July 24, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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Jesús era un anarquista muy conocido y apreciado en Valladolid y los pueblos de su entorno. A causa de las torturas a que fue sometido por los sublevados, la gente le recordaba como “el crucificado de Tudela”

por Orosia Castán

Jesús de Diego pertenecía a una de las familias de industriales más prósperas de Tudela. 

Sus padres eran Bernardo de Diego Franco y María Delgado Llopis, ambos naturales de Tudela de Duero. La familia tuvo nueve hijos: Ovidio, Acindina, Vicenta, Cristina, Jesús, Juliana, María, Eustaquio y Herminia.

María Delgado y sus hijos

Jesús de Diego, el quinto hijo, nació en Tudela de Duero a las cinco de la tarde del día 15 de octubre de 1900 en la casa de sus padres, en la calle 29 de Diciembre.

Sus padres eran panaderos y llegarían a tener dos hornos. Además, la familia consiguió la concesión de la gasolinera del pueblo, situada en la Avenida de Valladolid, ante la casa adonde se trasladarían. Precisamente esta concesión, ambicionada por otra familia del pueblo, sería motivo de enemistades que culminarían en acusaciones, calumnias y denuncias contra Jesús de Diego.

Gasolinera en la avenida Valladolid

En la familia hubo dos víctimas de los sublevados franquistas, Jesús y su cuñado Domingo Alcázar, que estaba casado con su hermana María de Diego. Los demás hermanos no tuvieron problemas, aunque la familia sufrió acoso y expolio económico. El hermano mayor, Ovidio, también tenía ideas anarquistas, pero vivía en Francia y la represión no pudo alcanzarle.

Durante su primera juventud, Jesús sufrió un accidente que le dejaría cojo de la pierna derecha (en Valladolid se le conocía como “El Cojo de Tudela”). Acerca de este accidente hay dos versiones; una dice que se produjo trabajando en el ferrocarril, cuando se le clavó un hierro en el pie, pero también nos han contado que sufrió un accidente de moto. La consecuencia del accidente es que perdió la movilidad de la pierna, que le quedó rígida.

Tarjeta de identificación de Jesús de Diego durante su estancia en Saint Denis

En 1929 se marchó a Francia, donde ya residía su hermano Ovidio. Allí, en el barrio de Saint-Denis, había una gran colonia de españoles, la mayoría de los cuales se había exiliado en la época de la dictadura de Primo de Rivera, huyendo de la Guerra de Marruecos. Se trataba de personas concienciadas políticamente, y muchas de ellas regresarían a España en 1931 con el triunfo de la República. Eso es lo que hizo Jesús, que llegó a Madrid a finales de noviembre de 1931.

Jesús de Diego (derecha) con su hermano Ovidio en París

En la capital tomó contacto con la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), donde conoció a Luz Araujo, perteneciente a una familia asturiana que se había establecido en Carabanchel, en cuyo ayuntamiento se casarían unos meses más tarde civilmente.

Luz Araujo

Pero en aquel momento, Jesús intentó encontrar trabajo en Madrid sin conseguirlo, por lo que a mediados de diciembre decidió regresar a Tudela, donde estaba su familia, que necesitaba su ayuda para llevar los negocios, ya que el padre había fallecido.

Jesús de Diego Delgado fotografiado por Alfonso en Madrid

Nada más llegar a Tudela, Jesús de Diego fue detenido por la Guardia Civil a causa de unas octavillas que había traído de Madrid y que criticaban la actuación del gobierno en los sucesos de Casas Viejas; se le formó expediente, pero no fue condenado. Esta detención temprana ya indica el seguimiento de las fuerzas del orden sobre su persona. Había repartido los panfletos en la Casa del Pueblo y también en la plaza principal, entre los jornaleros que buscaban trabajo, según declaró ante la autoridad.

Denuncia de la Guardia Civil

Jesús era anarquista, primero de la CNT y más delante de la FAI (Federación Anarquista Ibérica), aunque mantenía relaciones estrechas con los vecinos de todas las ideologías izquierdistas: con los del Partido Socialista, con los de UGT y con los comunista; hablaba con todos y con todos colaboraba. De hecho, compartía espacio con ellos, pues tenía un despacho en la Casa del Pueblo; y entre sus amistades personales se encontraba el alcalde socialista de la ciudad de Valladolid, Antonio García de Quintana, quien se acercaba a Tudela junto con su familia para visitar a Jesús, según recuerda su hija Teresa, presente en esas excursiones.

