December 15, 2022
De parte de Asociacion Germinal
2,321 puntos de vista

TENER SIEMPRE PRESENTE EL CAPITALISMO

al hablar de crisis ecol贸gica

Las sociedades altamente tecnificadas y financiarizadas, donde imperan las condiciones posmodernas de producci贸n y consumo -donde la econom铆a funciona gracias al endeudamiento, el despilfarro y la acumulaci贸n de residuos- llevan tiempo en una fase cr铆tica de rendimientos decrecientes. Eso significa que han de proseguir a mayor velocidad su l贸gica depredadora, sometiendo a las exigencias de la econom铆a tanto la poblaci贸n asalariada como el territorio, con el fin de llegar a niveles de crecimiento capaces de compensar la bajada ganancial. La carrera de la productividad ocasionada por las dificultades de la acumulaci贸n capitalista est谩 perturbando seriamente el planeta, deteriorando los ciclos biol贸gicos naturales y agravando las condiciones de supervivencia de la poblaci贸n. Ahora mismo, la destrucci贸n del territorio es superior a su capacidad de recuperaci贸n. La mercantilizaci贸n del medio implica su devastadora artifializaci贸n. La crisis ecol贸gica -hoy publicitada como calentamiento global o cambio clim谩tico- no es m谩s que la punta del iceberg de una crisis m煤ltiple que abarca todas las esferas de la actividad humana y que anuncia a medio plazo lo que algunos mamporreros del Estado llaman colapso, m谩s bien un punto de inflexi贸n a ra铆z del cual el sistema se degradar谩 de manera irreversible. Dada la incompatibilidad absoluta entre una sociedad equilibrada y horizontal con otra desarrollista y jerarquizada, o si se quiere, entre una civilizaci贸n industrial con un medio ambiente saludable, o en fin, entre el beneficio privado con la vida, la din谩mica del desarrollismo, aunque sea calificada de 鈥渟ostenible鈥, no har谩 m谩s que agudizar las innumerables contradicciones que siguen aflorando y profundizando las crisis. Al inflar globos crediticios, acentuar la explotaci贸n de recursos, alcanzar 鈥減icos鈥 de todo, contaminar a discreci贸n y dilapidar energ铆a, la humanidad entera se ver谩 abocada inevitablemente a sufrir las consecuencias. Las agujeros financieros, par谩lisis institucionales y alteraciones ambientales peligrosas, en compa帽铆a de escasez de alimentos, epidemias y descomposici贸n social, ser谩n nuestro pan cotidiano. No hace falta mirarse en el espejo de las guerras actuales para saber que nos acercamos a un escenario de derrumbe sist茅mico que subraya la entrada en una 茅poca dura, de mucha m谩s dif铆cil adaptaci贸n, que comportar谩 retrocesos hacia situaciones insoportables, desequilibrios agravados y crisis exacerbadas.

