November 2, 2020
De parte de Memoria Libertaria
185 puntos de vista


P煤blico /Loreto M谩rmol 

Albatera fue de los m谩s crueles como Eduardo de Guzm谩n relat贸 en su libro “El a帽o de la victoria” 

 

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Comienza la actuaci贸n arqueol贸gica para desentra帽ar la informaci贸n que permanece soterrada desde hace 81 a帽os y documentar la existencia de uno de los lugares m谩s crueles de la represi贸n franquista. Durante varias semanas se realizar谩n sondeos y excavaciones para determinar la ubicaci贸n exacta de una fosa com煤n, probablemente de grandes dimensiones.

Un equipo de arque贸logos realiza una prospecci贸n con detectores de metales para recabar objetos. / F. M.

Un equipo de arque贸logos realiza una prospecci贸n con detectores de metales para recabar objetos. 鈥 F. M.

“Se recorta, velada, una tragedia de aglomerados rojos, rojos zares, con un tic-tac en plenilunio, abiertos, como revoluciones de los huertos / granadas con la herida de tu florido asombro, d谩tiles con tu esbelta ternura sin retorno”, escribi贸 Miguel Hern谩ndez.

Entre bancales con esos frutos que por el color de su jugo son s铆mbolo del martirio y palmeras altivas con impactos de bala, se alzan dos vigas de hierro con cadenas rotas, un monumento que se levant贸 en los a帽os 90 “en recuerdo de todos los seres humanos que sufrieron y murieron por un mundo m谩s justo y m谩s libre”. Cerca se ha instalado hace tan solo unos d铆as un panel informativo en memoria de los represaliados.

Son los 煤nicos vestigios que indican a simple vista la existencia del campo de concentraci贸n de Albatera, en la localidad alicantina de San Isidro. De los 300 que el r茅gimen franquista disemin贸 por todo el pa铆s, para “propagar una atm贸sfera de terror” y “crear una impresi贸n de dominaci贸n”, tal y como dijo el general Mola al inicio de la guerra, es uno de los m谩s importantes, y tambi茅n de los m谩s desconocidos. Forma parte de esa Espa帽a oculta, de esa historia no oficial todav铆a por contar.

Entre finales del 39 y principios del 40 lo desmantelaron y arrasaron hasta sus cimientos con el objetivo de no dejar rastro. Solo quedaron algunos escombros. Sin embargo, su silueta a煤n pod铆a distinguirse en las im谩genes a茅reas a gran escala que los llamados vuelos americanos captaron de toda la Pen铆nsula en 1946. “Es curioso porque en ellas se ve la estructura”, afirma el arque贸logo e historiador Felipe Mej铆as. Fue lo que le permiti贸 hace dos a帽os determinar su ubicaci贸n exacta y su per铆metro de 709 metros de longitud por 200 de ancho (14 hect谩reas).

El horno de pan, en una imagen de 1938, cuando era un campo de trabajo de la Rep煤blica. / Luis Vidal

El horno de pan, en una imagen de 1938, cuando era un campo de trabajo de la Rep煤blica. 鈥 Luis Vidal

“El azar ha querido que se abra una oportunidad para dar luz a lo que sucedi贸”

Se cerr贸 el 27 de octubre de 1939, y su memoria se borr贸 durante 40 a帽os y se olvid贸 por otros 40 m谩s. Justo 81 a帽os despu茅s, “el azar ha querido que se abra una oportunidad para dar luz a lo que sucedi贸”, prosigue. Lidera un equipo de cinco arque贸logos que esta semana ha comenzado una prospecci贸n con detectores de metales para documentar su existencia a trav茅s de los objetos, recabando restos de ropa (como cinturones y hebillas), insignias, proyectiles, basura鈥 “La informaci贸n de los basureros permite reconstruir lo que la documentaci贸n no aporta”, explica el investigador.

