October 16, 2021
De parte de La Haine
348 puntos de vista


La militarizaci贸n corre por cuenta de actores armados estatales, as铆 como de una diversidad de formas de violencia delincuente organizada

En la actualidad en distintos pa铆ses de Am茅rica Latina y el Caribe sectores organizados de la poblaci贸n, defensoras y defensores del territorio, integrantes del medio universitario, esfuerzos de comunicaci贸n independientes-populares-aut贸nomos hablan de manera constante de la profundizaci贸n de la militarizaci贸n.

Esto ocurre sin distinciones respecto al signo pol铆tico que se atribuye a los respectivos gobiernos en donde se denuncia tales procesos y hace parte del recorrido sociopol铆tico de las distintas geograf铆as de la regi贸n. Como ser谩 se帽alado m谩s adelante, esto obedece a que se trata de un proceso general, que se manifiesta en diversas escalas y a partir de distintas modalidades, tanto en el 谩rea en que vivimos como a nivel planetario.

En lo que respecta a Am茅rica Latina y el Caribe, adem谩s de las expresiones tradicionalmente reconocidas (participaci贸n de militares en la esfera civil, ampliaci贸n de atribuciones o incremento de los presupuestos asignados por los Estados), la militarizaci贸n comporta rasgos espec铆ficos que no han recibido la atenci贸n necesaria y que plantean desaf铆os por las implicaciones que tienen en el perfeccionamiento de los mecanismos de disciplinamiento y control social.

El presente an谩lisis parte de un panorama general sobre las modificaciones en los procesos de militarizaci贸n. A continuaci贸n se establecen elementos para identificar el avance espec铆fico que tiene en algunos pa铆ses de la regi贸n y finalmente se sintetiza la discusi贸n a partir del planteamiento de 12 tesis sobre la materia. En conjunto, se propone una contribuci贸n para resignificar los sentidos en torno a la problem谩tica y con ello establecer diagn贸sticos m谩s completos que resulten 煤tiles para personas y colectividades cuyas vidas se encuentran bajo el cerco de las distintas vertientes de la militarizaci贸n.

I

Como punto de partida, es necesario subrayar que los procesos de militarizaci贸n que estamos atestiguando y padeciendo no ocurren de manera aislada, sino que se dan en el marco de la concatenaci贸n perniciosa de las diferentes dimensiones de una crisis de car谩cter civilizatorio. Los efectos devastadores del proyecto pol铆tico, econ贸mico, cultural y social del neoliberalismo, se combinan con los de los cada vez m谩s frecuentes desastres naturales, conformando lo que se ha caracterizado como una “convergencia catastr贸fica”, aquella en la que cada uno de sus componentes profundiza y se expresa en los otros. Esto se presentar铆a con mayor virulencia en el “Tr贸pico del caos”, es decir, la franja del planeta entre los Tr贸picos de C谩ncer y Capricornio, en los que poblaciones hist贸ricamente relacionadas con la agricultura y la pesca (casi 3 mil millones de personas) se ven enfrentadas a los efectos del cambio clim谩tico, lo que coloca en el panorama el incremento de distintas expresiones de conflictividad social, lo que incluye fen贸menos de violencia armada y guerras.

El proceso general hab铆a sido identificado desde comienzos del siglo XXI como un cambio en el eje ordenador de la sociedad, desde la producci贸n y el mercado hacia instancias abiertamente disciplinadoras como las militares. Aun as铆, es necesario actualizar y seguir estableciendo las relaciones que esa modificaci贸n comporta respecto a la dimensi贸n ambiental de la crisis antes se帽alada, as铆 como sus impactos en 谩mbitos como la configuraci贸n de formas emergentes de institucionalidad, territorialidades, subjetividades, est茅ticas, formas de reproducci贸n social y la vida cotidiana en general.

Tambi茅n en el nivel m谩s general de la cuesti贸n, se trata de problem谩ticas sobre las que ya desde hace a帽os se reflexiona desde la c煤pula militar de EEUU, quienes tambi茅n prev茅n que la combinaci贸n simult谩nea de desastres naturales, migraci贸n, afectaci贸n de cadenas de suministro regionales y globales, disputa entre las grandes potencias, colapso de pa铆ses considerados aliados (de EEUU) o los efectos del cambio clim谩tico, rebasen las capacidades del Departamento de Defensa conduciendo con ello a que se “desate el infierno”.

