August 10, 2022
De parte de A Las Barricadas
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Miguel G. Gómez / @BlackSpartak

Ver pdf de las Actas (a partir de la página 5)

captura-sindicalismo

Presentamos las Actas y ponencias del Congreso de la Federación Sindicalista Libertaria (FSL). El Congreso de esta organización tuvo lugar en el Ateneo Sindicalista Libertario de Barcelona el 1 y 2 de julio de 1934. 

En primer lugar, presentemos la FSL. Esta organización era el resultado práctico del “treintismo”. Como origen remoto, así lo indica Juan López en su informe al Congreso, esta organización es la continuación de la Unión de Militantes, creada en 1927-28 por diversos militantes sindicalistas de la CNT, tales como Juan López, Joan Peiró, Ángel Pestaña, Sebastián Clará, y otros. Es decir, que la tendencia sindicalista de la CNT estaba organizada y, si bien su organización era bastante informal, dominó la Confederación hasta mediados de 1931, ya entrada la República.

Precisamente fue desplazada por la acción de numerosos grupos anarquistas revolucionarios, que supieron leer la coyuntura del momento, con las ansias de grandes capas de la población de mejorar su situación de forma inmediata y desencadenar la revolución social antes que se pudiese consolidar la República española y sus nuevas instituciones. Esa corriente o línea estratégica, se corresponde habitualmente con la FAI, aunque hay que decir, que había muchos grupos fuera de la FAI que también la defendía. De igual manera había mucha gente fuera de la Unión de Militantes que estaba en contra de la actuación del sector revolucionario.

Sea como fuera, la Unión de Militantes no funcionó bien como organización y todos los esfuerzos de sus militantes en 1931 fueron encaminados a que funcionasen los sindicatos. Pero en cuanto comenzaron a ser desplazados de los puestos de poder de los sindicatos y de Solidaridad Obrera, el sector sindicalista supo que debía actuar con firmeza. Este es el origen del Manifiesto de los Treinta, que fue lanzado a finales de agosto de 1931 y que para el sector faísta fue como un anuncio de escisión.

Sin embargo, no era ese su interés, sino el de dominar la CNT. Al no poder hacerlo, y ante los distintos movimientos insurreccionales que tuvieron lugar entre 1932 y 1933, el treintismo comenzó a sentirse desvinculado de la organización Confederal. Así que algunos sindicatos se mantuvieron al margen y formaron en enero de 1933 una Federación de Sindicatos de Oposición de la CNT, que celebraban Plenos y Plenarias de forma autónoma de la CNT y que en ocasiones participaban en algún comicio de la organización anarcosindicalista.

Al Manifiesto de los Treinta le siguieron otros manifiestos de carácter más local en Sabadell o Manresa, y en algunas ciudades (Valencia, Huelva, Sevilla, Granada…) comenzaron a surgir también movimientos similares. El movimiento sindicalista (o treintismo) tuvo su cabecera, Cultura Libertaria, dirigida por Agustín Gibanel, y su Ateneo Sindicalista de Barcelona, una sede visible. Al poco tiempo comenzaron a florecer diversas agrupaciones sindicalistas aunando sus militantes de nuevo. Así pues, hacia mediados de 1933 aparece una federación de estas nuevas agrupaciones sindicalistas que es el origen de esta organización nueva. Al mismo tiempo el semanario se cambia de nombre a Sindicalismo. Entonces en julio de 1934 celebran su primer congreso. 

Internamente, acaban de tener un par de traspiés. El primero, externo, es que las autoridades republicanas le niegan el derecho a publicar un diario, Combate, que le podría haber hecho competencia a Solidaridad Obrera. El segundo factor, interno, es el cambio de criterio de Ángel Pestaña y su aceptación de la lucha parlamentaria. Pestaña fundaría el Partido Sindicalista y, por tanto, se ponía al margen del movimiento treintista, arrastrando consigo algunos militantes. Sin embargo, la sangría no aparenta ser demasiado grave, y desde la FSL indican que arrastró más “anti-faístas” que verdaderos “sindicalistas” (treintistas).

Recordemos el contexto.

Estamos en 1934, con el fascismo a la ofensiva en toda Europa. En España gobernaban las derechas y existía la amenaza de la entrada al gobierno del partido filo-fascista CEDA, dirigido por Gil Robles. Como respuesta las fuerzas populares se habían comenzado a articular en la Alianza Obrera. Tanto la FSL como el Bloque Obrero y Campesino (BOC) se atribuían su autoría intelectual. En este congreso, la FSL acepta formalmente la Alianza Obrera y anima a los socialistas a participar activamente. Todas las actas y ponencias reproducidas a continuación sirven para ver cómo se construye una organización política o específica inserta en un movimiento social, el sindicalismo.

