. Aderezada por un kafkiano itinerario burocr谩tico para obtener el permiso de residencia, esa trilog铆a funciona como amenaza, como 鈥渕ecanismo disciplinador鈥 -de nuevo Khosravi- para generalizar la sumisi贸n entre quienes han sido convocados a jugar un rol muy concreto en Espa帽a: ejercer de fuerza de trabajo barata y servil -con y sin papeles- en los sectores m谩s precarizados de la econom铆a nacional. As铆, la amenaza de la deportaci贸n afecta tambi茅n a quienes tienen permiso de residencia, pero deben renovarlo varias veces durante ese tortuoso proceso que, si fracasan, les puede llevar a la irregularidad sobrevenida.

鈥淓l estado de deportabilidad est谩 marcado a fuego por el miedo鈥

La poblaci贸n migrante ya hab铆a jugado ese papel en otros pa铆ses de Europa Occidental a lo largo del siglo XX. Tal y como se帽ala David Harvey, la explotaci贸n de la fuerza de trabajo migrante fue fundamental para introducir en Europa las pr谩cticas laborales de racionalizaci贸n taylorista durante los llamados Treinta A帽os Gloriosos del capitalismo europeo de posguerra. El Estado de Bienestar, tan a帽orado por cierta izquierda, tambi茅n se sustentaba en la jerarqu铆a patriarcal y racial.

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Doce a帽os despu茅s de la irrupci贸n de la 煤ltima crisis, asistimos hoy a la impotencia del capitalismo para comenzar un nuevo ciclo expansivo. La din谩mica de posponer las crisis, de proyectarlas hacia el futuro -por ejemplo mediante la financiarizaci贸n neoliberal-, provoca que 茅stas regresen agigantadas. Si a ello le sumamos la cat谩strofe ecol贸gica, los l铆mites que la naturaleza impone al crecimiento, nos encontramos con que a d铆a de hoy ya no hay per铆odo de auge que prometer. El an谩lisis sobre los flujos migratorios hacia Europa como forma de creaci贸n de una fuerza de trabajo excedentaria y servil no se corresponde -o al menos no lo hace tan autom谩ticamente- con este escenario de crisis permanente. En las crisis existen excedentes de capital y trabajo no absorbidos. 驴Pero qu茅 pasa cuando ha desaparecido la expectativa de un nuevo momento de expansi贸n? Una parte de la poblaci贸n se convierte para el capital en definitivamente superflua.

Sin embargo, hay m谩s factores a tener en cuenta. La crisis en Europa es tambi茅n una crisis poblacional. El envejecimiento rampante, entre otros factores, sigue convirtiendo en imprescindible para el capital europeo la afluencia de poblaci贸n migrante. Un ejemplo: seg煤n las proyecciones de la Comisi贸n Europea en su informe sobre Envejecimiento, se calcula que Alemania perder谩 diez millones de habitantes de aqu铆 al a帽o 2060. As铆, el primer pa铆s de la UE en cuanto a recepci贸n de personas refugiadas sigue manejando la l贸gica del reclutamiento de fuerza de trabajo joven y barata. David Folkers-Landau, presidente del principal banco de Alemania, el Deutsche Bank, se帽al贸: 鈥渆star铆a bien si los refugiados ganasen menos porque a cambio Alemania les ofrece un lugar seguro en el que vivir y una infraestructura altamente desarrollada鈥. El presidente de la poderosa Federaci贸n de Industrias Alemanas (BDI), Ulrich Grillo, concibi贸 la llegada de miles de refugiados como oportunidad para el pa铆s. 鈥淪i somos capaces de integrar r谩pidamente en el mercado de trabajo a los refugiados, no solo vamos a ayudarlos, tambi茅n nos ayudaremos a nosotros mismos鈥, afirm贸.

