December 26, 2022
De parte de Nodo50
320 puntos de vista

Al transitar lo que se denomina el mundo del trabajo, est谩n presente dispositivos hegem贸nicos y disciplinadores, algunos expl铆citos y otros ocultos o disimulados que devienen en subjetividad social, que van modelando una 鈥渞ealidad鈥 (dominio de lo simb贸lico), que posteriormente se internaliza como ideal, en valores y pr谩cticas que se naturalizan, que no representan los intereses de los sujetos. 

Lo esencial es la prioridad o nivel de importancia que se le da a determinados sucesos, necesidades, conflictos o decisiones, como tambi茅n el abandono de los valores y normas construidas y compartidas, poni茅ndose en evidencia los verdaderos valores que est谩n en juego, oculto por lo que se dice. Lo m谩s fuerte, emocional e ideol贸gicamente est谩 relacionado con la naturalizaci贸n de las decisiones, que permite justificar hechos, como la discriminaci贸n, la dominaci贸n, la exclusi贸n, el maltrato y la inequidad, expresi贸n de los intereses materiales y simb贸licos que se ponen en juego.

Miedo a carecer

Para abordar el sufrimiento ps铆quico quiero comenzar por el miedo a carecer. La carencia a la que me refiero la podemos pensar referida a las condiciones materiales de vida de los sujetos. Durante los 煤ltimos cincuenta a帽os se fue profundizando la brecha entre los que est谩n incluidos dentro del sistema econ贸mico y quienes han cruzado el umbral de la pobreza. Se sabe qu茅 significa este cruce, no ocupar un lugar en el sistema productivo, estar excluidos, ser indigentes y en algunos casos la propia negaci贸n de esa condici贸n.

Lo que subyace es el miedo a carecer. La incertidumbre por el futuro rompe con la ilusi贸n de una vida estable; se reemplaza esa ilusi贸n y fragmenta el deseo aspiracionista, expresi贸n de una ideolog铆a que impone el mandato social de exhibir logros constantes, aunque sean ef铆meros, como condici贸n de mostrarse en un estado de aparente felicidad. 

Este miedo, que no es resultado de una neurosis particular, est谩 focalizado en las condiciones concretas de existencia de la mayor铆a de la poblaci贸n. La lucha por sobrevivir y el miedo a cruzar el umbral a la pobreza sist茅mica, funciona como disciplinador social y deviene en subjetividades claudicantes, en una constante tensi贸n entre el proyecto personal, familiar, comunitario y la exclusi贸n.

Los sujetos al sostener diariamente su trabajo se enfrentan con una multiplicaci贸n de objetivos y tareas que origina malestar, emergente de las condiciones de producci贸n y de los valores imperantes que las sostienen. Subyace en formas m谩s o menos ocultas, relacionadas con el sufrimiento que producen determinadas situaciones que se deben aceptar para permanecer. 

Uno de los temas que se naturaliza u oculta, se refiere a las formas de apropiaci贸n a partir de las cuales las organizaciones se desarrollan y consolidan. La apropiaci贸n material (econ贸mica), la apropiaci贸n cognitiva, donde por una parte se desbasta la experiencia de los sujetos partiendo de un supuesto 鈥渟aber organizacional鈥 a partir del cual se aumentan los requisitos formales m铆nimos para permanecer o incorporarse, instituy茅ndose mecanismos de selecci贸n social o actitudinal, incentivando la diferenciaci贸n y la competencia para posicionarse entre pares. 

La apropiaci贸n de energ铆a libidinal; partiendo de la necesidad de obtener la potencia y eficacia necesaria para sostener los objetivos y las tareas. La generaci贸n, b煤squeda y utilizaci贸n de la energ铆a libidinal es uno de los problemas centrales de todo grupo u organizaci贸n, el propio resultado de cada suceso, trae aparejado una p茅rdida o aumento de la energ铆a. Los grupos se sostienen en el tiempo si logran incorporar mayor volumen de energ铆a del que utilizan. 

La acumulaci贸n no deja de ser, para los sujetos, placer no vivido o placer no sublimado y si no hay sublimaci贸n el deterioro de la salud mental es inevitable.

En ese marco, el 茅xito r谩pido, la valoraci贸n de la perspectiva del triunfo individual y la aceptaci贸n o naturalizaci贸n de la manipulaci贸n de los enunciados, pasan a ser acciones valoradas en el marco de la cultura y quienes no acuerden en muchos casos deben evitar manifestarlo.