Un lenguaje apocal铆ptico ha surgido en los aspirantes a dirigentes para conjurar con palabras lo que no puede arreglarse con hechos. Crecer es acumular capital, es decir, convertir cada vez m谩s cosas -los productos, la tierra, el ocio- en dinero. Por encima de las ret贸ricas declaraciones de alarma, el sistema ha de seguir creciendo -acumulando- para escapar a sus crisis, pero el crecimiento no hace m谩s que acentuarlas. Por ejemplo, en el campo ecol贸gico, 驴C贸mo crecer sin contaminar? El cambio del mix energ茅tico es la soluci贸n seg煤n los expertos intergubernamentales. El capital siempre busca la salida en la tecnolog铆a 驴C贸mo se podr铆a reducir la emisi贸n de gases de efecto invernadero, los principales responsables del calentamiento global? Los asesores de los gobiernos aconsejan disminuir progresivamente la dependencia de la energ铆a f贸sil mediante el recurso a la energ铆a renovable industrial, 铆ntimamente asociada a la f贸sil. La propuesta coincide con la de los ejecutivos de las empresas que promueven un capitalismo global 鈥渄escarbonizado鈥. Desde la Cumbre de la Tierra (Johannesburg, 2002) han surgido lobbies transnacionales que apuestan por una 鈥淣ueva Econom铆a Clim谩tica鈥 producto de una 鈥渢ercera revoluci贸n industrial鈥, o sea, de la digitalizaci贸n, de la que la 鈥渢ransici贸n energ茅tica鈥 no ser铆a m谩s que el primer pelda帽o. Hace tiempo ya que las finanzas se aventuran por los negocios 鈥渆col贸gicos鈥 y digitales como por ejemplo, los inmuebles 鈥渋nteligentes鈥, los techos de paneles solares, el alumbrado LED, los coches y patinetes el茅ctricos, las pilas de hidr贸geno, las subastas de energ铆a o los mercados de emisiones. Y entre tanto, se piensa en tasas, peajes, acciones y bonos 鈥渧erdes鈥, se calculan puestos de trabajo 鈥渧erdes鈥 y se promociona un consumismo alternativo 鈥渋nserto en la matriz del Internet de las cosas鈥. Se trata de un capitalismo 鈥渧erde鈥 5G que -alentado por el precio cada vez m谩s bajo de las energ铆as renovables y el cada vez mayor precio de las f贸siles y de la electricidad- se est谩 expandiendo y promete multiplicarse mediante la creaci贸n de una 鈥渞ed el茅ctrica inteligente鈥 a escala internacional. Para un sector de la clase dirigente, el viraje hacia el ecologismo de mercado gracias a una 鈥渢ransici贸n realista鈥 que incluya al gas y el uranio en el paquete, o dicho de otro modo, el salto hiperdesarrollista en la l铆nea de lo que llaman 鈥渟ostenibilidad鈥 y no lo es, significa una oportunidad para cambiar el mundo sin que nada cambie, es decir, conservando intactas las estructuras pol铆ticas y econ贸micas actuales, y por consiguiente, no afectando un 谩pice los intereses creados que est谩n tras ellas. Cabe decir que otros sectores, negacionistas, sin poner puertas al negocio, se inclinan m谩s por el enroque nacionalista, el autoritarismo puro y la carrera armamentista.

Si consideramos el estado nefasto de las cosas desde su vertiente pol铆tica, un n煤mero considerable de ejecutivos, consejeros y pol铆ticos proponen un 鈥淣uevo Pacto Verde鈥 entre las multinacionales, los gobiernos y 鈥渓a parte social鈥 (partidos, sindicatos y ONGs) que pase por la declaraci贸n de un estado de emergencia clim谩tica. Se trata de una amplia operaci贸n disciplinaria destinada a mantener bajo control suave a la poblaci贸n, -que no descarta los toques de queda, confinamientos y dem谩s- prepar谩ndola para afrontar las medidas de austeridad que decretar谩n los gobiernos para 鈥渄escarbonizar鈥 o m谩s bien desmantelar 鈥渆l estado de bienestar鈥 de las clases medias cuando este ya no pueda conservarse. Por ejemplo, restricciones del transporte, del suministro el茅ctrico y del agua; racionamiento del combustible, del az煤car, de la carne y de los productos l谩cteos; subida general de precios, etc.. De hecho equivaldr铆a a la entronizaci贸n de una econom铆a de excepci贸n sin m谩s objetivo que el de renovar en condiciones extremadamente alteradas de supervivencia el complejo industrial y el Estado pol铆tico que asegura su dominio. Los pol铆ticos prefieren hablar de resiliencia, esa arma de adaptaci贸n masiva a todos los sacrificios que impone lo que llaman 鈥減rogreso鈥. No obstante, est谩 por ver si esa clase de disposiciones remontar谩 los obst谩culos que presentar谩n tanto la naturaleza del sistema -hijo de los hidrocarburos y de la servidumbre voluntaria- como los mecanismos de bloqueo propios de su complejidad estructural y las aver铆as del control social, m谩s all谩 de la construcci贸n en sus m谩rgenes de econom铆as tuteladas de tipo cooperativo destinadas a 鈥渞educir el coste humano del colapso鈥, o mejor, a neutralizar el potencial explosivo de la exclusi贸n social.