鈥淓l envejecimiento rampante sigue convirtiendo en imprescindible para el capital europeo la afluencia de poblaci贸n migrante鈥

As铆, la pol铆tica migratoria europea se mueve ahora entre dos aguas. Por un lado, mantiene la pretensi贸n de garantizar un cierto flujo migratorio. Por otro, la UE trata de blindarse a movimientos de poblaci贸n que no pueda instrumentalizar. Dado que el capital responde siempre a sus crisis acelerando lo que Marx llam贸 la acumulaci贸n originaria y autores como Harvey han actualizado como acumulaci贸n por desposesi贸n, sabemos que una de las consecuencias de dicha din谩mica es el incremento de los movimientos forzados de poblaci贸n, m谩s a煤n si al expolio se une el cambio clim谩tico galopante. En los a帽os 90 del siglo XX, Saskia Sassen alertaba contra el discurso de la invasi贸n de Europa, recordando que la mayor parte de las migraciones eran sur-sur y que, por tanto, la migraci贸n a Europa era minoritaria. Sin embargo, diecis茅is a帽os despu茅s Sassen public贸 el libro Expulsiones. Brutalidad y complejidad en la econom铆a global, que precisamente analiza el incremento de las expulsiones de la gente, a escala mundial, de su propia casa. Se anuncian, pues, movimientos de poblaci贸n cada vez m谩s grandes y m谩s dif铆ciles de gobernar. Cada vez m谩s gente se mueve no ya por tener una mejor renta, sino por salvar la vida.

Sin embargo, la historia de Europa en los 煤ltimos cien a帽os demuestra que el derecho al refugio solo se aplica en la pr谩ctica sobre una minor铆a. En cuanto las circunstancias hist贸ricas convierten a las refugiadas en una realidad numerosa, el derecho al refugio queda inmediatamente abolido, vuelve a convertirse en una abstracci贸n. A partir del a帽o 2015, y ante el 茅xodo provocado por la guerra mundial en Siria, la respuesta europea ha sido la del endurecimiento de las fronteras, la aprobaci贸n de cupos miserables, el acuerdo con Turqu铆a para la deportaci贸n inmediata, la multiplicaci贸n de los espacios de excepci贸n del tipo 鈥渃ampo de refugiados鈥, etc.

Hannah Arendt, en Los or铆genes del totalitarismo, se帽alaba: 鈥淒espu茅s de 1935, el a帽o de las repatriaciones en masa decretadas por el Gobierno de Laval y de las que s贸lo se salvaron los ap谩tridas, los llamados 芦inmigrantes econ贸micos禄 y otros grupos de anterior procedencia 鈥攂alc谩nicos, italianos, polacos y espa帽oles鈥 se mezclaron con las oleadas de refugiados en una mara帽a que nunca pudo ser desenredada.鈥 Europa hoy se previene de esa mara帽a y quiere categorizar claramente: una minor铆a refugiada con derecho a permanecer; una mayor铆a de 鈥渇alsos refugiados鈥 y de 鈥渕igrantes econ贸micos鈥 sometidos permanentemente a la posibilidad de la deportaci贸n.

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Quer茅is matarnos. Tenemos que protegernos鈥, le escupi贸 a Khosravi una agente policial brit谩nica en el aeropuerto de Bristol. Desde el 11 de septiembre de 2001, una de las esencias que destilan los migrantes -especialmente si son musulmanes, o si lo parecen, o si vienen de un pa铆s que suena a foco de 鈥渢errorismo islamista鈥 al polic铆a de guardia- es la peligrosidad. En el contexto espa帽ol, ya en 2003, la Audiencia Nacional puso en marcha un espectacular operativo policial en Catalunya que termin贸 con veinticuatro detenidos y un rid铆culo espantoso cuando se confirm贸 que los supuestos explosivos encontrados eran detergente de lavadora. Cuatro de los detenidos, sin embargo, fueron finalmente condenados a trece a帽os de prisi贸n tras los atentados del 11-M (de 2004) en Madrid. No ten铆an explosivos, ni se les acus贸 de atentado alguno, pero s铆 de esa figura jur铆dica tan socorrida 煤ltimamente: pertenencia a organizaci贸n armada. Como se帽ala Ainhoa Douhaibi:

鈥淟o que hab铆a comenzado como una actuaci贸n jur铆dica y penal nefasta 鈥損ero que sirvi贸 para justificar la participaci贸n en una de las m谩s criticadas invasiones b茅licas de las 煤ltimas d茅cadas鈥 no pod铆a acabar en un fracaso p煤blico. Sobre todo en un contexto en el que ya empezaba a esclarecerse que la invasi贸n de Irak se llev贸 a cabo mintiendo sobre el 煤nico fundamento que la justific贸: la supuesta tenencia de armas de destrucci贸n masiva. As铆, en un escenario en el que el Estado espa帽ol se esforzaba por consolidar sus relaciones con dos de las potencias m谩s influyentes del norte global, se consum贸 una operaci贸n 鈥損unto de partida de la 芦guerra contra el terror禄 en el Estado espa帽ol鈥 que servir铆a para establecer el perfil de las actuaciones pol铆tico-penales posteriores鈥.

Sacando del tablero cualquier cuestionamiento de la guerrerista y asesina pol铆tica occidental en Oriente Medio, el Estado espa帽ol no solo ha llevado a cabo desde entonces sucesivos procesos judiciales con terribles condenas sustentadas en vagas pertenencias y no en hechos concretos, sino que ha puesto en marcha -bas谩ndose en lo experimentado en otros pa铆ses europeos como Holanda o Reino Unido-, dispositivos preventivos en instituciones como escuelas y c谩rceles que, lejos de prevenir peligros, son un peligro en s铆 mismos. Lo son como expresi贸n de un racismo de Estado que, como se帽ala Arun Kundnani, ha convertido a la llamada radicalizaci贸n en 鈥渓a lente a trav茅s de la cual las sociedades occidentales observan a la poblaci贸n musulmana鈥. Pero lo son tambi茅n porque, como sostienen Kundnani y Douhaibi, y sin necesidad de aferrarse a teor铆as de la conspiraci贸n, no ser铆a de extra帽ar que los mecanismos preventivos del Estado est茅n logrando lo contrario de lo que dicen perseguir.

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Una trabajadora contratada por ACNUR para obtener donaciones me abord贸 una ma帽ana en una calle c茅ntrica de Oviedo, con su carpeta azul bajo el brazo. 鈥驴Te has levantado hoy con ganas de salvar vidas?鈥, me espet贸. Khosravi relata en Viajero ilegal c贸mo fue convertido en v铆ctima en un campo de refugiados del 脕rtico sueco. La industria humanitaria -esos todo terreno de cristales tintados de ACNUR, que circulan a sus anchas por el mundo- necesita para su perpetuaci贸n de la figura del pobre refugiado, digno de conmiseraci贸n. A quien no puede cumplir los est谩ndares euroc茅ntricos de refugiosidad le espera la denegaci贸n de su solicitud de asilo. En Espa帽a, en 2019, a 95 de cada 100 personas entre aquellas que lograron respuesta a su expediente durante ese a帽o.

La esencializaci贸n del 鈥渕igrante鈥 no se reduce al 谩mbito de la industria humanitaria estatal y paraestatal, ni al de la criminalizaci贸n racial. Multitud de discursos se mueven entre el polo de la victimizaci贸n y el de la glorificaci贸n. Este 煤ltimo es relativamente habitual en los contextos militantes. La romantizaci贸n del 茅xodo -el migrante como el sujeto revolucionario que estaba por llegar- o la exotizaci贸n disfrazada de explosi贸n de interculturalidad forman parte de estos imaginarios. Este libro es tambi茅n una herramienta para disolver estas concepciones. Khosravi no niega la agencia -qu茅 poco me gusta este anglicismo- de quien decide migrar, pero no la fija en el individuo, sino que la enmarca en las posibilidades que ofrecen las culturas de la migraci贸n que han sido ensambladas en las comunidades de origen. Afirma que la migraci贸n es una transgresi贸n de las fronteras, pero tambi茅n que la decisi贸n de migrar 鈥puede partir de la fascinaci贸n por el estilo de vida moderno del mundo industrializado y del deseo de poder participar de 茅l鈥. En definitiva, expresa las m煤ltiples ambivalencias que se dan en el proceso migratorio, tan dif铆ciles de captar si no elaboramos a su vez categor铆as relacionales, categor铆as que se pongan en tensi贸n unas con otras para evitar categor铆as fetiche.




Fuente: Briega.org