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Las relaciones asim茅tricas formales, la distancia por rivalidad y las dificultades para efectuar el trabajo b谩sico de cada sujeto, (educar, vender, curar, producir, etc.), ocasionan inseguridad, incertidumbre, desinter茅s y p茅rdida del propio proyecto, con el consiguiente aumento de los niveles de hostilidad, agresi贸n y sufrimiento.

El sostenimiento de la tensi贸n entre el deseo de pertenecer a una organizaci贸n y no perder la autonom铆a produce sentimientos encontrados, emergente de situaciones no dichas o actuadas y modalidades de interacci贸n que resultan alienantes.

Por otra parte, hay una brecha entre lo que se enuncia como funci贸n y la tarea espec铆fica en el trabajo cotidiano. Los sujetos destinan gran parte del tiempo a dar cuenta de lo que no ha sido planificado, tomado previamente en cuenta, lo inesperado. Como resultado de la alienaci贸n y la intensidad de informaci贸n y tareas que deben efectuarse en tiempo reducido, la calidad de los v铆nculos se deteriora produciendo un empobrecimiento de la experiencia.

La rutina y la repetici贸n dificultan el aprendizaje, obstaculizando la producci贸n de nuevos conocimientos, lo que dificulta la generaci贸n de la energ铆a buscada, as铆 como las disputas 鈥渋nternas鈥 o los conflictos que provienen de v铆nculos estereotipados. Generando repliegue o desinter茅s. Los caminos adaptativos en el mundo laboral y social sostenido por discursos claudicantes, obedientes, naturalizadores van construyendo grupal e individualmente sujetos y subjetividades claudicantes.

Nuevas normalidades, nuevas patolog铆as

Las redes inform谩ticas modificaron las formas de interacci贸n. La informaci贸n aumenta de forma exponencial y ante la imposibilidad de acceder a toda la existente, surge la sensaci贸n de no poder abarcarlo todo. 

Lo enunciado impacta en trabajadores de empresas l铆deres, pymes, tecnol贸gicas, del estado, comercios hasta los trabajadores cuentapropistas que necesitan de una aplicaci贸n (app) para poder hacer una entrega a domicilio (delivery). La aceleraci贸n de los procesos y la demanda constante lleva a un incremento de est铆mulos y una tensi贸n constante. 

En el marco del miedo a carecer y a sufrir, la competencia productora de agresividad, la aceleraci贸n de los ritmos productivos, las demandas que devienen de las redes, el estar constantemente conectado postergando momentos para elaborar lo vivido y aprendido con la consiguiente devastaci贸n de la experiencia, se construye una subjetividad colectiva de excitaci贸n, productora de angustia, p谩nico o depresi贸n, vinculadas a la incertidumbre. 

La depresi贸n empieza a afirmarse en el momento que las reglas de autoridad y el sistema de prohibiciones que se asignaban a las clases sociales y a los g茅neros, desaparecieron, present谩ndose ahora como una enfermedad de la responsabilidad, en la que cada sujeto es responsable de su rendimiento y de la posibilidad de estar o no incluido.  Desdibuj谩ndose la responsabilidad social o del estado, ya no se es un sujeto deseoso de transformar, lo que lo oprime conlleva a la tristeza, sintiendo culpa o verg眉enza.

No se trabaja s贸lo para satisfacer necesidades, sino para ser parte del sistema imperante, af铆n a los dispositivos de dominaci贸n que los sujetos asumen como propios. La depresi贸n ya no es producto de lo prohibido, es el emergente de las nuevas demandas; 鈥渢engo que ser responsable鈥, 鈥渢engo que rendir鈥, 鈥渢engo que poder鈥, predominando el sentimiento de insuficiencia, pasando a ser figura el p谩nico como s铆ntoma cada vez m谩s generalizado. Estos mecanismos est谩n especialmente inscriptos en colectivos que sostienen la creencia que el desempe帽o individual ser谩 reconocido. Aceptando reglas y sosteniendo conductas acordes a los requerimientos de los dispositivos de dominaci贸n.

Si la norma social no admite el fracaso, si no hay competencia sin derrotados, para soportar el proceso y los resultados, se buscan diversas formas para tolerarlo. Estimulantes, antidepresivos, entre otras 鈥渁lternativas鈥 son elegidas para percibir una realidad inexistente, como soporte de las interacciones alienantes y de un nuevo sinsentido del trabajo. En esa instancia se conjugan dos actores; los sujetos sufrientes y la industria farmac茅utica que necesita una subjetividad medicalizada, que consuma.