En un 谩mbito estrechamente relacionado con ello, los discursos que buscan posponer o paliar la debacle ecol贸gica en curso, hacen uso de estrategias militares verdes para “resguardar” ecosistemas, especies animales o para el desarrollo de proyectos que se presentan como “amables” con el medio ambiente. Esto redunda en procesos de desterritorializaci贸n e implementaci贸n de campa帽as contrainsurgentes con el objeto de reprimir poblaciones y sus resistencias, a trav茅s de t茅cnicas de coerci贸n “duras” y tecnolog铆as de pacificaci贸n “suaves”.

Estas escalas del an谩lisis deben ser consideradas, porque en lo sucesivo albergar谩n y modelar谩n las tendencias generales de los procesos de militarizaci贸n que, teniendo ya formas de expresi贸n identificables, se expandir谩n y har谩n crecientemente complejas en los tiempos por venir.

Habiendo se帽alado esto y descendiendo en el nivel de an谩lisis, es preciso llevar a cabo un cuestionamiento sobre las formas de comprensi贸n dominantes respecto al militarismo y la militarizaci贸n, como fueron entendidas a lo largo del siglo XX, pero que siguen teniendo reverberaciones en el presente. Esto est谩 relacionado con una modificaci贸n sustancial en las formas de guerra dominantes, que ya no corresponden con el canon que colocaba en el centro la actuaci贸n de los Estados (conflictos b茅licos interestatales) y los ej茅rcitos profesionales identificados con ellos. Lo que se agreg贸 a dicha ecuaci贸n y tendi贸 a generalizarse, fue la confrontaci贸n entre fuerzas con adscripci贸n estatal (en las que deben ser incluidas las polic铆as militarizadas) y distintos tipos de actores armados quienes tambi茅n tienen pugnas entre s铆. Estas fuerzas incluyen desde ej茅rcitos privados, Compa帽铆as Militares y de Seguridad Privada (CMSP), brazos armados de la econom铆a criminal, pandillas y grupos peque帽os m谩s pr贸ximos al sicariato, expresiones de paramilitarismo contrainsurgente, as铆 como organizaciones pol铆tico-militares que se reconocen en la estela de los movimientos revolucionarios de izquierda.

A ello habr铆a que agregar que en la actualidad no nos encontramos frente a una disyuntiva entre una forma de guerra o la otra, sino que ambas esferas (las de la guerra tradicional y la irregular) tienden a imbricarse. Por ejemplo, en lo que se ha denominado guerras encubiertas o subsidiarias (proxy wars), en las que en terrenos sensibles o donde no se puede intervenir de manera abierta, los Estados recurren a actores armados como los antes se帽alados para cumplir sus objetivos. Otra expresi贸n que ha estado relacionada con esta modificaci贸n es la guerra h铆brida, que en el debate militar en que fue acu帽ada (2002-2013) ten铆a como 茅nfasis la convergencia operacional de ej茅rcitos nacionales con actores no estatales, as铆 como la combinaci贸n de modalidades para hacer la guerra. Esto cambi贸 con posterioridad a la anexi贸n de Crimea por Rusia, ya que a partir de entonces fueron privilegiados ciberataques, tareas de espionaje, propaganda e informaci贸n, campa帽as de desestabilizaci贸n para deponer gobiernos (en la l贸gica de las llamadas Revoluciones de Colores) as铆 como con el uso de herramientas no militares para promover extraterritorialmente los intereses de los Estados que las emplean (guerra econ贸mica, presi贸n diplom谩tica, formas de penetraci贸n cultural, entre otras).

