October 9, 2021
De parte de La Haine
195 puntos de vista


El historiador Enzo Traverso se ha consolidado como una de las voces m谩s destacadas de la escena marxista contempor谩nea. Tuvimos la oportunidad de dialogar con 茅l sobre el ascenso de la extrema derecha, la crisis actual y la necesidad de elaborar el pasado para construir un nuevo modelo de revoluci贸n.

Hace algunos a帽os, 脡tienne Balibar escribi贸 que la tradici贸n socialista europea se estaba dividiendo en dos tendencias. Una cosmopolita, orientada a extender la ciudadan铆a o los derechos humanos m谩s all谩 de las fronteras nacionales, representada intelectualmente por Habermas. Y otra centrada en la defensa de los restos del Estado de bienestar, lo que suele implicar una defensa de la Naci贸n que, a su vez, se expone al riesgo de derivar en orientaciones “rojipardas” (es decir, de preferencia nacional, restricci贸n de la entrada de migrantes, etc.). Las dificultades que experiment贸 Corbyn ante el Brexit podr铆an entenderse como una confirmaci贸n de esta hip贸tesis. 驴Coincide con el diagn贸stico?

No estoy totalmente de acuerdo con el diagnostico que dibuj贸 Balibar. Seguro destaca algunos elementos que existen en el contexto europeo en particular, pero me parecen elementos que se ubican en secuencias hist贸ricas y pol铆ticas distintas. El planteamiento posnacional de Habermas surgi贸 en la d茅cada de los ochenta, antes de la reunificaci贸n de Alemania, con la idea de una identidad alemana posnacional como una manera de sobrepasar y de integrar la memoria del Holocausto. Despu茅s, en la d茅cada de los noventa, Habermas desarroll贸 su idea de lo posnacional en un contexto en el cual la izquierda europea buscaba una nueva identidad, partiendo del presupuesto de que la cuesti贸n social estaba resuelta o que era una herencia del siglo XX, y que en el siglo XXI la izquierda podr铆a renovarse solamente a partir de reivindicaciones centradas en los derechos humanos y de las minor铆as, como por ejemplo el matrimonio gay. La teor铆a habermasiana, basada en un paradigma comunicativo, alternativo al de clase, intentaba seducir a una izquierda en b煤squeda de nuevos modelos y acompa帽ar la transici贸n hacia una nueva izquierda liberal.

Este es un razonamiento propio de la d茅cada de los noventa. Me acuerdo del think tank del Partido Socialista franc茅s, la Fundaci贸n Jean-Jaur猫s, que plante贸 que el futuro de la izquierda era la ecolog铆a, las clases medias y sus nuevas exigencias, y que hab铆a que sobrepasar los l铆mites del Estado de bienestar. En Italia fue el PDS [Partito Democratico della Sinistra, sucesor del PCI] el que organiz贸 un congreso bajo el eslogan de “care“, que nadie entre sus delegados comprend铆a: una tentativa desesperada para llenar un vac铆o espantoso. Pero ese debate, a mi parecer, qued贸 agotado. Porque, por otro lado, la izquierda de la d茅cada de los noventa hizo la experiencia del giro neoliberal y Alemania e Inglaterra fueron, precisamente, un laboratorio desde este punto de vista. Schr枚der y Blair fueron el principio de la metamorfosis neoliberal de la socialdemocracia.

Despu茅s de la crisis de 2008-2009 se difundi贸 la consciencia, dentro y fuera de Europa, de que la izquierda ten铆a la necesidad de reconectar las reivindicaciones de derechos humanos, derechos de las minor铆as, reivindicaciones culturales y ecol贸gicas, con una defensa de los derechos sociales duramente golpeados por el capitalismo neoliberal. Y lo que ocurri贸 en los 煤ltimos meses con la crisis del COVID-19 y el posterior estallido antirracista (primero en EEUU y despu茅s a escala global) me parece que indica justamente esta v铆a. El movimiento surgi贸, precisamente, como un movimiento antirracista; pero ubicado en el marco de la crisis del COVID-19, una crisis que golpea minor铆as 茅tnicas que se corresponden con las capas sociales m谩s pobres y vulnerables. Y esas caracter铆sticas se reproducen en muchos otros pa铆ses.