Enseguida se hizo popular y conocido en la ciudad y también en las localidades cercanas a Tudela de Duero, que recorría vendiendo su famoso pan integral, una novedad en aquellos tiempos. Porque Jesús de Diego, como buen libertario, era naturista y practicante de la medicina natural, de los baños de sol y de la alimentación sana, conceptos muy innovadores para la época.

Jesús Vendiendo Pan integral de Tudela

En el año 1936 Jesús estaba casado con Luz Araujo y tenían un niño, al que habían puesto el nombre de Helios; además, Luz estaba embarazada por segunda vez. Vivían en la casa familiar de los de Diego y trabajaban en el horno y en el reparto del pan por toda la zona. Jesús iba a Valladolid todas las semanas en el autobús de los Herguedas, con los que había llegado a un arreglo: iba gratis a cambio de hacer de cobrador del autobús y llevaba el pan en un carro de reparto.

Cuando se produjo la sublevación, grupos armados llegaron a Tudela, detuvieron a las autoridades municipales y comenzaron a producirse asesinatos, malos tratos y desapariciones de vecinos. Jesús se marchó a Valladolid y fue acogido en casa de una familia amiga, en los alrededores de la calle Pi i Margall (hoy Panaderos). La señora era comadrona y se llamaba Amparo. Su marido también fue detenido. Ambas familias eran amigas y afines políticamente y tenían un trato muy cercano.

Fotografía de boda de Luz y Jesús de Diego

Luz se arriesgó a visitar a su marido en su escondite de Valladolid. La tercera vez que lo hizo fue seguida por cuatro falangistas de Tudela. De esta forma llegaron hasta la casa, donde entraron por la fuerza. En el transcurso de la detención, Jesús fue herido, aunque después se dijo que había intentado suicidarse. Este hecho tuvo lugar el día 19 de Agosto de 1936. Los dueños de la casa también fueron detenidos, ya que en esos días se consideraba un delito grave el tener acogido a un fugitivo en casa.

A continuación le condujeron a Tudela, a los calabozos del Ayuntamiento. La captura de Jesús de Diego tuvo carácter de acontecimiento, de tal manera que los captores lo exhibieron en el balcón del Ayuntamiento, donde ya algunos vecinos y vecinas lo insultaron y amenazaron.

Después sufrió un primer interrogatorio acerca de un posible arsenal; como él lo negaba, los asesinos le maltrataron y lo retuvieron en los locales. Por fin, tras una larga sesión de torturas, finalizaron por clavarle un rótulo en la espalda, en el que según los testimonios habían escrito: “gasolina para quemar a los ricos” y hacerlo desfilar por la Calle Mayor hacia la zona del río conocida como Los Castrilleros, en cuya poza declaró que había tirado al agua una pistola. Este trayecto de Jesús de Diego supone y supondrá para siempre el gran baldón y la gran vergüenza de Tudela. Jesús, sangrando profusamente por sus heridas, maniatado, sin camisa y con un cartel clavado con clavos en su espalda, era conducido por la calle Mayor entre golpes, insultos y empujones. Iba seguido por una gran cantidad de gente, entre los que destacaban una veintena de mujeres, algunas de ellas vestidas con el uniforme de la Falange, que lo empujaban y le pegaban. Una de ellas, cuya identidad no queda clara, se le acercó y le llegó a pinchar con una aguja de hacer media; otros le insultaban desde los balcones. La dueña de una carnicería intentó arrojarle una sartén de aceite hirviendo desde el balcón de la calle Mayor.

Este espectáculo indigno de seres civilizados fue contemplado por todo el que quiso verlo, incluyendo a la madre de Jesús, quien pudo ver la agonía de su propio hijo, y a muchos niños, a quienes se les quedó grabado de forma indeleble, y a fecha de hoy, ochenta años después, no pueden evitar las lágrimas al referirlo. Cuentan también cómo los verdugos daban puñetazos en la cabeza a Jesús, exigiéndole que gritara “viva España”; y que él, sin camisa y ensangrentado, murmuraba sin cesar: “España impía; España asesina”.

