September 18, 2021
De parte de ANRed
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El alterimperialismo europeo difiere del imperialismo norteamericano. Combina las divergencias econ贸micas con la subordinaci贸n geopol铆tica a la primera potencia. Sus acotadas incursiones propias est谩n enlazadas con el liderazgo del Pent谩gono en los grandes operativos. Rusia despliega acciones de gran potencia a partir de sus victorias militares en Siria y sus 茅xitos diplom谩ticos en Oriente. Esa audaz conducta retrata el perfil de un imperio en formaci贸n amoldado al cimiento capitalista del pa铆s. China aumenta su protagonismo econ贸mico, pero sin correlatos geopol铆ticos y militares. Act煤a como una potencia no imperial y disputa negocios contra el militarizado competidor norteamericano. Por Claudio Katz[1].


El fracaso del proyecto norteamericano del 鈥淕ran Oriente Medio鈥 tiene enormes consecuencias para la relaci贸n de la primera potencia con los tres principales jugadores globales del siglo XXI. El imperialismo estadounidense buscaba renovar la subordinaci贸n de Europa, frustrar la recomposici贸n de Rusia y neutralizar la expansi贸n de China. Estos tres objetivos quedaron seriamente afectados por la sucesi贸n de adversidades y derrotas que acumula Washington en las 煤ltimas dos d茅cadas.

La conducta imperialista de Estados Unidos es un dato corroborado por la escalada de agresiones que perpetr贸 en el 鈥渕undo isl谩mico鈥. 驴Pero c贸mo deber铆a caracterizarse el rol de Europa, Rusia y China? 驴Qu茅 tipo de indicios surgen de las acciones de cada potencia en la regi贸n m谩s turbulenta del planeta?  驴Operan tambi茅n como fuerzas imperialistas?

REEMPLAZO Y SOMETIMIENTO

Toda la vasta zona atropellada por Estados Unidos en los 煤ltimos a帽os fue un bot铆n de la era cl谩sica del imperialismo. Al concluir la Primera Guerra Mundial, Inglaterra y Francia concertaron especialmente su dominio de Medio Oriente y negociaron el reparto de los territorios 谩rabes del desmembrado Imperio Otomano. Se distribuyeron esa regi贸n estableciendo las nuevas fronteras de Siria, Irak, L铆bano, Jordania y Palestina.

El resultado de la Segunda Guerra condujo a otra remodelaci贸n. Estados Unidos impuso su control de las reservas petroleras y su manejo de muchos gobiernos formalmente independizados. Washington sustituy贸 a los alica铆dos antecesores anglo-franceses y convirti贸 a toda la regi贸n en un escenario de la guerra fr铆a contra la Uni贸n Sovi茅tica.

Los viejos colonialistas europeos igualmente permanecieron en varios lugares claves. Continuaron lucrando con inversiones petroleras y acreencias financieras y conservaron cierta presencia militar para proteger sus negocios. Pero su desplazamiento por el poder norteamericano se afianz贸 con paso del tiempo y condujo a un dram谩tico desenlace, luego de la fracasada invasi贸n anglo-francesa del Canal de Suez con asistencia de Israel (1956).

Esa intervenci贸n -consumada para contrarrestar la nacionalizaci贸n dispuesta por el gobierno de Nasser- naufrag贸 en forma escandalosa. All铆 qued贸 sepultada la vieja acci贸n imperial de Europa en el 鈥渕undo isl谩mico鈥. Estados Unidos ocup贸 definitivamente ese vac铆o, con una nueva red de alianzas e impuso normas de la subordinaci贸n a sus socios transatl谩nticos. Este curso fue reforzado por la derrota de Francia en Argelia (1962).