Para dar un ejemplo latinoamericano: en Chile, Mapuche Lives Matter no es la reivindicaci贸n de los sectores acomodados urbanos de las nuevas clases medias. En Italia, el movimiento antirracista es impulsado por los inmigrantes irregulares, africanos en su gran mayor铆a. Plantean un problema de ciudadan铆a y un problema econ贸mico de defensa de derechos, de salario b谩sico, etc. En Francia, despu茅s de los gilets jaunes del a帽o pasado y del movimiento en contra de la reforma de las pensiones, hubo un movimiento antirracista muy poderoso, que no es de los centros urbanos acomodados, sino de las periferias y de las minor铆as de origen inmigrante. Me parece entonces que el diagnostico de esa divergencia no est谩 m谩s vigente. Algo cambi贸.

Lo que es claro es que hay una b煤squeda de una nueva salida y de una nueva conexi贸n entre la defensa de derechos econ贸micos y sociales, las reivindicaciones ecol贸gicas y los derechos de las minor铆as. Y es una b煤squeda que excluye radicalmente a los viejos aparatos pol铆ticos. En Europa son movimientos que no se expresan en los viejos aparatos pol铆ticos sino que buscan, con much铆simas dificultades, una nueva salida. En EEUU el contexto es diferente, porque aunque este movimiento surgi贸 despu茅s de la derrota de Bernie Sanders en las primarias dem贸cratas, coincidi贸 con la elecci贸n de candidatos de izquierda en otras primarias a nivel local. Entonces en EEUU el contexto es diferente. En cualquier caso, hay que actualizar el diagnostico.

Adem谩s, el planteo de Habermas es un planteo liberal. Habermas dice: “como alemanes, no tenemos el derecho de reivindicar una continuidad con la historia nacional de Alemania; debemos repensar nuestra identidad en t茅rminos cosmopolitas, integrando la memoria del Holocausto. El futuro de Alemania se ubica en Occidente”. Esta es la idea del Verfassungspatriotismus, el patriotismo constitucional, que implica integrar a Alemania profundamente en el dispositivo atl谩ntico, que es el dispositivo de la democracia liberal y de la econom铆a de mercado. La izquierda s铆 deber铆a sacar una lecci贸n de Habermas: hay que elaborar el pasado; no hay futuro sin la elaboraci贸n del pasado. Pero no creo que se pueda construir una izquierda del siglo XXI sobre bases habermasianas.

驴Pero no hubo un periodo, posterior a la crisis de 2008, donde la izquierda europea y estadounidense (Sanders, Corbyn y Melenchon, por ejemplo) estuvo m谩s bien sesgada hacia “la cuesti贸n social”, descuidando temas como la “cuesti贸n nacional”, la “raza”, el feminismo, las migraciones y las minor铆as?

En esta cuesti贸n hay una ambig眉edad muy fuerte y creo que la izquierda est谩 pagando un precio muy alto por su incapacidad de ofrecer un discurso alternativo al de la derecha y la extrema derecha: el discurso alrededor de la soberan铆a nacional. Cuando hoy se habla de soberan铆a, casi autom谩ticamente se entiende soberan铆a nacional. Como si no existiera otra manera de definir la soberan铆a. Si no somos capaces de cortar esta ambig眉edad y aclarar el asunto, entonces no seremos capaces de contestar el discurso de la extrema derecha. Es decir, no hay democracia sin soberan铆a. Es un principio b谩sico de la teor铆a pol铆tica y de la experiencia pol铆tica. Para que una democracia sea autentica, debe haber autoemancipaci贸n. Y autoemancipaci贸n significa capacidad de planear, de controlar, de manejar, lo cual implica tambi茅n delimitar una esfera en la cual seamos capaces de decidir, de asumir nuestro destino y planear nuestro futuro.