Lugar del río donde se buscó el supuesto arsenal

Al llegar a la poza donde se suponía que había arrojado unas armas, pidió que lo dejaran tirarse. No sabía nadar y quizá quería morir de una vez; pero sus asesinos no le dieron la opción, y le ataron una cuerda a la cintura antes de tirarlo al agua. El cartel ignominioso quedó flotando en el agua. Las supuestas armas no aparecieron jamás. Jesús tenía una pistola, que entregó cuando fue detenido. De esa pistola no salió ni un solo tiro.

Para justificar este aquelarre sangriento, los vecinos derechistas le acusaban de todo tipo de cosas: de tirar al río la imagen de la Virgen de la Guía, que había desaparecido de su hornacina; de haber facilitado la gasolina para quemar la casa de un vecino del pueblo…que después se aprovechó de esta acusación para arrebatar a la familia la gasolinera; de haber participado en la quema de iglesias en Barcelona… justificaban con mentiras un episodio que pasará a los anales de la locura homicida humana y de la crueldad más espantosa ejercida por una multitud contra un hombre indefenso.

Fue un linchamiento en toda regla.

Federica Montseny en Tudela de Duero (La Revista Blanca, año 10, número 225, 1 de octubre de 1932, p.272) (FUENTE)

La causa real es que Jesús de Diego era un hombre de ideas avanzadas y con muchas relaciones importantes. Había viajado; tenía formación; dominaba la lengua francesa; recibía prensa de todas partes y en su casa había cientos de libros y publicaciones (que su familia quemó en los hornos de la panadería: dos carretadas); y la propia Federica Montseny, famosa dirigente anarquista y después Ministra de Sanidad, acudió en tres ocasiones a Tudela, alojándose en casa de los de Diego, visitas de las que existen fotos y un testimonio escrito por la propia Montseny.

Segunda visita. Señalados Jesús de Diego y Federica Montseny

Estas eran las razones por las que Jesús era considerado muy peligroso y por las que fue linchado.

Tras la escena del río, Jesús fue conducido de nuevo a los calabozos del Ayuntamiento, donde lo retuvieron una tarde y una noche. En la madrugada siguiente lo sacaron del edificio. Era el 21 de Agosto de 1936.

Hubo testigos presenciales, que contaron que cuando lo subieron a la camioneta estaba ya muerto. En el grupo que lo sacó del ayuntamiento y lo subió a la camioneta estaba una mujer tudelana perteneciente a Falange y temida por llevar encima y utilizar una pistola; un guardia civil del puesto de Tudela y dos o tres hombres más. La camioneta salió del pueblo por el puente sobre el Duero.

Los mismos integrantes del grupo dijeron que habían dejado el cadáver en un pinar de las afueras de Tudela. Su cuñado Agapito Díez fue a recoger el cuerpo con un carro de mano. Al final del puente se encontró con un piquete armado que custodiaba una metralleta que se emplazó en el lugar el día 20 o 21. Le preguntaron a dónde iba, y él contestó que a recoger el cadáver de su cuñado, que había sido fusilado. Los del retén le increparon, diciendo que “habría muerto, pero que nadie lo había matado”. Los sublevados no querían asumir sus asesinatos en esos momentos inciertos. Por fin, y después de discutir, Luis pudo llegar hasta el cadáver y se lo llevó al cementerio de Tudela. Lo enterraron allí, cerca de la pared, a la izquierda de la entrada. Su madre le puso una lápida en forma de corazón con la leyenda “A mi Jesús”.

Tumba de Jesús de Diego. Cementerio de Tudela de Duero

Muchos años más tarde, el enterrador se atrevió a contar algunos detalles acerca del caso, como que lo enterró sin caja; que iba envuelto en una manta y que “llevaba tal cantidad de hierro en el cuerpo, que pesaba de forma increíble; iba lleno de agujas, alfileres y clavos, de manera que pesaría más todo aquello que el propio cuerpo…”

Su mujer, Luz Araujo, con un niño de dos años y embarazada de siete meses, fue acosada, perseguida, insultada y atacada. Cada vez que caía una capital en manos de los nacionales, los falangistas la sacaban de casa y la obligaban a desfilar brazo en alto. La obligaron a bautizar a su hijo Helios, cambiándole el nombre por el de Ramón. Poco después de estos sucesos nació el segundo hijo de la pareja, un niño póstumo al que pusieron el mismo nombre que su padre. 

