October 13, 2021
De parte de Nodo50
374 puntos de vista


Una treintena de denuncias en redes sociales cuestionan los m茅todos de la reconocida asociaci贸n. Hemos hablado con tres de las exempleadas.

Ilustraci贸n de Se帽ora Milton.

La comida justa. Los pisos cerrados con llave. La ropa cuanto menos provocativa mejor. Las bragas heredadas. El maquillaje prohibido. El contacto con la familia restringido a unos minutos a la semana. Estas son algunas de historias que cuentan antiguas trabajadoras de la asociaci贸n APRAMP (siglas de Asociaci贸n para la Prevenci贸n, Reinserci贸n y Atenci贸n de la Mujer Prostituida) sobre la situaci贸n en la que vienen mujeres sobrevivientes de redes de trata con fines de explotaci贸n sexual en los pisos en los que las acoge la organizaci贸n. Y no solo eso, tambi茅n narran que sus propios contratos de trabajo eran temporales, que se renovaban anualmente, que pocas duraban m谩s de dos a帽os, y que sus jornadas de trabajo eran de m谩s de 12 horas, con cambios de turnos imprevistos, con degradaci贸n de la categor铆a profesional y con menosprecio hacia sus conocimientos y propuestas.

Hace casi cinco meses que algunas de las trabajadoras y extrabajadoras de APRAMP denunciaron tanto la situaci贸n en la que se vive en los pisos de acogida as铆 como su situaci贸n laboral. Lo hicieron a trav茅s del perfil de Instagram Alegr铆a Red Social, donde hay m谩s de 30 testimonios que coincid铆an. Algunas ni se conoc铆an entre ellas, pero casi todas estaban de acuerdo: APRAMP no era lo que dec铆a ser.

Tres de estas extrabajadoras se han atrevido a hablar despu茅s de las primeras denuncias y de las primeras amenazas por parte de la directiva de la asociaci贸n. 鈥淗ubo un par de despidos sin causa justificada鈥, comenta Enara, quien trabaj贸 en uno de los pisos de acogida en Madrid. Adem谩s cuentan que los contratos firmados despu茅s del esc谩ndalo medi谩tico, a los que Pikara Magazine ha tenido acceso, incluyeron una cl谩usula de confidencialidad. De hecho, muchas de las empleadas se han echado para atr谩s a la hora de hablar y denunciar p煤blicamente la situaci贸n ante el miedo de no volver a conseguir trabajo en el tercer sector, un 谩mbito bastante cerrado y donde APRAMP cuenta con una gran relevancia. Por eso, se mantiene el anonimato de las tres fuentes consultadas para este reportaje y se usan nombres inventados. Y es que las fuentes cuentan que la asociaci贸n infunde una cultura del miedo y desarrolla c铆rculos de dominaci贸n. APRAMP, a quien se ha contactado para contrastar la historia y conocer su versi贸n. 芦Mantener una pol铆tica de fomento y respeto de los derechos humanos es la base del trabajo de APRAMP禄, explican desde la organizaci贸n a este medio.

El contexto

Espa帽a es el tercer pa铆s del mundo en el que m谩s prostituci贸n consume, solo por detr谩s de Tailandia y Puerto Rico, seg煤n datos de Naciones Unidas. Lo que deriva en que haya poderosas redes de trata de personas con fines de explotaci贸n sexual a lo largo de todo el pa铆s; se calcula que anualmente mueven unos 37 millones de euros. Con la Covid-19 el negocio de la trata y la prostituci贸n no ha parado, seg煤n recoge la investigaci贸n 鈥樷楤usiness can鈥檛 stop.鈥 Women engaged in prostitution during the COVID-19 pandemic in southern Spain: A qualitative study鈥 (鈥楲os negocios no pueden parar鈥. Mujeres que se dedicaron a la prostituci贸n durante la pandemia de COVID-19 en el sur de Espa帽a: un estudio cualitativo), publicado por la revista ScinceDirect. Sin embargo, la identificaci贸n y actuaci贸n de organismos dedicados a la denuncia del delito de trata se ha complicado y la situaci贸n de las mujeres se ha convertido en m谩s invisible y clandestina que antes.

Cuando la Polic铆a o la Guardia Civil entran en un club o en un piso particular y desarticulan una red de trata de personas, suele ser una asociaci贸n la que luego se hace cargo de esas mujeres. En Espa帽a este servicio est谩 tercerizado por el Estado. APRAMP es una de las asociaciones de reinserci贸n y atenci贸n a las mujeres prostituidas m谩s importante del pa铆s, y tiene sedes en Madrid, Murcia, Almer铆a, Salamanca, Badajoz y Asturias.