En lo que respecta a Am茅rica Latina y el Caribe, se trata de una regi贸n que se caracteriza desde hace m谩s de un siglo por la casi ausencia de conflictos b茅licos interestatales, pero en la que ha sido recurrente la invocaci贸n de enemigos internos para que los Estados emprendan campa帽as b茅licas y represivas contra sus poblaciones. Adem谩s de ello, por lo que representa para EEUU en t茅rminos geoestrat茅gicos, ha sido un escenario de ensayo para la implementaci贸n de distintas modalidades de guerra irregular, en las que se incluye la guerra contrainsurgente y contra las drogas. Esto ha posibilitado la intervenci贸n de las Fuerzas de Operaciones Especiales de la potencia de Norteam茅rica, incluso antes de que este tipo de aproximaciones se generalizaron con posterioridad al lanzamiento de las campa帽as b茅licas en Oriente Pr贸ximo en los albores del siglo XXI. El caso paradigm谩tico es Colombia, entre otras cosas por la colaboraci贸n con las Fuerzas Armadas de EEUU, lo que permiti贸 que el pa铆s fuese un sitio de experimentaci贸n de las formas de guerra irregular, en especial a partir de la implementaci贸n del Plan Colombia. De esta manera, el pa铆s andino, anticip贸 lo que con el paso de los a帽os se implementar铆a en otros contextos, no s贸lo del 谩rea, sino del mundo entero.

A la par de ello, en un proceso no homog茅neo pero que se puede rastrear durante un poco m谩s de 3 d茅cadas, hemos asistido a la aparici贸n/sofisticaci贸n de actores armados no estatales que controlan poblaciones y territorios. Es por lo que, para poder hablar sobre la militarizaci贸n actual en Am茅rica Latina y el Caribe de manera adecuada, resulta indispensable aludir al papel que juegan los grupos armados que no pertenecen de manera formal a la estatalidad. Aquello que habiendo sido denominado de diversas formas (paramilitarismo, escuadrones de la muerte, formas de privatizaci贸n de la seguridad y la violencia, facciones de tr谩fico o brazos armados de los c谩rteles del narcotr谩fico), puede ser albergado de manera m谩s apropiada en aquello que prefiero denominar como formas de violencia armada organizada. Estas expresiones que provienen de distintas experiencias y 茅nfasis previos (pol铆ticos, econ贸micos, delictivos) de manera progresiva han incrementado su volumen, portafolio de actividades y tambi茅n hacen parte de manera constante de las l贸gicas represivas y de disciplinamiento social. La naturaleza misma de las actividades en las que participan estos grupos puede volver difusa su intervenci贸n en determinados espacios, pero lo que no puede hacerse es ignorar el peso que ahora tienen en nuestras sociedades.

Sobre este aspecto es necesario destacar dos elementos que deber铆an ser considerados para una mejor aproximaci贸n al fen贸meno. En primer lugar, que no se trata de un cambio repentino, sino de un proceso en que se han generalizado formas de violencia armada organizada y, en segundo, que en algunos pa铆ses del 谩rea estos grupos han afianzado un control que, abarcando varias dimensiones (econ贸mica, social, espacial) prefiguran la instauraci贸n de 贸rdenes sociales paralelos a trav茅s de los cuales el capitalismo contempor谩neo encuentra formas de reproducci贸n que traspasan las fronteras constituidas de manera previa y que se esparcen en diversos 谩mbitos.

Es debido a ello que la identificaci贸n exclusiva del militarismo y la militarizaci贸n con las instituciones castrenses de los Estados no nos permite en la actualidad dar cuenta de manera adecuada del proceso que se vive en distintos contextos y territorios del 谩rea. Resultan as铆 limitados los enfoques que definen la militarizaci贸n como la disposici贸n de los Estados en recurrir a los cuerpos militares para la resoluci贸n de disputas en torno al orden p煤blico o salvaguardar las condiciones m铆nimas de seguridad ante una amenaza del orden establecido. Tampoco remite ya de manera un铆voca ni determinante al “proceso de adopci贸n de modelos, conceptos, doctrinas, procedimientos y personal militar en actividades de naturaleza civil, entre ellas la seguridad p煤blica”. Tambi茅n resulta inerte restringir su valoraci贸n respecto al gasto en armamento, el porcentaje o cantidad de personal de los Estados dedicado a labores militares o el incremento y sofisticaci贸n de la infraestructura y avituallamiento de las instituciones castrenses.

II

Antes de introducir algunas l铆neas generales para la comprensi贸n del proceso de militarizaci贸n reciente en la regi贸n, resulta apropiado aludir de manera espec铆fica al estado actual de la problem谩tica en algunos pa铆ses del 谩rea que destacan por la magnitud y caracter铆sticas que comportan.