Los que lograron sobrevivir contaron que la dieta consist铆a en un chusco de pan que compart铆an entre cinco y una lata de sardinas para dos cada tres d铆as. “Com铆an cuatro o cinco veces al mes”, sentencia Mej铆as. Los tres primeros d铆as bebieron de los charcos el agua que les tiraron al suelo. En esas primeras horas tampoco les proporcionaron comida, y ya ven铆an de ingerir solo las flores de los almendros. “Dej谩bamos aquello pelao”, dijo el poeta Marcos Ana.

Se calcula que hasta 20.000 personas recalaron all铆 entre el 5 y el 6 de abril del 39, muchos, desde el campo de los Almendros. Reci茅n declarado el fin de la contienda, con la ca铆da del 煤ltimo basti贸n republicano, se hab铆an dirigido al puerto alicantino con la esperanza de subir a unos barcos que nunca llegaron. A excepci贸n del presidente y los cargos m谩s relevantes, capturaron a gran parte de la c煤pula del Gobierno y la sociedad republicana. Comisarios pol铆ticos, gobernadores civiles, militares de alta graduaci贸n, m茅dicos, escritores, artistas鈥 que no pudieron subir al Stanbrook, el 煤ltimo buque que zarp贸 camino al exilio.

“Llegamos al muelle de carga de la estaci贸n ferroviaria de Alicante donde hab铆a un tren de transportar ganado”, cont贸 en los a帽os 80 el exprisionero Juan Caba. En vagones abarrotados, a punto de la asfixia, los trasladaron a lo que hasta ese momento hab铆a funcionado como campo de trabajo, una estructura penitenciaria que se inaugur贸 en 1937 para los acusados de espionaje, rebeli贸n y sedici贸n.

Instalaciones del campo de trabajo republicano, en 1938. / Luis Vidal (Biblioteca Digital Hisp谩nica).

Instalaciones del campo de trabajo republicano, en 1938. 鈥 Luis Vidal 

Un lugar emblem谩tico que se convirti贸 en un infierno

Los documentos demuestran que los cautivos cobraban un peque帽o salario por su jornada laboral de ocho horas y hab铆a permisos de fin de semana. La instalaci贸n contaba con enfermer铆a, servicio de correos, un r茅gimen de visitas familiares y partidas presupuestarias para alimentos. “Era un centro emblem谩tico y ejemplar para la Rep煤blica”, advierte Mej铆as.

“Ara帽ando como pudimos la tierra, tuvimos que acomodar nuestro esquel茅tico cuerpo al lecho del terreno”

Nada que ver, en su opini贸n, con el infierno en el que se convirti贸 despu茅s. El franquismo se limit贸 a aprovechar el cerco de alambre. Instalaron a los reclusos en el terreno que circundaba los barracones. A la intemperie y hacinados, “como animales”, prosigue, apenas se pod铆an tumbar en el suelo. “Ara帽ando como pudimos la tierra, tuvimos que acomodar nuestro esquel茅tico cuerpo al lecho del terreno”, seg煤n Caba.

A un mes especialmente lluvioso le sigui贸 un verano que rajaba la tierra y la piel, llena de llagas abiertas por el sol. La escasez de agua y alimento les provocaba atroces episodios de estre帽imiento y diarrea severa. Los retretes, atascados desde el segundo d铆a, eran conocidos como lugares de tormentos. “Incluso las letrinas, o m谩s bien las zanjas que los presos excavaron, dan informaci贸n”, contin煤a Mej铆as.

Aquello se llen贸 de chinches y par谩sitos. Empezaron a enfermar r谩pidamente. “Nos acosaba la idea de que morir铆amos de hambre y sed”, describi贸 Caba. Algunos ya no se levantaban al toque de diana. Mor铆an de inanici贸n.

Queda en pie el antiguo horno de pan, reconvertido en caseta de aperos de labranza. “Hay quien dice que era de cremaci贸n. Hay muchas exageraciones”, aclara Mej铆as, que lo ha podido documentar con una foto de febrero de 1938, cuando a煤n era campo de trabajo.

