February 1, 2023
De parte de Todo Por Hacer
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Por Juan Cruz L贸pez, autor de Edades de tercera. Historia y presente de una vieja desigualdad (editorial Descontrol, Barcelona, 2022).   

Arranca el nuevo a帽o y muchos tenemos la sensaci贸n de que la sociedad espa帽ola ha pasado p谩gina en relaci贸n a la pandemia. Seguimos observando 鈥攃on cierta estupefacci贸n, eso s铆鈥 las noticias sobre los rebrotes del virus en China, pero ya sin dramatismos, ya sin el miedo incorporado a nuestro d铆a a d铆a鈥 Llegados a este punto, a煤n queda, claro est谩, la sensaci贸n compartida de que hemos atravesado una crisis social sin precedentes, de car谩cter mundial, que se ha llevado por delante la vida de miles de personas; una crisis, la provocada por el COVID-19, que ha puesto el foco en la fragilidad de un sistema cuyas costuras se han vuelto visibles, evidenciando de manera tr谩gica las consecuencias de una gobernanza neoliberal que ha precarizado nuestra existencia, debilitando los sistemas de salud y deteriorando en grado sumo las condiciones de trabajo de la mayor parte de los trabajadores y trabajadoras.

Parad贸jicamente, si durante el confinamiento pudimos advertir la vastedad de los trabajos imprescindibles para el sostenimiento de la vida en com煤n, valorando en su justo t茅rmino el trabajo aportado por las limpiadoras, basureros, cajeras de supermercado, jornaleros, enfermeras, etc茅tera, pasada la tormenta no ha quedado ni el m谩s m铆nimo rastro de las consecuencias positivas de ese desvelamiento puntual que nos permiti贸 ponderar la importancia del quehacer diario de quienes alimentan nuestros cuerpos, limpian nuestras calles o cuidan de los m谩s d茅biles, solo por citar tres ejemplos.

Por su parte, si echamos la vista atr谩s y revisamos la respuesta del movimiento libertario a la crisis del coronavirus, al menos en lo que respecta a Espa帽a, observaremos que dicha respuesta fue bastante desigual: se estuvo donde se ten铆a que estar, desde luego, aunque no en todos los sitios donde se debi贸 estar; algo que, pienso, tiene que ver con la debilidad del movimiento en su conjunto, pero tambi茅n con nuestra escala de intereses, sin duda consecuente a nuestras l铆neas de actuaci贸n hist贸ricas y a la emergencia de algunos posicionamientos relacionados con las medidas puestas en marcha por el Estado para hacer frente a la crisis sanitaria.

En ese sentido, hay que valorar positivamente el hecho de que muchos militantes se volcaran en la creaci贸n y fortalecimiento de las redes de apoyo mutuo tejidas en los barrios, cubriendo huecos imposibles de atender por los servicios sociales dependientes de las distintas administraciones. En el 谩mbito laboral, tampoco podemos olvidar el gran despliegue de solidaridad puesto en marcha por los sindicatos de CNT, cuyos grupos de acci贸n sindical se volcaron en atender miles de consultas, echando cables donde hac铆a falta y ayudando como se pod铆a a todos los trabajadores y trabajadoras que llamaban a los sindicatos solicitando informaci贸n. Finalmente, tampoco podemos olvidar el trabajo de comunicaci贸n de algunos colectivos que pusieron el foco en la cr铆tica al securitismo y el refuerzo, por parte de los poderes del Estado, de los argumentarios criminalizadores de la protesta social.

Sin embargo, el mutismo de la militancia libertaria, de sus colectivos y organizaciones, ante el asesinato de miles de ancianos y ancianas desatendidos en las residencias, v铆ctimas de los infames protocolos sanitarios y la estrategia gerontocida adoptada por las distintas administraciones para resolver la situaci贸n de estr茅s de recursos sanitarios, habla a las claras de c贸mo el edadismo ha permeado en nuestro sistema de creencias, retratando la insuficiencia de nuestro an谩lisis social y evidenciando la estrechez, no solo de nuestra autonom铆a pol铆tica, sino de nuestra capacidad de intervenci贸n en una situaci贸n de crisis multifactorial (algo que, como poco, deber铆a hacernos repensar las estrategias esencialistas que conllevan el aislamiento de nuestro movimiento y sus integrantes).

Quede claro que lo anterior es una cr铆tica asumida, para empezar, por el que esto escribe, y que podr铆a hacerse extensiva al conjunto de las organizaciones pol铆ticas y sindicales de izquierda. Precisamente por ello, considero inopinable la exigencia de un debate en el seno de los movimientos sociales que aborde todas las cuestiones relacionadas con el proceso de envejecimiento, desbordando el leg铆timo inter茅s por el sistema de pensiones y las residencias de mayores.

A partir de ah铆, y por lo que respecta al movimiento libertario, ser铆a interesante intervenir en este debate social, cuyas l铆neas maestras est谩n siendo marcadas por los grupos de presi贸n del capital privado (aseguradoras, bancos, empresas vinculadas a la sanidad privada鈥), para aportar una perspectiva revolucionaria, superadora, que se帽ale la inanidad de algunas estrategias de mejora de la condici贸n social de los ancianos que, por un lado, ignoran la cuesti贸n de clase y, por otro, favorecen que las soluciones partan exclusivamente del 谩mbito especializado de la gerontolog铆a; una perspectiva, decimos, que interconecte las luchas contra el estado del malestar y acabe por situar la vida buena de la mayor铆a como aspiraci贸n prioritaria de nuestras sociedades.         

Pero para ello necesitamos desencajar nuestra mirada de los debates de actualidad y retomar una agenda propia que, para el 谩mbito que nos ocupa, nos haga retomar la fecunda tradici贸n de pensamiento demogr谩fico vinculada al anarquismo, ampliando nuestro marco de intereses y apostando por la construcci贸n de una estrategia de futuro que nos permita abrir caminos de esperanza. No podemos permitir 鈥攁qu铆 tampoco鈥 que nuestras condiciones de vida, tambi茅n durante los 煤ltimos a帽os de nuestra existencia, se vean determinadas por las consecuencias sociales de un sistema que valoriza a las personas en funci贸n de su capacidad de producci贸n y consumo, orillando a las personas dependientes y despreciando la contribuci贸n social de sus cuidadoras.

Y es que, por mucho que se empe帽en los propagandistas del fin de la historia en decirnos lo contrario, queda mucha tela que cortar en la batalla por el mundo que nos ha de suceder. Lo comprobamos a diario con la infinidad de luchas, silenciosas y olvidadas por los grandes medios, que sostienen por todo el planeta los grupos humanos que, contra todo pron贸stico, han decidido no renunciar a construir su propio presente. Alimentar esas luchas, multiplicarlas si se puede, es responsabilidad de todos; como tambi茅n lo es no abandonar en el camino a nadie.

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Fuente: Todoporhacer.org