March 26, 2021
De parte de Briega
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Extracto del libro 鈥楲enguaje inclusivo y exclusi贸n de clase鈥, de Brigitte Vasallo, editado por Larousse.

El nuevo libro de Brigitte Vasallo Lenguaje inclusivo y exclusi贸n de clase ha sido editado por Larousse.

Me descubro (a menudo) haciendo esto: leo algo que me interesa, observo la foto de la persona que lo ha escrito, miro sus notas biogr谩ficas. Busco si viene de donde vengo yo, sin duda para reforzar algo en m铆.

Cuando las notas biogr谩ficas no hacen referencia a la familia directa es porque no hay nada que se considere relevante. Nunca se dice 芦hija de una mujer que no quer铆a tener criaturas y, aun as铆, tuvo dos y apechug贸 con ellas lo mejor que pudo禄 o 芦hija de una mujer que no sab铆a leer, migr贸 a un pa铆s extranjero y sac贸 a toda su estirpe de la miseria禄.

Las que no tenemos riquezas que mostrar en los par谩metros del capital econ贸mico, cultural o social, callamos. Y hacemos que la riqueza se convierta en lo 煤nico que existe: todo lo dem谩s deviene un vac铆o donde se pierde la memoria de nuestra clase.

Conoc铆 a mis abuelos, pero de sus padres y madres ya no s茅 ni el nombre de pila. Se han ido perdiendo las historias en la oralidad interrumpida por la di谩spora. Porque la familia se vuelve peque帽a con las migraciones y los desplazamientos, se va reduciendo al n煤cleo, y el entorno no sabe nada de ti, las vecinas no pueden contarte, no hay restos de tu historia en el paisaje, ni en las calles, ni en los edificios, 芦que mira mi bisabuela naci贸 aqu铆 o t煤 debes de ser la nieta de fulanita, que era hija de tal禄鈥 Todo eso no existe: hay que hacerse un cuerpo nuevo, comenzarlo de cero. Y vas caminando por la calle, entre gente que tiene cuerpos asentados por generaciones y t煤 te tambaleas en presencia de tanta concreci贸n.

Lo 煤nico que ha perdurado para llegar hasta m铆 es la pandemia de 1918, en la que murieron mis bisabuelos, sus hermanas y hermanos, sus primas, sus t铆os, todo el mundo. Qued贸 aquel que ser铆a mi abuelo materno, Juanito, al que toda su vida llamaron por el diminutivo porque ten铆a seis a帽os cuando se hizo adulto de repente. Sobrevivi贸 trocando trabajo por techo; creci贸 durmiendo en los corrales de los vecinos, entre los animales, sobre el esti茅rcol. La memoria de mi familia acaba all谩: nacemos donde murieron. No tengo grandes gestas de las que sentirme heredera, m谩s all谩 de la pura supervivencia a esa miseria f茅rrea.

Dice Y谩snaya Aguilar Gil [1] que todo el mundo se lamenta de que una persona no sepa leer, pero que nadie lamenta que otro tipo de conocimientos, como el de la tradici贸n oral, est茅n desapareciendo.

Mi madre fue la segunda de nueve criaturas, y la primera en emigrar a Par铆s desde una aldea de la Galicia sin mar. La aldea era un grupo de casas sin nada m谩s: ni carretera, ni escuela, ni otro centro social que una ermita con un cura rotativo, que pasaba por all铆 de vez en cuando. A nuestra aldea no lleg贸 la televisi贸n hasta bien entrados los a帽os 90 del siglo xx. Tampoco llegaba la radio: no hab铆a antena. Si hubiesen llegado los peri贸dicos nadie los hubiese podido leer, porque nadie sab铆a. Nadie ten铆a una fecha de nacimiento clara, y las criaturas se registraban cuando alg煤n vecino iba a la capital y llevaba de paso el encargo de apuntar a quien hubiese nacido en la aldea desde la 煤ltima vez que alguien pas贸 por el registro. Los apellidos tambi茅n bailaban porque el tal vecino encargado de ir al registro hac铆a lo que pod铆a y ya bastante ten铆a con lo suyo. A veces bailaban los nombres de pila y las criaturas acababan registradas con otro nombre. Cuando mis abuelxs y sus vecinas y vecinos llegaron a la edad de jubilarse, conseguir los papeles fue una odisea porque la l铆nea de su nombre y su origen se perd铆a de repente: no se llamaban como pens谩bamos que se llamaban, ni estaban inscritos en el a帽o que supon铆amos [2].

芦Nuestra supervivencia, la supervivencia de las que venimos de pobres, nace del esfuerzo colectivo por sobrevivir禄, Brigitte Vasallo 锘緾lic para tuitear

Mi madre siempre hablaba del hambre, de la miseria, de no tener techo, del terror ese incrustado al saber que tu supervivencia no est谩 garantizada, que tu margen de error en la vida es muy peque帽o.

