July 26, 2021
De parte de Briega
242 puntos de vista


Gracias a todos los trabajadores y clientes de Amazon: 隆Vosotros hab茅is pagado todo esto!

Exclam贸 Jeff Bezos despu茅s de su viaje al espacio. Due帽o del yate m谩s caro del mundo y exCEO de Amazon y director de la fundaci贸n ‘Bezos Earth Fund’ para salvar el planeta. 

En las redes sociales no faltaron las cr铆ticas a las condiciones laborales de los trabajadores de Amazon: t谩cticas antisindicales, salarios bajos, despidos aleatorios para “motivar la productividad”, un trabajo fren茅tico e inhumano y conductores de reparto sin seguro m茅dico, obligados a orinar en botellas debido a la presi贸n para cumplir con los plazos de la empresa.

鈥淩ealmente no crees lo de orinar en botellas, 驴verdad? Si eso fuera cierto, nadie trabajar铆a para nosotros”, respondi贸 la empresa al representante estadounidense Marc Pocan. Pese a ello, tuvieron que admitir que muchos son los trabajadores que trabajan para ellos en esas condiciones.

“Antes dec铆as “no importa el trabajo mientras que me paguen”, ahora es “no me importa lo que me paguen mientras tenga trabajo”, explic贸 el soci贸logo Jorge Moruno en “La f谩brica del emprendedor. Trabajo y pol铆tica en la empresa mundo.”

Antes, el trabajo se conceb铆a como la manera de hacer algo por la sociedad: el trabajador creador de valor. Hoy, la sociedad te permite el lujo de poder trabajar. El trabajo ha pasado de ser una forma que sirve para vivir, a ser un medio para servir, estando disponible constantemente. Cada vez m谩s hay m谩s gente que trabaja y sigue siendo pobre, ya no es un mecanismo integrador, no siempre te garantiza los medios de subsistencia. Pero, paradojicamente, sigue siendo necesario para integrarse, para ser ciudadano de derechos en esta empresa-mundo.

驴Por qu茅, en una 茅poca de abundancia sin precedentes, le damos mucho m谩s
importancia al trabajo que nuestros antepasados, y seguimos tan preocupados por la escasez?, se pregunta el antrop贸logo James Suzman en su libro “Trabajo. Una historia de c贸mo emplamos el tiempo”.

Y explica como los ju/’hoansi comparaban la noci贸n de trabajo asalariado con la p茅rdida del para铆so en la historia b铆blica. Los ancianos rememoraban con el antrop贸logo cuando el territorio era libre y viv铆an de la caza y de la recolecci贸n. Un entorno des茅rtico, pero que casi siempre les proporcionaba lo suficiente para comer, a煤n de manera arbitraria. Hasta que en 1920, llegaron los granjeros blancos y la polic铆a nacional al Kalahari. En un entorno tan hostil, la agricultura a gran escala requer铆a mucho trabajo, por lo que capturaron a los bosqu铆manos como esclavos, manteniendo como rehenes a sus hijos. No faltaban los maltratos f铆sicos para inculcarles que el trabajo dignifica. Pero cuando en 1990 Namibia se independiz贸 de Sud谩frica, los avances tecnol贸gicos depend铆an menos del trabajo de los ju/’hoansi, as铆 que los expulsaron de sus tierras.

Es una historia que recuerda a la del ge贸grafo Alexander von Humboldt sobre la situaci贸n de las colonias en Nueva Espa帽a (actualmente M茅xico). Se lamentaba Humboldt de que en Nueva Espa帽a, no hab铆a industria de balleneros, y en cambio, en la costa Este de EEUU era una industria muy pr贸diga. El esperma de ballena se cotizaba muy alto en los mercados. Pero los estadounidenses ten铆an el problema de que para llegar al Pac铆fico, que era donde estaban los cachalotes, ten铆an que ir por el Cabo de Hornos o bien por el Cabo de Buena Esperanza. Un rodeo extremadamente largo. Pero los de Nueva Espa帽a no ten铆an ese problema, ya que colindaba pod铆an salir directamente a la mar en busca de estos animales. Y sin embargo, escribe Humboldt: “En esas tierras calientes”, daba la impresi贸n de que no hab铆a mucho inter茅s por la industria ballenera. Todo el mundo viv铆a conform谩ndose con tener una hamaca y una guitarra. Eran tan negados al comercio, que intercambian la hamaca por otra cosa, aunque por la noche la volvieran a necesitar. Y para mayor desgracia, se quejaba Humboldt, la tierra les provee de muchos alimentos, especialmente pl谩tanos, de grandes cualidades nutritivas y de f谩cil cultivo. Parec铆a una vida placentera, por lo que era necesario infundirles el esp铆ritu de sacrificio, el anhelo por el trabajo, a estos indios perezosos por naturaleza. La soluci贸n, quiz谩s, radicaba en destruir las plataneras, y todas la existencia de condiciones m谩s elementales para la vida de la poblaci贸n.