Si la soberan铆a se define como soberan铆a nacional, entonces se legitima el discurso seg煤n el cual “hay que volver a la moneda nacional”, “hay que cerrar las fronteras”, “hay que expulsar a los inmigrantes”, “hay que delimitar la comunidad soberana en t茅rminos 茅tnicos, raciales, religiosos, nacionales, culturales”. De esta forma, quedamos prisioneros de un discurso que es todo lo contrario de lo que es la identidad de la izquierda. Pero, por otro lado, rechazar la soberan铆a nacional en pos de una postura cosmopolita y anular la cuesti贸n de la soberan铆a como tal tambi茅n es un error. Si hubiese, por ejemplo, un refer茅ndum que establezca que el agua es una propiedad p煤blica, eso tambi茅n significar铆a tomar decisiones sobre c贸mo se distribuye el agua, c贸mo se limpia el agua y qui茅n gestiona esto. Hay que delimitar esta soberan铆a. Soberan铆a no significa regresar a las identidades nacionales en contra de Europa. Se puede hablar f谩cilmente de una soberan铆a popular en Europa que ser铆a todo lo contrario de la Uni贸n Europea tal como funciona hoy. La cuesti贸n de la soberan铆a popular democr谩tica me parece una cuesti贸n fundamental, que hay que oponer el discurso de la soberan铆a nacional y de los nuevos nacionalismos.

En la izquierda actualmente hay un discurso muy sofisticado desde un punto de vista te贸rico-intelectual y que tiene una dimensi贸n anarquista: el discurso sobre el poder destituyente. Seg煤n este discurso, emancipaci贸n significa derrotar y destituir el poder. La emancipaci贸n se concibe, entonces, como un movimiento en contra de todo tipo de soberan铆a. Yo soy muy esc茅ptico con respecto a esto. Por supuesto que todo movimiento revolucionario o de cambio tiene una carga radical destituyente, pero si no incluye tambi茅n un nuevo poder constituyente el movimiento se agota y desaparece. Tenemos el ejemplo de las revoluciones 谩rabes, muy expl铆cito al respecto.

En Europa, el concepto de soberan铆a que hay que plantear es supranacional. Pero tampoco es una novedad el tema: hay un debate muy viejo sobre la distinci贸n entre patria y naci贸n. Hay una tradici贸n de republicanismo c铆vico, o patriotismo c铆vico, que se puede recuperar. Y desde ese punto de vista la patria no es para nada incompatible con un planteamiento cosmopolita abierto y supranacional. En el caso franc茅s, es evidente que M茅lenchon y La France Insoumise son herederos de una tradici贸n de republicanismo nacional que siempre identific贸 la patria con la naci贸n (la naci贸n heredera de la revoluci贸n francesa y, por lo tanto, portadora de una misi贸n universal). En su ra铆z, la patria es francesa, y ah铆 est谩 el origen de todas las cat谩strofes de la izquierda francesa con respecto al colonialismo, al movimiento antirracista y a la cuesti贸n de la inmigraci贸n.

Ha definido al “posfascismo” como un concepto en transformaci贸n, que describe un fen贸meno pol铆tico a煤n no del todo cristalizado. Este car谩cter inestable permite proyectar tanto la posibilidad de que la extrema derecha evolucione hacia posiciones m谩s moderadas, que la transformen en una versi贸n meramente m谩s dura de la derecha tradicional, como el riesgo de que grandes eventos o una nueva crisis estimulen una radicalizaci贸n neofascista.

Finalmente estamos ante una nueva crisis global. Y el fuerte intervencionismo estatal suscit贸 toda una serie de debates intelectuales sobre la posibilidad de un salto hacia reg铆menes pol铆ticos m谩s autoritarios. Sin embargo, al mismo tiempo, vemos que los fen贸menos de extrema derecha no parecen estar lidiando exitosamente con la crisis (Trump, Bolsonaro, Marine Le Pen). 驴C贸mo ve la relaci贸n entre la extrema derecha y la nueva crisis global?

Yo creo que la pregunta es esencial, pero a煤n estamos en una fase demasiado temprana de la crisis para contestarla. Hasta ahora, yo dir铆a que la extrema derecha no sac贸 ning煤n provecho de la crisis. La extrema derecha al poder en EEUU y en Brasil conoce grandes dificultades. Y la extrema derecha en la oposici贸n no ha sacado ventaja de las crisis. Fue muy marginalizada.