Las mediadoras

Uno de los puntos fuertes de APRAMP son las mediadoras interculturales, porque es la organizaci贸n que m谩s tiene. Esta figura es crucial para la articulaci贸n del proceso, sobre todo en los servicios de informaci贸n y orientaci贸n. Son mujeres que han estado explotadas en redes de trata y ahora se dedican a ayudar a otras y ofrecerles apoyo; de hecho, son primordiales porque son ellas las que ejemplifican que se puede salir de la prostituci贸n esclava. Adem谩s, teniendo en cuenta que gran parte de las acogidas son migrantes, la conexi贸n ling眉铆stica y cultural es fundamental para que conf铆en en la asociaci贸n y as铆 salir de las redes de trata. Las mediadoras son trabajadoras de APRAMP que, ante la treintena de denuncias en redes sociales, se posicionaron en defensa de la asociaci贸n.

Sof铆a cuenta que en una ocasi贸n presenci贸 c贸mo una de las mediadoras era humillada por la directiva de APRAMP. Asegura que la llamaron gorda y la dijeron que se peinara bien (llevaba trenzas afro). Ante determinadas situaciones que Sof铆a presenci贸 decidi贸 redact贸 un protocolo muy concreto que no fue valorado. 鈥淧ara APRAMP casi todo lo que hacen las trabajadoras est谩 mal鈥, a帽ade. Al un铆sono las tres trabajadoras con las que ha hablado Pikara Magazine admiten que hay muy poco reconocimiento al trabajo desempe帽ado.

Las unidades m贸viles de la organizaci贸n recorren las zonas donde se ejerce la prostituci贸n en distintas ciudades buscando a mujeres que se encuentren en situaci贸n de trata con fines de explotaci贸n sexual. Durante esos recorridos, a veces las mujeres identificadas quedan incomunicadas, porque las ponen en fila y las quitan los m贸viles, que tienen que dejar en una caja de zapatos, cuenta Sof铆a. Desde APRAMP explican que se les ofrece el uso de dispositivos institucionales.

Las usuarias

Las extrabajadoras describen un contexto en el que las usuarias tienen miedo a Roc铆o Mora, responsable de la asociaci贸n. Incluso, dicen, la llaman madame, o mam谩, nombre habitual que reciben las mujeres que organizan los encuentros sexuales en los clubs. Todo ello en un ambiente en el que las mujeres necesitan ser queridas y viven con el miedo a dejar de serlo. El temor no es infundado, seg煤n las exempleadas, porque cuenta que la directiva de APRAMP las manipula a veces para que cumplan con las normas: 鈥淗oy ya no te quiero porque te has portado mal鈥.

Seg煤n la 煤ltima memoria publicada en la p谩gina web, en la plantilla de la organizaci贸n no constan ni dos psic贸logas contratadas para toda la asociaci贸n; en concreto, el dato era de 1,8. 鈥淢ejor no digas que eres psic贸loga, aqu铆 no les gustan las psic贸logas鈥, le dijeron a una trabajadora cuando empez贸 su relaci贸n laboral con la asociaci贸n. Al principio no lo entend铆a, 驴c贸mo pod铆a ser que que no les gustasen las psic贸logas? Luego comprendi贸 que, como las trabajadoras duran tan poco en la asociaci贸n, es f谩cil que las mujeres se sientan traicionadas. Adem谩s, no tienen derecho a la confidencialidad porque todo lo que cuentan acaba sabi茅ndolo parte de la directiva, seg煤n el relato de las extrabajadoras. Salir de las redes de trata es una situaci贸n delicada y traum谩tica. 鈥淓n APRAMP no se les atiende adecuadamente鈥, afirma Sof铆a. APRAMP, por su parte, se帽ala a este medio que el n煤mero de profesionales no permite valorar los sistemas de atenci贸n psicol贸gica. En el 煤ltimo a帽o aseguran haber facilitado 3.000 horas anuales de atenci贸n psicol贸gica.