En el espectro que se reconoce m谩s reaccionario se encuentra el gobierno de Jair Messias Bolsonaro, aquel que incluso poco despu茅s de haber iniciado en el cargo ya hab铆a sido caracterizado como la “vanguardia apocal铆ptica” por las implicaciones socioambientales de sus pol铆ticas. Los incendios en la Amazonia, en buena medida inducidos, fueron s贸lo el anticipo de lo que implicar铆a un gobierno que ha superado cualquier estimaci贸n previa. Brasil afronta una crisis sin parang贸n, tanto por el acumulado de pol铆ticas locuaces pero que se enmarcan en principios clasistas, racistas, sexistas y mis贸ginos; como por el manejo gubernamental de la Pandemia por SARS-COV-2, afrontada de una manera a todas luces negligente. En relaci贸n con la militarizaci贸n, sobre Brasil se ha insistido en la incorporaci贸n de integrantes y exintegrantes de las Fuerzas Armadas al gabinete del presidente, mismos que han llegado a controlar la Vicepresidencia, 10 de 22 ministerios del pa铆s (entre ellos ciencia y tecnolog铆a, energ铆a, salud, educaci贸n, entre otros) y m谩s de 6 mil cargos comisionados ocupados en la administraci贸n p煤blica directos e indirectos; siendo Bolsonaro mismo ex capit谩n del ej茅rcito. Adem谩s de ello, en una tendencia que se puede rastrear desde los gobiernos del PT, el enfoque militar del combate al tr谩fico de estupefacientes ilegales y de ciertos fen贸menos de violencia urbana, han abonado para que Brasil tenga en a帽os consecutivos las mayores cifras de asesinatos en la regi贸n. Fue durante las gestiones de Lula da Silva y Dilma Roussef que se postul贸 al pa铆s para la realizaci贸n de un ciclo de megaeventos (2007-2016) que permiti贸 la militarizaci贸n de las sedes deportivas, en las que destac贸 R铆o de Janeiro con la implantaci贸n de las Unidades de Polic铆a Pacificadora en distintas favelas de la ciudad.

En lo que respecta a los grupos de tr谩fico y las milicias brasile帽as, mantienen gran control territorial en determinados espacios de las principales ciudades, en los que establecen relaciones desp贸ticas con sus habitantes. En R铆o de Janeiro, datos de 2018 planteaban que las milicias por s铆 solas estaban presentes en 37 barrios y 165 favelas de la Regi贸n Metropolitana de la ciudad, controlando 谩reas habitadas por 2 millones de personas, lo que se traduce en una sexta parte de la poblaci贸n de la regi贸n. Al agregar una perspectiva territorial, se ha establecido que tienen un 谩rea de influencia de 342 km2 lo que constituye una cuarta parte de la capital del estado.

En distintas favelas de la ciudad a ello habr铆a que agregar el control por parte de las facciones de tr谩fico como el Comando Vermelho, Amigos dos Amigos y Terceiro Comando Puro, quienes establecen disputas con los otros actores armados. Tambi茅n habr铆a que considerar el papel de las Unidades de Polic铆a Pacificadora y la Polic铆a Militar de R铆o de Janeiro quienes establecen formas arbitrarias de control y disciplinamiento de la poblaci贸n en las 谩reas habitadas por los sectores populares.

Respecto a M茅xico, se ha denunciado que el proceso de militarizaci贸n est谩 relacionado con la ampliaci贸n e institucionalizaci贸n de funciones de las Fuerzas Armadas en el 谩mbito civil. Este proceso se da en el marco del triunfo electoral de una iniciativa que se autoidentifica como antineoliberal y que tuvo un respaldo social in茅dito al obtener la jefatura del gobierno federal con 30 millones de votos. Adem谩s de ello arras贸 con sus contrincantes, logrando victorias en distintos estados del pa铆s y asegurando en ese momento un margen de maniobra importante en el Congreso, para llevar adelante su agenda de gobierno. Esto permiti贸 entre otras cosas, sacar adelante reformas que durante su primer a帽o de gobierno autorizaron la participaci贸n de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad p煤blica (durante 5 a帽os) a pesar de que la Suprema Corte de Justicia de la Naci贸n hab铆a determinado el car谩cter inconstitucional de estas atribuciones a trav茅s del an谩lisis y ulterior invalidaci贸n de la Ley de Seguridad Interior de la administraci贸n de Enrique Pe帽a Nieto.