Pero también son tiempos muy difíciles a nivel social. Los Sindicatos de Oposición se han puesto a la cabeza de numerosas huelgas en las zonas donde tienen influencia. Y hace su aparición el Frente Único, a nivel sindical, que es la alianza entre estos Sindicatos de Oposición con la UGT, con los sindicatos controlados con el BOC y con otros sindicatos autónomos. Después aparecieron diversos frentes únicos a nivel sectorial (luz y fuerza, alimentación, metalurgia, textil, etc.) que le dieron mayor profundidad al proyecto.

Y decíamos que era una época difícil, porque acababan de tener lugar dos huelgas significativas: la Huelga General de Zaragoza de abril y mayo, y la Huelga General del campo, en junio. En ambos casos la represión gubernamental ha sido durísima y las cárceles están llenas de sindicalistas de la UGT y de la CNT. La lucha de clases ha escalado tanto que se da por terminada la paz social, y todas las fuerzas de izquierda se preparan para una posible revolución.

Esto es significativo, puesto que al treintismo se le calificaba desde el anarquismo revolucionario de apagafuegos, bomberos, reformistas y demás improperios. Con estos ataques el mismo sindicalismo iba variando su auto-consciencia, pasando de considerarse también anarquistas o anarcosindicalistas, a sindicalistas revolucionarios. Matiz a tener en cuenta. Nos quedaremos con la duda de si era posible en aquella España un “sindicalismo neutro”, tal como denunciaba la FAI que pretendía el treintismo, ya que hasta la UGT se radicalizaba por momentos.

Las diferencias con la FAI son bastante evidentes. En primer lugar, la FAI era una federación de grupos de afinidad, mientras que a la FSL se entraba individualmente, pasando a pertenecer a una agrupación. En segundo lugar, el carácter de la FAI era semiclandestino, no se conocía a ciencia cierta quien era de la específica, mientras que la FSL era abierta y legal. En tercer lugar, la FSL tenía un cariz más vertical que la FAI y el secretariado tenía un peso enorme ideológico y táctico-estratégico, y no habían surgido tendencias internas. La cuarta diferencia estriba en que la FAI planteaba la Revolución social como un golpe de fuerza popular provocado por la CNT y la FAI, sin tomar en cuenta más organizaciones. En cuanto a sus parecidos, lo más sencillo sería decir que ambas surgieron para que la otra tendencia no controlase la CNT.

El desarrollo de la FSL no fue satisfactorio, quedando atascada en una cincuentena de agrupaciones locales en Catalunya, País Valenciano y Andalucía, y varias agrupaciones locales sueltas en Madrid, Santander o Aragón. En cambio, en Galicia y Asturias, a pesar de existir una corriente – mayoritaria en sus territorios – que se podría entender bien con la FSL, no lograron arraigar. Sin conocerse el número de afiliados, nos dan las cifras de su semanario, que oscilan entre 4.000 y 6.000 ejemplares, que palidecen ante los 30.000 del Tierra y Libertad de la FAI.

También nos podemos fijar en las agrupaciones, que dibujan el mapa territorial ya descrito a grandes rasgos. Entre las ausencias, Sabadell. Los militantes de la poderosa Federación Obrera Local de Sindicatos de Sabadell no habían creado ninguna agrupación, a pesar de simpatizar con el treintismo. Y esto ocurría porque en ese momento los dirigentes del movimiento sindicalista de Sabadell comenzaban a evolucionar desde el sindicalismo revolucionario hacia posiciones marxistas leninistas, que abrazarían definitivamente en la primavera de 1936, con el viaje de Josep Moix, Emilio Mira y demás a la Unión Soviética. Sabadell era un bastión del treintismo. Esta Federación Obrera (con unos 12.000 afiliados en 1934 y 20.000 durante la guerra) fue el origen de la división de la CNT catalana al no aceptar pagar la cuota pro-presos, motivo de su expulsión y que otros sindicatos se solidarizasen con ella. Esta gente acabaría en el PSUC durante la guerra, llegando a ser todo un partido de masas en esta ciudad (4.000 afiliados), la segunda más grande de Catalunya, y los sindicatos pasaron en bloque a la UGT local. La Federación Obrera fue el motor de la Alianza Obrera en Sabadell y el 6 de Octubre tomaron la ciudad, llegando incluso una guardia roja.  