Las principales potencias del Viejo Continente renovaron sus actividades econ贸micas en el grueso de los pa铆ses, pero los operativos militares quedaron bajo el mando del Pent谩gono. Inglaterra preserv贸 su influencia en la pen铆nsula ar谩biga y Francia conserv贸 su gravitaci贸n en el L铆bano. Pero el Departamento de Estado tom贸 la 煤ltima palabra en materia de invasiones y golpes de estado contra los personeros en desgracia. Actualmente Francia intermedia cuando un monarca saudita chantajea a un presidente liban茅s, pero ya no define la invasi贸n de Irak, la ocupaci贸n de Afganist谩n o las treguas de Siria.

Este rol subordinado -pero igualmente activo y complementario de Estados Unidos- se ha verificado en todos los grandes acontecimientos recientes. En las guerras de envergadura (Golfo en 1991, Afganist谩n en 2001, Irak en 2003) Europa actu贸 bajo la direcci贸n operativa de Washington que aport贸 el grueso de las fuerzas militares. Todos los operativos internacionales de terrorismo de estado, espionaje ilegal y c谩rceles clandestinas fueron manejados por la CIA, con el simple auxilio de los servicios secretos europeos. Los marines utilizaron, por ejemplo, con descarada discrecionalidad sus bases en el Viejo Continente para realizar incursiones en 鈥淕ran Oriente Medio鈥.

SUBORDINACI脫N Y CRISIS

El sometimiento europeo a Estados Unidos ha prevalecido incluso en acciones contra pa铆ses como Libia, que pesan m谩s en la econom铆a del Viejo Continente que en el universo americano. Todas las compa帽铆as petroleras de Europa tienen filiales en el Norte de 脕frica y Bruselas gestiona directamente el freno de los inmigrantes que intentan cruzar el Mediterr谩neo.

Esa relevancia de Libia no impidi贸 que el derrocamiento de Gadafi fuera teledirigido por el mando norteamericano de la OTAN. Tal como ocurri贸 con Bush frente a Sadam, la encargada de celebrar el asesinato del ex presidente libio fue Hillary Clinton.

Actualmente la Uni贸n Europea interviene en los ca贸ticos escenarios de Tr铆poli y Bengasi, pero Italia y Francia apuestan a bandos opuestos y requieren el auxilio del mediador alem谩n (Armanian, 2020). No logran contener, adem谩s, la creciente presencia de Rusia y Turqu铆a y dependen del visto bueno norteamericano para las decisiones estrat茅gicas.

La misma secuencia se corrobora con Ir谩n. Alemania y Francia apoyaron en forma entusiasta la negociaci贸n que abri贸 Obama con Teher谩n. Apostaban al afianzamiento de sus grandes negocios con los Ayatol谩s. Pero cuando Trump decidi贸 congelar esas tratativas optaron por la subordinaci贸n. En los 煤ltimos meses han intentado convencer a Biden de las ventajas de un rumbo consensuado, pero mantendr谩n su sometimiento a Washington si la negociaci贸n contin煤a bloqueada.

Estados Unidos y Europa no participan en las mismas alianzas de empresas para extraer el gas del Mediterr谩neo. Esa divisi贸n tambi茅n se extiende al gasoducto que proveer谩 combustible ruso a Alemania. Trump ensay贸 un bloqueo de ese suministro -que rivaliza con las exportaciones del shale norteamericano- pero Biden modific贸 la agenda. Algunos analistas destacan que tiende a convalidar esa operaci贸n, a cambio del sost茅n europeo a una pr贸xima andanada de hostilidades contra China (Chingo, 2021). Propicia generalizar el mismo compromiso a todos los temas conflictivos de Medio Oriente. La subordinaci贸n a las decisiones geopol铆ticas de Washington es el principal presupuesto de esas tratativas.

La crisis sahaur铆 aporta otro ejemplo de la misma primac铆a norteamericana. En los a帽os 70 la monarqu铆a ib茅rica le entreg贸 el Sahara espa帽ol a Marruecos, como prenda de pago a Washington por el reconocimiento del improvisado rey Juan Carlos. Ese contubernio precipit贸 la prolongada lucha de un sacrificado pueblo por su autodeterminaci贸n (Urb谩n, 2020).

