October 13, 2021
De parte de Lobo Suelto
212 puntos de vista


El prop贸sito de este libro es introducir un nuevo enfoque de la ontolog铆a social. Como a cualquier otra investigaci贸n ontol贸gica, a la presente le concierne la cuesti贸n de la clase de entidades sociales cuya existencia podemos afirmar leg铆timamente. Tradicionalmente, el nombre que se le da a la postura asumida en este libro es 鈥渞ealismo鈥, una postura definida por la aceptaci贸n de una realidad que existe independientemente de la mente. En el caso de la ontolog铆a social, sin embargo, esta definici贸n debe ser matizada debido a que la mayor铆a de las entidades sociales, desde las peque帽as comunidades hasta las naciones m谩s grandes, desaparecer铆an si las mentes humanas que las crearon dejaran de existir. Es por ello que un enfoque realista debe afirmar la autonom铆a de las entidades sociales de la concepci贸n que nos hacemos de ellas. En otras palabras, aunque estas entidades no son independientes de la existencia de nuestras mentes, s铆 lo son del contenido de nuestras mentes. Una ciudad, por ejemplo, tiene una naturaleza objetiva que no depende de las creencias o teor铆as que podamos tener de los asentamientos urbanos.

驴Pero es esta independencia real? Hay que reconocer que existen casos en que los modelos y clasificaciones que los cient铆ficos sociales utilizan s铆 afectan el comportamiento de las personas que est谩n sien- do clasificadas, cuando estas toman conciencia del hecho. Tomemos como ejemplo una categor铆a como 鈥渋nmigrante refugiado鈥: una mujer que viene huyendo de las condiciones terribles que priman en su pa铆s puede darse cuenta de los criterios usados en el pa铆s al cual quiere emigrar para clasificar a las mujeres refugiadas, y modificar su comportamiento para satisfacer tales criterios. En este caso, un compromiso   ontol贸gico con el referente del t茅rmino 鈥渕ujer refugiada鈥 ser铆a dif铆cil de mantener, ya que el mismo uso del t茅rmino puede estar creando su referente. Pero aunque estos casos son reales, constituyen un n煤mero insignificante de ejemplos: la mayor铆a de las entidades sociales que este libro explora (comunidades, organizaciones, ciudades, pa铆ses) muy raramente pueden tomar conciencia de t茅rminos te贸ricos y adaptar su naturaleza para volverse su referente. Pero, aun en los casos problem谩ticos, una explicaci贸n del fen贸meno de inmigraci贸n pol铆tica tiene que hacer uso, adem谩s de la conciencia que los refugiados puedan tener de clasificaciones, de organizaciones institucionales (cortes, servicios de migraci贸n, puertos y aeropuertos, centros de detenci贸n); objetos y normas institucionales (leyes, pasaportes); y pr谩cticas institucionales (confinamiento, monitoreo, interrogatorio) que forman el contexto en el cual tienen lugar las interacciones entre las categor铆as y sus referentes.1 En otras palabras, debemos tener en cuenta no solo el efecto que los conceptos pueden tener en la conducta humana, sino el ensamblaje completo en donde esos conceptos producen su efecto.

Una teor铆a de los ensamblajes, y de los procesos que crean y estabilizan su identidad hist贸rica, fue formulada por el fil贸sofo Gilles Deleuze en las 煤ltimas d茅cadas del siglo XX. Esta teor铆a ten铆a el prop贸sito de aplicarse a una amplia variedad de entidades que pueden ser concebidas como todos hechos de partes heterog茅neas. La relaci贸n parte-a-todo, esto es, la relaci贸n entre un sistema y sus componentes, existe por doquier en la naturaleza, desde los 谩tomos y las mol茅culas hasta los organismos, las especies y los ecosistemas. Todas estas entidades pue- den ser tratadas como ensamblajes producto de procesos hist贸ricos, el t茅rmino 鈥渉ist贸rico鈥, claro est谩, usado de manera que incluya la historia cosmol贸gica y la evolutiva, y no solamente la historia humana. La teor铆a de los ensamblajes puede asimismo ser aplicada a entidades sociales, y el hecho mismo de que pueda traspasar la divisi贸n entre cultura y naturaleza es evidencia de sus credenciales realistas.