En un pa铆s como Italia, donde hay una extrema derecha poderosa que al comienzo de la crisis era hegem贸nica, Salvini de la Lega Nord desapareci贸 despu茅s del estallido de la crisis. Todos los sondeos de opini贸n indican que su influencia sigue bajando. La crisis como fen贸meno global arraig贸 la consciencia de que no se puede salir de la crisis por medio de soluciones nacionales, sino solo a escala global. Muchos electores de Salvini, en marzo y abril, eran los que aplaud铆an a los m茅dicos cubanos, chinos y albanos que llegaban a Italia para ayudar en los hospitales. La reacci贸n fue una reacci贸n popular, bastante progresista y saludable.

El discurso xen贸fobo de la extrema derecha no tuvo 茅xito. No digo que esta sea una constataci贸n final. Puede pasar que en seis meses, con una profundizaci贸n de la crisis, la extrema derecha emerja otra vez con un discurso xen贸fobo muy fuerte. Pero no es la soluci贸n que se dibuja ahora. Por ejemplo, en Francia, en estos 煤ltimos meses, Marine Le Pen profundiz贸 su cambio ideol贸gico y cultural introduciendo un componente ecol贸gico en su discurso. Todos los sondeos de opini贸n indican que el perfil de los electores de extrema derecha es lo m谩s antiecol贸gico que se pueda imaginar. Bueno, este cambio es revelador de algo.

Si tuvi茅ramos que analizar la larga duraci贸n de la emergencia de una nueva derecha radical, a la que yo llamo posfascista, creo que la ra铆z de este fen贸meno es el neoliberalismo y la incapacidad de la izquierda para dar respuesta a las desigualdades sociales que produce. Y el hecho de que la izquierda acompa帽ara el establecimiento del neoliberalismo, mientras la extrema derecha se construy贸 como fuerza de oposici贸n.

El capitalismo se acomoda a cualquier r茅gimen pol铆tico, ya sea Marine Le Pen, Trump o el Partido Comunista Chino. Ahora, la prensa norteamericana dice que Wall Street est谩 a la expectativa porque los sondeos arrojan que Biden va a ganar las elecciones y el establishment se prepara para apoyarlo. Pero, al mismo tiempo, los regalos fiscales de Trump a los grandes bancos y a los poderes financieros son tan abultados que siguen apoy谩ndolo. El gran capital, el capital financiero, las 茅lites neoliberales, no se identifican con la extrema derecha pero la aceptan como una soluci贸n perfectamente posible.

En la situaci贸n de entreguerras hab铆a burgues铆as nacionalistas y un movimiento obrero antifascista. Hoy hay elites neoliberales cosmopolitas y capas populares seducidas por un discurso nacionalista. La elecci贸n de las elites no es la extrema derecha. En este sentido, volvemos a los a帽os de entreguerras donde, fuera de Italia, la elecci贸n de las elites dominantes no era el fascismo. Solo despu茅s de 1930 las 茅lites industriales y financieras apoyaron al fascismo. Es decir, la situaci贸n est谩 evolucionando y es demasiado temprano para decir cu谩l ser谩 el resultado.

Dice que el arraigo de la extrema derecha entre las capas populares se explica por dos factores principales: los estragos sociales del neoliberalismo y el debilitamiento de los partidos tradicionales de izquierda. 驴Puede explayarse sobre el tema?

Estamos en un contexto de crisis global surgido a partir del agotamiento de todo un ciclo hist贸rico de lucha de clases del siglo XX, un ciclo en el cual la izquierda ten铆a una identidad (comunista, socialdem贸crata) y un conjunto de valores que la defin铆an. Cuando esa esfera 茅tico-cultural e ideol贸gica explot贸, se abri贸 un lugar para la extrema derecha. La extrema derecha pudo desarrollarse porque desaparecieron las fronteras del mundo de las clases populares trabajadoras, que manten铆a una idea de acci贸n colectiva y de organizaci贸n, con una memoria de luchas y de conquistas. Como todo eso desapareci贸, la extrema derecha pudo arraigarse en sectores de las capas populares.

