August 3, 2021
De parte de ANRed
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Si no es pura demagogia, de aqu铆 hasta fin de a帽o Estados Unidos lograr谩 desembarazarse de las dos guerras y los sendos desastres m谩s largos de su historia, al retirar de Afganist谩n los 2.500 soldados que a煤n mantiene (de los 100 mil que lleg贸 a tener) all铆 este agosto, y poner fin a fin de a帽o la misi贸n de combate en Irak, seg煤n el acuerdo del 7 de abril de los presidentes Joe Biden y Mustaf谩 Kadhimi. Por Mirko C. Trudeau* (Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico 鈥 CLAE).


Los perros de la guerra, las empresas mercenarias que sirven a los gobiernos de Estados Unidos y la Organizaci贸n del Tratado del Atl谩ntico Norte (OTAN), los fabricantes de armas, los halcones guerreristas estadounidenses, no est谩n contentos, ya que no les han garantizado nuevos conflictos y nuevos contratos en otras regiones, como el Caribe (Cuba y Venezuela, quiz谩). Y por eso hay que tener cuidado con operaciones de falsa bandera, tanto en Irak como en Afganist谩n, tratando de que la guerra no termine jam谩s.

A casi dos d茅cadas, las invasiones emprendidas en 2001 y 2003 a estas naciones asi谩ticas de mayor铆a musulmana, dejan dos pa铆ses desarticulados, con una destrucci贸n material incuantificable y unas p茅rdidas humanas tan escalofriantes como invisibilizadas por los medios hegem贸nicos: m谩s de 150 mil muertos 鈥揹e los cuales casi 100 mil eran civiles鈥 en Afganist谩n y tantos en Irak que se volvieron incontables.

En 2006, a s贸lo tres a帽os del inicio de la ocupaci贸n, la revista cient铆fica The Lancet estim贸 en 654 mil el n煤mero de iraqu铆es fallecidos 鈥揳sesinados- a causa del conflicto. En 2007 la encuestadora ORB International elev贸 el c谩lculo a un mill贸n 220 mil v铆ctimas mortales, a los que deben sumarse centenares de miles de heridos y millones de desplazados en uno y otro pa铆s.

Finalmente Estados Unidos encontr贸 la forma de terminar con una pol铆tica conocida como la de las 鈥済uerras sin fin鈥. Obviamente, Estados Unidos seguir谩 utilizando apalancamiento diplom谩tico y monetario. Lo que no est谩 del todo claro es si esas herramientas obtendr谩n resultados donde dos d茅cadas de fuerzas militares estadounidenses no pudieron obtenerlos.

Queda claro que, en t茅rminos pol铆ticos y geoestrat茅gicos, no obtuvo beneficio alguno con estas incursiones y que los 煤nicos ganadores fueron las empresas petroleras, la industria armamentista y los proveedores de servicios de seguridad y log铆stica, vinculados con el entorno de Bush hijo, de su vicepresidente Dick Cheney y del ex secretario de Defensa y apologista de la tortura, Donald Rumsfeld.

En ambas guerras, Estados Unidos perdi贸 a miles de soldados y mercenarios eufem铆sticamente llamados contratistas; gast贸 cifras astron贸micas de dinero; exacerb贸 el rencor de extensos sectores del mundo 谩rabe e isl谩mico; llen贸 de tensiones sus otrora inamovibles alianzas con Arabia Saudita y Turqu铆a y se sumi贸 en un abismo moral por los extremos de degradaci贸n que alcanz贸 en escenarios como Guant谩namo y Abu Ghraib, as铆 como por los cr铆menes de guerra documentados por Wikileaks en los expedientes divulgados en 2010.

La conclusi贸n ineludible es que las aventuras imperialistas, adem谩s de ser ilegales y causar un indecible dolor humano, resultan en la actualidad totalmente disfuncionales para las potencias invasoras.

Ahora, tras 20 a帽os de combates que han costado dos billones (millones de millones) de d贸lares a los contribuyentes estadounidenses, los talibanes controlan hasta 70 por ciento del territorio afgano y todo hace pensar que est谩n en condici贸n de derribar al gobierno respaldado por Occidente.

Irak, por su parte, se encontraba bajo un r茅gimen que conservaba la estabilidad institucional y que manten铆a un decidido laicismo en una regi贸n caracterizada por teocracias y extremismos.

El derrocamiento de Saddam Hussein no s贸lo no mejor贸 en nada la situaci贸n de los iraqu铆es, sino que sumi贸 al pa铆s en una anarqu铆a de la cual se han beneficiado enemigos mucho m谩s peligroso: adem谩s de revitalizar a Al Qaeda, el caos en Mesopotamia fue el caldo de cultivo del Estado Isl谩mico y de facciones chi铆tas abiertamente hostiles a la superpotencia.

驴El otro frente?