Otro 谩mbito en el que se le ha dotado de gran protagonismo a las Fuerzas Armadas es el de su participaci贸n en obra p煤blica. Destaca la asignaci贸n de la construcci贸n del aeropuerto de Santa Luc铆a, bajo la supervisi贸n de la Secretar铆a de la Defensa Nacional (SEDENA). A ello se agrega la construcci贸n de 2, 700 sucursales del Banco de Bienestar tambi茅n encomendadas al Ej茅rcito, al igual que la edificaci贸n de cuarteles para la Guardia Nacional. Respecto al pol茅mico proyecto denominado “Tren Maya” al Ej茅rcito le fue asignada la construcci贸n de los tramos que van desde Playa del Carmen al Aeropuerto Internacional de Canc煤n; otro m谩s que proyecta unir Tul煤m con Bacalar y Chetumal; as铆 como el de Bacalar con Esc谩rcega. En fechas recientes tambi茅n se asign贸 al Ej茅rcito la construcci贸n del aeropuerto de Tul煤m.

Respecto a la creaci贸n de la Guardia Nacional se trata de la reedici贸n de formas de polic铆a militarizada (Polic铆a Federal, Gendarmer铆a Nacional, ambas desaparecidas por corruptas e ineficaces) con atribuciones federales que est谩n destinadas a m煤ltiples funciones, entre ellas la contenci贸n de la migraci贸n proveniente de Centroam茅rica y el combate a las estructuras de la econom铆a criminal. De manera reciente, tambi茅n fue avalada la incorporaci贸n de los titulares de la Secretar铆a de Defensa Nacional y de Marina, al Consejo General de Investigaci贸n Cient铆fica, Desarrollo Tecnol贸gico e Innovaci贸n que definir谩 las prioridades y estrategias en el 谩mbito de la investigaci贸n (el equivalente mexicano del Minciencias colombiano, CONICET argentino o CNPq brasileiro). A mediados de agosto de 2021 se anunci贸 una iniciativa de reestructuraci贸n de la Secretar铆a de la Defensa Nacional, adem谩s de la creaci贸n de un Estado Mayor Conjunto integrado por miembros del Ej茅rcito, la Fuerza A茅rea y la Guardia Nacional, con lo que se le incorpora legalmente como fuerza armada. Adem谩s de ello destaca la “limpieza de imagen” de las Fuerzas Armadas que hist贸ricamente, pero con mayor 茅nfasis en los 煤ltimos a帽os han cometido diversas violaciones a los derechos humanos de la poblaci贸n. Ejemplo de ello fue que en un hecho in茅dito, el gobierno mexicano realiz贸 m煤ltiples gestiones diplom谩ticas que permitieron la liberaci贸n y regreso a M茅xico del General Salvador Cienfuegos, ex secretario de Defensa durante el sexenio de Enrique Pe帽a Nieto y acusado en EEUU por v铆nculos con el narcotr谩fico y lavado de dinero.

En M茅xico las organizaciones de la econom铆a criminal han pasado por un proceso de transformaci贸n notable. De acuerdo a distintos an谩lisis, desde el lanzamiento de la llamada “guerra contra el narcotr谩fico” en 2006, de 4 grandes organizaciones identificables , ahora se cuentan m谩s de 200 facciones de distintos tama帽os, aunque hay an谩lisis que hablan incluso de 463 grupos a lo largo y ancho del pa铆s. Adem谩s de ello, algunos de los grandes grupos que a煤n existen (Cartel Jalisco Nueva Generaci贸n, Sinaloa, Cartel del Golfo, Los Zetas, etc.) han logrado desarrollar sus estructuras armadas, que resultan cada vez m谩s sofisticadas y con mayor capacidad log铆stica y poder de fuego, lo que qued贸 de manifiesto en el episodio en que en la ciudad de Culiac谩n, el Cartel de Sinaloa logr贸 cercar al Ej茅rcito mexicano y liberar a Ovidio Guzm谩n, hijo de El Chapo.