Volviendo al tema de los contextos, como estaban en una época pre-revolucionaria, la FSL pasaría a discutir y acordar en el Congreso ciertas características de la sociedad socialista. En primer lugar, cabe destacar que consideraban que el elemento central de la sociedad post-revolucionaria era única y exclusivamente el Sindicato. Esto era lo que iba a sustituir al Estado burgués. Nos quedaremos con el lema que sonó varias veces en el Congreso: “Todo el poder a los Sindicatos”. También podemos leer entre las actas que la finalidad del sindicalismo era el comunismo libertario, aunque no lo definieron.

Llama poderosamente la atención el rechazo visceral a cualquier otro tipo de organismo fundamental de la sociedad, tal como la Cooperativa o el Municipio. Respecto a este último decían que era una parte de la administración del estado, y que por tanto no tendría cabida en la nueva sociedad. Para esto estaba la federación local de sindicatos, que podría asumir todas las facetas y funciones que asumían los municipios de aquel entonces. Con las cooperativas no fueron tan beligerantes, pero hay que leer mucho entre líneas para entender que están aceptando las cooperativas, ya que no lo dejan claro. En definitiva, el sindicalismo revolucionario que proponen tiene una visión sumamente economicista de las cosas y entienden que todos los aspectos de la vida pueden ser gestionados desde un sindicato.

A diferencia de la FAI, el instrumento para realizar la Revolución social era la Alianza Obrera. Y de triunfar ésta, en España se proclamaría la República Social Federal. Cada firmante de la Alianza se había comprometido a respetar la idiosincrasia y características políticas de los territorios que dominaban los demás ‘Aliados’ revolucionarios. Es decir, que los socialistas y comunistas tendrían que respetar las áreas de influencia del sindicalismo y viceversa. Esta es una idea que veremos defendida por Joan Peiró desde 1936 de nuevo en el seno de la CNT, hasta que fue aceptada como línea programática en el Pleno Nacional de Regionales del Movimiento Libertario de España de Valencia, celebrado en septiembre de 1937. La diferencia es que, en 1937, el movimiento libertario aceptaba plenamente la existencia de los municipios como base de la sociedad, al mismo nivel que el sindicato o las cooperativas.  

Por último, como curiosidad, se lee en las actas una defensa táctica de concurrir a las elecciones municipales por parte de la Agrupación de Zaragoza. Esta agrupación defiende esta idea porque en diversos pueblos pequeños de Aragón los campesinos y trabajadores están pidiendo que las personas más destacadas de izquierdas – y ser militante destacado de la CNT te convertía automáticamente en una de esas personas – que formaran candidaturas para derrocar el caciquismo y defender los derechos y tierras comunes. Esta proposición fue apabullantemente derrotada y el Congreso aprobó que cualquiera que se presentase a una candidatura tendría que abandonar la organización, pero Zaragoza indicaba que ya se estaba dando esta situación, lo quisieran o no. Entre las filas de Izquierda Republicana hubo no pocos militantes de la CNT y quizá podríamos encontrar aquí una conexión. De hecho, ya en la guerra, agrupaciones completas de Izquierda Republicana (el partido de Azaña, por cierto) ingresaron en la CNT y hasta en la FAI (algunos casos en la Matarranya y Bajo Cinca). Así que ciertamente algo estaba pasando en Aragón en 1934, aunque mis conocimientos no van tan lejos.

La Revolución de Octubre y la creación del Partido Sindicalista impidieron un mayor de desarrollo de esta organización. Aunque había voces pidiendo una verdadera ruptura con la CNT, en 1935 el ambiente de unidad obrera que reinaba en toda España en el Bienio Negro propició que las figuras más destacadas del treintismo decidieran la reunificación. Así en la primavera de 1936, los Sindicatos de Oposición tramitaron su reinclusión en la Confederación liquidando su organización. En cambio, la FSL siguió activa y muchos de sus militantes tuvieron cargos de relevancia en la CNT de la Guerra Civil. Tal es así que incluso dos ministros de la República, Juan López y Joan Peiró, pertenecieron a la FSL. Hasta podríamos ver sus ideas plasmadas entre los acuerdos de la Confederación en 1937 y 1938. Es decir, que su influencia fue mucho más allá de su reducido número de militantes.

Agosto de 2022




Fuente: Alasbarricadas.org