September 21, 2021
De parte de Asociacion Germinal
379 puntos de vista


Fuentes: elsaltodiario.com

Debemos oponernos rotundamente a la introducci贸n del pasaporte COVID, que convertir谩 nuestra vida cotidiana en una colecci贸n de infinitos check points.

Hemos alcanzado el l铆mite en el que no podemos seguir guardando silencio (si es que alguna vez lo hemos guardado) ante las medidas que con cada vez m谩s virulencia los estados de todo el mundo imponen en el marco de la pandemia de la COVID-19. Durante las 煤ltimas semanas hemos visto c贸mo primero en Francia, no sin resistencias y oposici贸n, el gobierno de Macron ha impuesto una nueva ley que hace obligatoria la vacunaci贸n para todo el personal m茅dico y, adem谩s, introduce el uso de un pasaporte sanitario que certifique estar al d铆a en la misma para poder acceder a cines, restaurantes y teatros (dentro de poco, si sus planes se cumplen, tambi茅n a trenes y aviones). Su ejemplo lo han seguido ya pa铆ses como Portugal, Grecia o Italia, que habla ya de pasaporte sanitario obligatorio para profesores y alumnos. Estas leyes est谩n imponiendo de facto la vacunaci贸n, y en la mayor铆a de los casos la tenencia de un smartphone, como condici贸n de acceso a la vida social.

Estas leyes est谩n imponiendo de facto la vacunaci贸n, y en la mayor铆a de los casos la tenencia de un smartphone, como condici贸n de acceso a la vida social.

Son muchos los riesgos asociados a la extensi贸n de este tipo de certificaci贸n obligatoria. Por un lado, este pasaporte sanitario sentar铆a el precedente de una mediaci贸n burocr谩tica que se convierte en imprescindible para el desarrollo de actividades del d铆a a d铆a. Si al final el pasaporte sanitario fuera necesario para entrar a bares, teatros, cines o trenes (como lo es ya hoy para los viajes internacionales), ser谩 imposible hacer casi nada sin contar con 茅l. Nuestro mundo se convertir谩 en una sucesi贸n de infinitos check points, ampliando hasta el absurdo el papel que hoy juega el pasaporte para la movilidad interterritorial. Ahora, 驴acaso la historia de esta medida de control burocr谩tico no es una clara evidencia de que las derivas que 茅stas pueden tomar una vez se introducen en la sociedad son tan imprevisibles como, por lo general, peligrosas?

Si al final el pasaporte sanitario fuera necesario para entrar a bares, teatros, cines o trenes [鈥 nuestro mundo se convertir谩 en una sucesi贸n de infinitos check points.

El pasaporte sanitario extendido a nuestra vida cotidiana supondr铆a, por tanto, la creaci贸n de una herramienta de control, seguimiento y exigencia burocr谩tica por parte del Estado cuya trayectoria es dif铆cil de predecir. 驴Qu茅 otras cosas podr铆a llegar a reflejar dicho pasaporte? 驴quiz谩 nuestro historial delictivo, nuestro estado de salud, el pago de nuestros impuestos, nuestros patrones de consumo? Por otro lado, 驴qu茅 otros 谩mbitos podr铆a llegar a mediar: el laboral, el formativo, el financiero? 驴Y si dicho pasaporte se llegara a hacer imprescindible para entrar al colegio o a la Universidad, o para contratar un seguro?

Esta herramienta de control burocr谩tico, adem谩s, aparece profundamente ligada a los smartphones, en principio sede privilegiada de un pasaporte dise帽ado como archivo digital a portar en un dispositivo. Si, como denunciamos en el manifiesto 鈥淟a necesidad de luchar contra un mundo virtual鈥, en este 煤ltimo a帽o el embate de la digitalizaci贸n y la informatizaci贸n del mundo ha ganado en intensidad y amplitud, una medida de este tipo ser铆a un paso m谩s en la conversi贸n del tel茅fono m贸vil en una obligaci贸n de facto. Esta universalizaci贸n del smartphone como mediador social universal forma parte de la pretensi贸n de convertir la digitalizaci贸n acelerada del mundo en un destino natural e inexorable, ocultando que en verdad constituye una elecci贸n social catastr贸fica que profundiza nuestras trayectorias de colapso ecosocial.