Para desentra帽ar las huellas soterradas, otro grupo de cuatro especialistas de la Universidad de C谩diz est谩 batiendo con un georradar una superficie de 3 hect谩reas, que era la zona de acceso. Mej铆as espera hallar la informaci贸n que hay en el subsuelo y “determinar con precisi贸n la ubicaci贸n de la fosa com煤n”, de la que tiene evidencias.

Instalaciones del campo de trabajo republicano, en 1938. / Luis Vidal (Biblioteca Digital Hisp谩nica).

Instalaciones del campo de trabajo republicano, en 1938. 鈥 Luis Vidal

Los testimonios de los internos hablan de que “una o dos veces al d铆a, malolientes carros tirados por burros sacaban a los cad谩veres amontonados”. La historiograf铆a, sin embargo, contabiliza ocho fallecidos en ese periodo. “Son cifras rid铆culas. Hay una especie de vac铆o”, determina Mej铆as, que cree que “la 煤nica forma de saber d贸nde est谩n los muertos es preguntando a la gente”.

“Una o dos veces al d铆a, malolientes carros tirados por burros sacaban a los cad谩veres amontonados”

Necesitaba otra perspectiva, conocer lo que pasaba fuera del recinto, as铆 que hace tres a帽os, a trav茅s de la C谩tedra Interuniversitaria de Memoria Democr谩tica de la Comunitat Valenciana, inicia una serie de entrevistas a los propietarios de los terrenos, que le confirman que en los a帽os 50, cuando se rotura toda la zona y se pone en cultivo, salieron restos humanos en superficie en tres lugares: “Esto son signos inequ铆vocos de la existencia de la fosa”.

El investigador opina que es probable que despu茅s afloraran algunos m谩s, pero se ha silenciado porque “sigue habiendo miedo a hablar”. Fue fundamental el testimonio de un operario que en 1977 instal贸 unos tubos de drenaje en el t茅rmino de San Isidro. Al hacer las zanjas de dos metros de profundidad en la parcela sobre la que est谩n trabajando aparecieron varios cuerpos intactos, en intervalos de 10 a 12 metros, con manchas que seguramente fueran cal viva.

Aunque no se aventura a dar una cifra del n煤mero de cad谩veres, se muestra seguro de que “hay una fosa de grandes dimensiones”. El pr贸ximo d铆a 9 un equipo de siete arque贸logos y una antrop贸loga de la Universidad de Le贸n comenzar谩n los sondeos y la excavaci贸n con maquinaria para ver en qu茅 situaci贸n se encuentra.

Un presupuesto todav铆a limitado

No obstante, advierte, el presupuesto de 17.600 euros que el Gobierno valenciano ha otorgado al proyecto, la mayor cuant铆a de toda la comunidad para este fin, no ser谩 suficiente para exhumarla, algo que depender谩 de una pr贸xima subvenci贸n que saldr谩 a finales de a帽o.

Estas actuaciones formar谩n parte de un plan a cuatro a帽os con el que pretende prospectar el per铆metro completo del campo, un espacio que hace un a帽o y medio se declar贸 Bien de Relevancia Local, con una metodolog铆a novedosa que hasta ahora solo se ha llevado a cabo en Castuera (Badajoz).

Un equipo de arque贸logos realiza una prospecci贸n con detectores de metales para recabar objetos. / F. M.

Un equipo de arque贸logos realiza una prospecci贸n con detectores de metales para recabar objetos. 鈥 F. M.

“Esto es un primer paso”, ya que el tambi茅n responsable de la identificaci贸n de las fosas comunes en la provincia est谩 seguro de que “hay m谩s”, aunque algunas podr铆an estar bajo la superficie que ocupa el pueblo, que se levant贸 en los a帽os 50 cuando llegaron colonos de diferentes puntos de la geograf铆a para trabajar las tierras. Incluso, hay quien cree que se construy贸 encima para mermar la memoria del lugar.