La poblaci贸n deb铆a ser expropiada, l贸gicamente con violencia, de sus condiciones de existencia. Producir un hambre artificial, una escasez, para que surja el mercado de la fuerza de trabajo.

鈥淎hora sabemos que los cazadores-recolectores como los Ju / ‘hoansi no viv铆an constantemente al borde de la inanici贸n. M谩s bien, por lo general estaban bien alimentados; viv铆an m谩s que la gente en la mayor铆a de las sociedades agr铆colas; rara vez trabajaban m谩s de quince horas a la semana; y pasaban la mayor parte de su tiempo en el descanso y el ocio”, explica Suzman.

Ya en 1966, el antrop贸logo Richard Borshay Lee defendi贸 esta idea en una conferencia, dieciocho meses despu茅s de investigar en el Kalahari. Tambi茅n el antrop贸logo Colin Turnbull, quien descubri贸 que los bambuti en el Congo (bosque de Ituri) dispon铆an de una econom铆a del “compartir” como extensi贸n l贸gica de su relaci贸n con el entorno que los alimentaba, una tierra que les ofrec铆a sus dones. Adem谩s, su econom铆a estaba respaldada por la confianza que ten铆an en la providencia de su entorno como para nunca almacenar comida o recoger m谩s de lo que era necesario para satisfacer las necesidades inmediatas. Pero a estas arduas tareas no las llamaban “trabajo”, y muchos menos exist铆a el trabajo asalariado, empleo, acumulaci贸n, etc. 

El origen del t茅rmino “trabajo” como la fuerza necesaria para mover un objeto a una distancia determinada, no apareci贸 hasta 1828, cuando Coriolis describ铆a el proceso de golpear una bola de billar. Pero las m谩quinas de vapor econ贸micamente viables ya exist铆an desde unos a帽os antes. El t茅rmino “trabajo” le permit铆a describir, medir y comparar con precisi贸n las capacidades de cosas como la rueda hidra煤lica, los caballos de tiro, la m谩quina de vapor… y los seres humanos. Adem谩s, era una palabra que transmit铆a sufrimiento f铆sico, esfuerzo y tormento, perfecta para la doctrina cristiana de la p茅rdida del para铆so y la noci贸n de que el trabajo remunerado bajo la disciplina de un poderoso, es el 煤nico trabajo real, el 煤nico que otorga ciudadan铆a, dignidad y autoestima.

No en vano, la palabra 芦trabajo禄 deriva del lat铆n tripalium, que era una herramienta parecida a un cepo con tres puntas o pies que se usaba inicialmente para sujetar caballos o bueyes y as铆 poder herrarlos. Tambi茅n se usaba como instrumento de tortura para castigar esclavos o reos. De ah铆 que tripaliare significa tortura o causar dolor.

En cualquier caso, alega Suzman: si trabajo serv铆a para describir cualquier transferencia de energ铆a, entonces vivir, la vida en s铆, ya es trabajar.

Especialmente en la especia humana. “Si la mayor铆a de las especies de animales han desarrollado una serie de capacidades muy especializadas que se perfeccionaron durante generaciones de selecci贸n natural, permiti茅ndoles explotar entornos espec铆ficos, nuestros antepasados acortaron este proceso al volverse m谩s pl谩sticos y vers谩tiles. En otras palabras, se volvieron m谩s h谩biles en la adquisici贸n de habilidades.”

“Muchos rasgos y comportamientos animales dif铆ciles de explicar han sido determinados por la sobreabundancia estacional de energ铆a m谩s que por la batalla por unos escasos recursos. En esto puede residir la clave de por qu茅 nosotros, la especie que m谩s energ铆a derrocha de todas, trabajamos tanto.”        

Porque energ铆a no nos falta. A pesar de lo indefensos que est谩n los reci茅n nacidos de Homo sapiens, su cerebro nunca descansa. Somos glotones del mundo inform铆voro.