Ahora bien, cabr铆a preguntarse, 驴la importancia de la vacunaci贸n generalizada es tal que justifica la asunci贸n de estos y otros riesgos? Por lo pronto, el hecho de que no se imponga de forma directa la obligatoriedad de vacunarse sino que se opte por la estrategia sibilina de hacerla condici贸n del desarrollo normal de la vida resulta significativo de que encontrar una justificaci贸n para su imposici贸n no es sencillo. Al fin y al cabo, en nuestro Estado, la vacunaci贸n, como cualquier otro tratamiento m茅dico, no es obligatoria. Un principio crucial en el 谩mbito m茅dico es el de autonom铆a, la existencia de un consentimiento informado que haga que prevalezca la voluntad del paciente frente al criterio del experto sanitario. La introducci贸n de este pasaporte COVID supondr铆a una imposici贸n autoritaria que anular铆a de forma indirecta la posibilidad de una toma de decisi贸n libre.

En nuestro Estado, la vacunaci贸n, como cualquier otro tratamiento m茅dico, no es obligatoria.

Pese a todo, hay quien defender谩 que la salvaguarda de la salud p煤blica deber铆a pesar m谩s que todo lo anterior. Salvar vidas y proteger a los vulnerables ser铆a, desde ese punto de vista, m谩s importante que cualquier dubitaci贸n o, incluso, cualquier da帽o futuro que se pudiera derivar de las vacunas. Pero, ante una posici贸n de ese tipo, es inevitable preguntarse cu谩l es nuestro criterio a la hora de definir qu茅 es un riesgo para la salud p煤blica y cuantificarlo. Adem谩s hace inevitable preguntarse 驴qui茅n y c贸mo define qu茅 es leg铆timo hacer frente a lo que se considera un riesgo?

驴Qui茅n y c贸mo define qu茅 es leg铆timo hacer frente a lo que se considera un riesgo?

Si el criterio para definir la peligrosidad fuera el de la capacidad de producir muertes a lo largo del tiempo, 驴no ser铆an mucho m谩s peligrosos que la COVID-19 el cambio clim谩tico, la contaminaci贸n del aire o el transporte por carretera? 驴no generan muchas m谩s muertes enfermedades cr贸nicas asociadas a nuestros modos de vida actuales como el c谩ncer, las dolencias cardiovasculares, la obesidad o la diabetes? Si el criterio fuera el de la capacidad de generar da帽o econ贸mico, 驴no es mucho m谩s peligroso el modo en que el capitalismo industrial devasta la biodiversidad y erosiona las condiciones biosf茅ricas compatibles con la vida humana o exprime hasta las heces los 煤ltimos restos de los combustibles f贸siles, poniendo el riesgo el conjunto de procesos econ贸micos? O m谩s a煤n, si construy茅ramos un criterio de riesgo que introdujera factores sociales m谩s amplios, 驴no ser铆a la desigualdad una plaga social mucho m谩s grave y virulenta que la COVID-19?

驴No ser铆an mucho m谩s peligrosos que la COVID-19 el cambio clim谩tico, la contaminaci贸n del aire o el transporte por carretera?

Ninguno de esos problemas son objeto de medidas de excepci贸n por parte de estados de todo el mundo. Tampoco es habitual defender que la lucha contra ellos, cuando se da, legitime la suspensi贸n de la autonom铆a de la manera en la que lo har铆a el pasaporte COVID. No constatamos la omnipresencia de estas cuestiones en los debates p煤blicos, ni hay una emergencia nacional ni mundial frente al colapso ecosocial鈥 Y cuidado, con lo anterior no pretendo sugerir que ser铆a deseable que la necesaria reorganizaci贸n social que necesitamos con urgencia emulara las medidas que han seguido a la extensi贸n de la COVID-19.

En este 煤ltimo a帽o y medio muchas personas cercanas al ecologismo no han perdido la oportunidad de decir algo as铆 c贸mo: 鈥渓o que esta crisis demuestra es que el Estado s铆 tiene capacidad de maniobra y de imposici贸n y que, por tanto, puede tambi茅n hacer uso de ella para luchar contra el cuadro de patolog铆as que presenta nuestro planeta Gaia鈥. No es casual que en este 煤ltimo a帽o la popularidad de autores como Andreas Malm, que expl铆citamente aboga por un ecoleninismo que emule las revoluciones autoritarias y militaristas del siglo XX, haya aumentado notablemente.

