May 4, 2021
De parte de La Peste
218 puntos de vista


Las revoluciones proletarias [鈥 se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que s贸lo derriban a su adversario para que 茅ste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse m谩s gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situaci贸n que no permite volverse atr谩s y las circunstancias mismas gritan: Hic Rhodus, hic salta! 

鈥擬岽蕗x, El 18 de Brumario de Luis Bonaparte

A finales del 2018, Sud谩n se encontraba en medio de una crisis econ贸mica. El gobierno empez贸 a imponer medidas de austeridad. Esto incluy贸 el recorte a ayudas al combustible y al trigo. A modo de respuesta, los disturbios estallaron en Atbar, una ciudad del norte. Las protestas se extendieron r谩pidamente a media docena de ciudades, y posteriormente a casi todas las dem谩s. En consecuencia, los manifestantes no tardaron en ya no s贸lo exigir el fin de la austeridad, sino la ca铆da del r茅gimen.

Las protestas fueron y vinieron durante meses hasta principios de abril, mes en el que se inici贸 una acampada masiva frente el cuartel militar de Jartum. La ocupaci贸n no tard贸 en convertirse en un campo de batalla contra la polic铆a, y luego entre distintas facciones de las fuerzas armadas. Los soldados comenzaron a desertar. A la siguiente semana se anunci贸 que el presidente al-Bashir hab铆a sido arrestado, y que el Consejo Militar de Transici贸n (CMT) tomar铆a el poder para supervisar la transici贸n a la democracia.

La revoluci贸n en Egipto del 2011 hab铆a llegado a un abrupto final cuando los militares tomaron el poder con un golpe de estado. Concienciado a no seguir el mismo camino, el movimiento en Sud谩n ten铆a como objetivo derribar a su vez este nuevo r茅gimen militar. 芦Victoria o Egipto禄 se convirti贸 en la nueva consigna de la revoluci贸n. Las huelgas, manifestaciones y bloqueos siguieron durante meses.  La acampada en Jartum se expandi贸 hasta alcanzar un kil贸metro y medio, con m谩s de cien personas en el ocaso de la noche. Esta culmin贸 a finales de mayo como una huelga general.

El 3 de junio, el r茅gimen militar masacr贸 a los manifestantes e incendi贸 el campamento de Jartum. El movimiento respondi贸 con otra ola de huelgas y protestas masivas coordinadas. Pero poco despu茅s, temerosos del riesgo de provocar una guerra civil con sus acciones, los representantes del movimiento entablaron negociaciones con el r茅gimen. El resultado fue un acuerdo del reparto del poder en el que un gobierno provisional compuesto por representantes militares y civiles gestionar铆a la transici贸n.

Lo que sigue son algunas reflexiones sobre la revuelta en Sud谩n y su importancia mundial.

I. La revoluci贸n en Sud谩n nos proporciona la visi贸n n铆tida de la forma de la revoluci贸n social que viene. A su vez, plantea un gran contraste entre los l铆mites y las potencias de la lucha contempor谩nea.

II. La Primavera 脕rabe plante贸 la cuesti贸n de la revoluci贸n por primera vez en una generaci贸n, empezando una nueva secuencia global de luchas. Sin embargo, en casi cualquier lado, estas revoluciones terminaron en un golpe de estado o en una guerra civil. Si las revoluciones en T煤nez y Egipto inspiraron la sensaci贸n de que todo era posible, la tediosa contrarrevoluci贸n que la acompa帽贸 indic贸 que cualquier intento de cambiar el orden de las cosas llevar铆a a la cat谩strofe. Esta derrota ensombreci贸 el mundo.

III. Las revoluciones en Sud谩n y Argelia fueron los primeros esfuerzos conscientes del ir-m谩s-all谩 de los l铆mites a los que lleg贸 Egipto. Fueron incapaces de superar estos l铆mites, pero en sus intentos demostraron, no obstante, que tales intentos revolucionarios no tienen por qu茅 sumergir inevitablemente a toda la regi贸n en caos. Los historiadores que observen hacia el pasado probablemente concluir谩n que esto fue necesario para que una nueva ola de luchas se extendiera de la forma en que lo hizo en 2019.

