November 11, 2021
De parte de Briega
140 puntos de vista


Trauma y represi贸n a seis a帽os de la operaci贸n Pandora II El autor, una de las personas represaliadas en esa operaci贸n policial ordenada por la Audiencia Nacional espa帽ola, profundiza en las investigaciones sobre el trauma psicol贸gico y la fuente de informaci贸n que aportan a la hora de encarar procesos represivos como el que ha vivido

/Mercedes S谩nchez

Este mes de octubre ha cumplido seis a帽os de la operaci贸n Pandora II, en la que diez personas fuimos detenidas bajo la ley antiterrorista. Seis a帽os pueden parecer poco, pero hoy mi vida 鈥揳s铆 como, seguramente, la de muchos del resto de encausados鈥 ha cambiado mucho y hay cosas que las miro con el sabor de boca de haber quedado atr谩s. En los 煤ltimos a帽os he dedicado mucho tiempo a entender lo que me ha pasado en relaci贸n a diferentes procesos personales, entre ellos, la represi贸n. Esta b煤squeda me ha llevado a descubrir y entender el trauma y c贸mo act煤a en diferentes esferas de nuestra vida. Sin querer entrar mucho y utilizando una descripci贸n poco precisa, cuando hablo aqu铆 de trauma me refiero al estado en el que se queda nuestro cuerpo 鈥揺n concreto, partes del cerebro y del sistema nervioso aut贸nomo鈥, al ser expuestos a situaciones que no podemos procesar. Cuando se convierte en la herida traum谩tica, nuestra psique se fragmenta, a铆sla la parte en la que queda la memoria traum谩tica, mantiene en alerta los mecanismos de protecci贸n frente al peligro, impidi茅ndonos, aunque a menudo de forma inconsciente, volver al estado de reposo inicial. Las consecuencias de esto pueden ser hipervigilancia y reactividad, estados de depresi贸n y ansiedad, revivir eternamente la situaci贸n traum谩tica a partir de flashbacks o pesadillas, estados de 谩nimo alterados, etc.

Cuando hablo aqu铆 de trauma me refiero al estado en que se queda nuestro cuerpo, en concreto, partes del cerebro y del sistema nervioso aut贸nomo, al ser expuestos a situaciones que no podemos procesar

La historia de lo que hoy en d铆a llamamos trauma, pese a tener un largo recorrido, cambia dr谩sticamente a partir de diferentes experiencias de guerra del siglo pasado. Al devolver a los soldados (sobre todo estadounidenses) a casa, muchos de ellos llegaban con heridas ps铆quicas que les imped铆an reanudar sus vidas con normalidad. Esto fue especialmente significativo en la guerra de Vietnam, la cual dej贸 una elevada tasa de suicidios entre los veteranos. Es en este momento cuando distintos organismos e instituciones estadounidenses comienzan a invertir mucho en investigaci贸n. Gracias a ello, la neurociencia pudo entender mucho sobre c贸mo funcionaba y qu茅 impacto ten铆a el trauma. De lo que se dieron cuenta era que las mismas huellas cerebrales y neuronales que observaban en los soldados, quedaban en personas que hab铆an sufrido otras vivencias: maltrato de distinto tipo, supervivientes a cat谩strofes naturales o asesinatos, etc. De hecho, la evoluci贸n de estas investigaciones nos ha ense帽ado que el trauma no es algo que ocurra s贸lo a partir de hechos tan impactantes como una guerra, o en situaciones que podemos considerar como altamente dram谩ticas, sino que tambi茅n con experiencias que vivimos cotidianamente. La realidad es que la mayor铆a de personas tenemos en mayor o menor medida nuestra propia huella traum谩tica. Volviendo al tema que nos ocupa, la represi贸n estas investigaciones aportan luz sobre factores interesantes a la hora de afrontarla. Cuando durante las guerras mundiales aparecieron masivamente casos de trauma, uno de los primeros debates m茅dicos se centr贸 en el car谩cter moral de los pacientes. Desde la 茅tica marcial de la 茅poca, un soldado deb铆a ser un guerrero glorioso y no deb铆a mostrar ninguna clase de emoci贸n. Por tanto, en muchos casos estos pacientes eran vistos como inferiores, o incluso como vagos o cobardes. Algunos m茅dicos llegaron a describirlos como inv谩lidos morales. Poco a poco, las investigaciones fueron demostrando lo contrario: este tipo de da帽os tambi茅n se manifestaban en quienes ten铆an una personalidad moral muy alta. De hecho, salieron a relucir casos de soldados que, a pesar de haber destacado por su valent铆a en el combate, hab铆an acabado sufriendo lo que entonces llamaron neurosis de guerra. Por 煤ltimo, las autoridades m茅dicas acabaron asumiendo la evidencia: cualquier soldado expuesto al peligro durante cierto tiempo pod铆a desarrollar las mismas heridas ps铆quicas.

