September 22, 2022
De parte de ANRed
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Ilustraci贸n: Sofi Bruno.

Con un constante manto de humor exaltadamente oscuro, la serie estadounidense The Boys recupera lo mejor de la filosof铆a del c贸mic de superh茅roe y se hace una pregunta: 驴qui茅n vigila a los que vigilan? Un redireccionamiento del problema, ya no dentro del campo de la dominaci贸n y la correlaci贸n de fuerzas, sino de la determinaci贸n y la impersonalidad perfumada del capitalismo del siglo XXI. Por Iv谩n Horowicz (Tierra Roja).


Alejadas de todo tipo de pregunta existencial y devenidas casi totalmente forma sin contenido, mercanc铆a, las pel铆culas de Marvel no pueden m谩s que presentar una versi贸n devaluada cursi rebosante con efectos especiales y explosiones de lo que alguna vez fueron sus superh茅roes. Una idea cosificada cuyo valor de uso es ser garant铆a de la nostalgia del siglo XX. El multiverso huele a verso.

Ante cualquier posible cat谩strofe, la humanidad siempre puede contar (y en esto la met谩fora de South Park del ataque terrorista de Al Qaeda a la imaginaci贸n occidental es brillante) con que habr谩 una liga de h茅roes para salvaguardar la imaginaria libertad capitalista de sus amenazas posibles, sean estas el terrorismo isl谩mico, una pandemia, el cambio clim谩tico o las fake news. Por eso, el efecto Marvel dice a todas luces: 芦Tranquilo Estados Unidos, tranquilo Occidente. Recuerden y revivan a aquellos h茅roes y hero铆nas que salvaguardaron la imaginaci贸n fordista del comunismo en el pasado, y que ahora podr谩n salvaguardarla de cualquier nuevo mal del capitalismo tard铆o del fin del mundo禄.

En este contexto, la serie estadounidense The Boys se dedica abiertamente a se帽alar algo que varios fan谩ticos de los c贸mics 鈥揺ntre ellos el guionista brit谩nico Alan Moore鈥 venimos advirtiendo: las nuevas pel铆culas de superh茅roes son una mierda. En oposici贸n a la falsa tranquilidad que quiere vendernos la industria cultural del capital del multiverso Marvel, The Boys introduce en nuestro imaginario una pregunta much铆simo m谩s inc贸moda: 驴Qu茅 pasar铆a si realmente los superh茅roes existieran? 驴Qu茅 pasar铆a si Estados Unidos tuviera realmente paladines de la libertad y la justicia con superpoderes?

Con un constante manto de un humor exaltadamente oscuro y una est茅tica gore en la que no se ahorra en sangre, explosiones de cuerpos y lluvia de tripas y v铆sceras, la serie estrenada en 2019 recupera lo mejor de la filosof铆a del c贸mic de superh茅roe partiendo desde una pregunta ya presente en varios otros superh茅roes del mundo de la historieta, pero no por ello menos potente: 驴Qui茅n vigila a los vigilantes?

Prohibido pasar, el capital vigila

Partimos de la base de que el problema del control sobre quienes controlan, el sistema de contrapesos entre poderes y la relaci贸n entre violencia y pol铆tica son, a fin de cuentas, algunos de los grandes problemas de la ciencia pol铆tica moderna. The Boys logra actualizar la pregunta del siglo XX al siglo XXI. Daremos tres ejemplos del problema en el c贸mic de superh茅roe a modo de ilustrar el punto.

En Batman, los ciudadanos de Gotham City suelen debatir en repetidas ocasiones si el murci茅lago es un autoritario vigilante que hace justicia por mano propia o un justiciero social que protege a la ciudad. A fin de cuentas, el 煤nico poder real de Bruce Wayne es el dinero.