En medio de este deterioro de la escena mundial, ocurri贸 una hist贸rica bocanada de aire fresco en el llamado del presidente de M茅xico, Andr茅s Manuel L贸pez Obrador para colocar en la agenda de Am茅rica Latina y el Caribe el reemplazo de la OEA por un organismo en verdad aut贸nomo, no lacayo de nadie.

Planteado ante la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribe帽os (Celac) es un paso vital que se debe analizar y formalizar ante la mencionada postura de EU. La propuesta de AMLO se da en momentos en que Biden retoma los pasos y el legado de su antecesor al desplegar una ofensiva imperial contra Cuba y Venezuela, que afecta a la regi贸n y al mundo, y plantea una nueva guerra fr铆a unilateral contra China -incluyendo a Rusia-, la otra gran potencia que comparte con Estados Unidos el manejo de poco m谩s de 92 por ciento del arsenal nuclear hoy en alerta.

Biden se pone el manto imperial y plantea un sistema basado en (sus) reglas y normas, desconoce el multilateralismo internacional de Naciones Unidas (que apoyan Rusia y China) para negociar sobre guerra y paz.

La pol铆tica de Estados Unidos, que incluye el despojo de los recursos naturales de la periferia, es parte la gobernanza del capitalismo extractivista v铆a un sistema de reglas y normas de la c煤pula econ贸mico-militar del Grupo de los 7 y de la Organizaci贸n del Tratado del Atl谩ntico Norte (OTAN). Para China, es un arreglo de camarillas bajo dominio de EEUU de espaldas al sistema ONU, el derecho internacional y la soberan铆a de las naciones.

Analistas estadounidenses son quienes resaltan la magnitud del desplome de EEUU en Latinoam茅rica y el Caribe. Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs consignan que la mayor parte del impacto de las sanciones estadounidenses contra Venezuela no se ha producido en el gobierno, sino en la poblacio虂n civil, con dan虄os muy graves a la vida y la salud humanas, incluidas ma虂s de 40 mil muertes entre 2017 y 2018.

A帽aden que estas sanciones encajari虂an en la definicio虂n de castigo colectivo a la poblacio虂n civil, tal como se describe en las convenciones internacionales de Ginebra y La Haya, de las cuales EEUU es signatario. Estas sanciones tambie虂n son ilegales, segu虂n el derecho internacional y los tratados que ha firmado EEUU, y violan la legislacio虂n estadounidense.

Michael Klare, importante analista de asuntos de seguridad nacional de EEUU, se帽ala que el gobierno de Biden y su implantaci贸n de algo basado en el dise帽o de reglas y normas propias, de soberan铆as restringidas, confronta al mundo y el orden de Naciones Unidas. Dividir al mundo en dos campos en pugna es la ruta al Armaged贸n el t茅rmino b铆blico del omnicidio nuclear o clim谩tico, se帽ala en The Nation.

John Bellamy Foster, en The New Cold War on China, Monthly Review, se帽ala que para la diplomacia china, el orden de reglas es s贸lo de EEUU, no puede denominarse de reglas internacionales sino de reglas hegem贸nicas, y si se trata de reglas de EEUU junto a unos cuantos pa铆ses, entonces ser铆an 鈥渞eglas de camarilla鈥.

Un largo adi贸s

Obviamente, las tropas estadounidenses no se van del todo. El acuerdo se帽ala que Irak se comprometi贸 a proteger las bases con personal estadounidense que, seg煤n Washington, est谩n presentes 鈥渟olamente como un apoyo a los esfuerzos de Irak en la lucha contra el Estado Isl谩mico鈥.

Mientras, la fecha l铆mite para la retirada de Afganist谩n es significativa: el 11 de septiembre de 2021 se cumplen 20 a帽os despu茅s de los ataques terroristas en Nueva York, Washington y Pensilvania que llevaron a Estados Unidos a apuntar a Afganist谩n en primer lugar. Esas dos d茅cadas han visto m谩s de 2.300 vidas militares estadounidenses perdidas, decenas de miles de heridos estadounidenses, innumerables bajas afganas y m谩s de dos mil millones de d贸lares de los contribuyentes.

Los 煤ltimos soldados estadounidenses en partir, muchos de ellos nacidos despu茅s de los ataques del 11 de septiembre, dejar谩n partes de Afganist谩n bajo el control de los mismos l铆deres talibanes que estaban all铆 en 2001. Ante, los sovi茅ticos ocuparon Afganist谩n durante la d茅cada de 1980 y finalmente se retiraron tras la resistencia de los combatientes muyahidines, mientras EEUU canalizaba armas y ayudaba a estas fuerzas antisovi茅ticas.