En el a帽o 2020 hubo 119 mujeres y 3 menores en los pisos de acogida de la asociaci贸n. En su mayor铆a mujeres migrantes de Am茅rica Latina, 脕frica y Europa del Este, seg煤n los propios datos de la organizaci贸n. A cambio de testificar en el proceso judicial contra las redes de trata, las supervivientes tienen dos opciones: pueden retornar a su pa铆s y el Estado espa帽ol les paga el billete de vuelta, u optar a una residencia temporal por situaci贸n de vulnerabilidad. Es decir, pueden regularizar su situaci贸n migratoria por tres a帽os. Dependiendo de su pa铆s de procedencia, este proceso puede durar tres meses (como en el caso de pa铆ses latinoamericanos) o varios a帽os. Una parte clave de la intervenci贸n de la organizaci贸n se articula precisamente para facilitar que recuperen su documentaci贸n as铆 como su regularizaci贸n administrativa. Muchas aguantan lo que sea con tal de quedarse en Espa帽a.

Entonces pasan a figurar como testigos protegidos. Es por ello que desde la directiva de APRAMP se justifican las pr谩cticas de 鈥渟eguridad y convivencia鈥 sobre las supervivientes: al entrar se les quita la documentaci贸n 鈥攍as que est谩n documentadas鈥 y el m贸vil, la puerta se cierra con llave y los minutos que hablan con sus familiares son escuchados por las trabajadoras, seg煤n los relatos recabados. 鈥淓n ning煤n caso deben ser catalogadas como pr谩cticas de control鈥, aseguran desde APRAMP a Pikara Magazine, insistiendo en que es responsabilidad de la instituci贸n salvaguardar la seguridad de las mujeres rescatadas. Algunas no soportan todo lo que conlleva el proceso y no lo finalizan.

Los pisos de acogida son cedidos por las comunidades aut贸nomas o por ayuntamientos. Suelen vivir cinco personas en cada piso, en habitaciones compartidas. No pueden tener nada personal en estas casas, ni un dibujo, ni una foto. 鈥淓n los pisos era como si no viviera nadie, como si no fuera un hogar鈥, asegura Enara.

Otra de las pr谩cticas denunciadas es el poco respeto a las culturas de origen de las usuarias de los pisos. Las trabajadoras cuentan c贸mo a las africanas no les dejan llevar peluca, cuando es costumbre arraigada para ellas, o que los men煤s para las comidas son 铆ntegramente espa帽oles. Desde APRAMP defienden que esto se hace como parte del programa para mejorar la integraci贸n en el pa铆s. Y aseguran que se tiene un escrupuloso respeto a la idiosincrasia de las personas protegidas en los centros, sin perder de vista que a menudo, en algunos contextos, en nombre de la cultura, la religi贸n y las tradiciones, se violan derechos de las mujeres. La realidad que narran las entrevistadas es que, adem谩s de la p茅rdida de independencia, porque carecen de autonom铆a hasta para hacerse la comida, las cantidades escasean. 鈥淗ab铆a que hacer la compra para 15 d铆as para cinco personas. Muy a menudo faltaba comida y las educadoras compr谩bamos m谩s con nuestro dinero鈥, a帽ade Enara.

Sof铆a, por su parte, afirma que 鈥渄ecir que se infantiliza a las chicas es muy light鈥. Cuentan las extrabajadoras que a las usuarias las visten como quieren desde la asociaci贸n, que cualquier cosa por poco provocativa que sea no se la pueden poner, y que hasta las bragas se reutilizan.

APRAMP defiende no niegan la sexualidad de las mujeres y que buscan evitar que las mujeres que fueron explotadas sean tratadas como objetos sexuales a trav茅s del maquillaje o de la ropa provocativa, por ejemplo. Por eso inciden en que el proceso de recuperaci贸n de las v铆ctimas pasa por contrarrestar la estrategia del proxenetismo que busca convertir a la mujer prostituida en una representaci贸n estereotipada de consumo sexual. La ruptura con la cosificaci贸n y la hipersexualizaci贸n a las que son expuestas las mujeres rescatadas implica un proceso de ruptura con esos par谩metros.

Las trabajadoras

Olivia trabaj贸 dos a帽os y medio en la sede de una ciudad andaluza. Tras empezar como voluntaria acab贸 como coordinadora. Entonces descubri贸 el secretismo que hab铆a entre las compa帽eras y el control que se ejerc铆a sobre ellas. 鈥淣o nos pod铆amos llevar bien, [a las jefas] no les gustaba鈥, recuerda. A escondidas se sol铆an intercambiar los m贸viles para hablar. Sof铆a trabaj贸 en una de las sedes centrales de Madrid y confirma todo lo que Olivia narra: 鈥淣o pod铆amos comer en la oficina porque no les gustaba el olor a comida鈥. El comedor, dicen, solo estaba disponible para el equipo directivo. Adem谩s, recuerdan que ten铆an que pagar un extra por usar el microondas y el papel higi茅nico de la oficina e incluso llevar sus propios bolis y cuadernos.