Nuestra supervivencia, la supervivencia de las que venimos de pobres, nace del esfuerzo colectivo por sobrevivir, por dar a la siguiente generaci贸n una patada en el culo que nos aleje lo m谩ximo posible de la l铆nea de la miseria, por darnos las herramientas para salir adelante. Y entre esas herramientas est谩 la de dotarnos de una cultura reglada que propicie nuestro acceso al capital econ贸mico. Alcanzar los t铆tulos acad茅micos como adquirir los idiomas importantes y alejarnos de las lenguas in煤tiles, aquellas que solo sirven para pedir cobijo en el corral de la vecina, entre el esti茅rcol, pero que no sirven para conseguir un buen trabajo que te permita comprarte tu techo y que nadie te lo pueda quitar. Pero los t铆tulos acad茅micos, los idiomas importantes y los trabajos bien pagados, traen consigo la renuncia a los acentos, a los dejes, a la lengua 芦mal hablada禄, a la ropa vieja pero c贸moda, a la libertad del cuerpo para engordar, para llenarse de pelos en las piernas y de bigotes en la cara, para envejecer, para oler a sudor, para comer con gusto hasta llenarte y m谩s all谩. Los t铆tulos acad茅micos traen consigo una narrativa de la historia que nos habl贸 de civilizaci贸n, de progreso y de atraso, de barbarie, que marc贸 la miseria del sistema como una verg眉enza nuestra, esa gente atrasada que viv铆a entre el ganado, en esos lugares en los que nunca nacieron reyes ni h茅roes ni l铆deres de izquierda ni grandes sindicalistas ni Newtons ni Platones ni Virginias Woolf ni Kants ni Foucaults ni Dostoyevskis ni ballets nacionales ni nada que hubiese aportado al mundo nada o al menos nada que valiese la pena recordar. Los t铆tulos acad茅micos tambi茅n traen consigo palabras correctas e incorrectas, palabras que existen y palabras que no, aunque de toda la vida se hayan usado en tu casa y funcionen mejor que cualquier nueva palabra que solo entender谩s t煤. Traen tambi茅n los temas que son trascendentes y los que no, que ni siquiera son temas intrascendentes porque ni existen, porque no llegan a ser. Los trascendentes, dicen, son aquellos que hablan del para fuera, de lo p煤blico, de lo grande, de lo nacional, del Estado, de las grandes batallas, de las luchas, de las barricadas, de los altavoces.

Y traen consigo, claro, una forma de mirar el mundo.

Un disciplinamiento, un marco desde el que mirar, un marco que se帽ala la norma y que nos permite ver, a lo sumo, aquello que, dando la norma por buena, la transgrede. Porque fuera no vemos nada.

Mi t铆a Erundina siempre tuvo bigote, pero yo no le daba importancia, pues me parec铆a una representaci贸n del cuerpo atrasada, poco civilizada; para m铆 no ten铆a significado pol铆tico (ni relevancia alguna) que una mujer de una aldea sin luz ni televisi贸n no entendiera que las mujeres modernas, refinadas, cultas nos depilamos. Pero, cuando otras mujeres modernas, refinadas, cultas dejaron de depilarse y lo llamaron liberaci贸n, dej茅 de hacerlo yo tambi茅n. Y, s铆, me sent铆 liberada. Lo que no entend铆 fue que el cuerpo liberado de esa imposici贸n est茅tica, de esa imposici贸n de g茅nero, era un cuerpo conocido por m铆, anterior a la norma, del que no supe aprender nada.

Con la adquisici贸n de capital cultural, pues, nos pusimos a hablar distinto 鈥攁 hablar correcto鈥, a vestir distinto 鈥攁 vestir moderno鈥, a peinarnos de mil maneras, 鈥攑ero a peinarnos, al fin y al cabo鈥.

El capital cultural nos ha transformado mucho m谩s de lo que nos transforma el capital econ贸mico. Porque puedes tener dinero y seguir siendo una mujer de barrio. Pero no basta con tener capital cultural: tienes que aparentarlo. Y arrasa con todo: es una forma de pensar, claro, de moverte, de caminar, de sentarte, de sonre铆r o de no hacerlo; es una forma de follar y un con qui茅n debes follar, qui茅n te gusta y qui茅n jam谩s, es un si me escribes con faltas de ortograf铆a en la app de ligue te bloqueo, es un no voy a ligar contigo porque este deje que tienes al hablar, esta cosa, estos temas no me ponen; es la ropa, es la comida, son los gustos musicales, son los barrios por los que te mueves, es todo. El capital cultural no se adquiere, te secuestra. Y acaba contigo.

As铆, ese esfuerzo colectivo por sacarnos de la zona de miseria, por darnos las herramientas para la supervivencia, ha devenido, desgraciadamente, una forma radical de destrucci贸n de la conciencia de clase.

 

Notas

[1] Aguilar Gil, Y谩snaya: Un nosotrxs sin Estado. OnA ediciones. 2018, p谩g 76.
[2] Mientras escribo este texto me entero, por casualidad, de que mi apellido Vasallo es una castellanizaci贸n del apellido Basalo, posiblemente sucedida en el registro y sin consentimiento de mi familia.




Fuente: Briega.org