La orquestaci贸n medi谩tica y pol铆tica de las protestas adolescentes pol铆ticamente correctas contra el cambio clim谩tico apenas disimula los albores de un periodo tard铆o del capitalismo caracterizado tanto por el car谩cter eminentemente destructivo de sus fuerzas productivas, como por su dificultad en crecer lo suficiente para pagar deudas, pensiones y salarios, crear empleos, mantener una enorme burocracia y fomentar la 鈥渆lectrificaci贸n鈥 total del transporte, la agricultura y la industria. Los dirigentes  aplauden las demandas que los j贸venes manifestantes les dirigen de forma pac铆fica y festiva, pues no cuestionan nada ni a nadie, como si el conflicto social o incluso los desobedientes botellones ca帽eros no existieran. As铆 pues, no faltar谩 quien trate de aprovechar la coyuntura, propicia al alarmismo, para montar una intermediaci贸n 鈥渧erde鈥 a trav茅s de 鈥渙bservatorios鈥 subvencionados y de esta forma llevar a cabo una 鈥減ol铆tica de mayor铆as鈥 con argumentos catastrofistas. Eso es m谩s una maniobra de legitimaci贸n del capitalismo 鈥渧erde鈥 que cualquier otra cosa. Para esa especie oportunista, el Estado ser铆a el instrumento ideal de la transici贸n econ贸mico-energ茅tica que impulsan las mism铆simas multinacionales del petr贸leo, del gas y de la electricidad. Aprovechar la nueva corriente transicionista del capitalismo global -manifiesta en el New Green Deal, en los Acuerdos de Par铆s, en los trabajos del GIEC, la Agenda 2030 o en la oferta creciente de productos financieros verdes- para convertirse en su adalid parlamentario, ser铆a como 鈥渕arcar un gol en campo contrario鈥. 驴Contrario a qu茅 y a qui茅n? Nos preguntamos. Como era de esperar, la 鈥渘ueva鈥 izquierda que se asoma tras especulaciones electoralistas, discursos decrecentistas y desfiles festivaleros, se confunde con la vieja 鈥渋zquierda鈥 en su defensa del capitalismo y del Estado. Esta resulta bastante transparente en lo que respecta al crecimiento a toda costa y al consumo dilapidador. Como muestra, el bot贸n de sus pol铆ticas de 鈥渄esarrollo鈥, sus planes de remodelaci贸n de las metr贸polis y sus proyectos de ordenaci贸n del territorio. Cuando la econom铆a se sirve de la pol铆tica, el Estado se funde con el Capital. Se puede decir, al menos desde que la burgues铆a tom贸 el poder, que los Estados fueron concebidos para ello y que esa es su verdadera tarea, por m谩s que para los autoproclamados 鈥渄em贸cratas ecosocialistas鈥 esta consista mejor en maquillar de verde democr谩tico la explotaci贸n capitalista.

