September 13, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
132 puntos de vista


La estrepitosa ca√≠da de Kabul a finales de agosto cierra un c√≠rculo iniciado hace 20 a√Īos. Han pasado dos d√©cadas desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 y sus efectos siguen activos. La historia no empieza ni acaba cuando lo deciden los l√≠deres. Tampoco arranca en un acontecimiento s√ļbito, brutal o extraordinario. La historia se desliza de manera silenciosa, sin se√Īales de advertencia. Somos expertos en contar lo que ha sucedido, no en narrar lo que est√° pasando o lo que va a pasar.

La URSS no colaps√≥ en septiembre de 1991. Las independencias de Lituania, Estonia y Letonia fueron la consecuencia de un largo deterioro en los a√Īos de Le√≥nidas Brezhnev. Nadie lo quiso ver porque todos estaban embriagados en su propia propaganda, la comunista y la capitalista. Sin recurrir a la teor√≠a del efecto mariposa de Eduard Lorenz ‚Äďel aleteo de una mariposa en Sri Lanka puede provocar un hurac√°n en EEUU‚Äď, cada movimiento tiene su secuela, no siempre inmediata porque la vida se mueve en tiempos m√°s prolongados que los periodos electorales.

Las dos superpotencias emergentes de la Segunda Guerra Mundial, EEUU y la URSS, jugaron durante d√©cadas una partida de ajedrez con modales de p√≥ker llamada Guerra Fr√≠a. Cada uno sembr√≥ sus odios y recogi√≥ sus tempestades. Los atentados de Nueva York y Washington, de los que este s√°bado se cumplen 20 a√Īos, est√°n relacionados con la pol√≠tica neocolonial de EEUU en Oriente Pr√≥ximo y Asia.

EEUU vende libertad y democracia. Afirma que su objetivo es exportar estos valores a todos los países, aunque no lo pidan, como en el caso de Afganistán. Ese ha sido uno de los pilares de la derrota: creernos nuestro propio cuento, despreciar la cultura de los demás. Democracia no es votar en un país en el que la mayoría de la población es analfabeta. La democracia sería la consecuencia de una evolución educacional, social y económica que demanda un sistema justo de participación para toda la sociedad.

Pese a sus lemas, EEUU impuls√≥ desde los a√Īos 50 del siglo XX decenas de golpes de Estado y guerras en defensa de sus intereses. Lo mismo que la URSS, que alent√≥ independencias y revoluciones en √Āfrica y Asia para librar a los pueblos del yugo colonial. No fueron los ideales, sino el petr√≥leo, el gas y los minerales estrat√©gicos los que marcaron el rumbo y las prioridades de una partida que buscaba el jaque mate del contrario. Ninguno de los dos imperios se preocup√≥ por las personas que viv√≠an dentro de los casilleros del tablero de juego.

Resulta extra√Īo defender la democracia y aplastar sus efectos cuando las urnas no bendicen al candidato patrocinado. En Am√©rica Latina se cometieron todo tipo de atropellos en nombre de la libertad. Quedan secuelas: miles de desaparecidos, pa√≠ses carcomidos por el narcotr√°fico y una clase pol√≠tica y empresarial incapaz educada en la corrupci√≥n sist√©mica.

EEUU y Reino Unido patrocinaron en 1953 el golpe de Estado contra Mohammad Mosaddegh, primer ministro iraní elegido democráticamente. En su lugar instalaron al Shah Reza Pahlavi, un dictador que inundó las páginas de las revistas del corazón con la misma facilidad que llenó sus cárceles de torturados tras su matrimonio con Farah Diva.

Deberían ver el documental Coup 53 de Taghi Amirani.

Después vino la guerra de Suez porque al líder egipcio Gamal Abdel Nasser se le ocurrió nacionalizar nuestro canal que pasaba por su país. Hablábamos del efecto mariposa. De las ruinas del régimen del Shah surgió la revolución iraní de los ayatolás. De Nasser y los otros líderes panárabes como Muammar Gadafi y Sadam Husein brotaron movimientos yihadistas que han extendido su influencia por el Sahel africano, una ruta mortal para la inmigración que huye de guerras y trata de alcanzar Eldorado europeo.