Se podr铆a objetar que el contenido de las pocas p谩ginas dedicadas a la teor铆a de los ensamblajes en la obra de Deleuze (la mayor铆a en coautor铆a con F茅lix Guattari) dif铆cilmente constituye una teor铆a.2 Lo cual es, en realidad, correcto. Pero los conceptos usados para especificar las caracter铆sticas de los ensamblajes en estas pocas p谩ginas (conceptos como los de 鈥渆xpresi贸n鈥 o 鈥渢erritorializaci贸n鈥) han sido ampliamente elaborados en otros textos y est谩n conectados con otros conceptos a lo largo de la obra de Deleuze. Tomando en cuenta la red de ideas dentro de la cual el concepto de ensamblaje realiza sus funciones conceptuales, contamos al menos con los rudimentos de una teor铆a. El problema que debemos enfrentar es que las definiciones de los conceptos usados se encuentran dispersas a lo largo y ancho de la obra de Deleuze: una definici贸n puede ser esbozada en un libro, desarrollada en otro y ser precisada m谩s tarde en un oscuro ensayo. Incluso en los casos donde las definiciones se encuentran formuladas en un solo lugar, el estilo del autor no siempre permite una clara interpretaci贸n, y esto podr铆a condenar a un libro como este a gastar la mayor parte de sus p谩ginas haciendo hermen茅utica. Con el prop贸sito de evitar esta dificultad, hemos reconstruido en otro lugar la ontolog铆a de Deleuze, en un estilo anal铆tico que vuelve innecesaria la preocupaci贸n acerca de lo que 鈥渞ealmente quiso decir鈥 el autor.3 En el presente libro, haremos uso de una estrategia similar: daremos nuestra propia definici贸n de los t茅rminos t茅cnicos; presen- taremos nuestros propios argumentos para justificarlos; y usaremos recursos te贸ricos distintos de los usados por Deleuze para desarrollarlos. Dicha maniobra no eliminar谩 por completo la necesidad de adentrarse en la hermen茅utica deleuziana, pero nos permitir谩 confinar esa parte del trabajo a las notas al pie de p谩gina.

Los primeros dos cap铆tulos introducen las ideas fundamentales de la teor铆a de los ensamblajes. Dicha teor铆a debe, en primer lugar, dar cuenta de la s铆ntesis de las propiedades de un todo que no son reducibles a sus partes. Existen otras teor铆as que se pueden utilizar para bloquear el reduccionismo, como es el caso de la dial茅ctica hegeliana, y, por lo mismo, el primer cap铆tulo lleva a cabo una comparaci贸n entre ensamblajes y totalidades hegelianas. La principal diferencia radica en que, en la teor铆a de los ensamblajes, el hecho de que un todo posea propiedades irreducibles no impide la posibilidad de que podamos analizar sus componentes, los cuales mantienen su autonom铆a. En otras palabras, a diferencia de las totalidades org谩nicas, las partes de un ensamblaje no se fusionan en un todo indescomponible. En el segundo cap铆tulo, nos deshacemos de la idea de que si hay entidades cuya existencia no depende de nuestras mentes, su identidad objetiva es determinada por la posesi贸n de una esencia. Pero una vez que la existencia de un ensamblaje (inorg谩nico, org谩nico o social) es explicada por un proceso hist贸rico de s铆ntesis, desaparece la necesidad de invocar el esencialismo para dar cuenta de lo perdurable de su identidad.

Una vez que las ideas b谩sicas han sido esbozadas, los siguientes tres cap铆tulos aplican la teor铆a de los ensamblajes a un caso concreto de estudio: el problema del v铆nculo entre los niveles micro y macro de la realidad social. Tradicionalmente, dicho problema ha sido formulado en t茅rminos que implican alguna forma de reduccionismo. El reduccionismo en las ciencias sociales se ha ilustrado a menudo con las caracter铆sticas del individualismo metodol贸gico de la microeconom铆a, en el cual todo lo que cuenta para una explicaci贸n son las decisiones racionales llevadas a cabo por individuos aislados. Esto no implica que se niegue la existencia de 鈥渓a sociedad鈥, pero esta es conceptualiza- da como un mero agregado, es decir, como un todo sin propiedades que sean m谩s que la suma de sus partes. Por la misma raz贸n, nos referiremos a tales soluciones al problema de las relaciones entre lo micro y lo macro como microrreduccionistas. La posici贸n opuesta es la de la macro-sociolog铆a, que supone que lo que realmente existe es la estructura social, siendo las personas meros productos de 鈥渓a sociedad鈥 en la que nacieron. Esto no implica que se niegue la existencia de las personas, sino que se las conciba como aut贸matas: una vez que las personas han sido socializadas por la familia y la escuela, una vez que han internalizado los valores de las clases sociales a las que pertenecen, su conducta es casi autom谩tica y su obediencia al orden social se puede dar por sentada. Por esta raz贸n, nos referiremos a esta postura como macrorreduccionista.