Que desde el ecologismo social amparemos, aunque sea con todo tipo de matices, este tipo de vinculaci贸n entre lucha contra la crisis ecosocial y reducci贸n de derechos es profundamente peligroso. Primero, porque genera la ilusi贸n de que el Estado, un organismo hist贸ricamente corrupto, olig谩rquico, autoritario y burocr谩tico, puede llegar a convertirse en un auscultador del bien com煤n y una herramienta cuasi neutra de mediaci贸n y organizaci贸n de la vida social. O, como poco, de que es l铆cito confiar en que cierto tipo de Estado ser谩 capaz de poner freno al caos por venir, aunque para ello tuvi茅ramos que pagar el precio de la constituci贸n de nuevos ecoautoritarismos de izquierda que emularan, con nuevos ropajes, los viejos autoritarismos de la izquierda del siglo XX.

Que desde el ecologismo social amparemos este tipo de vinculaci贸n entre lucha contra la crisis ecosocial y reducci贸n de derechos es profundamente peligroso.

Pero, en segundo lugar, porque indirectamente estamos contribuyendo a la instauraci贸n de un clima discursivo que puede dar alas al reforzamiento de discursos ecofascistas que tomen como coartada estas crisis para hacer avanzar programas regresivos y can铆bales en lo social. Aunque es de caj贸n que diferentes tipos de Estado tienen el potencial de general distintos escenarios de respuesta frente a las crisis presentes y futuras, hoy m谩s que nunca tenemos que abogar por procesos de autoorganizaci贸n social que tomen como propio el reto de transformar nuestros modos de vida, nuestros metabolismos, nuestras tecnolog铆as, nuestros deseos y nuestras prioridades sociales. Solo as铆 podremos conjugar la lucha contra la crisis ecosocial con la defensa e incluso profundizaci贸n de la democracia. Nuestras propuesta deben estar basadas en una noci贸n sustantiva de autonom铆a social, y en ning煤n caso pasar por la reducci贸n de derechos y el protagonismo del Estado.

En todo caso, y al margen del dif铆cil debate que las consideraciones anteriores abre, podemos afirmar que, incluso asumiendo que la COVID-19 fuera el riesgo n煤mero uno para la salud p煤blica del momento y que, por tanto, la necesidad de luchar contra ella tuviera que ser la prioridad absoluta de nuestra organizaci贸n social, la vacuna seguir铆a sin ser nuestra 煤nica opci贸n. Es m谩s, hasta cierto punto lo que esta soluci贸n tecnocient铆fica oculta son las causas estructurales que han permitido la aparici贸n y la extensi贸n de esta pandemia, que no son otras que el capitalismo globalizado y la trayectoria destructiva de las din谩micas industriales. Sin hacer mella en esas causas mediante transformaciones sociales y econ贸micas, que deber铆an comenzar por la reestructuraci贸n del sistema sanitario, su democratizaci贸n y el aumento de los recursos sociales destinados al mismo, a la vuelta de la esquina nos esperar谩n m谩s pandemias y crisis de todo tipo (clim谩ticas, energ茅ticas, de subsistencia, etc.)

La raz贸n de fondo de la centralidad que ha adquirido la b煤squeda de la vacuna primero, y su imposici贸n obligatoria despu茅s, es la hegemon铆a del imaginario del progreso, la tecnololatr铆a de nuestras sociedades, la naturaleza capitalista de nuestra econom铆a y el ansia de beneficios de las empresas farmac茅uticas. Nada de ello deber铆a bastar para justificar el tipo de experimentaci贸n a gran escala que supone la pretensi贸n del 100% de vacunaci贸n a nivel mundial, una medida que adem谩s contradice una de las ense帽anzas b谩sicas del Principio de Precauci贸n: ante la sospecha de posible da帽o es crucial la existencia de poblaci贸n no expuesta que pueda despu茅s servir como grupo de control para los estudios epidemiol贸gicos. Mucho menos deber铆a poder justificar la extensi贸n de medidas de control como el pasaporte COVID.

La raz贸n de la centralidad que ha adquirido la vacuna es la hegemon铆a del imaginario del progreso y la naturaleza capitalista de nuestra econom铆a.

En conclusi贸n, todo tiene un l铆mite, y no podemos seguir guardando silencio. Estos debates, y probablemente muchos otros, tienen que abrirse de la forma mas amplia y serena posible. No podemos seguir tolerando que la polarizaci贸n social creada en torno al concepto de negacionismo nos impida tener capacidad de influencia democr谩tica en nuestro devenir social. Y, por supuesto, tenemos que impedir que medidas autoritarias como la introducci贸n del pasaporte COVID sienten peligrosos precedentes en una 茅poca que, por desgracia, sabemos que promete ser convulsa.

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Fuente: Asociaciongerminal.org