No existe una verdadera reacci贸n popular, pero se la teme, ya que los antagonismos entre dirigentes y dirigidos no se han esfumado, y se procura que ninguna nimiedad -una burbuja inmobiliaria, una subida de precios, un problema de abastecimiento, una cat谩strofe natural, la retirada de un subsidio, un acto brutal de las fuerzas del orden, etc.- la desencadene. El sistema termo-industrial est谩 globalizado, as铆 que los desperfectos en una zona concreta pueden repercutir en todo el conjunto. Esa es la fragilidad de su enorme poder铆o. La decisi贸n ha de seguir residiendo en la c煤spide jer谩rquica, por lo que se procurar谩 impedir la aparici贸n de espacios aut贸nomos donde pueda darse una discusi贸n libre y crearse un movimiento auto-organizado consciente de la incompatibilidad entre el Estado y la protecci贸n del entorno; un movimiento al tanto de la oposici贸n irresoluble entre el desarrollo capitalista y la aut茅ntica sostenibilidad, entre la acumulaci贸n y la igualdad; consciente adem谩s de la contradicci贸n entre las econom铆as 鈥渃irculares鈥 dentro del mercado y la ocupaci贸n de zonas resistentes fuera de la econom铆a, diestras en la autodefensa, donde se puedan esbozar modelos sociales de cooperaci贸n igualitarios, solidarios y no industriales. En fin, donde nazcan pr谩cticas a trav茅s de las cuales recobren los individuos la decisi贸n sobre todo lo concerniente a su existencia, a su modo de vida y al tipo de sociedad que deseen. 鈥淣o hay tiempo para eso鈥, dicen los ecociudadanistas extintores de la rebeli贸n. S铆 que lo hay, parece, para fomentar una protesta cautiva, inofensiva y superficial basada en la movilizaci贸n espectacular, en la cooptaci贸n remunerada de personalidades llamense 鈥渋ndependientes鈥 y en el aislamiento de los radicales o 鈥減uristas鈥. La finalidad 煤ltima de tanto discurso supervivencial, tanto politiqueo barato y tanta maniobra publicitaria no es otra que ejercer de puntal extra del Estado del capital. Ese Estado es el asidero de los partidos que intentan ser la expresi贸n pol铆tica de las clases medias acobardadas por las crisis bajo el capitalismo tard铆o.

La escasez de respuestas populares a las crisis, o lo que es lo mismo, la inexistencia de un sujeto social, hist贸rico, -de una clase realmente antag贸nica- es explicable por el sencillo hecho de que la mayor铆a de la poblaci贸n es reh茅n de la econom铆a, depende completamente de ella y por lo tanto, es prisionera de sus exigencias. Su imaginario y todos sus momentos vitales han sido colonizados por el capital. Bajo una lluvia de informaci贸n sesgada y una incomunicaci贸n embrutecedora, no puede pensar en otra cosa que no sea su quehacer diario. En Europa, no quedan grupos tradicionales al margen como, por ejemplo, en Am茅rica, capaces de constituir una alternativa radical al sistema. El despegue capitalista se produjo gracias a la destrucci贸n de lo que Rosa Luxemburg denominaba 鈥渆conom铆a natural鈥 y E. P. Thompson 鈥渆conom铆a moral鈥. Por otro lado, en la sociedad de consumo europea la clase mayoritaria no es el proletariado de la industria, muy reducido, ni el precariado, sin apenas medios de defensa, sino la clase media asalariada ligada al sector terciario no productivo: profesionales, funcionarios y empleados principalmente. Dicha clase es el pilar mayor del consumismo y la base social del parlamentarismo y de la partitocracia. No se considera antisistema ni enemiga del Estado, por m谩s que las crisis hayan reducido sus efectivos y que la tercera parte de ellos admita encontrarse en una posici贸n dif铆cil. Llegado el caso, escoge la transacci贸n frente a la intransigencia, la seguridad frente a la libertad, la obediencia frente a la revuelta. A pesar de la desvalorizaci贸n de sus titulaciones, de la presi贸n de las hipotecas y de la supresi贸n de los puestos de trabajo que les correspond铆an, conserva su mentalidad burguesa y sus aspiraciones de ascenso, que ha sabido transmitir a su entorno. Su confianza en los gobiernos no se ha esfumado aunque haya disminuido, con lo cual los partidos no han perdido demasiada legitimidad, y por consiguiente, la crisis pol铆tica se ha estancado. En fin, dado que, de momento, tanto el desastre financiero como la crisis energ茅tica y el declive estatal han podido contenerse hasta cierto punto, las dimensiones sanitaria, demogr谩fica, cultural y social de la crisis, aunque se hayan dejado ver, no se han desplegado en toda su magnitud. Los servicios p煤blicos y los transportes regulares funcionan peor, pero est谩n ah铆. Podemos hablar de crisis moral, de p茅rdida de valores, de desconfianza en las instituciones, de s铆ntomas an贸micos, de irracionalidad y violencia urbana, pero la crisis social todav铆a no ha llegado al l铆mite. Se est谩 en ello.

