June 5, 2022
De parte de Indymedia Argentina
6 puntos de vista

A 33 A脩OS

Tiananmen: de eso no se habla

Mario Hernandez

 

Este s谩bado China ha neutralizado cualquier intento de conmemorar el 33 aniversario de la matanza de Tiananmen.

La plaza de Tiananmen, en Pek铆n, ha amanecido rodeada de fuertes medidas de seguridad. Tambi茅n se han amordazado las redes sociales, borrando cualquier referencia al 4 de junio.

En Hong Kong, el parque Victoria ha sido cerrado al p煤blico. Las fuerzas policiales desplegadas han impedido acercarse y las autoridades han advertido a la poblaci贸n sobre los riesgos de intentar manifestarse en el lugar. 

En este parque, hasta hace solo dos a帽os, decenas de miles de personas acud铆an con velas para celebrar una vigilia en recuerdo de las v铆ctimas de la matanza. Algo ahora impensable. 

Hasta las misas cat贸licas conmemorativas, una de las 煤ltimas formas en que los hongkoneses pod铆an reunirse para recordar, han sido canceladas.

Una matanza que no existe en los libros de historia ni en los manuales escolares, ocurri贸 el 4 de junio de 1989, cuando el Gobierno chino envi贸 tropas y tanques contra los manifestantes pac铆ficos que reclamaban desde hac铆a semanas un cambio pol铆tico y el fin de la corrupci贸n.

La represi贸n fue brutal. Murieron cientos de personas, miles seg煤n algunas estimaciones. Las im谩genes dieron la vuelta al mundo.

En estas tres 煤ltimas d茅cadas, China ha hecho todo lo posible para borrar la matanza de la memoria colectiva, eliminando cualquier alusi贸n de los libros de historia, los manuales escolares o las redes sociales.

El Gobierno chino  justific贸 aquella matanza con el argumento de que trajo la estabilidad social que necesitaba la econom铆a para crecer y disparar el bienestar de todos los chinos.

Aunque entre sus demandas no figuraban expl铆citamente una democracia al estilo occidental o el fin del PCCh, las autori颅dades vieron en el movimiento una amenaza que era necesaria aplacar. Tras d铆as de ne颅gociaciones, Ley marcial y di颅vergencias en la c煤pula pol铆tica y militar, el ala dura del partido se impuso. El resultado: el Ej茅rcito tom贸 la ca颅pital, desaloj贸 a base de porrazos, tiros y tanques las calles y qued贸 claro que las autoridades permitir铆an el desarrollo econ贸mico pero sin libertad pol铆tica.
Hubo mucha gente que protest贸 en las calles durante esos d铆as, tanto estudiantes universitarios como gente de otras categor铆as sociales.

Sin embargo, se sabe mucho menos de las historias de la gente que muri贸 (trescientas personas, de acuerdo con las cifras del Partido Comunista, muchas m谩s, que se cuentan por miles, de acuerdo con activistas, familiares de las v铆ctimas y una serie de organizaciones humanitarias), o acerca de los miles de detenidos (el 煤ltimo en ser liberado, que era en aquel entonces trabajador de una f谩brica, sali贸 de prisi贸n en 2016).

El Partido estaba cambiando de un modelo de 鈥済esti贸n pol铆tica鈥 del pa铆s a un modelo de 鈥済esti贸n econ贸mica鈥. Este proceso caus贸 una serie de problemas y una generalizaci贸n de la corrupci贸n, lo cual fue una de las muchas razones de las protestas durante ese per铆odo.

La secuencia b谩sica de los acontecimientos sigue siendo la matanza cometida contra estudiantes, trabajadores y ciudadanos corrientes de Beijing; la dram谩tica decisi贸n del Partido Comunista de proceder a medidas represivas, al final de una lucha interna que marcar铆a para siempre el rumbo del PCCh; y en el trasfondo de todo ello, la 鈥減rimavera china鈥, que hab铆a sido resultado de un per铆odo de intensa y vivaz actividad cultural y pol铆tica durante los a帽os 80.

El a帽o 1989 constituye un parte aguas en la reciente historia de China, pues fue ese el a帽o en que el contrato social entre el pueblo chino y el Partido Comunista se vio efectivamente transformado, poniendo al pa铆s en la senda de crecimiento econ贸mico que le ha llevado a su estatus como poder global de envergadura hoy en d铆a.

George Black y Robin Munro escriben en Black Hands of Beijing: Lives of Defiance in China鈥檚 Democracy Movement, 鈥渓o que tuvo lugar fue una matanza, no de estudiantes sino de trabajadores y residentes corrientes, precisamente el objetivo pretendido por el gobierno chino鈥.