鈥淟a gran mayor铆a del costo energ茅tico de nuestros cr谩neos se dedica a procesar y organizar informaci贸n. Tambi茅n es casi seguro que somos 煤nicos en t茅rminos de la cantidad de trabajo de generaci贸n de calor que hacen estos 贸rganos, que de otro modo estar铆an inm贸viles, al generar pulsos el茅ctricos al reflexionar sobre la informaci贸n, a menudo trivial, que recopilan nuestros sentidos. As铆, cuando dormimos, so帽amos; cuando estamos despiertos buscamos constantemente estimulaci贸n y compromiso; y cuando se nos priva de informaci贸n sufrimos鈥.  

Por eso, como asegur贸 el antrop贸logo David Graeber: “Un ser humano que no puede tener un impacto significativo en el mundo, deja de existir”. 

En su libro, “Trabajos de mierda. Una teor铆a”, describi贸 estos trabajos como “una forma de empleo que es tan completamente in煤til, innecesaria o perniciosa que ni siquiera el empleado puede justificar su existencia鈥. Y especifica: 鈥渓os trabajos de mierda suelen inducir sentimientos de desesperanza, depresi贸n y autodesprecio. Son formas de violencia espiritual dirigidas a la esencia de lo que significa ser un ser humano鈥.    

“Much铆simas personas pasan toda su vida laboral efectuando tareas que, en su fuero interno, piensan que no har铆a falta realizar. […] El da帽o moral y espiritual que produce esta situaci贸n es realmente profundo; es una cicatriz en nuestra alma colectiva, pero casi nadie habla de ello”. 

La vida est谩 llena de trabajo, actividades, tareas. La vida es movimiento. Y sin embargo se alienta a los trabajadores asalariados a ver su trabajo no como mantenimiento, cuidado y reproducci贸n de la vida, ni como una manera de ayudar a otros (de hecho, cuanto m谩s beneficie a los dem谩s, y cuanto m谩s valor social crea, menos probabilidades hay de que paguen por ello). Ni siquiera como creaci贸n de riqueza, sino como “abnegaci贸n, una especie de peinado secular, un sacrificio de alegr铆a y placer que nos permite convertirnos en adultos dignos de nuestros juguetes consumistas鈥.  As铆 lo define Graeber, y a帽ade: “hemos inventado una dial茅ctica sadomasoquista extra帽a por la cual sentimos que el dolor en el lugar de trabajo es la 煤nica justificaci贸n posible para nuestros furtivos placeres de consumo”.
“Nos hemos convertido en una civilizaci贸n basada en el trabajo, ni siquiera en el “trabajo productivo”, sino en el trabajo como un fin y un significado en s铆 mismo”.

Fue en el Gran Desacoplamiento de los a帽os 80. La productividad, la producci贸n y el producto interior bruto segu铆an aumentando, pero el crecimiento de los salarios se estanc贸… excepto para los que ten铆an los sueldos m谩s altos. No est谩 claro que lo caus贸. Para algunos, fue la prueba clara de que la expansi贸n tecnol贸gica estaba canibalizando la mano de obra y concentrando la riqueza en menos manos.

“Desde al menos la Gran Depresi贸n, hemos escuchado advertencias de que la
automatizaci贸n estaba a punto de dejar sin trabajo a millones de personas. [El economista] John Maynard Keynes en ese momento acu帽贸 el t茅rmino “desempleo tecnol贸gico”, y muchos asumieron que el desempleo masivo de la d茅cada de 1930 era s贸lo una se帽al de lo que vendr谩. Y aunque esto podr铆a hacer que parezca que tales afirmaciones siempre han sido algo alarmistas, fueron completamente precisos. De hecho, la automatizaci贸n condujo a un desempleo masivo.

Simplemente hemos cerrado la brecha agregando trabajos ficticios que se inventan de manera efectiva.  

Una combinaci贸n de presi贸n pol铆tica tanto de derecha como de izquierda, un sentimiento popular profundamente arraigado de que el empleo remunerado por s铆 solo puede convertirlo a uno en una persona moral plena y, finalmente, un temor por parte de las clases altas, ya se帽alado por George Orwell en 1933, de lo que las masas trabajadoras podr铆an hacer si tuvieran demasiado tiempo libre en sus manos, ha asegurado que cualquiera que sea la realidad subyacente, cuando se trata de cifras oficiales de desempleo en los pa铆ses ricos, la aguja nunca debe saltar demasiado lejos del rango de 3 a 8 por ciento. Pero si se eliminan los trabajos de mierda del panorama, y  鈥嬧媗os trabajos reales que solo existen para apoyarlos, se podr铆a decir que la cat谩strofe predicha en la d茅cada de 1930 realmente sucedi贸. De hecho, m谩s del 50 al 60 por ciento de la poblaci贸n se ha quedado sin trabajo”.

