October 11, 2021
De parte de Briega
355 puntos de vista


Trabajo dom茅stico y trabajadoras del hogar

隆El 12 de octubre no hay  nada que celebrar!

(…)la lucha de la mujer que trabaja fuera no va dirigida a volver al aislamiento del hogar, por mas que algunas veces los lunes por la ma帽ana el hogar pueda parecer atractivo. Del mismo moda, la lucha del ama de casa no va dirigida a cambiar la prisi贸n domestica por la atadura a la mesita de la maquina de escribir o a la cadena de montaje, por mas que el trabajo fuera pueda parecer atractivo en comparaci贸n con la soledad de la vivienda.

Las mujeres deben redescubrir por completo sus posibilidades, que no son ni hacer calceta ni ser capitan de altura. Poder femenino y subversi贸n social, 1971. (extraido del libro Dinero, perlas y flores en la reproducci贸n feminista de editorial AKAL)

El mes de octubre transcurre uno de los d铆as m谩s c茅lebres de la identidad espa帽ola y un pilar de la civilizaci贸n occidental. El 12 de octubre, el d铆a de la hispanidad. Aunque todos los octubres nos acordamos de recordar que no hay nada que celebrar esta horrible fecha, esta vez no hablaremos de grandes infraestructuras neocoloniales como IIRSA, ni de estatuas, calles y monumentos dedicados a esclavistas, mercenarios y colonizadores. Esta vez queremos hablar de trabajo dom茅stico. Del trabajo del hogar actualmente protagonizado en su mayor铆a por mujeres migrantes en el estado espa帽ol y en Cantabria.

 

Desde este medio, hace m谩s de un a帽o comenzamos un proyecto de conversaci贸n con trabajadoras del hogar en Cantabria. Aunque el proyecto est谩 en curso, dos son las entrevistas hechas hasta ahora. En ellas se puede comprobar c贸mo, a la m铆nima, los saberes pr谩cticos se socializan y sirven de utilidad a aquellas personas que curran limpiando y/o cuidando a otras en situaci贸n de dependencia . Por ejemplo. Tener una lista de correo o un grupo de wasaap hecho por trabajadoras para comparar los salarios que les pagan las familias para las que trabajan. De esta manera, es m谩s f谩cil poder hacerse una idea de lo asequible que el dinero sea en funci贸n de su horario y de si lo hacen en b o cotizando. Por ello, aunque en Cantabria no existe -que sepamos-2., grupos formales de auto-organizaci贸n, como pueden ser los sindicatos de trabajadoras del hogar que act煤an en grandes ciudades -鈥Territorio dom茅stico鈥 en Madrid o “Sindillar” en Barcelona-, existen principios de apoyo mutuo y autodefensa colectiva entre trabajadoras. Esto ocurre en todos los contextos por adversos que sean. A煤n as铆, nombrarlo nos parece importante.

Como muchas ya sabr茅is, el convenio 189 de la OIT, que entr贸 en vigor en 2013, equipara el trabajo dom茅stico con la misma garant铆a de derechos laborales que un trabajo cualquiera. Aunque 35 pa铆ses ya lo han ratificado, el Estado Espa帽ol es uno de los que todav铆a no, a pesar de que s铆 es uno de los pa铆ses europeos que m谩s se beneficia del trabajo del hogar. Adem谩s, la obligatoriedad que tienen todas las personas empleadoras de dar de alta a las personas que trabajan para ellas no se cumple en muchos casos. Seg煤n la 煤ltima Encuesta de Poblaci贸n Activa (EPA) del segundo trimestre de este a帽o, en Cantabria hab铆a 7.137 empleos en el colectivo de personal dom茅stico, de los que un 98% eran mujeres (6.998); aunque menos de un 70% de ellos, en concreto 4.856, estaban dados de alta en la Seguridad Social el pasado mes de junio. En Cantabria, casi la mitad de las mujeres currantes en este tipo de empleo (adem谩s de las que no tienen papeles), han dejado sus hogares en otros puntos del mundo para llevar a cabo tareas dom茅sticas en casas ajenas y en muchos casos poder enviar dinero a sus lugares de origen, all铆 donde dejaron a sus seres queridos.

Nunca generalizaremos porque la diversidad es amplia y negarla victimiza. Sin embargo, esta realidad es un proceso bastante com煤n vivido en las democracias occidentales a ra铆z de determinados cambios estructurales en las 煤ltimas d茅cadas. Se externalizan los cuidados por parte de una parte de la poblaci贸n con suficientes ingresos como para delegar el trabajo dom茅stico fuera de la unidad convivencial. Dicho de otra manera, la organizaci贸n patriarcal del trabajo dom茅stico queda intacta puesto que el hecho de que muchas mujeres se incorporen al mercado laboral no implica una responsabilizaci贸n masculina en el reparto de las tareas. Esto se traduce en que, en los hogares donde se pueda, se contrata a mujeres generalmente pobres y muchas veces migrantes. As铆 se produce lo que se ha venido a llamar 鈥渓as cadenas de cuidados鈥, concepto que a la historiadora Silvia Federici no le convence, pues insiste en no llamar 鈥cuidado鈥 ni 鈥amor鈥 a lo que es trabajo. Con esta puntualizaci贸n, evitamos naturalizar las tareas que tradicionalmente se han asignado a las mujeres y visibilizamos el car谩cter fabril y productivo de cada balleta usada, de cada fregona escurrida, de cada plato cocinado y de cada hogar mantenido a lo largo de la historia.

 

Un poco de historia, teor铆a y pr谩ctica.