El hecho de que los que resultaran muertos fueran en su mayor铆a trabajadores nos permite comprender mejor de qu茅 modo filtr贸 el Partido Comunista la informaci贸n que le llegaba del mundo exterior, no tanto y no s贸lo de la misma Plaza de Tiananmen. En 1989, el PCCh ya llevaba trabajando dos a帽os para dejar al margen la influencia pol铆tica de Hu Yaobang. Se trataba de un reformista al que se juzgaba demasiado indulgente con las protestas que se hab铆an convertido en un rasgo recurrente en China desde 1986.

Hu muri贸 el 15 de abril de 1989 de un ataque al coraz贸n sufrido durante una reuni贸n del Partido, y el luto por su muerte se convirti贸 en el acontecimiento que desencaden贸 las protestas a gran escala de los estudiantes, que ocuparon ese d铆a la Plaza de Tiananmen.

Deng Xiaoping hab铆a decidido que deber铆a purgarse a Hu, aunque este 煤ltimo hab铆a sido escogido por Deng mismo como sucesor suyo.

La casa del anciano Deng ser铆a escenario de la reuni贸n m谩s importante durante esos fren茅ticos d铆as de junio de 1989. Deng, veterano pol铆tico y consumado estratega, capt贸 de inmediato la naturaleza del problema: si las protestas estudiantiles se extend铆an a los trabajadores, la situaci贸n se volver铆a desastrosa para el PCCh.

Deng recalc贸 repetidamente que deber铆an hacerse reformas, pero que era necesario tener orden para que eso pasara: la poblaci贸n deber铆a estar trabajando, no protestando.

Pens贸 que hab铆a logrado arreglar la situaci贸n marginando a Hu Yaobang, pero su substituto, Zhao Ziyang, se sent铆a predispuesto a las reformas, y esto pronto se convirti贸 en un problema.

1989 fue el punto culminante de un per铆odo enormemente notable a finales de los 80: 鈥渆l pa铆s se encontraba en medio de una agitaci贸n social, pol铆tica y cultural鈥, 鈥渦n mundo ebrio de posibilidades: revistas y peri贸dicos eran m谩s interesantes, con largos art铆culos de investigaci贸n publicados en nuevos medios de noticias, los llamados Baogao Wenxue (鈥淩eportajes literarios鈥).鈥

En 1988 鈥渟e estaba produciendo una profunda reflexi贸n sobre la historia china鈥, y se planteaban nuevas preguntas sobre lo que de verdad significaban la identidad y la cultura chinas.

Perry Link, el especialista acad茅mico de la Universidad de Princeton que trabaj贸 en los Tiananmen Paper  se帽al贸: 鈥渆n todos los campos todos los intelectuales suscitaban estas grandes cuestiones. Las posibilidades parec铆an infinitas. En los campus 鈥渓os tablones de anuncios ofrec铆an clases de idiomas y de baile, as铆 como foros de debate que permit铆an hablar con bastante libertad a los estudiantes acerca de una amplia variedad de temas鈥.

Al mismo tiempo, el mundo del trabajo se encontraba en plena turbulencia.

Desde un punto de vista econ贸mico, el per铆odo de reformas hab铆a creado dos tendencias claras: la proletarizaci贸n de enormes masas de la poblaci贸n y el surgimiento de una nueva clase de capitalistas.

El proceso de proletarizaci贸n se produjo, en t茅rminos generales, como resultado de tres factores: la emigraci贸n forzosa del campo a las ciudades, el derrumbe de las empresas de gesti贸n estatal en las ciudades y la disoluci贸n de los negocios locales en las aldeas. El desplazamiento rural a las ciudades constituy贸 una tarea inmensa, que implic贸 a cerca de 120 millones de personas desde 1980, en algo que puede sostenerse que haya sido la mayor migraci贸n de la historia humana.

Las SPE (empresas de propiedad estatal) hab铆an sido el n煤cleo de la industrializaci贸n mao铆sta, y contabilizaban cuatro quintas partes de la producci贸n no agr铆cola del pa铆s. La mayor铆a de estos gigantes se ubicaba en las ciudades, donde empleaban a cerca de 70 millones de personas en 1980. Las primeras etapas del desmantelamiento se iniciaron en 1988, y el proceso prosigui贸 a un ritmo r谩pido tras la conmoci贸n de 1989, momento en que se aplicaron dr谩sticas medidas en el contexto de una econom铆a recalentada marcada por una elevada inflaci贸n.