Es cierto que “alguien quiso que no se supiera lo que pas贸”, piensa Mej铆as. De hecho, es imposible saber el n煤mero de fallecidos, porque no hay registros ni ficheros de los prisioneros. Hubo fusilamientos, sobre todo en mayo y junio, que sol铆an ser por intentos de huida. Marcos Ana logr贸 fugarse, pero acab贸 siendo detenido en Madrid, convirti茅ndose en el preso que m谩s tiempo pas贸 en una c谩rcel franquista. Desde su encierro, que dur贸 23 a帽os, escrib铆a versos con sue帽os de libertad: “Si salgo un d铆a a la vida (…)”.

Otros llegaron a la conclusi贸n de que solo la muerte acabar铆a con la agon铆a, las humillaciones y las vejaciones que sufr铆an por un r茅gimen de terror que les impuso un temor constante a ser asesinados en cualquier momento. “Est谩is a nuestra merced. Si quiero, no tengo m谩s que dar la orden: estas metralletas autom谩ticas que os apuntan disparar铆an hasta terminar con todos vosotros. No tenemos que responder ante nadie”, era la arenga a los detenidos de Ernesto Gim茅nez Caballero, ide贸logo del fascismo. Las 鈥榮acas鈥 o ruedas de reconocimiento se produc铆an continuamente. A algunos les daban un pase铆llo por los alrededores, y ya no volv铆an.

“Est谩is a nuestra merced (…) No tenemos que responder ante nadie”

“Fue un campo de represi贸n cruel y duro donde se les dejaba morir de hambre, sed y enfermedad. Salvando las distancias, al final en algunas fases funcion贸 al estilo nazi”, seg煤n Mej铆as. Los que pasaron por el lugar lo recordaron como un campo de exterminio. Algunos historiadores creen que fue un modelo que pudo servir de inspiraci贸n para la Alemania de Hitler, incluso con una probable visita del destacado militar Rudolf Hess.

Panel informativo que se ha instalado a mediados de octubre en memoria de los represaliados. / Coordinadora de Asociaciones por la Memoria Hist贸rica de la Provincia de Alicante.

Panel informativo que se ha instalado a mediados de octubre en memoria de los represaliados. 鈥 Coordinadora de Asociaciones por la Memoria Hist贸rica de la Provincia de Alicante.

Acciones extremas con el fin de aniquilar al adversario

Las directrices del general Mola antes del golpe de Estado fueron “eliminar a los elementos izquierdistas. La acci贸n ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, aplicando castigos ejemplares”, que resultaron ser una especie de holocausto ideol贸gico. Los apresaron “solo por pensar diferente”, contin煤a Mej铆as, que defiende que “por encima de ideolog铆as, desenterrar las fosas, a la luz de la arqueolog铆a, con m茅todos cient铆ficos y evaluaciones rigurosas, es una cuesti贸n de derechos humanos”.

En este sentido, recuerda que la ONU ha hecho varios requerimientos a Espa帽a para rescatar a los desaparecidos que a煤n est谩n sin dignidad en cunetas, y piensa que la futura Ley de Memoria Democr谩tica, “aunque mejorable, es un paso de gigante con respecto a la de 2007”, ya que el Estado sufragar谩 con fondos p煤blicos la b煤squeda de las v铆ctimas.

“Muerto que te derramas, muerto que yo conozco, muerto frutal, ca铆do, con octubre en los hombros”, dec铆a el poeta oriolano. “Es el momento de liberarse de esa carga: est谩n ah铆, solo hay que sacarlos”, a帽ade Mej铆as, que recuerda al autor Dardo Sebasti谩n Dorronzoro, un desaparecido de la dictadura argentina que antes de que lo detuvieran hab铆a escrito: “Me declaro culpable, muy bien, pero debo advertirles que ya ustedes me mataron, me enterraron, me borraron todas las arrugas y las l谩grimas de mis hermanos, y me dijeron que te diviertas con los gusanos, pero olvidaron de borrar las huellas que mis pasos marcaron en tantas calles y caminos del mundo”. “Nosotros queremos encontrar esas huellas”, concluye el arque贸logo.




Fuente: Memorialibertaria.org