October 21, 2021
De parte de Nodo50
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Sindicalismo: Una herramienta fundamental para construir autonom铆a de clase y extender la democracia social | iStock

La clase es algo de lo que una persona no se puede despojar cuando ocupa entornos que no est谩n habitados por los del mismo estrato. Se sale de casa sin pensar en ella, pero se le recuerda en cada proceso de la vida cotidiana al compartir espacio con quienes tienen una posici贸n m谩s privilegiada. La conciencia de clase no es un proceso interno, se nace sin ella aunque se sufre su ausencia, sino un advenimiento provocado por desprecios, conflictos, impedimentos del desempe帽o diario que hacen comprender que lo que ocurre no es por una situaci贸n individual, sino por una estructura clasista que tiene como objetivo poner m谩s dif铆cil el progreso a quienes vienen de unas capas sociales humildes. De la nuestra, de quienes nos rodean.

La clase est谩 ausente en el debate p煤blico. No sus consecuencias ni sus implicaciones, que son constantes y empapan cada problema que se plantea. Es imposible no atisbarla en cada decisi贸n, en cada estad铆stica y debate, en cada mensaje que se lanza en la pol铆tica, los medios o la publicidad. Est谩 ah铆, omnipresente, pero no se menciona. A la clase no se la nombra. Nunca aparece como causa estructural, no es nunca una parte de la ecuaci贸n, aunque la mayor铆a de las veces es la 煤nica que puede ayudar a resolver el problema, y siempre, siempre, es una variable importante en el modo de hallar la respuesta a la inc贸gnita. Sin tener la extracci贸n social como modo preferente de relacionarte con la vida no encontrar谩s el camino, no hay salida del laberinto cotidiano y colectivo que te determina por tu origen social. As铆, entender谩s Matrix. La clave de b贸veda de tu existencia es adquirir conciencia de clase, despu茅s, aparece la clarividencia. 

Existe un techo de clase. Una reformulaci贸n del techo de cristal que sirve para impedir el acceso a quienes pertenecen a la clase obrera a lugares de representaci贸n, decisi贸n y preeminencia social y laboral. Los m茅todos de reproducci贸n social son m煤ltiples y derivados, pero se ejecutan de una manera que en las redes sociales tienen un nombre popular: las chupipandis. Es f谩cil distinguirlas, sus miembros se protegen entre ellos, solo se contestan entre s铆, solo se citan unos a otros y no atienden a razones ideol贸gicas o morales, lo 煤nico que les interesa es preservar su espacio de otros elementos. Este m茅todo de reproducci贸n social es la norma de la burgues铆a, pero como toda representaci贸n del poder es copiada por aquellos tr谩nsfugas que tienen como aspiraci贸n ocupar esos espacios vedados por clase. Imitan el comportamiento para intentar lograr un pase de oro. Hay tres elementos en este bucle de imposibilidad de ascenso: los burgueses, se帽ores de la posici贸n, los tr谩nsfugas de clase, que no son m谩s que traidores, y los orgullosos de su clase social humilde, que jam谩s podr谩n acceder a esas c煤pulas exclusivas porque el pase exige renegar de los propios. 

Corren tiempos en los que algunos tr谩nsfugas solo miran por su propio futuro intentando disgregar a la izquierda para asegurarse una posici贸n preeminente en los medios que se consoliden en esta primavera reaccionaria. Se han dado cuenta de que es necesario atizar a un hombre de paja que sirva a la reacci贸n para recuperar el poder y que les deje lamer los platos tras el banquete. Para ello buscan establecer una dicotom铆a imposible que sirva de trampa para capturar a los que creen en la diversidad, la pluralidad y la ampliaci贸n de derechos de colectivos vulnerables como n煤cleo fundamental de las ideas de progreso. Se trata de dibujar dos continentes estancos que por un lado incluyan a los que defienden las cuestiones materiales y en otro las simb贸licas, entendiendo por simb贸licas aquellos derechos que sirvan para limar las desigualdades estructurales que se complementan con las de clase. El proceso persigue aislar y marginar a quienes creen que la defensa de los derechos humanos y de representaci贸n legal son tan materiales como la ampliaci贸n salarial o la protecci贸n sindical. Ni m谩s ni menos, iguales, sobre todo para quien ve conculcados sus derechos. 