En el vac铆o de poder postsovi茅tico, los talibanes se alinearon tras el mul谩 Mohammed Omar, que quer铆a crear una  sociedad isl谩mica, expulsar del pa铆s las influencias extranjeras como la televisi贸n y la m煤sica. En 2001, controlaban casi todo el pa铆s. Pero fue al Qaeda, calificada como red terrorista isl谩mica, no los talibanes de Afganist谩n, una fuerza pol铆tica y militar isl谩mica regional, la que atac贸 a Estados Unidos el 11 de septiembre. Los talibanes s贸lo se negaron a entregar a Bin Laden tras el ataque.

El apoyo de la invasi贸n fue casi un谩nime por dem贸cratas y republicanos con la excusa de los ataques del 11 de setiembre. Solo una legisladora, Barbara Lee de California, se opuso. Esa resoluci贸n se utiliz贸 por primera vez para autorizar acciones en Afganist谩n, pero desde entonces los presidentes se han apoyado en ella para actuar en al menos 37 pa铆ses diferentes, seg煤n el Servicio de Investigaci贸n del Congreso estadounidense.

La invasi贸n, liderada por las fuerzas de EEUU con la ayuda de los aliados de la OTAN, se enmascar贸 como un paso en una guerra contra el terrorismo, y fue acompa帽ada por una ofensiva medi谩tica para imponer en el imaginario colectivo la necesidad de escarnio a los islamistas. Una generaci贸n de estadounidenses naci贸 y alcanz贸 la mayor铆a de edad mientras la guerra continuaba, a menudo en un segundo plano con poca atenci贸n de la mayor铆a del p煤blico que ya ni siquiera sabe qui茅n era Bin Laden.

El n煤mero de los soldados en Afganist谩n ha fluctuado. En ocasiones, durante la administraci贸n de Barack Obama, se desplegaron alrededor de 100.000 soldados. Obama intent贸 poner fin a las operaciones de combate en 2014, pero dej贸 m谩s soldados en el pa铆s de los que hab铆a planeado. Su sucesor, Donald Trump, envi贸 nuevos efectivos all铆 antes de reducirlos en gran medida y entablar conversaciones de paz con los talibanes.

El objetivo declarado de la participaci贸n de Estados Unidos no es liberar a las mujeres reprimidas por los talibanes ni acabar con ese r茅gimen. Seg煤n algunos analistas, el objetivo en Afganist谩n es evitar que vuelva a convertirse en un semillero de grupos terroristas como Al Qaeda, pero la estrategia cambi贸 con cada presidente.

鈥淎帽o tras a帽o, los l铆deres militares le dijeron al Congreso y al pueblo estadounidense que finalmente est谩bamos d谩ndole la vuelta a la esquina en Afganist谩n, pero al final solo est谩bamos entrando en un c铆rculo vicioso鈥, dijo la senadora de Massachusetts Elizabeth Warren en un comunicado.

A fines de 2001, dos d茅cadas atr谩s, Obama bin Laden se hab铆a movido a trav茅s de partes de Afganist谩n y hab铆a cruzado a Pakist谩n, donde permanecer铆a escondido durante casi una d茅cada hasta que las fuerzas especiales de la Armada, los Navy Seal, aseguraron que lo mataron all铆 en mayo de 2011.

La historia tr谩gica se repite y no se sabe si es por el resurgimiento nacionalista o una operaci贸n de falsa bandera estadounidense. A principios de agosto, el gobierno afgano 鈥損roestadounidense- anunci贸 el reforzamiento militar en distintos puntos del pa铆s, en medio de bombardeos y 鈥渇eroces batallas callejeras ante el resurgimiento de los talibanes鈥.

Denunci贸 que dispararon al menos tres cohetes contra el aeropuerto de la sure帽a Kandahar. Cientos de comandos fueron desplegados en la ciudad occidental de Herat, mientras las autoridades de Lashkar Gah pidieron m谩s tropas para frenar el avance de los insurgentes ante el aumento de peleas callejeras, cad谩veres a la intemperie y ataques a茅reos del gobierno afgano y fuerzas estadunidenses. Los ataques a茅reos del gobierno dejaron decenas de muertos en las calles, seg煤n la cadena catar铆 Al Jazeera.

Desde mayo, aprovechando el ya casi concluido retiro de las fuerzas internacionales del pa铆s, principalmente las estadounidenses, los talibanes lanzaron una ofensiva con la que se han apoderado de amplios territorios rurales. Las fuerzas gubernamentales casi no opusieron resistencia y controlan apenas los grandes ejes de comunicaci贸n y las capitales provinciales, algunas de ellas rodeadas por los insurgentes.

* Mirko C. Trudeau es polit贸logo integrante del Observatorio de Estudios Macroecon贸micos (Nueva York), Analista de temas de Norteam茅rica y Europa, asociado al Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE, estrategia.la)

Fuente: https://estrategia.la/2021/08/02/tras-las-fallidas-y-desastrosas-guerras-en-afganistan-e-irak-eu-busca-nuevos-escenarios/





Fuente: Anred.org