El siguiente v√≠deo muestra un discurso de Nasser de 1958 en el que se mofa de la exigencia del l√≠der de los Hermanos Musulmanes de obligar a las mujeres a llevar hiyab. ¬ŅNos reir√≠amos tanto ahora? La historia se mueve aunque no sepamos leerla.

Pueden argumentar, y har√≠an bien, que Gadafi y Husein eran dictadores, igual que el sirio Basar el Asad. Fueron nuestros hijos de puta, o los de Mosc√ļ en el caso de Siria, mientras eran √ļtiles. Luego, la propaganda los coloc√≥ el cartel de indeseables. ¬ŅEra mejor el Shah de Persia? ¬ŅLo es el pr√≠ncipe heredero de Arabia Saud√≠ Mohamed Bin Salman?

Aquellas intervenciones en asuntos de otros países en beneficio de nuestros intereses y una actitud benevolente y neocolonialista crearon un cultivo de odio hacia EEUU, y a Occidente en general. Es un odio esquizofrénico porque combinaba el rechazo con la admiración.

Ese sentimiento que prendió en las calles de Bagdad, Islamabad, El Cairo o Argel anida en miles de jóvenes árabes de segunda y tercera generación que viven en las banlieues de Francia. Son europeos que sienten la asfixia de una crisis que les deja sin oportunidades. Es cierto que le sucede también a la mayoría de los jóvenes blancos, pero ellos notan el rechazo de la piel. De la oportunidad del multiculturalismo hemos pasado al miedo al otro, al diferente. Son espacios en los que triunfan los discursos del odio, sean yihadistas o de extrema derecha.

Una de las herencias psicológicas y políticas de los atentados del 11S es el miedo. No importa lo fuerte que sea una superpotencia ni las armas de destrucción masiva que tenga para defenderse, 19 personas con cutters pueden secuestrar cuatro aviones y atacar Nueva York y Washington de manera casi simultánea. Desde ese día, todo el mundo es sospechoso.

La desconfianza ante un enemigo invisible, dif√≠cil de descubrir y frenar, ha derivado en una renuncia colectiva a derechos fundamentales, como los derechos humanos y la presunci√≥n de inocencia. Guant√°namo y otros agujeros negros de tortura nos han destruido moralmente como sociedad. ¬ŅSomos mejores que el mal que combatimos? ¬ŅCu√°ntos civiles han muerto en Afganist√°n e Irak? Solo contamos a los nuestros, no como acto de memoria y respeto sino como justificaci√≥n de una respuesta militar. Tenemos suerte de tener la propiedad de la m√°quina de los adjetivos, de ser los que deciden qui√©n es terrorista y qui√©n no.

La cesión de nuestra intimidad a los aparatos de seguridad del Estado forma parte de la misma renuncia. Acabaremos como nuestros invadidos, en un teatro de democracia sin contenido. Se imponen los regímenes fuertes, los que garantizan mano dura frente a los malos, un cajón de sastre en el que cabe cualquiera. Llevamos encima teléfonos móviles y otros artilugios que nos vigilan, nos escuchan y siguen.

El derrumbe de las Torres Gemelas fue el símbolo de un hundimiento más amplio, como en la URSS de Brezhnev. Ahora resulta evidente con el colapso de EEUU en Afganistán. Se acabó el siglo americano sin que haya noticias de una Europa agazapada entre mercaderes, sin el valor de dar el salto hacia la unidad política y defender su visión del mundo.

Han pasado 20 a√Īos del 11S y nada hemos aprendido de aquellos tr√°gicos d√≠as, como nada aprenderemos de la pandemia. Seguimos instalados en nuestra fantas√≠a de vivir en un mundo rico lleno de pobres que no vemos. Somos el imperio romano en v√≠speras del asalto de los b√°rbaros.


Fuente: https://www.infolibre.es/noticias/o…




Fuente: Grupotortuga.com