IV. Las luchas m谩s intensas de nuestro tiempo se encuentran al llegar a un precipicio, y luego retornan. Ir m谩s all谩 significar铆a saltar a lo desconocido. Nadie quiere ser el primero en saltar y ver si descubre nuevas tierras, o simplemente cae en picado. Todav铆a no sabemos c贸mo se terminar谩 creando una situaci贸n que no permite volverse atr谩s y en la que las circunstancias mismas gritan: 芦hic Rhodus, hic salta!禄.

V. Las luchas anti-austeridad tienden a entenderse como una cr铆tica a la corrupci贸n del Estado, pero dentro de la fastidiosa crisis, el Estado tiene en realidad poco margen de maniobra. Es posible que no pueda hacer mucho m谩s que implementar la austeridad, ya sea liberado o no de las ataduras de la corrupci贸n. Los pol铆ticos que navegan estas olas de agitaci贸n para llegar a posiciones de poder a menudo se encuentran implementando pol铆ticas notablemente similares a las de los gobiernos que han reemplazado.

VI. Las revoluciones de nuestro siglo se encuentran inmediatamente enredadas en una red de geopol铆tica. Siria se convirti贸 en el espacio de un conflicto de poder entre potencias mundiales. El rumbo de la revoluci贸n de Sud谩n fue sobredeterminada por otras m谩s regionales. De esto, podemos esbozar dos conclusiones. En primer lugar, la revoluci贸n tendr谩 que expandirse r谩pidamente y encontrar su escala adecuada 鈥 no hay revoluci贸n social en un 煤nico pa铆s; en segundo lugar, es probable que una ola revolucionaria tenga que expandirse y resonar a lo largo de las metr贸polis capitalistas. Las luchas de all铆 est谩n, por ahora, menos sobredeterminadas por las maniobras geopol铆ticas, y pueden tener la habilidad de destruir toda la arquitectura geopol铆tica.

VII. Una situaci贸n revolucionaria surge en el momento en que las fuerzas armadas reh煤san disparar contra la muchedumbre. Las revoluciones sociales de los siglos XIX y XX fueron posibles porque las fuerzas armadas colapsaron, a menudo como resultado de la p茅rdida de una guerra interimperialista. En el caos consiguiente, parec铆a posible no s贸lo sustituir el gobierno, sino destruir el Estado.

En cambio, las revoluciones de nuestro siglo han tenido lugar en pa铆ses en los que los militares funcionan como un estado dual. En Egipto, Algeria y Sud谩n, esto ha dado lugar a una continuidad esencial entre el r茅gimen ca铆do y el que lo reemplaza. En otros lugares, como en Siria, el ej茅rcito se ha dividido en dos en el transcurso de la revoluci贸n, iniciando un per铆odo de guerra civil.

VIII. Un l铆mite clave de las luchas contempor谩neas ha sido su incapacidad para superar las separaciones reinantes en las sociedades de las que emergen. Sud谩n, un pa铆s predominantemente 谩rabe-musulm谩n con grandes minor铆as 茅tnicas africanas y religiosas, est谩 construido sobre una base de separaciones raciales. Ha sido desgarrado por d茅cadas de guerras civiles y limpieza 茅tnica. Las atrocidades de Darfur son s贸lo el ejemplo m谩s infame.

Los manifestantes se enorgullecen de haber superado estas divisiones en el transcurso de la revuelta. Los or铆genes africanos del antiguo Sud谩n fueron uno de los temas principales de las charlas y debates en el campamento de Jartum. Cuando, al principio, el r茅gimen intent贸 culpar de los disturbios de Jartum a los estudiantes de Darfur, el movimiento respondi贸 con la consigna: todos somos Darfur铆es. Todav铆a no se sabe en concreto hasta qu茅 punto resurgir谩n estas divisiones ahora que la ola revolucionaria est谩 retrocediendo.

IX. Otras divisiones, tales como las de clase y generaci贸n, volvieron a aparecer dentro del movimiento. El Consejo Militar de Transici贸n fue capaz de aprovechar esta tensi贸n para abrir brechas entre la revoluci贸n y su apoyo popular, entre el campamento y las barriadas  circundantes, y entre el movimiento en las calles y las organizaciones que hab铆an llegado a representarlo. Estas separaciones y negaciones prepararon el terreno para la masacre de Jartum.

