May 13, 2022
De parte de SAS Madrid
81 puntos de vista

Los debates relativos a la infancia y la educaci贸n a veces se convierten en objeto de polarizadas guerras culturales, y otras, de manera menos estruendosa pero tambi茅n con sus aspavientos, devienen en un pasional debate transversal entre personas, grupos sociales o corrientes que en muchas otras cuestiones est谩n de acuerdo o no tienen grandes disensos. 

El mi茅rcoles 11 de mayo la publicaci贸n de un estudio que calificaba como 鈥渘egativa鈥 la jornada continua 鈥攜 su replicaci贸n en los medios鈥 gener贸 una de estas olas de debate en las que, principalmente las personas concernidas con el mundo escolar, contrastaban opiniones en sus redes sociales (las virtuales y las que no) con grados distintos de vehemencia. Con este art铆culo me gustar铆a sumarme al debate, no tanto para rebatir o reforzar una postura u otra 鈥攕in presumir neutralidad, pues yo soy partidaria de la jornada continua鈥 si no reflexionando sobre lo que podemos aprender del mismo.

Dificultad para el sosiego

El debate de la jornada escolar se da en muchas ocasiones en t茅rminos de crispaci贸n absoluta, no hace mucho ve铆amos la furiosa y beligerante reacci贸n ante un reportaje en el Salto Diario sobre la cuesti贸n, firmado por la compa帽era Gessam铆 Forner. Si bien el disenso es natural, la agresividad es t贸xica. M谩s all谩 del ruido, cabe preguntarse por qu茅 esta controversia genera tantas pasiones.

Creo que lo movilizante de este debate es que pone en cuesti贸n capas profundas de nuestra visi贸n de la educaci贸n e incluso del modelo de sociedad que queremos. M谩s a煤n, me atrever铆a a afirmar a que la emocionalidad que arrasta la discusi贸n se debe a que en ocasiones leemos en ella 鈥攄efendamos una u otra jornada鈥 una especie de acusaci贸n encubierta.

Por tomar el ejemplo m谩s reciente, cuando se afirma en un titular que la jornada continua es negativa para los ni帽os, uno puede sentir que lo que considera mejor para sus hijas y los del pr贸jimo es tachado de nocivo, y con ello, se le se帽ala por perjudicar 鈥攃on comidas tard铆as o jornadas extenuantes鈥  a quienes tiene la convicci贸n de estar favoreciendo. Cuando el argumento es que la jornada intensiva ampl铆a la brecha de g茅nero o la desigualdad de clase, una, que es totalmente feminista y radicalmente de izquierdas, puede sentir que se le acusa de ir con su apuesta por la jornada continua contra sus propios principios, y esto cabrea y turba. 

El debate sobre la jornada escolar moviliza porque pone en cuesti贸n capas profundas de nuestra visi贸n de la educaci贸n e incluso del modelo de sociedad que queremos

Veamos el planteamiento opuesto: Cuando se se帽ala que la jornada partida acaba priorizando el rol de guarder铆a de los centros educativos como espacios donde dejar a ni帽as y ni帽os para que los padres puedan cumplir amplias jornadas laborales, o que apuntar a esta v铆a es una especie de sumisi贸n al orden laboral establecido que nos condena a largas jornadas de trabajo, o es m谩s, cuando se argumenta que las largas jornadas escolares sirven para socializar a los ni帽os y ni帽as en este sistema, uno tambi茅n puede verse cuestionado en su rol como padre o madre (me est谩n acusando de que solo quiero que me guarden a los ni帽os), o en sus valores pol铆ticos m谩s profundos (me est谩s diciendo que no solo me someto al status quo laboral sino que soy c贸mplice en el sometimiento de mis reto帽os).

Es importante 鈥渞ehumanizar鈥 las discusiones y no convertir a quienes disienten con nuestra visi贸n en memes (burgueses pro crianza intensiva los primeros, o esclavos acr铆ticos del trabajismo los segundos), se trata adem谩s de un debate que nos permite abrir otros melones que aqu铆 no hay espacio ni tiempo para degustar: el de las jornadas laborales incompatibles con los cuidados, el de la infravaloraci贸n del trabajo reproductivo respecto al trabajo productivo independientemente de lo mierda, explotador o incluso nocivo que pueda ser dicho trabajo. Por no hablar de reducir la conciliaci贸n a algo que compete a colegios y madres, como si no hubiese otras formas familiares, p煤blicas o comunitarias de abordar la urgente redistribuci贸n de los cuidados, ni se pudieran estudiar otras formas de redistribuir riqueza m谩s all谩 de los salarios para poder contar con m谩s tiempo y poder vivir mejor.