鈥淐atherine Lutz es una antrop贸loga que ha estado llevando a cabo un proyecto de estudio de bases militares estadounidenses en el exterior. Hizo la fascinante observaci贸n de que casi todas estas bases organizan programas de divulgaci贸n, en los que los soldados se aventuran a reparar las aulas de las escuelas o a realizar chequeos dentales gratuitos en pueblos y aldeas cercanas. La raz贸n aparente de los programas era mejorar las relaciones con las comunidades locales, pero rara vez tienen mucho impacto en ese sentido; Sin embargo, incluso despu茅s de que los militares descubrieron esto, mantuvieron los programas porque ten铆an un impacto psicol贸gico enorme en los soldados, muchos de los cuales se pon铆an euf贸ricos al describirlos: por ejemplo, “Por eso me un铆 al ej茅rcito”, “De esto se trata realmente el servicio militar, no solo de defender a su pa铆s, 隆se trata de ayudar a la gente!” Descubrieron que los soldados autorizados a realizar tareas de servicio p煤blico ten铆an dos o tres veces m谩s probabilidades de volver a alistarse. Recuerdo haber pensado: “Espera, 驴entonces la mayor铆a de estas personas realmente quieren estar en el Cuerpo de Paz?” Y lo busqu茅 debidamente y descubr铆: efectivamente, para ser aceptado en el Cuerpo de Paz, es necesario tener un t铆tulo universitario. El ej茅rcito de Estados Unidos es un refugio para los altruistas frustrados”.

Mientras, la empresa Canon en China solo permite a los empleados entrar a la oficina y reservar salas si sonr铆en por el “smile recognition”. Da igual si se sienten o no realizados con su trabajo, lo importante es la curvatura de su boca. “As铆 que ahora las empresas no solo est谩n manipulando nuestro tiempo, sino tambi茅n nuestras emociones”, dijo un usuario en Weibo. 

Es el coraz贸n administrado, la comercializaci贸n del sentimiento humano. Fue la soci贸loga Arlie Russell Hochschild quien introdujo la noci贸n de “trabajo emocional”. La supresi贸n de las emociones en pos de un bien laboral mayor. Aquel que “induce o suprime los sentimientos para, as铆, obtener un aspecto exterior que produzca el estado mental adecuado en los dem谩s”.

Keynes pens贸 que ser铆an “los hacedores de dinero resueltos y en茅rgicos” como Jeff Bezos y Richard Branson (fundador de Virgin Galactic, que tambi茅n viaj贸 al espacio), quienes nos guiar铆an hacia la tierra prometida econ贸mica, viviendo en la abundacia, con mucho tiempo libre. Y tan pronto como lleg谩ramos, “el resto de nosotros ya no tendremos obligaci贸n alguna de aplaudirles y animarles”.

“En esto se equivocaba”, se lamenta Suzman.

Seguimos ri茅ndonos de sus gracias.

“Es m谩s probable que el catalizador que provoque los cambios radicales en “las costumbres sociales y las pr谩cticas econ贸micas” como dijo Keynes, sea un cambio r谩pido del clima (…), la ira causada por las desigualdades sistem谩ticas (…), o quiz谩s una pandemia viral que exponga las carencias de nuestras instituciones econ贸micas y cultura laboral, y nos lleve a preguntarnos qu茅 trabajos son de verdad valiosos y a cuestionarnos por qu茅 nos conformamos con dejar que nuestros mercados recompense mucho m谩s a quienes desempe帽an cargos con frecuencia in煤tiles o parasitarios que a aquellos que reconocemos como esenciales”, reflexiona Suzman.

Fuentes:

 “Trabajo. Una historia de c贸mo empleamos el tiempo”. James Suzman.

“Trabajos de mierda: Una teor铆a. David Graeber.
“La f谩brica del emprendedor. Trabajo y pol铆tica en la empresa mundo.” Jorge Moruno.

 https://www.aboutamazon.com/news/policy-news-views/our-recent-response-t…         

Humboldt y el Progreso禄, fragmento segregado de Mientras los dioses no cambien nada habr谩 cambiado (1986), de Rafael S谩nchez Ferlosio.

 

 




Fuente: Briega.org