Este objetivo de romper con la mistificaci贸n del trabajo dom茅stico como atributo natural de las mujeres o trabajo de amor es lo que intentaron llevar a cabo con la campa帽a 鈥salario para el trabajo dom茅stico鈥 organizada por el comit茅 de Triveneto en la Italia de los a帽os 70. Una campa帽a que romp铆endo con 鈥el viejo adagio del trabajo extradomestico como objetivo de la lucha de las mujeres鈥 (Leopoldina Fortunati) llevaba la lucha a otro terreno: el del trabajo de reproducci贸n de la fuerza de trabajo1 que realizaba el ama de casa, denunciando su car谩cter de explotaci贸n capitalista.

Seg煤n Leopoldina Fortunati, el desarrollo del sistema socioecon贸mico que conocemos como capitalismo se basa en la invisibilizaci贸n y la no remuneraci贸n del trabajo reproductivo de las mujeres. As铆 lo escribe en 鈥El arcano de la reproducci贸n鈥. La obra demuestra como los procesos de acumulaci贸n y valorizaci贸n del capital no empiezan y terminan con las relaciones que se dan en el trabajo asalariado, sino que afecta al conjunto de la vida y est谩 tambi茅n en el trabajo dom茅stico y en la prostituci贸n, que realizan principalmente las mujeres. Fortunati revela as铆 c贸mo la obrera de la casa o la obrera del sexo son explotadas en base a 鈥una relaci贸n de producci贸n entre la mujer y el capital mediada por el hombre.鈥

En muchos otros hogares de la actualidad, las familias o las personas que viven solas no tienen posibilidades de pagar estos servicios. No pueden externalizar el trabajo dom茅stico, por lo que el trabajo suele recaer de lleno sobre las mujeres de esos hogares, terceras figuras de la familia y, con suerte, relaciones informales de amigas o vecinas. En este caso, hace medio siglo las luchas que comentamos exig铆an un salario para estas personas por el hecho de ser amas de casa. Su objetivo no era ampliar los m谩rgenes de trabajo asalariado ni reclamar migajas al mercado laboral, sino llamar a las cosas por su nombre. En ese sentido, y aunque el tema es muy complejo como para profundizar en ello, vemos como el trabajo dom茅stico no pagado, el mal pagado y el pagado sin seguridad social de nuestros d铆as guardan un nexo en com煤n. El ser parte de una esfera hist贸ricamente mistificada como privada, invisibilizada como trabajo y naturalizada como femenina, que no constituye un accidente o un defecto reformable del sistema, sino una pieza clave en la producci贸n capitalista de valor.

Volviendo al principio; Nada que celebrar

El pasado enero de 2021 public谩bamos un art铆culo llamado 鈥sobre Nigeria, punitivismo medi谩tico y trata鈥 donde el extractivismo energ茅tico con intereses multinacionales se vincula directamente como uno de los factores de la migraci贸n forzosa de mujeres nigerianas hacia el mercado del sexo en Europa. Pero lo cierto es que el neocolonialismo extractivista tambi茅n tiene que ver con la externalizaci贸n del trabajo dom茅stico en Europa a trav茅s de mano de obra barata y/o semiesclava.

Muchas de las mujeres que migran y acaban limpiando hogares ajenos de nuestros pueblos y ciudades, vienen de contextos en los que se producen expulsiones masivas debido a la construcci贸n de infraestructuras extractivistas (minas a cielo abierto, pol铆gonos e贸licos, hidroel茅ctricas, instalaciones solares etc etc) Es el caso de Quimbo -Colombia- donde la construcci贸n de una represa por parte de Endesa produjo consecuencias en las vidas de 28.000 personas. Muchas de ellas fueron desplazadas. El documental 鈥Cuidar entre tierras, 驴Qui茅n sostiene la vida cuando las mujeres migran?鈥 es un material audiovisual 煤til para entender este proceso, cuyos cuerpos no acaban siempre en Europa, sino que tambi茅n migran de fronteras para dentro, desde el campo a la ciudad etc.

Este mes de Octubre no hay nada que celebrar. El orgullo patrio por una historia nacional como es Espa帽a, constru铆da en base a la opresi贸n de otros pueblos, s贸lo puede tenerse en pie por el desconocimiento o la indiferencia sobre cuestiones tan actuales como el expolio empresarial de los recursos naturales del planeta y las consecuencias sociales que generan, como los desplazamientos forzosos y la dominaci贸n sobre los cuerpos de las mujeres. Extractivismo y patriarcado son dos cuestiones ligadas en una normalidad capitalista de la que no hay ning煤n motivo para tener orgullo ni satisfacci贸n.

 

1 . El obrero lo que vende al capitalista es su fuerza de trabajo, esta fuerza de trabajo se gasta en el proceso de producci贸n: el trabajador debe descansar y alimentarse para poder ir al d铆a siguiente al trabajo, los trabajadores se mueren y se necesitan futuros trabajadores para sustituirlos, etc. La reproducci贸n en la sociedad capitalista consta de otros sectores, es el caso del trabajo 芦dom茅stico禄 asalariado o el que es organizado por el Estado como la Escuela. En este caso trabajo de reproducci贸n se refer铆a en concreto al trabajo dom茅stico impuesto a la mujer en el 谩mbito de la familia e hist贸ricamente ocultado como trabajo.

2. Recientemente el grupo impulsado por el MPDL, “Empoderadas” llev贸 a cabo una actividad sobre cuidados y trabajo dom茅stico en La Vor谩gine.




Fuente: Briega.org