Estas posturas reduccionistas no agotan, claro est谩, todas las posibilidades. Existen m煤ltiples cient铆ficos sociales cuya labor se centra en entidades que no son ni micro ni macro: desde las cl谩sicas investigaciones de Max Weber sobre organizaciones institucionales; los estudios de Erving Goffman sobre conversaciones y encuentros sociales; los trabajos de Charles Tilly sobre movimientos de justicia social; para no mencionar el n煤mero cada vez mayor de soci贸logos que trabajan sobre la teor铆a de las redes sociales o a los ge贸grafos que estudian ciudades y regiones. Lo que el trabajo de estos autores revela es un gran n煤mero de niveles intermedios entre lo micro y lo macro, cuyo estatus ontol贸gico no ha sido conceptualizado de manera apropiada. La teor铆a de los ensamblajes puede ofrecer el marco en el cual las contribuciones de estos (y otros) autores puedan ser situadas y sus mutuas conexiones elucidadas, ya que las propiedades de un ensamblaje emergen de la interacci贸n entre sus partes y que la relaci贸n parte-a-todo se puede aplicar recursivamente: lo que es un todo a una cierta escala se puede volver la parte de otro todo a mayor escala. Esto nos ofrece la oportunidad de pasar de lo micro a lo macro por medio de una serie de ensamblajes intermedios: las comunidades y las organizaciones son ensamblajes de gente; los movimientos de justicia social son ensamblajes de varias comunidades; los gobiernos centrales son ensamblajes de m煤ltiples organizaciones; las ciudades son ensamblajes de personas, comunidades y organizaciones, as铆 como de una variedad de componentes materiales que van desde los edificios y calles hasta los conductos de flujos de energ铆a y materia; de igual forma, las naciones son ensamblajes de ciudades y regiones geogr谩ficas organizadas por estas, as铆 como de las provincias que forman dichas regiones.

Esta soluci贸n al problema de la relaci贸n entre lo micro y lo macro se puede hacer m谩s v铆vida para el lector si el libro lo conduce por una traves铆a que, empezando en la escala personal, le permita experimentar el ascenso hacia las entidades de m谩s extensi贸n, pasando por todas las escalas intermedias. Solo as铆, paso por paso, todo emergente por todo emergente, es c贸mo el lector puede tener una idea de la irreductible complejidad del mundo contempor谩neo. Lo cual no implica que el esquema ontol贸gico propuesto aqu铆 no sea aplicable a sociedades m谩s simples o antiguas: se puede implementar de forma parcial para aplicarlo a sociedades carentes de ciudades o de grandes gobiernos centrales. No me he esforzado, por as铆 decirlo, en ser multicultural: todos mis ejemplos provienen ya sea de Europa o de los Estados Unidos. Lo anterior refleja mi creencia de que algunas de las propiedades de los ensamblajes sociales, como las redes interpersonales o las organizaciones institucionales, se mantienen invariantes a lo largo de diferentes culturas. Pero incluso la ilustraci贸n de las naciones occidentales aqu铆 realizada es a menudo un mero bosquejo y, con la excepci贸n del cap铆tulo cinco, los aspectos hist贸ricos no son explorados. Dicha deficiencia puede justificarse por el hecho de que, en anteriores publicaciones, las cuestiones hist贸ricas han sido tratadas en detalle y que el presente libro se dedica a elucidar el estatus ontol贸gico de las entidades que han sido los actores de aquellas narrativas hist贸ricas.4

Para aquellos lectores que puedan decepcionarse por la carencia de comparaciones interculturales, o por la ausencia de an谩lisis detallados de los mecanismos sociales, o por la pobreza de las im谩genes hist贸ricas, solamente puedo agregar que ninguno de tales objetivos del todo respetables se pueden cumplir dentro de un marco ontol贸gico empobrecido. Cuando los cient铆ficos sociales pretenden estar capa- citados para tales prop贸sitos sin contar con los fundamentos ontol贸gicos necesarios, hacen uso de una ontolog铆a aceptada impl铆citamente y por lo tanto, no cr铆ticamente. No hay una salida a este dilema. Si bien los fil贸sofos no pueden, y no deben, hacer el trabajo que corresponde a los cient铆ficos sociales, s铆 pueden contribuir enormemente al trabajo de clarificaci贸n ontol贸gica. Esta es la misi贸n a la que busca contribuir el presente libro.

NOTAS

1 Ian Hacking, The Social Construction of What?, Harvard University Press, Cambridge, MA, 1999, p. 103. 鈥淣o quiero decir necesariamente que los ni帽os hiperactivos, como individuos, sean conscientes por s铆 mismos del modo en el que est谩n siendo clasificados, y con ello reaccionen a la clasificaci贸n. Por supuesto lo pueden estar, pero la interacci贸n ocurre en la matriz mayor de las instituciones y las pr谩cticas alrededor de dichas clasificaciones鈥.

2 Para los pasajes sobre la teor铆a de los ensamblajes, v茅ase: Gilles Deleuze y F茅lix Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, traducci贸n de Javier V谩zquez P茅rez, Pre-Textos, Valencia, 1988, pp. 75-76, 92-95, 328-342, 513-515.

3 Manuel DeLanda, Intensive Science and Virtual Philosophy, Continuum, Londres, 2002.

4 Manuel DeLanda, War in the Age of Intelligent Machines, Zone Books, Nueva York, 1991. Manuel DeLanda, Mil a帽os de historia no lineal, Gedisa, Barcelona, 2012.




Fuente: Lobosuelto.com