Y en este contexto surge el discurso cl谩sico de la extrema derecha, la b煤squeda del chivo expiatorio. Pero la situaci贸n de hoy es diferente a la de los a帽os de entreguerras. El ejemplo que se da habitualmente es que en 1928 los nazis eran un peque帽o grupo de extrema derecha que nadie tomaba en serio. En 1930 conocieron un 茅xito electoral y en 1933 llegaron al poder. Pero, a pesar de este 茅xito extraordinario, los nazis nunca establecieron su hegemon铆a en la clase obrera, porque la clase obrera ten铆a una historia en la socialdemocracia, despu茅s en el Partido Comunista, y contaba con un mundo mental incompatible y antag贸nico a los valores de la extrema derecha. Hoy esas fronteras no existen m谩s.

La extrema derecha tambi茅n cambi贸 su discurso: ya no reproduce el viejo discurso fascista, que para muchos no es tan agradable hoy en d铆a. Hay toda una serie de investigaciones que muestran que en el norte de Italia la Lega es el primer partido obrero en t茅rminos electorales. En el norte de Francia, la regi贸n m谩s desindustrializada del pa铆s, hubo una transferencia de votos del Partido Socialista y del Partido Comunista al Front National. Estos son hechos. Y si la izquierda no es capaz de reconstruir un discurso cre铆ble, esta tendencia puede profundizarse.

Pero, al mismo tiempo, la extrema derecha no es el partido de las capas populares. Son movimientos con todo un conjunto de reivindicaciones mayoritariamente antipopulares. Y cuando la extrema derecha llega al poder y tiene que manejar esas contradicciones, estas explotan. No se puede decir “defendemos los servicios sociales”, “defendemos el Estado de bienestar” y despu茅s llegar al poder para hacer regalos fiscales a todas las capas que no pagan impuestos, a los peque帽os empresarios que explotan trabajadores irregulares. Son un conjunto de contradicciones que la extrema derecha no es capaz de manejar. Puede tal vez manejarla en un contexto de crisis, que no es solamente una crisis econ贸mica sino una derrota total de los sistemas pol铆ticos. La extrema derecha puede radicalizarse y tomar el poder. Pero en el marco del sistema actual, un gobierno de la extrema derecha se enfrenta muy r谩pido a los l铆mites y a sus propias contradicciones.

En la actual crisis vuelven a surgir debates sobre el posible fin del neoliberalismo, que ya fueron muy populares en la crisis de 2008. Nos interesa conocer su opini贸n al respecto. 驴Estamos ante el fin de una etapa o algo as铆 como ante el cierre de una “onda larga” del capitalismo?

Hay un diagnostico general seg煤n el cual, a largo plazo, el capitalismo es incompatible con la supervivencia de la especie humana. La civilizaci贸n capitalista tiene l铆mites objetivos. Yo creo que es un diagnostico incontestable y que hay que tenerlo presente, porque es el trasfondo de todos los otros debates. Pero soy bastante m谩s esc茅ptico con respecto a las teor铆as de un agotamiento del neoliberalismo por sus propias contradicciones internas o por efecto de ondas largas del capitalismo, como los ciclos de Kondr谩tiev y de Mandel. Yo creo que habr铆a que releer a Mandel, porque para 茅l no hay ciclos econ贸micos u ondas largas que se expliquen exclusivamente por criterios econ贸micos. La historia del capitalismo no es la historia de un modo de producci贸n que funciona de una manera aut谩rquica y end贸gena.

Si pensamos en los 煤ltimos dos siglos, el capitalismo moderno, la gran guerra, la crisis de entreguerras, la Segunda Guerra Mundial, la descolonizaci贸n, la Guerra Fr铆a, la posterior irrupci贸n del neoliberalismo, todos esos ciclos no se pueden explicar en t茅rminos puramente econ贸micos. El futuro del neoliberalismo depende tambi茅n de factores pol铆ticos. 驴Cu谩l es la salida pol铆tica de la crisis actual? El ciclo del Estado de bienestar no se explica en t茅rminos econ贸micos, sino en t茅rminos pol铆ticos. Sin la revoluci贸n rusa primero y la divisi贸n del mundo con la conclusi贸n de la segunda Guerra Mundial despu茅s, sin el desaf铆o que el socialismo hab铆a planteado al capitalismo, el Estado de bienestar es inexplicable.