En cuanto a Colombia, es de sobra conocido que ha contado con uno de los procesos de guerra m谩s duraderos en la historia reciente, aunque de manera simult谩nea la 茅lite del pa铆s Sudamericano (que incluye a los medios de comunicaci贸n masiva) promueva la idea de que se trata de un pa铆s donde la democracia procedimental funciona y en que no han resultado habituales los golpes de estado como en otras regiones de Am茅rica Latina y el Caribe. Sin embargo s贸lo en el siglo pasado, el Ej茅rcito intervino m谩s de 20 veces en la pol铆tica interna del pa铆s, al mismo tiempo que el Estado de sitio ha sido invocado de manera recurrente. S贸lo durante el Frente Nacional se estima que quince de los veinte a帽os que dur贸 la alternancia entre los partidos Liberal y Conservador, fueron regidos por el Estado de sitio.

Si miramos el asunto desde una perspectiva m谩s amplia, se trata de un pa铆s que desde su independencia hasta 2016, cuando se firman los acuerdos de paz en la Habana, ha estado m谩s de tres cuartas partes del tiempo en guerra, lo que hace que se le defina como un conflicto armado prolongado. Esa densidad del proceso ha provocado que Colombia cuente con una de las sociedades m谩s militarizadas de la regi贸n y del mundo entero, lo cual no est谩 relacionado de manera exclusiva con las funciones, tama帽o o presencia de las Fuerzas Armadas en el espacio p煤blico o el car谩cter b茅lico de su polic铆a o el Escuadr贸n M贸vil Antidisturbios (ESMAD), sino tambi茅n con la difusi贸n de contenidos que hacen apolog铆a de esas instituciones.

A partir de abril de 2021, el levantamiento social en Colombia ha sido enfrentado con un repertorio represivo que, habiendo sido puesto en pr谩ctica en otros momentos contra las distintas luchas sectoriales de Colombia, se ha adaptado y perfeccionado en este momento. Destaca la incorporaci贸n de mecanismos de intervenci贸n de la se帽al inal谩mbrica de internet o de los cortes al suministro de energ铆a el茅ctrica como represalia contra zonas de las ciudades en las que se han llevado a cabo las movilizaciones. Como ha pasado en Chile durante los 煤ltimos a帽os, la actuaci贸n del ESMAD replica las t茅cnicas de pavor consistentes en disparar de manera directa a la cabeza de las y los manifestantes, lo que ha redundado en traumas oculares graves y la p茅rdida parcial o total de la vista. De manera clara tambi茅n exhibe el tratamiento b茅lico que el Estado colombiano emplea contra las expresiones de descontento social.

Adem谩s de ello, con el correr de las semanas ha quedado claro que la estrategia medi谩tica y espec铆ficamente represiva del Estado colombiano se complementa con la actuaci贸n de grupos de civiles armados que han participado en ataques a los puntos de encuentro de la movilizaci贸n. Tambi茅n se han realizado denuncias sobre desaparici贸n forzada, torturas, vejaciones y utilizaci贸n de fosas comunes clandestinas como parte de las t茅cnicas empleadas contra las y los manifestantes. Como resultado del informe final de la Misi贸n de Observaci贸n Internacional por las Garant铆as de la Protesta Social y Contra la Impunidad en Colombia (compuesta por m谩s de 40 delegadas y delegados de 12 pa铆ses) se estableci贸 que el accionar represivo del gobierno fue similar a la estrategia militar que utiliza para combatir a actores armados, esto es, que se utilizaron t茅cnicas de combate con el objetivo de someter y aniquilar a la poblaci贸n civil bajo la figura del “enemigo interno” e incluy贸 once estrategias de tratamiento de guerra contra la protesta en el pa铆s andino.

En los tres casos, tambi茅n destaca la creaci贸n o invocaci贸n de marcos jur铆dicos que amparan el uso de las Fuerzas Armadas. En Brasil se han usado reglamentaciones como la Garant铆a de la Ley y el Orden (GLO), o el decreto presidencial que aval贸 una intervenci贸n federal en R铆o en 2019. En M茅xico a la autorizaci贸n del empleo de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad como fue referido antes, se agrega la reciente propuesta que busca incorporar a la Guardia Nacional a la estructura del Ej茅rcito mexicano. En Colombia, tan s贸lo a 3 d铆as del inicio de las movilizaciones, y con un saldo para el momento de 9 asesinatos a mano de la fuerza p煤blica, Duque invoc贸 el Art铆culo 130 de la ley 1801 para declarar la “Asistencia Militar” por parte de las Fuerzas Armadas en la represi贸n de las protestas.

