December 16, 2020
De parte de La Haine
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En algunos discursos de los apologetas de la sociedad digital pareciera que Google y los GAFAM son una suerte de Cruz Roja Internacional

El esp铆ritu de Silicon Valley, en palabras de Eric Sadin, engendra una colonizaci贸n 鈥搖na silicolonizaci贸n鈥 de nuevo tipo, m谩s compleja y menos unilateral de lo acostumbrado, al presentarse como natural y aparentar inmutable. As铆, en la llamada 鈥sharing economy鈥 y la cultura colaborativa, pareciera que disfrutamos de un espacio liso, abierto y democr谩tico.

Existe una idea sobre el poder e influencia de las nuevas tecnolog铆as tan asumida como inductora de err谩ticas lecturas que permean nuestro imaginario con nefastas consecuencias para la autonom铆a social. Al respecto, cabe recordar al padre de la cibern茅tica moderna, Norbert Wiener, que insist铆a en advertirnos, no sin conocimiento de causa, que en tiempos de alumbramiento de la inteligencia artificial hay que dar al hombre lo que le corresponde y a la m谩quina lo que le pertenece. Ni m谩s ni menos.

El fetichismo tecnol贸gico que nos invade por las fantas铆as electr贸nicas ha popularizado sin embargo una concepci贸n de la galaxia internet m谩s bien id铆lica. El concepto de red se ha convertido, de hecho, en la noci贸n explicativa para comprender todos los fen贸menos de nuestra contemporaneidad, sin discutir las formas de acoplamiento y ensamblaje que tienen lugar en la estructura social y el tejido econ贸mico y cultural de nuestros pueblos y que resultan determinantes por la posici贸n monop贸lica que sostienen los GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft).

En este contexto, la iniciativa del Gobierno republicano contra Google no deja de ser un nuevo trumpantojo, sabiendo como sabemos que el lobby tecnol贸gico forma parte del poder corporativo del complejo industrial-militar del Pent谩gono, que ha dominado la pol铆tica estadounidense desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Toda iniciativa antimonopolio ha terminado por lo mismo reforzando la posici贸n de las grandes empresas de comunicaci贸n que nos dominan en la UE y el hemisferio occidental. De ah铆 la guerra comercial contra China y la persecuci贸n de Huawei mientras se pregona el sinsentido de narrativas al uso sobre la contribuci贸n de las empresas punto.com al desarrollo nacional.

En algunos discursos de los apologetas de la sociedad digital pareciera, como critica Morozov, que Google y los GAFAM son una suerte de Cruz Roja Internacional. Pero no es posible entender internet y las nuevas t茅cnicas de comunicaci贸n sin comprender que, de la l贸gica del transporte a la ingenier铆a social, la gobernanza de la cibercultura es una cuesti贸n pol铆tica antes que t茅cnica o instrumental. La geopol铆tica de la red de redes as铆 lo ilustra si el usuario busca, por supuesto en Google, el mapa del ciberespacio y observa que la supuesta equidad y la estructura distribuida y horizontal no existen, salvo como falacia.

Una estricta l贸gica de dominio

La estricta econom铆a de hierro del capital imprime un modelo de desarrollo de internet dominado por operadores privados transnacionales e intereses pol铆tico-militares, con sus brechas y dispositivos de poder que EEUU, activo y dominante usuario de la red, ejerce en los golpes medi谩ticos y los apagones informativos en revueltas como la Primavera 脕rabe o la resistencia contra el golpe de Temer en Brasil.

Las reglas, operadores, formas de organizaci贸n y pr谩cticas de intercambio est谩n no solo glosadas sino prescritas con una l贸gica de dominio tan estricta como fue la guerra aeroespacial en la disputa satelital de la Guerra Fr铆a. Por otra parte, adem谩s, tal y como explicara Mandel, el auge de la econom铆a digital es resultado de una respuesta a la crisis de sobreproducci贸n y la ca铆da tendencial de la tasa de ganancia.

El gran capital monopolista ha tendido recurrentemente a impulsar su productividad por medio de la revoluci贸n cient铆fico-t茅cnica. La innovaci贸n y aplicaci贸n tecnol贸gica impregna desde entonces, en especial a partir de los a帽os ochenta, todos los espacios de producci贸n y reproducci贸n social.

Esta l贸gica se ha venido desplegando desde la programaci贸n del trabajo (Kanban, c铆rculos de calidad, teletrabajo鈥) al ocio (televisi贸n interactiva, videojuego, internet, m贸viles鈥), la innovaci贸n cient铆fica (ingenier铆a gen茅tica, biotecnolog铆as, inteligencia artificial鈥), la planificaci贸n territorial (tecnopolos, ciudades digitales, econom铆a creativa鈥), la transformaci贸n de los productos (nuevos materiales, obsolescencia planificada鈥) hasta la participaci贸n pol铆tica (marketing electoral y ciberdemocracia), la organizaci贸n administrativa y las formas de consumo y representaci贸n cultural.

Una alternativa democr谩tica en este sentido pasa por cuestionar la soberan铆a tecnol贸gica, la autonom铆a informativa, la disposici贸n de medios de innovaci贸n y codificaci贸n propios y el dise帽o de pol铆ticas activas de acceso y apropiaci贸n social de la econom铆a digital por los sectores populares.

En suma, internet no es la nueva Alejandr铆a ni un espacio libre y liberado de todo control. Antes bien, m谩s de veinte pa铆ses han venido regulando, en los 煤ltimos a帽os, para interferir en la red y los intercambios descentralizados. Pero nada sobre la posici贸n de monopolio que en el caso de Donald Trump obedece m谩s a estrategia electoral que a voluntad de cambiar el muro de Wall Street y el complejo industrial-militar, que sigue imperando dentro y fuera del pa铆s para hacer uso de la fuerza seg煤n sus intereses. Nada que ver, en fin, con la libertad de la informaci贸n pregonada.

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Fuente: Lahaine.org