April 18, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
250 puntos de vista


Pablo San Jos茅 Alonso

El cabo para tirar del hilo

Salvo el propio tiempo que, seg煤n algunos dicen, tal vez sea un c铆rculo 鈥斅 eso qui茅n lo comprende!鈥, las cosas que suceden tienen su principio. Y el principio del relato que tratamos de contar aqu铆, que es el de c贸mo y porqu茅 son las cosas que vivimos hoy, tambi茅n lo tiene. De hecho su comienzo es triple.

No es que pretenda simplificar la realidad. Claro que los hechos 鈥攍os hechos sociales鈥 son complejos, dial茅cticos, en continua evoluci贸n, plenos de matices. Pero por alg煤n lugar hay que empezar a cortar el pa帽o. Y el momento social actual, siendo heredero de la historia de la humanidad toda, tiene tres hitos relativamente recientes de gran significaci贸n. Dec铆a Rosa Luxemburgo en un texto sobre el que volveremos m谩s de una vez en esta obra, que cada momento hist贸rico se desarrolla bajo el impulso de la revoluci贸n inmediatamente anterior. Que por muchos cambios de muchos 贸rdenes que se puedan ir sucediendo, todo ocurre dentro de ese marco, el cual no puede ser desbordado en tanto no suceda una nueva revoluci贸n. Pues bien, nuestro tiempo se desarrolla bajo la 茅gida de un triple acontecimiento de car谩cter revolucionario que sucedi贸 hace al menos un par 鈥攐 tres鈥 de centurias.

En primer lugar, por serlo en orden cronol贸gico, y acaso por ser la ruptura de la presa que permiti贸 que las aguas desbordaran en todo su antiguo cauce, hemos de hablar de una revoluci贸n del pensamiento, de la comprensi贸n de la realidad, que se inicia en Occidente a partir de la Ilustraci贸n. No es cuesti贸n de resumir en cuatro l铆neas el movimiento ilustrado, base te贸rica inmediata de tantas cosas: la democracia parlamentaria, el materialismo racionalista, el cientificismo, el secularismo, incluso el anarquismo. En otros cap铆tulos volveremos con m谩s detenimiento a estas cuestiones. Baste adelantar aqu铆 algunas pinceladas. La Ilustraci贸n no solo aport贸 la munici贸n de pensamiento para que 鈥攃omo dicen los marxistas鈥 la antigua sociedad estamental fuese superada por la nueva burgues铆a industrial, dando lugar a la sociedad de las clases y sus luchas, sino que afect贸 a formas generales de entender la realidad que ven铆an siendo hegem贸nicas desde muchos siglos, incluso alg煤n que otro milenio, atr谩s. Por ejemplo, los efectos de la cr铆tica ilustrada a los referentes religiosos no fueron ni mucho menos anecd贸ticos. Las sociedades pre-ilustradas eran fuertemente creyentes. M谩s all谩 de los aspectos pol铆ticos de tal cosa 鈥攍a influencia de las autoridades de las iglesias en las instituciones, verbigracia鈥 la conciencia religiosa cristiana, tanto cat贸lica como protestante (1), se traduc铆a en un tipo de persona que viv铆a una vida de certezas espirituales, fuera cual fuese su situaci贸n material. Una persona con pocas o ninguna duda, que confiaba en la explicaci贸n de la realidad que hab铆a recibido de sus mayores. Una persona profundamente moral, hipervinculada a los valores de referencia de su comunidad. El cuestionamiento del hecho religioso en s铆 y de la explicaci贸n trascendente de la realidad que los ilustrados ponen en marcha, ir谩 poco a poco calando en la sociedad y tendr谩 un simb贸lico punto de inflexi贸n en el momento en que Nietzsche proclama la muerte de Dios, inaugurando as铆 el reinado de la subjetividad. Ya no es Dios el centro de la existencia, sino el hombre. Y tal hombre concebido como un individuo que tiene ante s铆 un libro en blanco para escribir su propia vida, y no como el miembro de una colectividad que le define y dise帽a identitaria y vitalmente. El ser humano, as铆, ir谩 perdiendo gradualmente las seguridades en que se afirmaba y habr谩 de enfrentarse a su destino solo y con sus solas armas. Tal cambio ideol贸gico tendr谩 importantes consecuencias 鈥攑or ejemplo鈥 a la hora de redise帽ar el espacio de la ciudad o de implantar el salariado como forma de vida mayoritaria. Hablaremos de ello.