Ser铆a un error pensar en un pr贸ximo hundimiento del sistema capitalista, puesto que se trata de un proceso de descomposici贸n no lineal, que puede tomar distintos derroteros y distintas velocidades en funci贸n de los escenarios que vaya encontrando y de las etapas que vaya superando. No olvidemos lo que antes del reinado de la filosof铆a 鈥渄e la diferencia鈥 se llamaba 鈥渃ondiciones hist贸ricas espec铆ficas鈥: poderes f谩cticos, clases ilustradas, polarizaci贸n social, tradiciones de lucha, peso de la casta pol铆tica, conciencia social, derechos adquiridos, organizaciones populares no burocratizadas, etc. Esa clase de condiciones puede acelerar el proceso o frenarlo. En general, un colapso ocurre cuando la satisfacci贸n de las necesidades b谩sicas ya no es posible para la mayor铆a y el Estado se muestra impotente ante los disturbios que ello comporta. No es ese el caso para la mayor铆a de Estados. La inversi贸n no desfallece y el precio de la energ铆a aunque alto es asumible, por lo que la econom铆a a煤n puede tratar de crecer conteniendo la exclusi贸n con asistencia calculada y medidas de control, sobre-explotando a los inmigrantes y pisando sendas 鈥渧erdes鈥. Los motores de la civilizaci贸n termo-industrial -el petr贸leo, el gas y el cr茅dito- siguen inc贸lumes. Mientras los programas de protecci贸n medioambiental creen empleos, los cree el turismo ecol贸gico o cualquier otra actividad pintada de verde capaz de industrializarse, el derrumbe de la clase media puede retrasarse, la crisis ecol贸gico-social no despertar谩 en las masas una c贸lera demasiado en茅rgica, y, por consiguiente, no surgir谩n en n煤mero suficiente formas colectivas de convivencia radicalmente transformadoras. Las protestas contra la desigualdad y el desequilibrio ambiental ser谩n incapaces de confluir, y por consiguiente, no osar谩n cuestionar el Estado, ni se atrever谩n a apartarse de las reglas del mercado y forzar as铆 una salida de la econom铆a, con lo cual no se podr谩 revertir la exclusi贸n, ni la metropolitanizaci贸n, ni el calentamiento global, ni la degradaci贸n de los ecosistemas, ni la destrucci贸n del territorio.

Lo que queda m谩s claro, es que el crecimiento econ贸mico nunca podr谩 prescindir de la energ铆a f贸sil y la nuclear, y por lo tanto, nunca dejar谩 de envenenar el planeta. La vuelta al equilibrio con la naturaleza y la estabilidad territorial -la sostenibilidad- si todav铆a es posible, empieza con el fin inmediato de la producci贸n y el consumo de energ铆a f贸sil y nuclear en paralelo con el desmantelamiento de la industria y la miner铆a, es decir el hundimiento de la econom铆a de mercado y de la civilizaci贸n termo-industrial. En definitiva, supone la subversi贸n completa del orden mundial y el fin del capitalismo en todas sus modalidades, incluida la verde. No hay fuerza social capaz de conducir a un final de tal naturaleza, pero en cambio, la implosi贸n del propio sistema es bastante probable. Su previsible desmoronamiento a fuego lento posibilitar铆a la puesta en marcha de peque帽as zonas aut贸nomas -ya desconectadas de una econom铆a mundial en ruina- que satisfacieran las necesidades elementales del vecindario. Experiencias de ese tipo son la parte m谩s prometedora de los escasos combates actuales. Sin la conformaci贸n de un sujeto colectivo nacido de las luchas anticapitalistas con objetivos desindustrializadores claros, en lugar de una transici贸n hacia un sistema comunal, autogestionado, ecol贸gico y descentralizado, tendremos la barbarie estatal fascista, la barbarie mafiosa o seguramente ambas. Adem谩s, ninguna transformaci贸n de esas caracter铆sticas podr谩 emprenderse desde el Estado, el 煤ltimo refugio de todas las clases desahuciadas.

*Actualizaci贸n de un texto anterior descartado. 2 de diciembre de 2022

Miguel Amor贸s en Kaosenlared
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Fuente: Asociaciongerminal.org