Toda la familia de su marido la protegía y amparaba, y sobre todos ellos, María, su suegra, que quería a Luz como a una hija propia; pero no podían evitar el acoso, los insultos y los ataques a que los golpistas y muchos vecinos de la localidad la sometían.

Ese fue el motivo de su marcha del pueblo, agobiada por la presión que no cesaba y por el recuerdo de lo que aquel pueblo había hecho con su marido. Luz Araujo ha sido una víctima propiciatoria, a la que los verdugos no dejaron en paz jamás; a pesar de salir del pueblo, intentaron destruir su nombre y su honor, malquistándola incluso con las generaciones más jóvenes por medio de habladurías y calumnias que intentaban justificar la saña con la que destruyeron su vida y la de sus dos hijos.

Poco tiempo después, las “nuevas autoridades” citaron a la madre de Jesús, María Delgado, y la obligaron a firmar unos documentos en los que renunciaba a la concesión de la gasolinera, que pasó a manos de una familia rival, la misma que en su día se la había disputado y que había llegado a acusar a Jesús de facilitar la gasolina con la que alguien intentó quemar la puerta de su casa. Esta grave acusación fue el origen de la agresión sufrida por Jesús cuando fue detenido, así como la base de la condena a muerte de Luciano Montalvillo, un joven tudelano que fue fusilado por estas acusaciones.

Ofrenda floral a las víctimas del franquismo en Tudela de Duero, octubre de 2011

Durante los años del franquismo, las autoridades pusieron todas las dificultades que pudieron a los hijos y a la viuda de Jesús de Diego, llegando incluso a negarles documentos necesarios para realizar su vida normal. Esta persecución fue sañuda desde el Ayuntamiento de Tudela, cuyo secretario obstaculizó incluso la boda del menor de los hijos por el procedimiento de no entregarle la documentación; les negaron también los documentos del enterramiento de su padre, y así sucesivamente. Cuando esto ocurrió habían transcurrido más de 25 años del asesinato de Jesús, lo que indica que nadie, para bien o para mal, había olvidado lo sucedido.

Ya en la democracia, Helios de Diego pudo recuperar su auténtico nombre, el que sus padres habían elegido para él y que le fue arrebatado por los poderes fascistas, tal y como habían hecho con su padre, con sus bienes y con su futuro.

CNT Valladolid despide al compañero Helios, hijo de Jesús de Diego, militante de la CNT asesinado en 1936 en Tudela de Duero

Helios y Jesús de Diego Araujo

por Rubén Ruiz, militante de la CNT

Conocí a Helios y a Jesús (hijos de Jesús de Diego) en aquellas intensas jornadas donde empezábamos a organizar (casi sin medios) los actos que se llevaron a cabo en Tudela de Duero para resarcir la memoria de las víctimas y represaliados del régimen franquista.

Me siento muy orgulloso de las personas que formaron parte de ese homenaje, del coraje y del corazón que pusieron para que el dolor se volviera justicia, para que el odio se volviera memoria y para que la historia por derecho propio, fuera contada por quienes sufrieron en sus carnes el terror de un régimen impuesto por las armas.

Hasta ese momento, en Tudela de Duero como en otros lugares, la historia había sido contada por los vencedores (ocultando con ello los horribles crímenes de estado que cometieron) bendecidos por la iglesia y el capital internacional. Pero al final, esa verdadera historia, muy dura pero real, tras una larga investigación, fue saliendo a la luz. No solo la colaboración de las víctimas fue fundamental para que la verdad fuera aflorando, sino también la de algunos verdugos. Jamás habían podido olvidar los asesinatos, las vejaciones y todas las acciones inhumanas cometidas. Estas acciones los avergonzaban como personas a lo largo del tiempo. Se puede engañar a los demás jamás a uno mismo.