En relaci贸n a esta cuesti贸n, los ilustrados denunciar谩n como liberticida, e incluso oscurantista, la influencia que, no solo la religiosidad, sino la propia comunidad ejerce sobre sus miembros. Recordemos la famosa teor铆a de Rousseau de que es la sociedad quien pervierte al individuo. Y no olvidemos que tal cosa no est谩 dicha en el contexto de la actual cibersociedad pan贸ptica y de pensamiento 煤nico, sino en una 茅poca en la que la inmensa mayor铆a de las personas viv铆an en la ruralidad, en un sistema pol铆tico poco centralizado y bien lejos de focos de adoctrinamiento, excepci贸n hecha de los p煤lpitos.

La sociedad pre-ilustrada, como se dice, se apoyaba en v铆nculos comunitarios de entidad. Distinguiendo lugares y 茅pocas, era determinante la pertenencia a la familia extensa, al clan o al municipio. Sin llegar a los niveles de interdependencia que suceden, incluso hoy, en otras sociedades no europeas que desconocen pr谩cticamente la propiedad privada y en las que ning煤n individuo entiende ning煤n tipo de realizaci贸n personal al margen del proyecto colectivo, el sentimiento de ligaz贸n con la propia comunidad 鈥攜 no con constructos posteriores como, por ejemplo, la naci贸n鈥 era muy importante. El movimiento ilustrado ser谩 cr铆tico con ese estado de cosas, el cual comprender谩 como obst谩culo para el libre y correcto desarrollo de las facultades del individuo y, por ende, para el progreso social. Al comunalismo se le opondr谩, por ejemplo, el cosmopolitismo (2). Creo que no es dif铆cil adivinar el desarrollo que tuvo la plasmaci贸n en la realidad de estas ideas y c贸mo se lleg贸 a su ep铆gono actual: el american way of life y 芦el hombre hecho a s铆 mismo禄.

En segundo lugar, esas nuevas ideas se plasmaron sobre el terreno y transformaron, tambi茅n de forma radical, las instituciones pol铆ticas. El pistoletazo de salida de ese cambio, un acontecimiento de tanta resonancia que mereci贸 ser reconocido como cambio de edad por la historiograf铆a, fue la Revoluci贸n Francesa. 1789 es el a帽o en que comienza la Edad Contempor谩nea, as铆 como tambi茅n el principio del fin del denominado 芦antiguo r茅gimen禄. La francesa ser谩 la primera de las llamadas 芦revoluciones burguesas禄, un rosario de revueltas ciudadanas (3) peri贸dicas que jalonan el siglo XIX y que suceden 鈥攁 menudo por imitaci贸n o contagio de unas hacia otras capitales鈥 en gran parte de la geograf铆a europea. El principal motivo de la protesta es el deseo de acabar con los sistemas gubernamentales autoritarios, principalmente monarqu铆as absolutas y colocar en su lugar reg铆menes constitucionales basados en el sufragio. Aunque tambi茅n se dan, subsidiariamente, reivindicaciones sociales, nacionalistas etc. La referencia de estas revueltas es precisamente el ideal de la libertad individual incubado por los antiguos ilustrados. 脡ste se plasma en textos que la burgues铆a redacta en aquellos pa铆ses en los que ha logrado desalojar del poder a la antigua clase nobiliaria: el corpus jur铆dico parlamentarista brit谩nico, la Declaraci贸n de Independencia y la Constituci贸n de los Estados Unidos de Am茅rica y la Declaraci贸n Universal de los Derechos del Hombre, redactada durante la propia Revoluci贸n Francesa.

Una vez el ciclo se haya completado, las gobernaciones de los estados respectivos seguir谩n siendo tan autoritarias como lo eran antes. La minor铆a plut贸crata que las gestiona ahora, y que es tambi茅n due帽a de la gran econom铆a, consolidar谩 su dominio con ayuda de ej茅rcitos y cuerpos policiales de nueva implantaci贸n. Am茅n de otros mecanismos de control social que asimismo eclosionan en este momento y que estudiaremos m谩s adelante. Eso s铆, y es un buen bot贸n de muestra de esos novedosos medios de control, el nuevo poder detentado por la minor铆a que ha logrado concentrar la propiedad econ贸mica en sus manos, obtendr谩 legitimidad para su monopolio del poder con ayuda de un simulacro de participaci贸n popular denominado 芦gobierno de representaci贸n禄 y, m谩s tarde, 芦democracia禄.

La consecuencia principal, que no la 煤nica, de esta nueva realidad pol铆tica es el desmesurado crecimiento que experimenta la instituci贸n del estado (4). Ello supone un gran cambio en la vida de la gente por cuanto las peque帽as comunidades rurales van a ir perdiendo paulatinamente su independencia e identidad para pasar a ser invadidas e intervenidas por el poder central. El moderno estado liberal, en nombre del progreso y la civilizaci贸n, al tiempo que dedica grandes recursos a extender y profundizar su control colonial en los 谩mbitos perif茅ricos 芦de ultramar鈥 que parasita, en su propio territorio extender谩 carreteras y v铆as f茅rreas, llevar谩 escuelas a cada pueblo, juzgados y cuarteles de la guardia civil a cada cabecera de comarca, y desarrollar谩 una, cada vez m谩s, ingente burocracia administrativa capaz de controlar hasta el 煤ltimo rinc贸n del territorio. Del mismo modo, generar谩 un asfixiante cuerpo legal con el fin de normativizar las relaciones sociales y econ贸micas. La guinda del pastel ser谩n las pol铆ticas encaminadas a despojar a las comunidades rurales de su base territorial mediante expropiaciones (5).