Estados Unidos ha transformado actualmente a Marruecos en una pieza clave de la nueva connivencia diplom谩tica de los d茅spotas 谩rabes con Israel. Por esa raz贸n los padecimientos de los sahaur铆es ya empalman a pleno con los sufrimientos de sus pares de Palestina. Con su habitual sometimiento a las decisiones norteamericanas, Europa convalida esa tropel铆a.

ALTERIMPERIALISMO

La conducta de Europa ilustra un comportamiento alterimperial. Las tradicionales potencias colonialistas contin煤an desenvolviendo acciones propias, pero bajo las normas que fija la jefatura estadounidense. Custodian sus propios intereses en ciertas 谩reas, aceptando la subordinaci贸n al rumbo general que define la primera potencia.

Mediante esa combinaci贸n, el Viejo Continente preserva un gran poder de fuego propio e irrumpe con incursiones de sus gendarmes en algunas colonias de anta帽o. Inglaterra atac贸 las Malvinas y Francia env铆a peri贸dicamente legionarios a Mali y la Rep煤blica Centroafricana. Conserva bases militares en 10 pa铆ses del continente negro (Prashad, 2021) y desde 1992 cuenta con el pacto de seguridad europeo para utilizar fuerzas de reacci贸n r谩pida.

Pero todas las grandes acciones contin煤an sujetas al mando del Pent谩gono. El propio sistema de defensa europeo est谩 inscripto en la l贸gica de la OTAN y esa integraci贸n presupone un conflictivo pero perdurable sostenimiento del gasto b茅lico. La propia producci贸n de armamentos en el Viejo Continente est谩 sujeta a normas de compatibilidad con las Fuerzas Armadas estadounidenses (Serfati, 2001).

Los autores que introdujeron el concepto de alterimperialismo han contribuido a precisar las peculiaridades contempor谩neas de Europa (Serfati, 2005). Esa regi贸n ya no aglutina a viejas potencias imperialistas corro铆das por rivalidades internas, ni tampoco agrupa a un enjambre com煤n que disputa hegemon铆a militar con el coloso americano. Los grandes jugadores de Europa (Inglaterra, Francia, Alemania) contin煤an desenvolviendo acciones imperiales propias o entrelazadas, pero invariablemente sometidas al veto de Washington.

Las disputas norteamericanas con los subordinados socios europeos son importantes y recurrentes, pero no remueven las reglas de la sinton铆a occidental. Hay frecuentes choques por el financiamiento de la OTAN y operativos inconsultos del Pent谩gono. M谩s intensos son los desacuerdos comerciales entre firmas que ambicionan el mismo bot铆n de Irak, Libia o Sud谩n. Bajo el mandato de Trump esas divergencias alcanzaron un in茅dito nivel de tensi贸n que ahora Biden intenta disipar.

El nuevo mandatario est谩 embarcado en recomponer las relaciones con sus socios transatl谩nticos. Por eso comenz贸 su gesti贸n con un promocionado reencuentro con los l铆deres europeos, para reclutar aliados en las tensiones que se avizoran con China.

Biden se ha mostrado dispuesto a bajar el tono de los choques econ贸micos con el Viejo Continente (Boeing- Airbus, gasoducto Nord Stream 2, tecnolog铆as 5 G). Su prioridad es concertar un frente com煤n contra el adversario asi谩tico. De esa forma el imperialismo dominante busca reordenar sus relaciones con el socio alterimperial.

Pero el desenlace reciente de Afganist谩n introduce mucho ruido en esas tratativas. El padrinazgo yanqui que pretend铆a restablecer Biden con los socios de Europa ha quedado amenazado por la p茅rdida de autoridad norteamericana, que genera el abrupto retiro de Kabul. Macron, por ejemplo, toma distancia de la Casa Blanca recordando el costo de 13 a帽os de permanencia de Francia en el conflictivo pa铆s de Asia Central. Nuevos interrogantes se perfilan en el entramado de Washington con Londres, Berl铆n y Paris.