Los antidepresivos y ansiol铆ticos son com煤nmente utilizados para cumplir con la incesante presi贸n de las demandas productivas y exigencias adaptativas. El colapso es inevitable y de hecho un n煤mero cada vez m谩s grande de personas cae en depresiones, ataques de p谩nico, o estallidos violentos. 

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Paradojalmente, para quienes se enferman grupalmente en sus 谩mbitos laborales, la propuesta es la cura fuera de las estructuras que producen ese padecimiento. Sin duda que los espacios terap茅uticos son importantes ante las manifestaciones que enunciamos, como los espacios creativos, de aprendizaje o art铆sticos, dependiendo si son espacios de afirmaci贸n o fortalecimiento de la identidad y de despliegue de las contradicciones que esta realidad agobiante produce o se constituyen en espacios asociados a un abordaje normalizador, adaptativo. O se aborda desde el deseo de los sujetos o se est谩 al servicio de lo instituido.

El mismo sistema que produce inseguridad, incertidumbre, profundizando el miedo a carecer y a sufrir, propone alternativas para sanarse, que en muchos casos siguen siendo dispositivos que impiden que se puedan resignificar la experiencia y darles sentido a las causas del sufrimiento. Llegando hasta situaciones de 鈥渂ajada de l铆nea emocional鈥 con profesionales que afirman qu茅 emoci贸n se debe sentir y cu谩l no, caracterizando conductas o emociones positivas o negativas, en otros casos responsabilizando a los maltratados, se帽alando que las victimas producen esas situaciones, devastando sus experiencias y sentimientos. 

Esas emociones significativas como la ira o el enojo, en algunos casos expresan una posici贸n pol铆tica y lo que se intenta es despojarla de ese contenido ideol贸gico. Nunca aportar谩n entre sus recomendaciones, conceptos que intenten explicar la tristeza, la depresi贸n, el sin sentido o el sufrimiento, que incluya el contexto hist贸rico y las condiciones concretas de existencia.

El aporte de Margaret Thatcher (primera ministra del Reino Unido, 1979-90, quien llev贸 adelante una pol铆tica econ贸mica haciendo foco en la flexibilizaci贸n laboral, privatizaci贸n de empresas p煤blicas y pr谩ctica antisindical), hecha luz a lo que subyace en el sufrimiento de los sujetos, 鈥淟a econom铆a es el m茅todo, el objetivo es el alma鈥. Si se popularizara esta afirmaci贸n estar铆amos en condiciones de comprender que el disciplinamiento social y econ贸mico es determinante en la constituci贸n de la subjetividad. Hoy no es prioritario la invasi贸n de territorios, con la subjetividad alcanza.

Profesionales que proponen que la salida es curarse solo, en espacios terap茅uticos, meditando, haciendo yoga, comiendo sano, evitando 鈥渞elaciones t贸xicas鈥, siendo 鈥渋nteligente a nivel emocional鈥 cualidad que propone la ilusi贸n de transitar la vida sin obst谩culos ni conflictos, o soluciones medicamentosas, que van desde las vitaminas y analg茅sicos a los ansiol铆ticos, antidepresivos y otros estimulantes alternativos. Todo al servicio de la autoexplotaci贸n.

Otras de las formas simples de explicar el sufrimiento, es adjudic谩rselo al estr茅s, entendi茅ndolo como una cuesti贸n externa al individuo. Christophe Dejours se帽ala que 鈥溾a teor铆a del estr茅s considera al trabajo como un entorno pr谩cticamente material, y considera al individuo como un individuo pr谩cticamente biol贸gico. La teor铆a del estr茅s est谩 destinada no a hacer psicolog铆a o, en el mejor de los casos, es psicolog铆a animal, el modelo es comportamental, extremadamente simplista鈥. En ese sentido, el trabajo est谩 subjetivado dentro del sujeto por lo que lo invade, est谩 presente en su vida cotidiana, en las interacciones presenciales y virtuales, en las preocupaciones al salir del 谩mbito laboral, el tiempo libre, los encuentros para elaborar esas inquietudes, las horas de reflexi贸n o an谩lisis terap茅utico son el emergente que no es algo externo, esta subjetivado e incluido en las interacciones con otros sujetos.