X. Las revueltas suelen pasar por una secuencia de 芦marcadores r铆tmicos禄 que sirven como pivotes o puntos de inflexi贸n que catalizan nuestras energ铆as. La revuelta de Sud谩n experiment贸 al menos cuatro: disturbios, no-violencia masiva, ocupaci贸n del espacio p煤blico y huelga general. El punto de ignici贸n para la revuelta fue una ola de disturbios espont谩neos. Pero para generalizarse, tuvo que asumir el car谩cter de la no-violencia masiva coordinada. La ocupaci贸n, las barricadas, y su defensa proporcionaron un contexto para confraternizar con los soldados, para que desertaran y para que el ej茅rcito se quebrara por dentro. La huelga general fue capaz de aclarar hasta qu茅 punto el movimiento pod铆a movilizar el apoyo popular, pero no fue suficiente por s铆 misma para detener en seco al gobierno o la econom铆a.

XI. Las formaciones militantes forjadas en anteriores olas de lucha pueden actuar como vectores de intensificaci贸n. En el pasado, las revueltas anti-austeridad han ido y venido. Una diferencia esencial en 2018 fue la presencia de organizaciones que se hab铆an formado tras la represi贸n de un movimiento anti-austeridad en 2013. Esto incluye los comit茅s de resistencia de los barrios y la Asociaci贸n Profesional de Sud谩n (APS). Al ser capaces de proporcionar cierta infraestructura, coordinaci贸n y determinaci贸n, estos grupos pudieron contribuir al avance de los disturbios a la insurrecci贸n.

XII. No obstante, estas formaciones tambi茅n pueden convertirse en una barrera que habr谩 que superar. Las organizaciones que hab铆an llegado a representar a la revoluci贸n eran, de las muchas que estaban en la calle, las m谩s impacientes por establecer las negociaciones con el gobierno. El APS, por ejemplo, se hab铆a formado para presionar por un aumento del salario m铆nimo, no para liderar una revoluci贸n 鈥 una a la que se sent铆an arrastrados por los j贸venes. Estaban ansiosos por volver a la normalidad.

XIII. La relevancia del APS pone de manifiesto el rol principal de las clases medias profesionales dentro de la revoluci贸n. En la revoluci贸n participaron sudaneses de casi todas las clases y grupos sociales, pero en primera l铆nea se encontraban los estudiantes y los profesionales. Estos grupos estaban motivados tanto por su preocupaci贸n por las p茅simas condiciones de los pobres como por sus propias expectativas frustradas. Con las particulares condiciones de represi贸n, las clases medias profesionales fueron las m谩s capaces de organizarse, proporcionar algo de coordinaci贸n para un movimiento nacional y articular lo que pareciera ser un inter茅s general. Paul Mason observa en alguna parte que la Revoluci贸n Francesa de 1789 芦no fue un producto de gente pobre, sino de abogados pobres.禄 La revoluci贸n, pues, podr铆a tener menos que ver con la creciente pauperizaci贸n y m谩s con las crecientes expectativas que no pueden ser satisfechas por la situaci贸n presente.

XIV. No obstante, el curso de la revuelta apunta hacia la posibilidad de una pol铆tica proletaria aut贸noma. Los disturbios que prendieron la mecha de la revoluci贸n comenzaron por el precio del pan. Los campamentos estaban habitados en gran parte por los pobres de la ciudad. Muchos de ellos intentaron superar a los representantes del movimiento que entraron en las negociaciones. En cada fase de la revoluci贸n, los proletarios desempe帽aron un rol pr谩ctico esencial, pero eran incapaces de encontrar una base para coordinar y articular su propia actividad inequ铆vocamente. Es posible, aunque no seguro, que en futuras revueltas surja una fuerza realmente proletaria que conf铆e en su propio impulso.

XV. Debe recordarse que hizo falta un ciclo completo de disturbios, insurrecciones y revoluciones 鈥 desde 1830 hasta 1848 鈥 antes de que el proletariado de Par铆s comenzara a enarbolar la bandera roja sobre sus barricadas. No fue hasta 1871 cuando se plante贸 claramente la elecci贸n entre una rep煤blica burguesa y una comuna proletaria. Los eventos de nuestro joven siglo pueden acelerarse, pero estas maniobras llevan su tiempo.