En uno de los universos alternativos de Superman, en tanto, Lois Lane muere y el kryptoniano se transforma en un dictador que gobierna el planeta tierra con pu帽o de hierro. Pero es en Watchmen en donde el problema de qui茅n controla a los que controlan aparece abiertamente enunciado en voz alta. Las pintadas de las marchas anti-superh茅roes en la ciudad de Nueva York dicen literalmente 芦Who watchs the Watchmen?.

La respuesta de The Boys ante esta cuesti贸n es, en alg煤n sentido, m谩s aterradora que sus predecesoras. Mientras que en las enunciaciones anteriores se problematiza si la violencia es ejercida autoritariamente 鈥搒ea por privados en el caso de Batman y Superman, o por el Estado en el caso de The Watchmen鈥, en The Boys a los superh茅roes los controla el capital.

La impersonalidad de Vought, la creaci贸n del superhombre y la impotencia fascista

Es a煤n m谩s escalofriante pensar que a los superh茅roes de The Boys no los regula ning煤n Estado autoritario, sino que lo hace una empresa farmac茅utica ligada al nazismo alem谩n y al supremacismo blanco norteamericano.

La centralidad del control impersonal de la empresa en vez del Estado recuerda, sin dudas, a lo que Jacques Derrida supo identificar como el problema de la falta de centro de la estructura. En su discusi贸n con el estructuralismo, y en un texto que, podr铆a decirse, funda el posestructuralismo, Derrida sostiene la escalofriante idea de que nada hay en el centro de la estructura.

As铆 como el fil贸sofo franc茅s supo asestarle un golpe fundamental al estructuralismo imperante de la 茅poca, The Boys redirecciona el problema del superh茅roe no ya dentro del campo de la dominaci贸n y la correlaci贸n de fuerzas, sino en el de la determinaci贸n y la impersonalidad de la econom铆a. Es Mark Fisher quien aqu铆 termina de realizar las conexiones necesarias, cuando sugiere que la falta del centro de la estructura es la apariencia de falta de centro de mando en el capitalismo (pos)moderno. De la misma manera que no sabemos realmente qui茅nes son los due帽os de Rappi o Uber, tampoco sabemos qui茅nes est谩n detr谩s de Vought. El call center y la modernizaci贸n que prometi贸 el neoliberalismo contra la burocracia 鈥搒iempre asociada al comunismo o al Estado de Bienestar鈥 que supuestamente iba a facilitarnos la vida, nos genera la angustiante apariencia de que nadie controla realmente nada. Nos muestra que el control del capital es totalmente impersonal y de baja calidad.

Eso que daba motus al problema de los superh茅roes en el c贸mic 鈥揺l que vigila a los vigilantes es quien verdaderamente vigila鈥, ese Leviat谩n absolutista que en The Watchmen es el gobierno de los Estados Unidos, pasa a ser sustitu铆do en The Boys por la misma l贸gica del capital: el Estado no vigila a los vigilantes, Vought vigila a los vigilantes.

芦The boys禄 (芦los muchachos禄) son, de hecho, el grupo de tareas de la CIA que tiene la orden de investigar y subordinar a los superh茅roes, al principio ilegalmente, bajo la 贸rbita del Estado y bajo su monopolio de la fuerza puesto en cuesti贸n por su mera existencia. Uno de los ejes de la serie gira en torno a c贸mo se recompone aquella relaci贸n aparentemente rota entre mercado y Estado.

Puede que en el centro de la estructura no haya nada m谩s que la impersonalidad perfumada del capitalismo del siglo XXI, pero en The Boys los individuos no son m谩s que insectos ante el monstruo de la estructura. Los seres m谩s poderosos del universo, capaces de destruir continentes, ir a la velocidad de la luz y realizar proezas inimaginables por los seres humanos son una especie de adolescentes est煤pidos que no pueden hacer otra cosa m谩s que drogarse y tener sexo. Es a estos monos con navaja a los que Vought se ve obligada a cuidar, hasta de s铆 mismos. Es decir, a vigilarlos.

