November 5, 2020
De parte de La Haine
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Entre la teor├şa y la pr├íctica revolucionaria existe una relaci├│n dial├ęctica que, convenientemente encauzada, permite que ambas est├ęn en constante desarrollo. Algo similar ocurre en el plano personal entre conciencia y militancia pol├ştica. Ambos factores se retroalimentan, y cuando esa relaci├│n se desenvuelve de forma arm├│nica, equilibrada, el compromiso adquiere mayor profundidad y firmeza.

La lucha es un asunto muy serio que adem├ís de englobar todos los aspectos de la vida, termina por condicionarla de forma decisiva. Est├í claro que no podemos aspirar a que, a d├şa de hoy, todas las personas tengan el mismo nivel de compromiso. Las cosas no suceden as├ş. De lo que se trata es que cada cual asuma de manera consciente aquello que sea capaz de cumplir y sobre esa base trabajar de forma decidida en favor del fortalecimiento del Movimiento Antifascista en general y de la lucha revolucionaria del movimiento obrero en particular.

Dependiendo de cu├íles sean los valores que nos sirvan de referencia a la hora de guiarnos en los momentos de duda, el orden de prioridades que establezcamos y, en definitiva, el sentido en el que resolvamos esas contradicciones, ese proceso nos servir├í para seguir avanzando y fortaleci├ęndonos o, por el contrario, implicar├í un retroceso que debilite nuestro compromiso; esas contradicciones se producen a diferentes niveles y tienen por tanto distinta repercusi├│n. Existen esas peque├▒as miserias personales que de un modo u otro todos arrastramos, y a pesar de las cuales continuamos avanzando y otras de mucha mayor envergadura que pueden incluso arrastramos al terreno del oportunismo, cuando no al campo de la reacci├│n.

No recuerdo exactamente la “autor├şa intelectual” del aforismo, la primera vez que lo escuch├ę fue en boca de un veterano camarada, y me parece que define la mar de bien esta cuesti├│n: “o act├║as como piensas o acabas pensando como act├║as“. En pol├ştica, cuando uno empieza a andar hacia atr├ís, como los cangrejos, enseguida crea excusas con las que tratar de justificar ese comportamiento. Las m├ís de las veces, culpabilizando a los dem├ís de cuestiones que son de su responsabilidad. Una din├ímica que adem├ís de anularlo como militante, lo acaba denigrando como persona. Me refiero, claro, a aquellos que abandonan el barco en mitad de la tormenta, dejando en la estacada al resto de la tripulaci├│n. Nada que ver con aquellos quienes, una vez cumplido un ciclo en su militancia, deciden hacerse a un lado con dignidad y con la satisfacci├│n personal de saber que han dado lo mejor de s├ş mismos mientras han estado en condiciones de hacerlo. Ya sabes lo que dice el poema de Brecht: los hay buenos, mejores, muy buenos e imprescindibles, todos ellos son necesarios; sin el concurso de sus esfuerzos no ser├şa posible sostener la lucha.

Pero a lo que no puede renunciar nunca un revolucionario es a la honestidad. Consigo mismo y con aquellos a quienes se debe. Cuando se comete un error o se da un paso en falso, y uno es consciente de ello, hay que asumir que eso es as├ş. Cuando se quieren disfrazar las cosas y presentarlas de un modo diferente a como en realidad son, mal asunto. Se entra en una din├ímica de la que luego resulta complicado salir porque cada paso que se da en esa direcci├│n lo hunde m├ís y m├ís.

Para los presos pol├şticos la actitud que mantenemos frente a la c├írcel es una cuesti├│n eminentemente pol├ştica, que transciende con mucho la esfera de los asuntos particulares de cada cual y tiene una dimensi├│n colectiva.

Para aquellos que sostenemos la importancia de mantenernos firmes en la defensa de los principios pol├şticos que caracterizan el proyecto por el que luchamos -como condici├│n indispensable para que las masas puedan llegar a hacerlo suyo- participar en esa farsa que llaman “tratamiento penitenciario” supone una l├şnea roja que delimita el campo en el que se sit├║a cada cual: el de la resistencia o el de la claudicaci├│n. Esta es una cuesti├│n tanto de dignidad pol├ştica y personal como eminentemente pr├íctica, porque plegarse a ese juego del palo y la zanahoria nos desarticula como colectivo.

Que el Estado recule en su ofensiva puede ser una peque├▒a victoria. Pero para consolidarla es necesario mantenerse firmes en las posiciones conquistadas. Por ejemplo, si se consigue que dejen de perseguir a los raperos por las letras de sus canciones, no ser├í para que en lo sucesivo se autocensuren, sino para que sigan utilizando su m├║sica como medio de denuncia. Con m├ís ah├şnco si cabe. Si en lugar de eso, se retrocede, entrando en componendas, aceptando reducciones de penas a cambio de asumir su marco discursivo y mantener un “perfil bajo”, la represi├│n habr├í cumplido su objetivo amedrentador y desmovilizados.

Por eso, a no tardar mucho, esos esquiroles empezar├ín a plantear poco menos que quien est├í en la c├írcel es porque quiere. Ante una situaci├│n en la que habr├í unos presos pol├şticos a los que conceden permisos, terceros grados y dem├ís “beneficios”, y otros a los que mantienen aislados y dispersados, lo que no van hacer es reconocer abiertamente que ello obedece a que los primeros se han rendido y aceptan someterse a los dictados de Instituciones Penitenciarias, con un grado de servilismo que provoca verg├╝enza ajena, y los segundos se mantienen firmes en la defensa de los proyectos pol├şticos que provocaron su encarcelamiento. Como ya sucedi├│ en la ├ępoca de la “Transici├│n”, para tratar de tapar sus verg├╝enzas “pragm├íticas” y “posibilistas”, a quienes mantengan una posici├│n consecuentemente antifascista les dedicar├ín toda suerte de lindezas: dogm├íticos, sectarios, extremistas, trasnochados, provocadores al servicio del fascismo… cualquier cosa antes que llamar a las cosas por su nombre y reconocer que han traicionado a aquello por lo que un d├şa lucharon.

No cabe duda de que es en la calle donde todos podr├şamos aportar m├ís al desarrollo del Movimiento Antifascista. Nos han jodido, nos reprimen y nos encarcelan. Pero la cuesti├│n es ┬┐bajo qu├ę condiciones y a qu├ę precio se ofrecen esos “atajos” para salir de la c├írcel o evitar entrar en ella? Si nos encierran por denunciar un orden de cosas basado en la explotaci├│n y la opresi├│n de la clase obrera y los sectores populares, y por luchar por transformarlo, no puede ser que a cambio de esquivar las consecuencias de la represi├│n desertemos de esa lucha o rebajemos nuestro discurso, abrazando el mantra de “no merece la pena”. ┬┐D├│nde quedar├şa entonces esa mayor aportaci├│n al desarrollo del Movimiento?

Todos los presos pol├şticos tienen familia, amigos, proyectos personales que fueron condicionados por la represi├│n. Pero cuando el Movimiento Antifascista revindica la Amnist├şa, implica que cuando los presos pol├şticos salgan a la calle, reconocidos como tales, puedan seguir desarrollando un trabajo pol├ştico sin restricciones en cuanto a libertad de expresi├│n, de organizaci├│n y dem├ís. Salir por la puerta de atr├ís, pol├şticamente humillados y desarmados ideol├│gicamente dif├şcilmente aportar├í nada positivo.




Fuente: Lahaine.org