Se llevaron a cabo otras reformas durante la d茅cada siguiente, confirmando el significado de lo que hab铆a ocurrido en 1989. En 1994 se alent贸 una mayor eficiencia mediante recortes en la mano de obra. Esta nueva direcci贸n de la gesti贸n condujo a despidos masivos a finales de los 90, cuando el capitalismo chino experiment贸 su primera crisis de sobreproducci贸n, la cual marc贸 una brusca transici贸n de la vieja econom铆a de escasez a una nueva econom铆a de plusval铆a. El resultado fue espectacular: el empleo en las empresas de propiedad estatal hab铆a quedado reducida a la mitad, a medida que 40 millones de personas se encontraron sin el tradicional 鈥渢az贸n de arroz de hierro鈥, s铆mbolo y garant铆a de seguridad en el empleo en las viejas empresas del Estado.

Para este grupo de individuos, la mayor铆a de edad mediana, se avizoraba la perspectiva de convertirse en una suerte de 鈥渋nfra clase urbana鈥.

En China, en lugar de la creciente opulencia, el aumento del nivel educativo y el aburguesamiento de una gran parte de la clase trabajadora, que se ha producido en muchas sociedades junto al desarrollo econ贸mico -y de manera muy se帽alada entre los vecinos de China en el Este de Asia, como Corea del Sur, Jap贸n y Taiw谩n- esta informalizaci贸n de la econom铆a urbana representa una regresi贸n, no un ascenso para una parte bastante numerosa de la poblaci贸n urbana.

Estos procesos, que llegaron a su punto 谩lgido en los 90, fueron el resultado directo de lo que hab铆a sucedido en China a finales de los 80. En octubre de 1983, el Diario del Pueblo escrib铆a que los trabajadores no ten铆an de qu茅 quejarse: la recesi贸n que se hab铆a adue帽ado del mundo capitalista a principios de los 80 ofreci贸 la oportunidad a las autoridades chinas de recordar a los trabajadores del pa铆s que estaban mejor de lo que hab铆an estado alguna vez, se帽alando el elevado desempleo de Occidente como prueba de 鈥渓a superioridad del socialismo鈥.

La direcci贸n china consider贸 茅ste el momento de pregonar sus 茅xitos: tal como escribe Jackie Sheehan en Chinese Workers: A New History (Londres, Nueva York, 1998), se trataba de una situaci贸n en la que 鈥渁lgunos trabajadores ya estaban advirtiendo los beneficios del aumento salarial y de las bonificaciones, de acuerdo con las reformas, y todos esperaban beneficiarse en un pr贸ximo futuro鈥.

Pero estas expectativas acabaron desmentidas por la realidad, porque estaban empezando a aparecer signos de patente injusticia: 鈥淗ab铆a muy escasa aceptaci贸n entre los trabajadores de la idea de Deng Xiaoping de que todo ir铆a bien si 鈥榰nos cuantos se hacen ricos primero鈥; esto lo consideraban sencillamente como una injusticia distributiva鈥. Por a帽adidura, 鈥渕uchos trabajadores se sent铆an hondamente agraviados hasta por diferencias salariales que no se considerar铆an muy grandes de acuerdo con criterios occidentales ah铆 donde se advert铆an, sin embargo, como injustas [鈥. Un resentimiento especialmente agudo fue el que provoc贸 la brecha cada vez mayor entre las bonificaciones pagadas a los trabajadores y las que recib铆an los gestores superiores de las empresas, que en algunos casos pod铆an ser de veinte a treinta veces mayores que el pago equivalente a los trabajadores鈥.

Sin embargo, el efecto negativo de las reformas sobre las relaciones entre los trabajadores y la gerencia pronto se extender铆a 鈥渕谩s all谩 de las disputas sobre el aumento de la desigualdad de renta, por seria que 茅sta fuera鈥.

En una 茅poca en la que se exig铆a m谩s y m谩s eficiencia a los trabajadores, durante las fren茅ticas horas de mayo y junio de 1989, 鈥渓as deficiencias de gesti贸n se convirtieron en significativa manzana de la discordia de un modo como nunca antes hab铆a sucedido鈥.

En este contexto, la presencia de los estudiantes en la Plaza de Tiananmen comenz贸 a ser causa de gran preocupaci贸n para el Partido Comunista, temeroso de volver al per铆odo de dominio de las multitudes durante los d铆as de la Revoluci贸n Cultural.

Deng mismo expres贸 la creciente sensaci贸n de irritaci贸n, afirmando en una reuni贸n del Partido a finales de abril que 鈥渘o se trata de un movimiento estudiantil corriente. Se trata de agitaci贸n鈥.

Al mismo t茅rmino se recurrir铆a en el art铆culo de opini贸n del Diario del Pueblo publicado el 26 de abril, que condenaba las protestas estudiantiles con toda nitidez. Fue 茅ste el momento en que se deterior贸 sin remedio la relaci贸n entre el Partido Comunista y quienes protestaban.