LA REAPARICI脫N DE MOSC脷

Rusia desenvuelve un rol completamente diferente al desempe帽ado por Europa. Mantiene una relaci贸n de intenso conflicto con Estados Unidos, que contrasta con la sociedad imperante entre las potencias transatl谩nticas.

La dr谩stica reacci贸n de Mosc煤 frente al proyecto imperialista del 鈥淕ran Oriente Medio鈥 ha cambiado los escenarios de varios continentes. Esa respuesta fue particularmente contundente a partir de la guerra de Siria. Putin decidi贸 intervenir con fuerzas militares propias para detener el avance de los yihadistas. Adopt贸 esa decisi贸n, al observar c贸mo las ramificaciones chechenas de esas milicias interven铆an en el radio de influencia directo de Mosc煤.

Rusia afianz贸 sus dos bases militares en la zona e impidi贸 la ca铆da de Assad para frenar las incursiones estadounidenses. Con esa acci贸n Putin le arrebat贸 a Washington las decisiones finales sobre Siria y frustr贸 la pretensi贸n norteamericana de actuar como juez definitorio de la partida.

La participaci贸n de tropas rusas -en un terreno tan alejando de su 贸rbita defensiva- provoc贸 el desconcierto inicial de Estados Unidos. El Pent谩gono vacil贸 entre varias respuestas y no defini贸 ninguna. Putin aprovech贸 esos titubeos para colocar a su pa铆s en un terreno de gran paridad a la hora de negociar el futuro de Siria (Armanian, 2021),

El gran giro se produjo en el 2015 con el apoyo a茅reo provisto por Rusia a las expediciones del ej茅rcito sirio sobre las brigadas yihadistas. Esa acci贸n revirti贸 el acoso que sufr铆an los gendarmes de Assad e incentiv贸 una contraofensiva que desemboc贸 en la ca铆da de Aleppo.

Esa batalla volc贸 la balanza del conflicto de Siria. Condujo a la derrota de los fundamentalistas, al fulminante fracaso de Qatar y Arabia Saudita, al improvisado reacomodo de Turqu铆a y al debilitamiento de Estados Unidos.

La destrucci贸n de esa ciudad -con cuantiosas bajas de todos los bandos- tuvo un gran impacto en la regi贸n. Demostr贸 la eficacia de los asesores rusos frente a la ineficiente coalici贸n contra el Estado Isl谩mico, que Estados Unidos mont贸 con el concurso de 40 pa铆ses. Ese armado qued贸 totalmente ensombrecido frente al renovado protagonismo moscovita.

La permanencia de Assad ha sido el principal resultado de la guerra en Siria. El desplazamiento de ese mandatario era una prenda de negociaci贸n que se ha invertido. Ahora la diplomacia rusa fija los t茅rminos de las tratativas frente al fragilizado Departamento de Estado.

EL REGRESO A ORIENTE

El resurgimiento de Rusia tiene correlatos directos en Afganist谩n. Ya antes de la ca铆da de Kabul, Mosc煤 hab铆a comenzado a intervenir intensamente en el conflicto. Auspici贸 una conferencia sobre el futuro de ese pa铆s con los talibanes, China y Pakist谩n y excluy贸 por completo a Occidente

Putin retom贸 las relaciones con los talibanes estableciendo una tajante diferenciaci贸n con el yihaddismo transnacional de ISIS (Daesh o EI). Sit煤a solo a ese sector en el campo de los enemigos de Mosc煤. Pretende alejar a esas milicias de las fronteras rusas y aspira a imponer su abandono de Uzbekist谩n y Kirguist谩n con el propio concurso de los talibanes.

Con su habitual pragmatismo, Putin observa ahora a los talibanes como una fuerza m谩s amistosa que los fundamentalistas del ISIS o Al Qaeda. Registra las posibilidades de mayores negociaciones directas con el primer sector, luego del dr谩stico cambio que introdujo la derrota estadounidense.