A veces insistimos en mantener la imagen moral del guerrero revolucionario, que no tiene miedo y se enfrenta a la lucha con la verdad como espada y la conciencia social como escudo

Si extrapolamos esto a nuestro mundo, podemos ver analog铆as muy claras: todos y todas podemos salir heridas de experiencias traum谩ticas como la represi贸n. De hecho, a veces tambi茅n insistimos en mantener la imagen moral del guerrero revolucionario, que no teme y se enfrenta a la lucha con la verdad como espada y la conciencia social como escudo; pero lo cierto es que ese guerrero, si existe, tambi茅n es susceptible de ser herido cuando se expone a una situaci贸n traum谩tica. Somos vulnerables y cuanto antes lo aceptamos antes podremos integrarlo. Esto es algo importante de mencionar, ya que existe una especie de pacto de silencio que nos impide hablar p煤blicamente de ciertas cosas, como si nos volviera d茅biles o se generalizara un estado de miedo, y no nos damos cuenta de que es precisamente eso lo que nos debilita. Muchas personas que afrontan la represi贸n con fortaleza y dignidad, detr谩s de los comunicados pol铆ticos y declaraciones judiciales, sienten el peso emocional de la experiencia que est谩n pasando y lo viven en silencio. Esto s贸lo sirve para aislarnos, y consecuentemente, es un factor que tiende a debilitar a nuestras comunidades.

Enlazado con esto, otra cosa que descubrieron es que lo m谩s efectivo a la hora de afrontar y superar la herida traum谩tica, no era ni la moral marcial, ni el patriotismo ni el odio al enemigo; era nada menos que el amor que sent铆an los soldados entre ellos. Los lazos interpersonales les ayudaban a superar la situaci贸n. 脡sta es, sin duda, una informaci贸n de una relevancia primordial: a la hora de afrontar la represi贸n, nuestra mejor salvaguarda son los v铆nculos comunitarios que establecemos. Si las relaciones interpersonales que tenemos est谩n da帽adas, somos m谩s susceptibles de no afrontar ciertos procesos. Esto es m谩s importante a煤n cuando estalla la represi贸n, momento en el que la tensi贸n y el miedo suelen suponer que nuestras diferencias crezcan. Nos guste o no, la represi贸n es capaz de romper incluso a los grupos que aparentemente est谩n m谩s unidos. Por eso es vital que esta uni贸n sea m谩s efectiva 鈥搚 afectiva鈥 que aparente. Hoy en d铆a dir铆a que los v铆nculos humanos lo son todo en un movimiento revolucionario: la base, la estructura y la finalidad. De hecho, una de las mayores derrotas pol铆ticas que podemos vivir es la ruptura y disgregaci贸n de nuestras comunidades, algo que muchas hemos podido experimentar y de lo que a menudo nos damos cuenta cuando ya es tarde.

La ruptura de la confianza b谩sica, los posibles sentimientos de verg眉enza e inferioridad y la necesidad de evitar situaciones que recuerdan al trauma, llevan a las personas a rehuir las relaciones cercanas

Sin embargo, la l贸gica del trauma puede llevar impl铆cita una tendencia al aislamiento. El da帽o en las relaciones no es algo secundario, sino que los acontecimientos traum谩ticos tienen un efecto directo en el sistema de vinculaci贸n que une al individuo con el grupo. Adem谩s, el trauma empuja a las personas a rehuir las relaciones 铆ntimas y, al mismo tiempo, a buscarlas desesperadamente. La ruptura de la confianza b谩sica, los posibles sentimientos de verg眉enza e inferioridad y la necesidad de evitar situaciones que recuerdan al trauma, llevan a las personas a rehuir las relaciones cercanas. Asimismo, el miedo intensifica la necesidad de protecci贸n. Por eso la persona traumatizada puede tender a aislarse ya aferrarse de forma ansiosa e incoherente. Si entendemos que, adem谩s, las situaciones traum谩ticas muchas veces afectan a todo un grupo, podemos imaginar las dificultades que atravesar谩 茅ste para poder afrontarlas.

Es importante que aprendamos a dejar de escondernos en los discursos y an谩lisis sociol贸gicos, existen otros factores importantes a atender a la hora de afrontar procesos colectivos. Se trata de poner nuestros propios cuerpos en el centro de lo que llamamos pol铆tico, o en cualquier caso, entender que cuando vivimos ciertas situaciones es dif铆cilmente eludible. Quiero aclarar que no todo lo que tiene que ver con la represi贸n nos habla de fragilidad, ni mucho menos, tambi茅n lo hace de fuerza, coraje y determinaci贸n. Tendemos a pensar que una cosa y otra son excluyentes, pero de lo que en realidad se trata es de aprender a integrar la relaci贸n entre ambas.

 

 

 

 

 

 

 




Fuente: Briega.org