La irrupci贸n del neoliberalismo no se puede explicar sin la derrota del socialismo real: la desaparici贸n de una alternativa sist茅mica al capitalismo y la destrucci贸n de todas las formas de resistencia, de organizaci贸n y de acci贸n colectiva que se hab铆an construido a lo largo del siglo XX. Entonces, se puede imaginar la salida de la crisis bajo la forma de un neoliberalismo autoritario; una nueva forma de biopoder (hablando en t茅rminos foucaultianos) que establece una simbiosis entre lo econ贸mico, lo pol铆tico y lo biol贸gico, combinada con un estado de excepci贸n mucho m谩s fuerte que el actual. O podr铆a adoptar la forma de un nuevo New Deal, la vuelta a un Estado de bienestar. Son dos salidas perfectamente posibles porque no conocemos todav铆a la soluci贸n de la crisis.

Estas no son salidas puramente econ贸micas de la crisis, sino salidas pol铆ticas. Todo indica que puede haber un estado neoliberal autoritario tanto como un retorno a una forma nueva de New Deal. Todo depende de la din谩mica de los movimientos de masas, de su desarrollo y de si aparecen nuevas formas pol铆ticas de organizaci贸n de esa contestaci贸n social que es global y que es end茅mica.

Independientemente de los pron贸sticos, 驴c贸mo cree que la crisis repercute en el mundo mental de los sectores populares? 驴Sigue siendo hegem贸nico lo que Mark Fisher denomin贸 “realismo capitalista”?

Como historiador, lo que observo con respecto a las crisis anteriores del capitalismo -desde el final de la Guerra Fr铆a- es que hay una conciencia anticapitalista de masas como no hemos visto en las 煤ltimas tres d茅cadas. El final de la Guerra Fr铆a -la conclusi贸n del siglo XX, seg煤n los criterios de periodizaci贸n de Hobsbawm- trajo aparejada la idea de una naturalizaci贸n del capitalismo. En la cabeza de la gente com煤n no exist铆a alternativa del capitalismo. En el siglo XX s铆 hab铆a una alternativa. Una alternativa que se pod铆a definir de maneras diferentes. Pero el capitalismo no era la manera “natural” de vivir y de organizar una sociedad.

Durante las 煤ltimas tres d茅cadas el capitalismo se naturaliz贸. La gran fuerza del neoliberalismo no radic贸 solamente en su capacidad para destruir el Estado de bienestar, los servicios sociales, privatizar todo, limitar al m谩ximo las fronteras nacionales, desarrollar el mercado mundial, etc. La gran potencia del neoliberalismo estuvo en su capacidad de establecer un nuevo modelo antropol贸gico, que es el modelo del individualismo posesivo, de la competencia como forma de vida, de la precariedad social como manera natural de existir en el mundo. Pero este modelo antropol贸gico no aparece m谩s como algo natural. Empieza a ser contestado.

A su vez, la gente no tiene una idea clara acerca de c贸mo cambiar el sistema. Las alternativas del siglo XX fracasaron y constituyen una herencia muy pesada. Pero la hegemon铆a cultural del capitalismo, de todas formas, est谩 siendo cuestionada en todos los continentes. En EEUU, pa铆s en el cual el capitalismo fue por siglos una forma de vida popular que ten铆a la capacidad de inventar un imaginario colectivo, tambi茅n este modelo es hoy profundamente contestado. Y es justamente en EEUU, entre otros lugares, donde se est谩n construyendo alternativas. Tenemos que tomar en cuenta este paisaje global, porque estas luchas tendr谩n una gran influencia sobre la eventual capacidad del neoliberalismo para relanzarse y tambi茅n sobre la capacidad de la extrema derecha para dibujar una alternativa de futuro.

El a帽o pasado asistimos a una serie de estallidos sociales de una escala con pocos precedentes: Chile, Ecuador, Puerto Rico, Francia, Argelia, Hong Kong y otros pa铆ses. Y, sin embargo, hay un gran desfasaje entre estas explosiones sociales y los elementos de recomposici贸n pol铆tica. En su libro Melancol铆a de izquierda argumenta sobre la necesidad de emprender un trabajo de reelaboraci贸n o de duelo respecto a las grandes derrotas del siglo XX. 驴C贸mo ve la relaci贸n entre estas nuevas movilizaciones y la situaci贸n de orfandad o de crisis de alternativa que describe en su libro Melancol铆a de izquierda?