Esta reaparici贸n de Rusia corona un dr谩stico giro en el escenario local. En 1980 el Ej茅rcito Rojo ingres贸 en Afganist谩n para proteger al gobierno progresista de Najibul谩, pero no pudo evitar que en 1996 su presidente fuera linchado por los talibanes. Ahora los diplom谩ticos de un gobierno ruso -pos-sovi茅tico y capitalista- vuelven a Kabul, para negociar con las milicias que arrojaron al pa铆s al Medioevo. El imperialismo estadounidense -que primero promovi贸 esa atroz regresi贸n y luego confront贸 con los talibanes- ha sido doblegado.

Rusia act煤a en Afganist谩n con los mismos par谩metros de ambig眉edad diplom谩tica que despliegan en otras regiones. En Siria sostuvo al acorralado mandatario, pero negocia su eventual canje en un acuerdo con otros actores de la disputa.

Frente a Ir谩n mantiene una actitud similar. Putin convalid贸 durante a帽os las sanciones de Estados Unidos contra Teher谩n por razones meramente econ贸micas. Rusia compite en el mercado mundial de gas con Ir谩n, que alberga monumentales reservas del mismo combustible. Por eso busca frustrar la concreci贸n de dos gasoductos que rivalizar铆an con sus propias ventas al exterior (Armanian, 2019).

Las convergencias y divergencias de Rusia con Turqu铆a son de mayor porte y en el conflicto de Siria incluyeron todos los extremos imaginables. Por un lado se registraron virulentos asesinatos de diplom谩ticos y derribos de aviones y por otra parte se consumaron c谩lidos reencuentros para abrochar ventas de armas. Putin negoci贸 con Erdogan una y otra vez el destino de Aleppo y Rojava. Busc贸 alcanzar alg煤n status quo, para alejar a los yihadistas de las fronteras rusas a cambio del sacrificio de los kurdos.

Con la misma geopol铆tica de gran potencia, Putin ha preservado excelentes relaciones con Israel. Mantiene incluso en reserva la carta de forzar la salida de las fuerzas iran铆es y libanesas de Siria, si Tel Aviv accede a moderar sus ambiciones de expansi贸n territorial. La prioridad moscovita es una estabilidad de Medio Oriente asentada en la decreciente relevancia de Estados Unidos.

IMPERIO EN FORMACI脫N

La intervenci贸n rusa en Siria contribuy贸 a contener la brutalidad yihadista, pero no incluy贸 gran consideraci贸n por la tragedia de los civiles. Mosc煤 evit贸 el brutal belicismo de los sauditas o los israel铆es, pero no intervino con ataduras a los patrones humanitarios.

Conviene recordar que Rusia participa activamente en el mercado mundial de armamento como segundo proveedor de instrumentos mort铆feros. S贸lo prioriza el alejamiento de Estados Unidos de sus fronteras y actu贸 en Siria para enviar un mensaje a las fuerzas de la OTAN afincadas en Europa del Este.

Rusia respondi贸 a la continuada presi贸n del imperialismo norteamericano sobre el viejo entramado de la URSS. Desde hace d茅cadas el Pent谩gono intenta desmembrar ese territorio en un ramillete de mini-estados sometidos a Washington. La incursi贸n moscovita en Medio Oriente apunt贸 a contrarrestar la captura occidental de Ucrania. Tambi茅n busc贸 balancear el cerco de misiles que Estados Unidos ha desplegado en el cord贸n aportado por varios ex integrantes del Pacto de Varsovia (Alexander, 2018).

Rusia apuntala en Siria sus propios intereses y dirime tensiones con Occidente. Act煤a en Medio Oriente como un jugador mundial que anticipa movimientos. Putin despach贸 tropas a Damasco frente a las presiones estadounidenses en Asia Central y advirti贸 que adoptar谩 represalias frente a cada arremetida del Pent谩gono.

De esta pulseada ha emergido el inestable equilibrio que impera en Siria. El pa铆s sigue fragmentado con 谩reas en disputa e incontables refugiados fuera de sus hogares. El sufrimiento popular persiste mientras se dirime el futuro del territorio.