En las dos d茅cadas del presente siglo procesos de este tipo se han verificado en casi toda la regi贸n, aunque destacan por la magnitud y complejidad adquirida los pa铆ses del Tri谩ngulo Norte de Centroam茅rica, Brasil, Colombia y M茅xico. Sobre esto 煤ltimo me parece importante subrayar que el tratamiento estatal-gubernamental hacia la problem谩tica ha sido calcado de manera repetitiva y que incluso, ninguno de los pa铆ses que atravesaron por el llamado ciclo progresista propusieron alternativas para enfrentar la problem谩tica, tendiendo a reproducir el repertorio de pol铆ticas p煤blicas de corte coactivo.

Un curso similar se puede observar en pa铆ses caribe帽os como Jamaica y Hait铆, en los que se ha dado tanto la militarizaci贸n de las polic铆as, el recurso de las Fuerzas Armadas para su uso en el espacio p煤blico y donde las estructuras de la econom铆a criminal tambi茅n controlan porciones del territorio. En otras regiones del continente en las que la herida del pasado dictatorial hace poco viable el uso de las Fuerzas Armadas para tareas de seguridad p煤blica, se mantiene el uso indiscriminado de polic铆as militarizadas (Carabineros en Chile), o bien, se innova en este mismo sentido como ocurri贸 con la conformaci贸n de la Gendarmer铆a Nacional en Argentina.

III

A continuaci贸n se realizar谩 una aproximaci贸n sobre el estado actual de la militarizaci贸n social en Am茅rica Latina y el Caribe a partir de 12 tesis que intentan dar cuenta de la complejidad de la problem谩tica. Esto es resultado, tanto de una extensa revisi贸n bibliogr谩fica, como de las posibilidades de interactuar con diversos procesos organizativos preocupados por este tipo de fen贸menos en distintos contextos del continente. Son tambi茅n estas colectividades y personas las que de manera permanente enfrentan en su cotidianidad los efectos de la militarizaci贸n, quienes ponen el cuerpo y al mismo tiempo producen saberes muy necesarios y que apuntan a la defensa de la vida.