Desde ese momento, Deng trabajar铆a junto al Comit茅 Permanente hasta la dram谩tica votaci贸n sobre la declaraci贸n del estado de sitio (que se revocar铆a s贸lo en 1990). En su cr贸nica desde China, con fecha del 20 de Julio de 1989, publicada en The New York Review of Books, Roderick MacFarquhar escribi贸: 鈥淒ividido en la c煤spide, el Partido Comunista Chino ya no pod铆a hab茅rselas con las m煤ltiples presiones que sufr铆a y se agriet贸. Mientras que el primer ministro, Li Peng, actu贸 como l铆der severo a modo de testaferro, est谩 claro que las decisiones no las tom贸 en 煤ltima instancia su Consejo de Estado, o el Politbur贸, ni siquiera los cinco hombres del Comit茅 Permanente sino el duunvirato a cargo de la Comisi贸n de Asuntos Militares, Deng Xiaoping y el presidente Yang Shangkun, jaleados por un grupo de a帽osos revolucionarios virulentos鈥.

El voto para declarar la Ley marcial supuso un ejemplo claro del funcionamiento del mecanismo que se hab铆a establecido: en esencia, Zhao Ziyang era el 煤nico a favor de escuchar a los estudiantes, incluso de apoyar algo as铆 como una 鈥渞etractaci贸n鈥 del art铆culo del 26 de abril (una idea que fue rechazada de forma clamorosa por parte de Bo Yibo, uno de los 鈥渙cho inmortales鈥 y padre de Bo Xilai, de m谩s reciente fama).

Entre el 26 y el 27 de abril, el Comit茅 Permanente del Politbur贸 se reuni贸 para votar la propuesta de declarar el estado de sitio.

Los cuatro miembros votaron del modo siguiente: Li Peng y Yao Yilin votaron a favor, Zhao Ziyang vot贸 en contra y Qiao Shi se abstuvo. En ese momento, la iniciativa pas贸 a los ocho inmortales: ya no hab铆a vuelta atr谩s.

Tal como se afirma en  The  Tiananmen Papers: 鈥淓n la ma帽ana del 18 de mayo, los ocho ancianos -Deng Xiaoping, Chen Yun, Li Xiannian, Peng Zhen, Deng Yingchao, Yang Shangkun, Bo Yibo y Wang Zhen- se reunieron con los miembros del Comit茅 Permanente del Politbur贸 Li Peng, Qiao Shi, Hu Qili y Yao Yilin, y con los miembros de la Comisi贸n de Asuntos Militares, el general Hong Xuezhi, Liu Huaqing y el general Qin Jiwei, y acordaron formalmente declarar el estado de sitio en Beijing鈥.

El Secretario General Zhao no asisti贸 a este encuentro y poco despu茅s se le expuls贸 de su puesto. Antes de que se le pusiera bajo arresto domiciliario, situaci贸n en la que permanecer铆a hasta su muerte en 2005. El 19 de mayo, a las cuatro de la ma帽ana, Zhao acudi贸 a la plaza y se mezcl贸 entre los estudiantes. Acompa帽ado por el Director de la Oficina General del Partido, Wen Jiabao (que se desempe帽ar铆a m谩s tarde como primer ministro de la Rep煤blica Popular China entre 2002 y 2012), Zhao les dijo a los estudiantes: 鈥淗emos llegado demasiado tarde鈥.

Antes, el 18 de mayo 鈥淟i Peng y otros funcionarios del gobierno se encontraron en el Gran Sal贸n del Pueblo con Wang Dan, Wuerkaixi, y otros representantes estudiantiles. Li afirm贸 que nadie hab铆a declarado nunca que la mayor铆a de los estudiantes se hubiera visto envuelta en agitaciones, pero que, con excesiva frecuencia, gente sin intenci贸n de crear agitaci贸n lo que de hecho hab铆a conseguido era provocarla. Se mantuvo firme respecto a la redacci贸n del editorial del 26 de abril y afirm贸 que el momento actual no era apropiado para debatir las dos demandas de los estudiantes. Wang Dan hab铆a declarado que la 煤nica manera de sacar a los estudiantes de Tiananmen consist铆a en reclasificar el movimiento estudiantil como patri贸tico y retransmitir en directo el di谩logo entre los estudiantes y la direcci贸n en la televisi贸n鈥.

No hab铆a m谩s espacio para el compromiso: la decisi贸n de 鈥渄esalojar la plaza鈥 vino directamente de Deng Xiaoping y la 鈥渕atanza de Beijing鈥 tuvo lugar durante la noche del 3 al 4 de junio.

Fue un momento en el que se cazaba literalmente a la gente por las calles de China. Mientras tanto, en la trastienda del Partido Comunista tomaba forma una idea clara: no se deb铆a permitir que lo que acababa de pasar volviera a suceder.




Fuente: Argentina.indymedia.org