La conducta rusa en Medio Oriente corrobora el perfil de un imperio en formaci贸n. Mosc煤 no ara帽a el status alcanzado por el dominador estadounidense o sus socios europeos. Est谩 muy lejos de actuar en la misma escala y no persigue los mismos objetivos de recuperaci贸n hegem贸nica. Golpea con fuerza, pero preserva una t贸nica general defensiva y propicia un escenario geopol铆tico multipolar, contrapuesto a la primac铆a que ambiciona Washington.

Esta conducta de Rusia es coherente con el status capitalista del pa铆s. Ese sistema fue restaurado en forma fulminante luego de la implosi贸n de la URSS, mediante el vertiginoso remate de la propiedad p煤blica. De ese cambio emergi贸 una oligarqu铆a de millonarios provenientes de la alta burocracia del r茅gimen anterior. El mismo personal cambi贸 de vestimenta y mantuvo la conducci贸n del estado para otros fines.

Pero el caos que gener贸 el bandidaje de la era de Yeltsin oblig贸 al viraje que ha implementado Putin para contener la desarticulaci贸n del pa铆s. De ese liderazgo surgi贸 el modelo pol铆tico actual, que acot贸 el poder de los acaudalados sin modificar el status capitalista de Rusia.

Putin ha reforzado su conducci贸n de ese esquema incrementado la presencia internacional del pa铆s. Logr贸 esa recomposici贸n en tensas negociaciones con sus pares estadounidenses. Las convergencias y rupturas se sucedieron en forma vertiginosa con Trump y es muy incierto lo que ocurrir谩 con Biden.

El nuevo mandatario norteamericano comenz贸 con mensajes agresivos y baj贸 posteriormente el tono, para reabrir las interrumpidas negociaciones sobre la distensi贸n nuclear. El imperialismo dominante contin煤a lidiando con un imprevisible imperio en formaci贸n.

LA AMENAZA ECON脫MICA DE CHINA

En el 鈥渕undo isl谩mico鈥 se verifica la n铆tida diferencia entre las dos potencias que confrontan con Estados Unidos a escala global. Mientras que Rusia interviene activamente en el plano geopol铆tico e incursiona abiertamente en el terreno militar, China act煤a con m谩s cautela en el primer terreno y mantiene una gran prescindencia en el segundo.

A diferencia de Rusia el nuevo gigante asi谩tico es importador neto de petr贸leo y busca asegurar su abastecimiento, mediante acuerdos con los exportadores de todos los bandos. Adquiere el ansiado insumo de los sauditas y tambi茅n de Ir谩n, sin establecer distinciones de ning煤n tipo.

La presencia de China est谩 centrada en los negocios y su impactante gravitaci贸n econ贸mica representa un serio desaf铆o para el competidor estadounidense. No hay tropas chinas en los campos de batalla del mundo 谩rabe, pero abundan los convenios comerciales con todos participantes de esos conflictos.

Para contrarrestar esa arrolladora intervenci贸n, Estados Unidos presiona a los gobiernos afines para que reduzcan la incidencia comercial e inversora de su gran rival. Explora especialmente caminos para cortar el abastecimiento petrolero de Beijing. Sin el combustible importado de Arabia Saudita, Ir谩n o Irak, el crecimiento de la nueva potencia asi谩tica quedar铆a estructuralmente bloqueado.

En ese terreno se libra una intensa pulseada entre las empresas chinas -que contin煤an multiplicando convenios- y los emisarios de Washington, que exigen el cierre de la canilla del crudo hacia el Extremo Oriente.

Esta pol铆tica norteamericana tambi茅n incluye un gui帽o a los grupos yihadistas que hostilizan a China. Algunas vertientes de esas formaciones ambicionan incorporar varias regiones del territorio asi谩tico, a su imaginario mega-califato regido por la sharia.