Tesis sobre la militarizaci贸n social en Am茅rica Latina y el Caribe

  1. La militarizaci贸n actual constituye un proceso general, relacionado con la refuncionalizaci贸n del Estado resultado de la implementaci贸n del neoliberalismo, la alteraci贸n en las formas dominantes de la guerra o la emergencia/generalizaci贸n de formas de violencia armada organizada, lo que tiene como correlato que excede sus expresiones institucionales-estatales.
  2. Se vincula con la resignificaci贸n de nociones en torno a la seguridad y las amenazas, lo que puede ser definido como procesos de securitizaci贸n. De esta manera, en la actualidad se incluyen como objetos de preocupaci贸n militar los procesos migratorios, o las expresiones de descontento popular.
  3. La definici贸n de seguridad de la que provienen los procesos de militarizaci贸n contempor谩neos est谩 anclada en una concepci贸n masculinizante y patriarcal, que al mismo tiempo que ofrece protecci贸n a sus poblaciones consideradas vulnerables y dependientes, implica una amenaza constante para las poblaciones controladas por otros actores armados. Adem谩s de ello, supone la difusi贸n de l贸gicas jer谩rquicas y autoritarias.
  4. Implica no s贸lo (y no principalmente) aspectos institucionales (funciones, presupuesto), sino tambi茅n culturales y subjetivos. Esto incluye elementos est茅ticos, ling眉铆sticos/lexicol贸gicos as铆 como imaginarios que incorporan met谩foras b茅licas respecto a diversos 谩mbitos de la vida social.
  5. En t茅rminos espaciales sus expresiones son predominantemente urbanas, porque predominantemente urbana es la regi贸n en que vivimos y porque el teatro de operaciones b茅lico doctrinario y operativo ha transitado a este tipo de escenarios. De ello da cuenta el despliegue del urbanismo militar y la adaptaci贸n doctrinaria a entornos urbanos Adem谩s de ello, destaca la generalizaci贸n de disputas y proyecci贸n de relaciones de poder en el espacio que derivan en procesos de Des-Re-Territorializaci贸n. 
  6. En buena parte de Am茅rica Latina y el Caribe la militarizaci贸n corre por cuenta de actores armados estatales, as铆 como de una diversidad de formas de violencia armada organizada, lo que incluye disputas securitarias (definici贸n de amenazas, tratamiento b茅lico de asuntos que no eran considerados como tales, legitimaci贸n de formas de control, entre otras). 
  7. Como parte del proceso de reordenamiento econ贸mico que se apuntala a trav茅s de estas formas de violencia armada organizada, hemos asistido a la instauraci贸n/generalizaci贸n de distintas actividades con las cu谩les estos grupos se financian. En su proceso de diversificaci贸n, adem谩s de estimulantes ilegales, han incursionado en el tr谩fico de armas, migrantes y personas con objetivos de explotaci贸n laboral y sexual, biodiversidad, extracci贸n y robo de combustibles f贸siles, miner铆a ilegal y; de manera muy importante por las implicaciones en la configuraci贸n de disputas por territorios, el cobro por protecci贸n-extorsiones que con distintas denominaciones tienen lugar en varios pa铆ses y ciudades de la regi贸n. A ello hay que agregar que estas organizaciones tambi茅n han implementado monopolios sobre productos y servicios diversos (comercio informal, pirater铆a, televisi贸n por cable, bombonas de gas, entre otros). Replicando uno de los principales mecanismos de la econom铆a formal, el 鈥済ota a gota鈥 o pagadiario, una forma de usura dirigida a los sectores populares, caracterizada por altos intereses y donde la violencia directa funciona como mecanismo para asegurar el pago de los pr茅stamos, se ha extendido por al menos 8 pa铆ses de la regi贸n.
  8. En t茅rminos materiales, esto supone la implementaci贸n y naturalizaci贸n paulatina de toques de queda informales y autoimpuestos; el redise帽o de cartograf铆as urbanas en distintas escalas que apuntan hacia la conformaci贸n de fronteras invisibles; o la normalizaci贸n social del asesinato constante y sistem谩tico de la poblaci贸n joven de sectores populares. Adem谩s de ello implica la instauraci贸n de bandos armados, principios de enemistad, formas de reclutamiento entre la poblaci贸n. En los lugares donde esta l贸gica ya resulta dominante, las distintas fuerzas, pero principalmente las del Estado tienden a comportarse como fuerzas de ocupaci贸n, o inclusive de conquista.
  9. En determinadas escalas de los territorios, establecen 贸rdenes de autoridad paralelos al de los Estados, en el marco de los cuales imponen regulaciones sobre las formas de convivencia, comportamiento, e inclusive sancionan conductas a trav茅s de penas y castigos.
  10. Los procesos de militarizaci贸n contempor谩neos han incorporado componentes contrainsurgentes en la medida en que se considera esencial actuar sobre las poblaciones. En t茅rminos doctrinarios, esto comporta una resignificaci贸n que abarca tanto lo abiertamente militar, como los proyectos de desarrollo, la promesa de servicios de salud, educaci贸n y el ideal modernizador.
  11. En la cotidianidad la militarizaci贸n conduce a que la vida de las poblaciones se encuentre entre cercos y que se difundan e introyecten socialmente sentidos b茅licos, por ejemplo, a partir de la generalizaci贸n de tareas de inteligencia propiciadas por las actividades de las estructuras de la econom铆a criminal.
  12. Los procesos de militarizaci贸n desdoblados entre lo estatal y las expresiones de violencia armada organizada est谩n en sinton铆a con la extensi贸n de las fronteras de apropiaci贸n de la naturaleza y de explotaci贸n de la poblaci贸n para la acumulaci贸n. Vistos en conjunto nos permiten avizorar los contornos del capitalismo del siglo XXI, dejando entrever la redefinici贸n/refundaci贸n de institucionalidades, modos de vida y formas de reproducci贸n social.

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Fuente: Lahaine.org