En tercer y 煤ltimo lugar, pero no menos importante y, seg煤n el an谩lisis marxista, el verdadero motor de todo lo dem谩s, sucedi贸 un cambio profundo en las relaciones econ贸micas a partir de las nuevas circunstancias productivas y tecnol贸gicas que propici贸 la Revoluci贸n Industrial.

Seguramente Watt y el resto de ingenieros brit谩nicos que en la segunda mitad del siglo XVIII andaban experimentando con las posibilidades de la m谩quina de vapor nunca hubieran imaginado las tremendas transformaciones que su ingenio iba a provocar en las siguientes d茅cadas y, mucho menos, los desarrollos tecnol贸gicos de dos siglos despu茅s.

La Revoluci贸n Industrial es un episodio hist贸rico de gran discontinuidad geogr谩fica. Iniciada a finales del XVIII en Inglaterra, pronto se extiende al otro lado del Canal de la Mancha, a B茅lgica en primer lugar. No tarda mucho en llegar a Francia y Alemania para, desde all铆, replicarse a otros lugares de Europa y la costa Este de Norteam茅rica. La nueva tecnolog铆a industrial no se implanta de forma generalizada, sino localmente en zonas determinadas, llegando a algunas 谩reas, e incluso a pa铆ses de Occidente, tard铆amente, en pleno siglo XX.

La evoluci贸n de la econom铆a artesanal a la producci贸n industrial maquinizada supondr谩 profundas transformaciones sociales en todos los 贸rdenes. Por ejemplo, la nueva forma de fabricar en serie y al por mayor requerir谩 de grandes contingentes de mano de obra. 脡sta ser谩 principalmente arrebatada del 谩mbito rural, tanto del minifundista de peque帽os propietarios, ampliamente predominante en el viejo mundo, como del latifundista de jornaleros. Todos ellos abandonar谩n el agro para instalarse hacinados en ciudades y acabar谩n trabajando para el empresariado report谩ndole plusval铆as. Tal hecho generar谩 colosales fortunas y una nueva clase social sujeto de las acciones rese帽adas en el apartado anterior: la burgues铆a liberal. La econom铆a sufre una transformaci贸n de gran calado. Ya no es la propiedad de la tierra y de las rentas la fuente de la riqueza, sino el emprendimiento industrial, comercial y financiero. Hay un cambio de protagonistas en el ranking de las principales fortunas. La riqueza ahora ser谩 generada fundamentalmente por medios de producci贸n de nuevo cu帽o que, precisamente por su novedad, podr谩n ser concentrados en pocas manos con mayor facilidad.

Por su parte la nueva y desmesurada capacidad de producir bienes industriales requerir谩 una masa poblacional susceptible de adquirirlos; es decir, un mercado. La necesidad de mercados es la ra铆z y el motor de la evoluci贸n en los h谩bitos de la poblaci贸n occidental, de la generaci贸n y masiva implantaci贸n de la sociedad de consumo y, colateralmente, de no pocas guerras.

Aparejado a lo dicho y en relaci贸n con todo lo que ven铆amos hablando, se hace necesario fortalecer los aparatos represivos al servicio del nuevo orden, para mantener encauzados los 谩nimos de la gente en tiempos de profundos cambios y procesos dif铆ciles de asimilar por parte de grandes masas de poblaci贸n. 脡stas ven como su cosmovisi贸n se hace a帽icos ante las nuevas circunstancias. Sin saber bien c贸mo y sin haber tenido demasiado tiempo para asimilarlo, se encuentran, no solo despojadas de sus medios de vida tradicionales, sino tambi茅n obligadas a integrarse en un sistema productivo desigual que les condena a entregar abusivamente su fuerza de trabajo a cambio de lo m铆nimo para garantizar a duras penas su subsistencia.

Ilustraci贸n, Revoluci贸n Francesa y Revoluci贸n Industrial. Estos acontecimientos no son exactamente coet谩neos pero s铆 suceden en fechas aproximadas y, como se ha explicado, los podemos comprender como las tres manifestaciones de un mismo cambio general. De hecho, ninguno de ellos consiste en un suceso que pueda ser datable en una fecha concreta; m谩s bien tenemos que hablar de procesos que se extienden dilatadamente en el tiempo y que se interrelacionan entre s铆. Lo que s铆 me parece claro es que hemos de comprender este triple cambio como la fuente inmediata de la cual emana la configuraci贸n pol铆tica, social, econ贸mica e ideol贸gica de la sociedad que vivimos hoy.