La sensaci贸n de las extrabajadoras es que todo lo que hac铆an o propon铆an estaba mal. 鈥淧or eso todo el mundo se va y acaban cogiendo a gente sin experiencia鈥, dice Sof铆a mientras relata sus primeros d铆as en APRAMP y la escasa formaci贸n recibida en cuanto a protocolos y procedimientos espec铆ficos.

Los contratos, cuentan, suelen empezar en enero y terminar en diciembre, lo que impide que acumulen alg煤n tipo de antig眉edad. Adem谩s las categor铆as profesionales eran rebajadas. Por ejemplo, aunque seas graduada universitaria es f谩cil que trabajes como auxiliar, sin tener si quiera una persona titular 鈥渁 la que auxiliar鈥.

Las tres fuentes consultadas concuerdan en que trabajar en APRAMP les gener贸 ansiedad. Olivia relata c贸mo sufri贸 un ataque, cuando nunca antes le hab铆a pasado nada parecido. 鈥淣i siquiera me llamaron para ver qu茅 hab铆a pasado鈥, comenta. Tambi茅n sufri贸 de bulliying por parte de una de sus compa帽eras. Despu茅s de muchas situaciones de estr茅s y trabajo no reconocido, no se ha atrevido a denunciar antes la situaci贸n que vivi贸.

La asociaci贸n

La Asociaci贸n para la Prevenci贸n, Reinserci贸n y Atenci贸n de la Mujer Prostituida se fund贸 en 1984 por la trabajadora social Roc铆o Nieto. Hoy la responsable es su hija, Roc铆o Mora Nieto. La asociaci贸n se present贸 como una opci贸n real y pionera en Espa帽a de reinserci贸n de las mujeres que ejerc铆an la prostituci贸n de manera obligada. El objetivo era ayudarlas a escapar de las redes de explotaci贸n sexual y darles una alternativa, creando oportunidades laborales. Es decir, cambiar la realidad de las condiciones de violencia, pobreza y vulnerabilidad que perpet煤an la explotaci贸n de las mujeres. Ah铆 es, por ejemplo, donde surgi贸 la idea de hacer su conocido taller de costura, algo que ellas sab铆an hacer y serv铆a para sensibilizar.

鈥淓sta asociaci贸n est谩 basada en un buenismo medi谩tico鈥, dice Sof铆a. asintiendo junto a sus compa帽eras para responder a la pregunta de si hay un cierto trasfondo de asistencialismo paternalista y beneficencia en APRAMP. Sof铆a tambi茅n hace inciso en la identidad patriarcal de la asociaci贸n a pesar de presumir de su enfoque de derechos humanos con perspectiva de g茅nero.

En las 煤ltimas cuentas publicadas, la asociaci贸n declara que les fueron concedidos m谩s de 3,5 millones de euros en subvenciones por diferentes administraciones p煤blicas. Entre ellas se encuentran las Naciones Unidas, distintos ministerios, consejer铆as sociales de las varias comunidades aut贸nomas, adem谩s de algunas diputaciones provinciales y ayuntamientos. Tambi茅n fundaciones y otras entidades privadas colaboran con la asociaci贸n. Las que fueron trabajadoras lamentan que no se fiscalicen las pr谩cticas de organismos que reciben dinero p煤blico.

鈥淧uede ser que al principio sus intenciones fueran buenas. Pero ante la desidia y la falta de control de las autoridades, lleg贸 un momento que se dieron cuenta que no hac铆a falta hacer bien su trabajo. Era suficiente con salir en los medios鈥, apunta Enara. Y las extrabajadoras relatan algunas colaboraciones de la asociaci贸n que han tenido mucho eco medi谩tico, como la que hicieron con IKEA, o cuando la reina Letizia llev贸 un vestido cosido en los talleres de APRAMP, o cuando el Departamento de Estado de Estados Unidos concedi贸 a Roc铆o Mora Nieto el premio a la acci贸n contra la esclavitud moderna.


Tenemos m谩s cosas:

Todo por la trata, pero sin las mujeres tratadas

C贸mo impactan las fronteras en los cuerpos de las mujeres

A la fuerza, tratar la trata: la instrumentalizaci贸n de las pol铆ticas humanitarias en M茅xico

Trabajadoras denuncian los m茅todos de APRAMP para sacar a mujeres de la trata




Fuente: Pikaramagazine.com