Enarbolan el derecho de los uigures a contar con un gobierno religioso. Por eso demandan la autonom铆a pol铆tico-administrativa de las regiones habitadas por esas minor铆as. Las corrientes m谩s extremas aspiran a lograr una independencia semejante a la conseguida por los distintos 鈥渟tanes鈥, que emergieron en Asia Central luego de la desintegraci贸n de la URSS.

Estados Unidos apuntala esos proyectos con la misma malevolencia que promociona las exigencias de los monjes tibetanos. Para socavar la integridad territorial china, acompa帽a las distintas campa帽as que propician la autonom铆a de la 鈥渃omunidad musulmana鈥 del Turquest谩n oriental (Xinjiang).

China ha respondido con mano dura a ese separatismo. Pero tambi茅n ha optado por ampliar los derechos de las mujeres musulmanas, que en esas regiones cuentan con sus propias mezquitas. Hasta ahora Beijing ha logrado neutralizar la acci贸n yihadista que amparan Washington y Riad.

Biden eval煤a muchas opciones de acci贸n en su estrat茅gica confrontaci贸n con China. Mantiene la misma prioridad de choque con el gigante asi谩tico que explicit贸 Trump. Ha incorporado a ese libreto la tradicional demagogia de los Dem贸cratas en torno a los derechos humanos para justificar las intromisiones imperiales. En su obsesi贸n contra el rival oriental, ni siquiera archiv贸 las absurdas campa帽as de su antecesor para culpabilizar a Beijing por la pandemia (Hardy, 2020).

EL GIRO DE PAKIST脕N

La creciente presencia china en el 鈥淕ran Oriente Medio鈥 puede desembocar en resultados tan sorprendentes como el giro consumado por Pakist谩n. Ese pa铆s emergi贸 en 1947 como un basti贸n del extremismo isl谩mico, del anticomunismo furioso y de la enemistad hacia los hind煤es. El pa铆s debut贸 con un patr贸n de fractura colonial para debilitar al naciente estado de la India. Qued贸 bajo el mando directo de Estados Unidos, que despleg贸 desde all铆 una intensa guerra fr铆a contra la relaci贸n aut贸noma y conciliatoria de Nueva Delhi con la URSS.

El belicismo pakistan铆 monitoreado por el Pent谩gono se puso a prueba en dos guerras contra la India (1965 y 1971) y en el posterior emplazamiento de un cuartel general del extremismo religioso, para atentar contra las fuerzas democr谩ticas y laicas de toda la regi贸n. El padrinazgo de terroristas comenz贸 con el entrenamiento de los talibanes afganos. Algunas organizaciones de ese entramado finalmente construyeron un estado dentro del estado pakistan铆, a partir de una inmanejable simbiosis con el ej茅rcito y los servicios de inteligencia.

Cuando Estados Unidos comenz贸 a perder las guerras de Oriente y a multiplicar las conspiraciones para renovar sus t铆teres, la propia crisis de la primera potencia se extendi贸 a sus servidores. Esa erosi贸n alcanz贸 in茅ditas proporciones en Pakist谩n desde el asesinato de la figura m谩s af铆n al establishment estadounidense (Benazir Bhutto en el 2007).

El trato humillante que el Pent谩gono propin贸 a los militares pakistan铆es aliment贸, a su vez, las impactantes reacciones antiamericanas entre sus viejos cipayos. El efecto acumulativo de esos malestares deriv贸 finalmente el sorpresivo giro de la pol铆tica exterior pakistan铆 hacia una alianza con China.

Ese giro se consolid贸 como respuesta a la reconciliaci贸n con la India que inici贸 Obama y afianz贸 Trump. En lugar de acomodarse como socio subordinado a ese nuevo tejido geopol铆tico, los gobernantes pakistan铆es patearon el tablero y concertaron acuerdos con China. Han tomado radical distancia del bloque que Washington construye para pulsear con Beijing.