XVI. En los campamentos de todo el pa铆s, concretamente en Jartum, se vislumbran los contornos emergentes de la comuna. Como dice un observador, estos campamentos 芦inadvertidamente [鈥 constituyen un desaf铆o pol铆tico y social para el Estado.禄 Prosigue con ello:

芦La organizaci贸n y las actividades de la sentada proporcionaron un modelo igualitario y democr谩tico sobre el que se podr铆a haber construido un modelo de gobierno y de sociedad radicalmente distinto. Constituy贸, as铆, los cimientos de la revoluci贸n social, pero pocos participantes lo comprendieron como tal, y los dirigentes del ASP y la Alianza para la Libertad (AFC) consideraron las sentadas como algo meramente instrumental.禄

XVII. Esta comuna no parece tener nada del formalismo democr谩tico que proporcion贸 a las comunas y los consejos del movimiento obrero la calidad de parlamentos-obreros-en-espera. Esto quiz谩s nos permita distinguir la comuna destituyente que viene de las comunas constituyentes del pasado.

XVIII. Los espectadores comentaron a veces que el campamento de Jartum daba la sensaci贸n de ser m谩s un festival que una protesta pol铆tica. Desde escenarios para actuaciones musicales, teatrales y po茅ticas, hasta carpas para el arte se encontraban repartidas por todo el campamento. Era un lugar para experimentar c贸mo vivir. Esto adquiere un car谩cter especialmente urgente y subversivo en un pa铆s dominado por un r茅gimen islamista. El comentario que hizo la Internacional Situacionista sobre la Comuna de Par铆s podr铆a haberse aplicado tambi茅n a Jartum: 芦La Comuna fue la mayor fiesta del siglo XIX. Se encuentra en ella, en su base, la impresi贸n de que los insurgentes se han convertido en due帽os de su propia historia, no tanto a nivel de la decisi贸n pol铆tica 鈥榞ubernamental鈥 como de la vida cotidiana en esa primavera de 1871.禄

XIX. Nadie tuvo el coraje o el presagio de reconocer este desarrollo como lo que era. Para CLR James, el rol de los pro-revolucionarios era registrar y reflejar las innovaciones espont谩neas que surgen en el curso de la lucha. Esto, para 茅l, era la genialidad de las Tesis de Abril de Lenin, que reconoc铆a un salto adelante en las propias acciones de la clase que a煤n no ve铆a, y esbozaba las conclusiones necesarias: todo el poder para los soviets.

XX. El r茅gimen militar reprimi贸 el campamento con intensidad pues percibi贸 sin tapujos la amenaza que supon铆a. La comuna emergente es el principal enemigo del Estado. Dondequiera que se sit煤e la comuna, habr谩 un Tiananmen y, tarde o temprano, aparecer谩n los tanques.

XXI. En cuanto emerge la comuna, sus tareas inmediatas son evidentes: la expansi贸n del 谩rea de autonom铆a, el bloqueo de la econom铆a y la defensa contra sus enemigos. A modo de respuesta frente a los nuevos ataques de la polic铆a, el movimiento expande el campamento y coloca barricadas en nuevas carreteras y puentes. Esta estrategia se vuelve casi intuitiva una vez que existe un campamento como tal.

XXII. El surgimiento de la comuna suscita de inmediato el espectro de la insurrecci贸n y, como tal, de la guerra civil. La din谩mica b谩sica es tal que: la aparici贸n de campamentos como este apunta hacia la posibilidad de la revoluci贸n social. El Estado es consciente de esto, motivo por el que trata de reprimirla. En respuesta, los campamentos intentan intuitivamente expandirse. Esto plantea la cuesti贸n de la insurrecci贸n. La comuna debe reprimir al Estado para evitar ser reprimida por 茅l. No obstante, la insurrecci贸n siempre conlleva el riesgo de la guerra civil.

XXIII. Uno, dos, muchos Sudanes. La guerra social de la  que la Revoluci贸n de Sud谩n fue un episodio se sigue librando hoy en d铆a. Es probable que veamos nuevos intentos de superar los l铆mites de la lucha contempor谩nea. Con cada nuevo experimento, podemos ver emerger los contornos de la comuna y la autonom铆a proletaria. Un avance puede darse en cualquier lugar, en el que la revoluci贸n pol铆tica ceda el paso a la revoluci贸n social. A medida que este avance resuene externamente, entonces, podr铆amos ver la propagaci贸n de una ola revolucionaria.

Todo el poder para las comunas.

An贸nimo

Abril de 2021

Im谩genes: Bryan Denton, Yasuyoshi Chiba

Fuente: https://edicionesextaticas.noblogs.org





Fuente: Lapeste.org