De todos aquellos testimonios el más sádico, el más horrendo y todos los adjetivos que el lector quiera añadir, fue el del asesinato del militante de la CNT Jesús de Diego. No quiero entrar a hacer valoración en estas líneas de ese crimen, pues creo que ahora no es momento, ni día para ello. Además mi compañera (con lo que significa esa palabra) Orosia Castan de Verdad Y Justicia, lo ha hecho estupendamente en la página web del colectivo. Lo que sí que voy a valorar, es la constancia de una familia por salir adelante cuando los franquistas asesinos, mataron a varios familiares directos.

Es complicado en esta actualidad que vivimos (aun cuando las injusticias siguen siendo el pan de cada día), que nos podamos poner en la carne de aquellos que tuvieron que subsistir en base a la solidaridad de los amigos, que corriendo peligro se saltaban las normas para alimentar a las familias señaladas, para dar trabajo a los hijos de los rojos o acoger en otros pueblos a estas familias, cuando la situación en sus lugares de origen se volvía peligrosa.

Todo esto y más y mucho más, soporto la familia de Jesús de Diego. Lo más importante es que ellos jamás han querido que esos sucesos se olvidaran. Ramón (el nombre que le impusieron los verdugos), muerto el asesino Francisco Franco, recupero su verdadero nombre… Helios. El nombre que su padre y su madre le pusieron cuando nació en la alegría de las ideas libertarias que sus padres profesaban.

Y allí estuvieron Helios, Jesús y toda su familia, en primera línea en los actos que llevamos a cabo, orgullosos de las ideas de su padre aun sabiendo que esas ideas fueran uno de los motivos que los fascistas señalaron para acabar con su vida. Y también yo, que fui muy querido por ellos, al saber que todavía hay personas que defendemos los derechos y la dignidad de los trabajadores bajo la bandera rojinegra de la CNT.

En estos últimos tiempos Helios, quiso donar al sindicato, muchos de los legajos que conservaba de su padre. Posiblemente ya veía la hora de la muerte cerca y quiso dejarlos en casa. Porque nuestra gente, en todos y cada uno de los locales de la CNT y con cada uno de los afiliados a este sindicato, están en su casa y con su familia.

Gracias por todo Helios y que la tierra te sea leve compañero.

por CNT Valencia

Desde CNT queremos recordar a Jesús de Diego Delgado, militante de la CNT y la #FAI, torturado y expuesto públicamente para mayor escarnio a su madre que lo presenció todo con contenida impotencia y desesperación.

Diego fue detenido en Valladolid bajo falsas acusaciones los primeros días del Golpe de estado de julio de 1936. La captura de Jesús de Diego tuvo carácter de acontecimiento, de tal manera que los captores lo exhibieron en el balcón del Ayuntamiento, donde ya algunos vecinos y vecinas lo insultaron y amenazaron. tras una larga sesión de torturas, finalizaron por clavarle un rótulo en la espalda, en el que según los testimonios habían escrito: “gasolina para quemar a los ricos” y hacerlo desfilar por la Calle Mayor hacia la zona del río conocida como Los Castrilleros, en cuya poza declaró que había tirado al agua una pistola. Este trayecto de Jesús de Diego supone y supondrá para siempre el gran baldón y la gran vergüenza de Tudela. Jesús, sangrando profusamente por sus heridas, maniatado, sin camisa y con un cartel clavado con clavos en su espalda, era conducido por la calle Mayor entre golpes, insultos y empujones…

Los actos de tortura y malos tratos son considerados crímenes de derecho internacional. Asimismo, en determinadas circunstancias, pueden constituir crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad o actos de genocidio.

Tudela se acuerda de sus represaliados

El municipio rinde homenaje a sus 57 asesinados. También hubo más de 160 perseguidos por sus ideas republicanas

por Genuino Madrid | Tudela de Duero

Son pocos ya los vecinos de Tudela de Duero que puedan testimoniar que a comienzos de los años treinta del siglo pasado hubo en el pueblo un hombre llamado Jesús de Diego Delgado, que despachaba gasolina en uno de los primeros surtidores de la provincia y vendía en Valladolid los primeros panes integrales de su obrador familiar.