Los tr谩nsfugas de clase tienen una estrategia para ser aceptados por las c煤pulas de poder haci茅ndose pasar por una izquierda materialista que en realidad solo se preocupa por reducir al absurdo la importancia de las cuestiones simb贸licas y culturales que sirven como proceso performativo para la ampliaci贸n de derechos. La acci贸n es burda, pero bien aceptada en las tribunas de decisi贸n reaccionarias. Acusan de posmo a todo aquel que defiende la ampliaci贸n de los derechos de los colectivos hist贸ricamente oprimidos argumentando que eso es incompatible con una mirada de clase. Quienes consideran que la clase social no es contradictoria ni excluyente con asegurar los derechos LGTBI+ o de las mujeres saben que quien lo considera antag贸nico solo busca una salida individual al problema colectivo que el capitalismo tard铆o ha provocado en la clase trabajadora. En definitiva, el objetivo es trepar para llegar a esos lugares reservados para la clase dominante y despu茅s renegar de todo origen humilde. Abandonar la clase, ser un tr谩nsfuga. Porque no tardar谩n en renegar de su origen cuando est茅n en esa burbuja que exige matar al padre. A su padre, su barrio, su clase, sus or铆genes, su discurso y sus intereses que son los nuestros, los de nuestra clase. 

El clasismo es uno de los modos en los que se disciplina al elemento discordante de clase en las burbujas de poder. Los que lo han vivido saben a lo que me refiero, los que no es porque es posible que pertenezcan a la clase dominante o no hayan tenido que compartir espacio con ella siendo de extracci贸n humilde. Nadie que haya compartido espacio de trabajo, estudio o vital ha podido eludir ese desprecio que a veces es disimulado y otra descarnado. 

Si algo es hegem贸nico en la sociedad occidental surgida tras el fin de la historia es la subjetividad burguesa. Ha empapado cada espacio de representaci贸n p煤blica como una nana decadente, repetitiva y adormecedora. El desprecio de clase emana de diversas maneras, algunas m谩s sutiles, las m谩s, otras crudas, las menos, demoledoras y flagelantes. Reservadas para disciplinar. La condescendencia es el veh铆culo m谩s habitual que suelen usar cuando alguien de extracci贸n m谩s baja suele perturbarles su espacio de privilegio. El ninguneo, hacer luz de gas, esa mirada por encima del hombro que sit煤a de manera f铆sica el espacio moral que creen representar. Cuando no es suficiente y el sujeto a someter resiste, aparecen las subjetivaciones peyorativas basadas en el aspecto f铆sico, la cultura, la actitud. El clasismo no tolera que alguien de extracci贸n humilde trate como a un igual a otro de clase dominante, la voz alta, la altivez o el orgullo son vistos como impertinentes. Solo se permite un timbre alto al se帽or, la clase alta tiene car谩cter, la baja es chabacana. Si se nos recuerda que siempre debemos tener la cabeza alta es porque estamos acostumbrados a que nos la hayan querido tener gacha. 

Al vivir de manera recurrente estos gestos despreciativos en tribunas p煤blicas y espacios privados se est谩 acostubrado a usarlos como una especie de aikido existencial. Ser consciente de la clase hace que se identifiquen con precisi贸n esos comportamientos y se sea capaz de prevenirlos y usarlos contra el que los profiere. Porque existe ese techo de clase, duro y muy resistente, pero se puede romper de manera puntual, la mayor铆a de las veces de forma azarosa. Cuando se hace, cuando se consigue ocupar una posici贸n de representatividad que no estaba destinada para los de la misma clase hay que utilizarla para quebrar esa barrera y que muchos m谩s aprovechen esa ruptura para colonizar esos espacio de decisi贸n burgueses. Hag谩moslos a帽icos. 




Fuente: Lamarea.com