A muchos ya nada les entusiasma, nada los erotiza, todo es repetici贸n y manipulaci贸n y para que un v铆nculo sea saludable debe reconocer la diversidad y las diferencias. En este sentido, la negaci贸n de las diferencias se ha profundizado. Por otra parte, la situaci贸n se complejiza si intentamos comprender el sufrimiento y la tristeza, en una hipot茅tica situaci贸n vincular entre dos personas. Sostener como hip贸tesis que los conflictos entre las personas, que por lo general son el emergente de situaciones de mayor complejidad se explican solo desde la perspectiva vincular, niega la existencia de intereses e ideolog铆as que se expresan en las diferentes racionalidades y valores, la aceptaci贸n o cuestionamiento al hostigamiento y al maltrato, el uso de otras personas como objetos o la disputa entre grupos o l铆deres por la definici贸n de determinado orden de prioridades.

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Un aspecto a considerar es la relaci贸n entre poder y tristeza

Hemos abordado una policausalidad de situaciones que contribuyen al sufrimiento, cuando como afirmaba M. Thatcher, se ha llegado al alma de los sujetos es necesario intervenir sobre esa tristeza ya que desde ah铆 es imposible recuperar el proyecto y la iniciativa. No es casual que profesionales desde distintas disciplinas, pero con un fuerte compromiso con los pueblos han abordado el tema de la tristeza.

   Enrique Pich贸n Rivi猫re sosten铆a 鈥淨uien acepta la tristeza renuncia a esa plenitud de vida, pero siempre que la acepte. La tristeza se debe combatir, es necesario como profilaxis, porque a partir de la depresi贸n nacen todas las enfermedades mentales. Toda tristeza se origina en alguna p茅rdida鈥 tambi茅n puede derivar de una crisis econ贸mica, o de una limitaci贸n de la libertad. Pero, insisto, siempre se tratar谩 de una p茅rdida鈥. 

Arturo Jauretche 鈥溾 nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos y los pueblos deprimidos no vencen ni en la cancha de f煤tbol, ni en el laboratorio, ni en el ejemplo moral, ni en las disputas econ贸micas. Por eso venimos a combatir alegremente. Seguros de nuestro destino y sabi茅ndonos vencedores a corto o largo plazo鈥. 

Gilles Deleuze 鈥淰ivimos en un mundo m谩s bien desagradable, en el que no s贸lo las personas sino tambi茅n los poderes establecidos tienen inter茅s en comunicarnos afectos tristes. La tristeza, los afectos tristes son todos aquellos que disminuyen nuestra potencia de obrar. Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en esclavos. El tirano, el cura, el ladr贸n de almas, necesitan persuadirnos de que la vida es dura y pesada. Los poderes tienen m谩s necesidad de angustiarnos que de reprimirnos o, como dice Virilio, de administrar y de organizar nuestros peque帽os terrores 铆ntimos鈥︹ 

Para el poder instituido la tristeza es un objetivo, no es un resultado casual y est谩 al servicio de evitar la potencia creadora y transformadora de los grupos sociales y comunidades, en tanto las crisis tienen como base de sustentaci贸n la identidad de los sujetos y los grupos. En ese sentido, nuestro compromiso es de acompa帽ar en el camino de que puedan pensar-se y sentir lo hasta ah铆 negado.

El objetivo es acompa帽ar a los grupos, equipos, sectores, en la b煤squeda del camino, que los sujetos est茅n en condiciones de emprender, construir y sostener en el tiempo y sus potencialidades para encontrarlo. 

En ese sentido es cr铆tico abordar el uso de las palabras. En los grupos las palabras que se utilizan son el contorno, los l铆mites culturales, disciplinarios, por donde se puede transitar. Si el agente de cambio intenta trabajar en direcci贸n a un nuevo instituyente es necesario el uso de otras palabras que definen otros territorios, otras pr谩cticas y caminos. Si se busca salir de la repetici贸n son necesarias nuevas palabras que los integrantes de los grupos tienen que formular.

Foto: Trabajadora de Amazon 鈥 Fuente: The New York Times

Carlos R. Mart铆nez

  • Director de Confluencia Psicosocial 鈥 Intervenci贸n, Formaci贸n e Investigaci贸n en el campo de las Organizaciones y la Psicolog铆a Social.
  • Autor de 鈥淧sicolog铆a Social en las Organizaciones鈥 Lugar Editorial 2010 y 鈥淟a Praxis de la Psicolog铆a   Social鈥 2022 de pr贸xima aparici贸n.
  • Director de la Especializaci贸n en Intervenci贸n Organizacional y equipos de trabajo.
  • Fundador de la Universidad de los Trabajadores.
  • Psic贸logo Social. T茅cnico Superior en Psicolog铆a Social.



Fuente: Contrahegemoniaweb.com.ar