No es un debate que pueda hacerse sin situarse

Hay otra cosa que creo que moviliza con resultado de agitaci贸n, y no es ya el hecho de que tal como se plantea el debate muchas veces una se vea impugnada en sus creencias o en sus convicciones, sino que es su propia experiencia la que se cuestiona. Y es que este debate revela que todo cambia mucho seg煤n el territorio del que estemos hablando, la edad de las ni帽as y ni帽os, la propia realidad familiar o las caracter铆sticas y necesidades del centro educativo.  Los debates maximalistas sobrevuelan todas esas realidades, generan disonancias cognitivas y, dig谩moslo claro, tambi茅n irritan. Por ejemplo, hablo de Madrid, cuando vemos que la cosa se pone en t茅rminos de conciliaci贸n, la experiencia de muchos es que ni帽as y ni帽os en jornada continua salen a la misma hora que quienes tienen jornada partida, y que tambi茅n cuentan con extraescolares asequibles para ampliar un poco m谩s la jornada. Por otro lado vemos que para muchas personas que est谩n en paro, o tienen jornadas parciales, irregulares u horarios de tarde, la jornada partida es un incordio. Por otro lado, hablar de la mejor calidad de la alimentaci贸n en los comedores o considerar que es en estos espacios que se aprende a comer, choca con la experiencia en muchos centros donde la comida proviene de caterings de cuestionable calidad. Tambi茅n se presupone que es m谩s econ贸mico comer en el comedor, pero tantas familias se quedan fuera de las becas, y el precio de los comedores resulta a menudo superior a lo que se gasta comiendo en casa, sin renunciar a la calidad de la comida.

Tampoco la acusaci贸n de querer tener a los ni帽os m谩s tiempo guardados pueda sostenerse en la realidad de gente que curra con los horarios con los que curra la gente en este pa铆s, y no cuenta 鈥攃omo much铆sima gente鈥 con otros apoyos. Cuyos hijos e hijas tambi茅n pueden disfrutar de estar en su lugar de socializaci贸n de referencia jugando con compa帽eros, o tomando extraescolares. Madres y padres que est谩n encantados de pasar tiempo con sus hijos e hijas cuando el trabajo se lo permite. Y m谩s all谩 de la conciliaci贸n, por qu茅 no admitir que a muchas familias en realidades territoriales diversas, en centros educativos diversos (en cuanto a comedores, din谩micas internas, etc),  les pueda parecer m谩s apropiada la jornada partida. 

La est茅ril l贸gica de los grupos contrapuestos

Si hay algo que revela l贸gicas dil茅cticas malsanas es presentar a los diversos actores como grupos homog茅neos de intereses contrapuestos: los profesores contra los intereses de los padres, los padres contra los intereses de los ni帽os, o los sindicatos contra los intereses de las trabajadoras de las empresas de los comedores. Qu茅 debate sosegado podemos tener cuando al que defiende la postura contraria se le presuponen motivaciones egoistas o falta de inter茅s por el bienestar de hijos e hijas, alumnos y alumnas.

Todo debate sobre educaci贸n que se base en una cr铆tica al profesorado como un uniforme gremio profesional que intenta preservar sus privilegios es una gran red flag que deber铆a erizarnos los cabellos

Parto de la premisa de que todo debate sobre educaci贸n que se base en una cr铆tica al profesorado como un uniforme gremio profesional que intenta preservar sus privilegios es una gran red flag que deber铆a erizarnos los cabellos. Y que todo debate sobre la jornada escolar que parta de la premisa de que el horario laboral de maestros o profesoras acaba cuando salen de la escuela o se reduce a las horas lectivas, es una conversaci贸n propia de gente muy alejada de las aulas.

Parto tambi茅n de la premisa que todo debate sobre educaci贸n que se reduzca a una batalla cultural sobre familias que privilegian estar con sus hijos e hijas, y familias que necesitan trabajar y conciliar, desapegado de las condiciones materiales de escuelas y hogares, es un debate est茅ril. Pero que tambi茅n manipular el eje de clase para barrer para casa, es perezoso, y una vez m谩s, maximalista y poco situado. 

Esto no niega que haya intereses en este debate, claro que los hay, por ejemplo cabe preguntarse 鈥攃omo ya se hace鈥 qu茅 intereses pueden tener las comunidades aut贸nomas para implantar la jornada continua en cuanto a ahorro presupuestario, y para ello no es necesario estar en contra de esta jornada. Y puede uno plantearse tambi茅n qu茅 intereses tiene una escuela de negocios, como la que est谩 detr谩s del informe citado, cuando publicita las bondades de un modelo que en muchas comunidades solo tiene la escuela concertada, siendo el negocio de la educaci贸n uno de los m谩s suculentos para el neoliberalismo, independientemente de si se est谩 a favor o no de la jornada partida.

Mientras nos tiramos los trastos a la cabeza para debatir sobre una jornada o la otra, una vez m谩s se quedan cuestiones materiales de fondo eclipsadas: la inestabilidad del profesorado, las altas ratios, la hegemon铆a de la concertada en tantos sitios, la segregaci贸n entre p煤blica y concertada, y dentro de la propia escuela p煤blica, la segregaci贸n que se est谩 operando entre unos barrios u otros o las desigualdades que se reproducen dentro de los mismos centros educativos.

Enlace relacionado ElSaltoDiario.com (12/05/2022).




Fuente: Sasmadrid.org