Esta indisciplina de un viejo pe贸n -que alberga armas at贸micas provistas por el Pent谩gono- introduce un dolor de cabeza may煤sculo en el Departamento de Estado. Pakist谩n ya obstruye el tr谩nsito por sus carreteras de las caravanas de la OTAN, avanza con gasoductos hacia China e incluso adquiere armamento del gran enemigo de Estados Unidos.

Washington ha comenzado a dise帽ar distintas conspiraciones para retomar el control sobre un pa铆s clave para su estrategia de acoso de Beijing. Esos complots incluyen planes de fractura del propio Pakist谩n (Armanian, 2013)

Pero lo m谩s problem谩tico para Washington ha sido la extensi贸n del giro de Islamabad hacia Kabul. China ha penetrado intensamente el universo afgano, desde que los estrechos socios pakistan铆es de los talibanes se aproximaron a Beijing.

Los convenios econ贸micos suscriptos entre ambos pa铆ses incorporan a Afganist谩n a la ruta de la seda, a trav茅s de redes ferroviarias y un nuevo circuito de inversiones (Merino, 2021). Bajo el impulso pakistan铆, los talibanes giran ahora hacia la 贸rbita econ贸mica de China, creando un escenario doblemente adverso para Estados Unidos. La reciente ca铆da de Kabul puede afianzar dr谩sticamente ese curso.

Lo ocurrido con Pakist谩n y Afganist谩n ilustra la gigantesca amenaza que entra帽a China para la dominaci贸n norteamericana. Washington no se resigna a perder esa supremac铆a y afina todas sus bater铆as contra el desafiante asi谩tico. Pero hasta ahora s贸lo acumula fracasos. El infierno b茅lico que desat贸 en el mundo isl谩mico para intentar esa obstrucci贸n condujo a una sucesi贸n de desastres militares. El dique que intent贸 edificar contra Beijing desemboc贸 en calamitosos resultados.

UN STATUS NO IMPERIAL

Las respuestas cautelosas que mantiene China en Medio Oriente frente a su adversario norteamericano confirman el status no imperialista de la nueva potencia. Esa fisonom铆a perdura al comp谩s de una estrategia defensiva de expansi贸n econ贸mica, sin correlatos equivalentes en la esfera geopol铆tico-militar. En este 煤ltimo campo se define el status imperialista de las distintas potencias.

El perfil que hasta ahora mantiene de China concuerda con el r茅gimen social intermedio del pa铆s y el proceso a煤n inacabado de restauraci贸n del capitalismo. La nueva clase dominante no ejerce en China el poder pol铆tico, que el Partido Comunista preserva bajo su directo control (Katz, 2021).

El car谩cter no imperial de China tambi茅n concuerda con la pauta general defensiva de su acci贸n internacional. Esa postura contrasta con la norma ofensiva que ordena la pol铆tica exterior de Estados Unidos y sus socios europeos. El papel de Beijing en el 鈥渕undo isl谩mico鈥 no se equipara, por lo tanto, con el desplegado por Washington.

La tipificaci贸n de una potencia con el calificativo imperial debe tomar en cuenta su papel en los distintos escenarios. El imperialismo contempor谩neo es un dispositivo de dominaci贸n que garantiza los lucros de los capitalistas, mediante acciones pol铆tico-militares de agresi贸n. A la hora de evaluar un acto imperial corresponde tomar en cuenta los datos que corroboran ese atropello.

Pero estas caracterizaciones son insuficientes si quedan restringidas a los actores globales del conflicto. El an谩lisis de la regi贸n exige considerar tambi茅n el papel de las potencias regionales que desenvuelven un in茅dito protagonismo. Evaluaremos ese rol en nuestro pr贸ximo texto.

14-9-2021

[1]Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su p谩gina web es: www.lahaiatz

REFERENCIAS

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-Hardy Toro, Alfredo (2020). Estados Unidos y China: 驴Guerra, acuerdo, claudicaci贸n o quiebre?, 25/11, https://politica-china.org/areas/politica-exterior/estados-unidos-y-china-guerra-acuerdo-claudicacion-o-quiebre

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Fuente: Anred.org