Estos movimientos me reconfortan y pienso que son las premisas para hacer el trabajo de duelo del cual hablo en el libro. Es un trabajo de elaboraci贸n de la memoria de las derrotas de las revoluciones del siglo XX; es un duelo que, para ser fruct铆fero, debe ser hecho por los movimientos sociales. Y tienen que hacerlo en el marco de su acci贸n. De otra manera, no se diferencia del duelo que hace mi generaci贸n: un duelo individual. Esa no ser铆a una reelaboraci贸n capaz de conectarse con la b煤squeda de nuevas utop铆as y nuevas formas pol铆ticas. Ser铆a una melancol铆a perfectamente est茅ril, cuya premisa ser铆a la constataci贸n de una derrota final.

Para que este duelo sea fruct铆fero hay que arraigarlo en las luchas del presente. Yo espero que estos nuevos movimientos sociales tengan la capacidad de hacerlo, porque no creo en la posibilidad de construir una nueva izquierda para el siglo XXI sin la memoria del pasado y sus derrotas. Esas derrotas fueron tan pesadas que existe la tentaci贸n de suprimirlas, en el sentido psicoanal铆tico de “hacer como si no hubieran existido”. Puede que en las nuevas generaciones no pese esa memoria, porque no les fue transmitida esa cultura. Pero r谩pidamente se enfrentar谩n a muchos problemas: el conocimiento del pasado me parece necesario. No me refiero al discurso cl谩sico que consiste en decir historia magistra vitae: “yo conozco la historia y entonces yo estoy preparado para enfrentar el futuro”. Es un discurso muy ingenuo y falso. No es suficiente conocer el pasado para no repetir sus errores. Pero la ignorancia tampoco es la soluci贸n. El problema es c贸mo elaborar el pasado, que no es lo mismo que conocerlo.

Tenemos entendido que actualmente est谩 escribiendo una historia intelectual sobre el concepto de revoluci贸n. A modo de conclusi贸n, 驴puede comentar algo acerca de qu茅 lo llev贸 a escribir sobre este concepto crucial de la tradici贸n de izquierda?

Es una tentativa de interpretaci贸n y comprensi贸n del siglo XX. He escrito libros sobre la guerra civil europea, la violencia nazi, la memoria del Holocausto, el exilio y el totalitarismo. Y despu茅s pas茅 a trabajar sobre el otro pilar del siglo XX: las revoluciones. El siglo XX no fue solamente un siglo de guerra y de genocidios, sino tambi茅n de revoluciones. Entonces para comprender el siglo XX hay que encajar los eventos. Es un ensayo que intenta contribuir a la comprensi贸n de lo que fueron las revoluciones. Y eso solo es posible porque tenemos la consciencia de que un ciclo se acab贸.

Mi idea es que habr谩 revoluciones en el siglo XXI. De hecho, ya hubo: las revoluciones 谩rabes, como una ola de revoluciones permanentes, que sugieren que ser谩 un ciclo de revoluciones. Los movimientos sociales de estos 煤ltimos meses indican que la revoluci贸n es una opci贸n posible para el mundo en el cual vivimos, pero esas revoluciones ser谩n profundamente diferentes de las revoluciones del siglo XIX y XX. Ser谩n diferentes de las revoluciones cl谩sicas, que van desde la revoluci贸n francesa y el ciclo de las revoluciones atl谩nticas (Norteam茅rica, Francia, Hait铆) hasta la Revoluci贸n Sandinista en 1979, que fue la 煤ltima revoluci贸n en el sentido cl谩sico de la palabra. Ese ciclo se acab贸, y las revoluciones nuevas, del siglo XXI, ser谩n diferentes. Un nuevo modelo de revoluci贸n -una b煤squeda de nuevas formas de vida, de participaci贸n y deliberaci贸n colectiva, de organizaci贸n, de debate, de autogesti贸n- surgir谩 de los movimientos mismos y no ser谩 introducido desde el exterior. Pero creo que para construir este nuevo modelo de revoluci贸n es indispensable elaborar las experiencias del pasado.

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Fuente: Lahaine.org