El objetivo del ensayo que justamente estamos comenzando es estudiar la secuencia de acontecimientos que nos han ido conduciendo de uno a otro paradigma. De la sociedad del siglo XVIII a la del XXI. Conocer el c贸mo las cosas han llegado a ser lo que son ayuda a comprenderlas y quiz谩 a poderlas cambiar si tal es la intenci贸n. As铆, tratar茅 de arrojar luz sobre algunas de las din谩micas contempor谩neas, especialmente las que tienen que ver con ideolog铆as y acciones que pretenden alg煤n tipo de transformaci贸n. Sin haber llegado a ser, en cualquier caso, un 芦revolucionario禄, lo cual exige un grado de coherencia que no considero haber alcanzado nunca, s铆 es cierto que el activismo sociopol铆tico ha marcado mi vida y ha mantenido permanentemente alimentada mi inquietud y mi reflexi贸n. Es por ello que el esfuerzo de an谩lisis y recopilaci贸n que emprendo en este escrito lo dirijo en primer lugar hacia m铆 mismo, como una forma de ordenar pensamientos y clarificar mis propias ideas. Espero que tambi茅n pueda ser de provecho a alguien m谩s.

Notas

1- Viene bien repasar a Max Weber y sus teor铆as acerca de c贸mo las diferencias ideol贸gicas entre protestantismo y catolicismo est谩n en la base de la ventaja del desarrollo industrial capitalista en los pa铆ses anglosajones frente a los del sur de Europa.

2- El pensador que mejor represent贸 esta opini贸n fue Kant. En su obra 芦Idea para una historia universal en clave cosmopolita禄 expone su visi贸n pesimista sobre el individuo de la especie humana, al que ve incapaz de autogestionar su relaci贸n social en libertad. Esa cr铆tica la extiende a cada realidad institucional de su 茅poca y s贸lo encuentra la soluci贸n en la futura implantaci贸n de un estado universal 鈥攑or ello llamado cosmopolita鈥 que, mediante el ejercicio del derecho, arbitre las relaciones entre los individuos y eduque moralmente a la sociedad. Kant cree que existe un determinismo de 芦la naturaleza禄 que empuja inexorablemente a la especie humana hacia esa meta, la cual, en caso de ser alcanzada, supondr铆a el fin de la historia.

3- Estas revueltas suceden fundamentalmente en ciudades, a pesar de que en ese tiempo la poblaci贸n europea vive de forma mayoritaria en el 谩mbito rural. La ciudad, lugar preeminente de residencia de la burgues铆a, a partir de ahora, acaparar谩 todo el protagonismo y monopolizar谩 la actividad pol铆tica.

4- Es ahora, y no antes, cuando surge el sentimiento nacionalista y se dise帽an la mayor铆a de 芦se帽as de identidad禄 (himnos, banderas, recuperaci贸n o creaci贸n ad hoc de tradiciones y de folklore…) de los diferentes 芦pa铆ses禄. Emoci贸n sentida y compartida, en principio, entre los c铆rculos culturales de la burgues铆a de cada lugar, y pronto exportada, con ayuda de los nuevos sistemas propagand铆sticos, al resto de la poblaci贸n. No conviene olvidar tampoco el importante papel que esta ideolog铆a juega a la hora de implementar los modernos ej茅rcitos de recluta obligada. Quiz谩 茅sta 煤ltima sea la principal raz贸n del nacimiento y 茅xito de este discurso.

5- Recordemos la desamortizaci贸n de Madoz (1854). Conocida y controvertida, al igual que la de Mendiz谩bal, por la incautaci贸n que la hacienda espa帽ola hizo de bienes eclesi谩sticos. Sin embargo, esta operaci贸n estatal de expolio m谩s bien se ceb贸 con los bienes r煤sticos de propiedad comunal de los municipios rurales. La econom铆a de los peque帽os propietarios de dichos lugares sufri贸 un gran quebranto, al pasar a manos privadas gran parte de sus pastizales y montes comunales. Una consecuencia indeseada de esta operaci贸n fue la fuerte desforestaci贸n que sufrieron los bosques reci茅n expropiados y vendidos. Muchos de los nuevos propietarios trataron de amortizar 鈥攏unca mejor dicho鈥 su inversi贸n convirtiendo en carb贸n vegetal sus masas forestales.


Tomado del libro: “El ladrillo de cristal. Estudio cr铆tico de la sociedad occidental y de los esfuerzos para transformarla”. Pablo San Jos茅 Alonso. Ed. Revolussia, diciembre 2019.

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Fuente: Grupotortuga.com