La imagen de Homelander, como el ser m谩s poderoso del universo y a la vez el villano m谩s inseguro del universo, es reveladora de la cuesti贸n. La analog铆a existente entre 茅l y la clase media blanca norteamericana 鈥搖na individualidad ninguneada por la impersonalidad del capital que pretende ejercer abiertamente su derecho a pisotear las cabezas de las minor铆as鈥 es perfecta. Yo Homelander/la clase media blanca norteamericana, que en el enfrentamiento con un otro empiezo ganando 10 a 0, tengo derecho a hacer pleno uso de mi poder frente a los d茅biles. Esa impotencia de ser sujeto ante la l贸gica del capital deviene fascismos dentro de los estratos medios de la cadena de opresi贸n. Nunca estuvo tan expl铆citamente dado el di谩logo entre el superh茅roe de c贸mic y el superhombre nazi. La liga de la justicia sale de la burbuja diletante de los efectos especiales para dialogar con el fascismo de 茅poca.

La ideolog铆a, una g贸ndola de supermercado

Otro de los grandes aciertos de la serie est谩 en la relaci贸n que se establece entre ideolog铆a y mercado. Si bien Vought tiene fuertes v铆nculos con el nazismo alem谩n y una de sus misiones 鈥揳l menos de sus misiones iniciales鈥 es una lucha por la supremac铆a de la 鈥渞aza aria鈥 antes encarnada en el pueblo alem谩n y ahora encarnada en los blancos de Estados Unidos, la farmac茅utica due帽a de los superh茅roes no se priva de ser, al mismo tiempo, todo lo pol铆ticamente correcta que el momento requiere y todo lo pol铆ticamente incorrecta que el momento requiere.

Vought produce, en simult谩neo, superh茅roes defensores de la segunda enmienda y superh茅roes defensores de los derechos LGTB. Luego de que se rebela al p煤blico que Maeve, ex novia de Homelander e integrante de los siete, sale con una mujer, puede verse en la temporada 3 un parque de diversiones LGTB, propiedad de Vought, en el que todo el merchandising tiene la bandera bisexual.

Vought produce superh茅roes blancos, negros, latinos, heterosexuales, bisexuales, progresistas, de derecha, mujeres, hombres y de g茅nero no binario. Esos superh茅roes, esas ideolog铆as producidas en serie por una l铆nea de montaje en la que los que realmente ensamblan los productos somos nosotros likeando, faveando, retwitteando y contestando encuestas, son luego colocadas en las g贸ndolas del supermercado ideol贸gico que la sociedad consume. Nuestros patrones de la l铆nea de montaje, los publicistas del capital, centralizan y controlan el proceso productivo.

En la ideolog铆a como g贸ndola de supermercado, otra vez vuelve a aparecer la impotencia del sujeto. Los superh茅roes son, una vez reducidos a influencers, esclavos de la dictadura del valor y del consumo. Devenido casi obsoleto, A-Train necesita reinventarse como producto. El nuevo traje reivindica sus ra铆ces negras y sus jefes de campa帽a publicitaria le producen un viaje de 鈥渞eencuentro con 茅l mismo y su herencia鈥  en 脕frica. La s谩tira en la serie est谩 al servicio de mostrar la cruda realidad de las cosas. El cinismo con el que se narra no es ni la mitad del cinismo que la misma realidad, que la serie narra, contiene.

Por todo esto y m谩s, es que The Boys es una suerte de Lado B ante el problema del superh茅roe en la actualidad. Antes que consumir nostalgia, sumergirse en la s谩tira vuelve a ubicarnos en un lugar de fragilidad ante la realidad. Vuelve a poner al arte en un lugar de intervenci贸n sobre nosotros mismos, en lugar de blindarnos entretenidamente.

Fuente: https://tierraroja.com.ar/the-boys-y-los-superheroes-del-capitalismo-tardio/





Fuente: Anred.org