Jesús, que había nacido con el siglo, pertenecía a una familia acomodada e ilustrada, que poseía más de 400 libros en su biblioteca particular. Además, destacaba por su actividad e ideales políticos y como dirigente local de la CNT y de la FAI, que había logrado traer a su pueblo a la entonces ministra republicana de Sanidad, Federica Montseny. Pero sus ideales y proyectos se vieron frustrados con la Guerra Civil.

Temiendo por su vida tras el estallido de la contienda, Jesús buscó protección en casa de unos correligionarios, en Valladolid. Pero sus enemigos descubrieron el escondite tras seguir a su esposa. Lo apresaron y volvieron con él a Tudela, donde le sometieron a un cruento castigo físico y moral, que algunos no han dudado en comparar con la recreación de la Pasión de Cristo.

“También se llamaba Jesús, lo pasearon por el pueblo dándole palos y lo sacaron al balcón del Ayuntamiento para mostrarlo a los vecinos, mientras que algunos pedían a gritos que lo mataran”, explica su hijo póstumo, también llamado Jesús. Luego lo sacaron del pueblo y le dieron un tiro en la carretera de Las Maricas. De allí, fue llevado al cementerio por su cuñado.

Además, su familia perdió la gasolinera, su viuda tuvo que marcharse a Villabáñez y a su hijo mayor le obligaron a cambiar el nombre de pila –Helios– por el de Ramón, hasta que la apertura democrática le permitió recuperarlo.

Más de 200 represaliados

Los hecho relativos a las represalias sufridas por Jesús de Diego Delgado solo sirven ya como un ejemplo más de los crueles días que vivió el municipio de Tudela en los años de la Guerra Civil y posteriores. Hay quien asegura que hubo más de 57 asesinados y 160 represaliados con persecuciones torturas y cárcel.

Otros ejemplos destacados los encontramos en el ilustre Antonino Jarabo, que pasó por 22 cárceles diferentes en los 17 años que permaneció prisionero del régimen, hasta que terminó exiliado en Tudela de Duero, tras su liberación.

Otro destacado preso del franquismo fue Francisco Paisa, que salió de la cárcel en 1956 tras batir el tiempo de pena en presidio entre todos los represaliados tudelanos.

También es destacada la historia de Pedro Peñalba, que perdió 25 años de su vida entre el servicio militar, la guerra y la cárcel.

Otros, tuvieron menos suerte y fueron fusilados, como el guardia jurado Domingo Alcázar, el alcalde republicano Pablo Arranz Sanz, sus concejales Teófilo Peñalva Nicolás y Serapio González Sanz, el presidente de la Casa del Pueblo, Guillermo González Ramos, o el presidente de la Sociedad Agraria, Fortunato Román Abad.


Paseo de la Memoria para las víctimas del franquismo en Tudela

En el lugar se plantaron 45 árboles y se levantó una escultura

“Que la memoria pase a ser historia”. Con ese objetivo ha trabajado casi dos años en Tudela de Duero el Grupo Verdad y Justicia y el Colectivo de Familiares y Amigos de las Víctimas del franquismo. Casi dos años de investigación para poner nombre a la represión en la localidad vallisoletana.

Tras un homenaje el pasado mes de julio a los asesinados tras el golpe del 36, la inauguración este domingo de un paseo en los Jardines del Arenal completa el tributo, también organizado por la sala de conciertos El Lokal y la peña ‘No pasarán’. En el lugar se han plantado 45 árboles y se descubrió una escultura del artista local Miguel Isla. El resto lo pusieron los testimonios de los familiares, como Nuria Palencia, nieta de una de las mujeres asesinadas tras la guerra civil y madre del alcalde de Tudela, Óscar Soto.

La creación del denominado Paseo de la Memoria ha contado también con el apoyo del Ayuntamiento tudelano, tal como aprobó la Corporación en Pleno con unanimidad de todos los grupos. “Tudela de Duero da así un gran paso adelante haciendo posible, mediante la identificación exacta de las víctimas y el conocimiento verdadero de los hechos ocurridos, que la memoria pase a ser historia”, valoró la organización mediante un comunicado.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com