February 26, 2021
De parte de Kurdistan America Latina
247 puntos de vista


La primera vez que Mathias Depardon se asom贸 a la ventana de su celda, contempl贸 una bandada de gorriones volando m谩s all谩 de los barrotes. Pens贸: 鈥淎hora, soy yo el p谩jaro que est谩 en la jaula鈥. En su rostro hab铆a m谩s ce帽os que sonrisas y no ten铆a las grandes ojeras que hoy rodean sus ojos. Acusado en 2017 de haber creado 鈥減ropaganda para una organizaci贸n terrorista鈥, este fotoperiodista franc茅s permaneci贸 encarcelado 32 d铆as en el Centro de Detenci贸n de Gaziantep, al sur de Turqu铆a, cuando trabajaba para la revista National Geographic. El motivo: unas fotograf铆as de miembros del PKK, el prohibido Partido de los Trabajadores de Kurdist谩n, que la polic铆a turca encontr贸 en su tel茅fono tras haber sido detenido en Hasankeyf por tener la documentaci贸n caducada.

鈥淎l principio me tuvieron en total aislamiento, sin nada en la celda con lo que ocupar mi mente. La situaci贸n me angustiaba: me golpeaba contra la pared, gritaba鈥︹, recuerda con un nudo en la garganta. 鈥淧ero con el tiempo, desarroll茅 una resiliencia ante aquella realidad, una fuerza moral鈥. Su resiliencia, una huelga de hambre de cinco d铆as, atrajo la atenci贸n del presidente franc茅s Emmanuel Macron, y su liberaci贸n se efectu贸 dos semanas despu茅s. Ahora, Depardon disfruta de su mayor estancia en Francia desde que, siendo un adolescente, se mudase a los Estados Unidos; descarta regresar a Turqu铆a. Reconoce que todo aquello fue una detenci贸n arbitraria e injusta, pero, seg煤n relat贸 tambi茅n al British Journal of Photography, 鈥渦n mal menor鈥: 鈥淎fortunadamente, mi caso result贸 ser solamente una estrategia dentro de la agenda pol铆tica del presidente Erdogan para poner a prueba a Macron. La libertad de prensa en Turqu铆a es una de las m谩s bajas del mundo. Los periodistas turcos que estaban encarcelados cuando yo me march茅, a煤n contin煤an entre rejas鈥.

La conquista medi谩tica

Desde 2012, Turqu铆a es considerada una de las mayores c谩rceles de periodistas del mundo seg煤n el Committee to Protect Journalists (CPJ), y en 2020 ocup贸 el puesto 154 en el ranking de libertad de prensa elaborado por Reporteros Sin Fronteras (RSF). Se estima, adem谩s, que tras el intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016, al menos 170 medios y m谩s de 200.000 sitios web han sido cerrados o bloqueados 鈥攅ntre ellos el portal de noticias Bianet鈥, 1.000 asociaciones han sido cerradas, 167 periodistas est谩n pr贸fugos y 81 permanecen encarcelados. El estado de emergencia decretado tres d铆as despu茅s de la asonada fallida no solo posibilit贸 la persecuci贸n de los sublevados, sino tambi茅n el silenciamiento de cualquier voz cr铆tica. Durante los dos a帽os que dur贸 aquella emergencia, el Ejecutivo realiz贸 m谩s de 1.800 enmiendas que han incrementado los procedimientos judiciales contra los periodistas, eliminando muchas de las garant铆as de cara a una detenci贸n justa.

鈥淓l gobierno est谩 equivocado cuando dice que en Turqu铆a no hay censura鈥, afirma con contundencia Scott Griffen, subdirector del International Press Institute (IPI). 鈥淣o solo decenas de periodistas son encarcelados anualmente sin ninguna evidencia, sino que, tambi茅n, se ha acelerado lo que llamamos el media capture: el control por parte del gobierno de la vasta mayor铆a de los medios de comunicaci贸n鈥.

En un pa铆s dominado por grandes conglomerados medi谩ticos con participaciones en la construcci贸n, la banca, el turismo y las finanzas, los intereses pol铆ticos han conducido tradicionalmente a una autocensura voluntaria por parte de los propios propietarios. En la actualidad, en cambio, son los juicios de cuestionada transparencia los que transforman la l铆nea editorial de medios cr铆ticos con el gobierno. En 2016, una orden judicial dictamin贸 el decomiso del Zaman, el diario de mayor tirada nacional, y en 2018, tras un fallo del Tribunal Supremo, varios miembros de la junta de la Cumhuriyet Foundation, propietaria del Cumhuriyet, el diario de referencia de la oposici贸n socialdem贸crata, fueron destituidos.

A esto se unen las sanciones del Consejo Supremo de Radio y Televisi贸n (RT脺K), que en 2020 impuso a los canales de televisi贸n cr铆ticos con el Ejecutivo multas por un valor total 25 veces superior al de los canales progubernamentales, y la inoperancia del B陌K. Este es el organismo p煤blico encargado de distribuir los anuncios oficiales, pero en la actualidad excluye a los peri贸dicos cr铆ticos con el gobierno de su distribuci贸n. Ambos factores agravan la situaci贸n financiera de los medios y conducen si no a su desaparici贸n, a su puesta en venta en subastas p煤blicas donde concurren compa帽铆as afines al gobierno. Ocurri贸 as铆 con el diario Sabah, del grupo Ciner, cuyo 煤nico postor fue el yerno de Erdogan, Berat Albayrak.

En este escenario, dice Scott Griffen, resulta 鈥渋mposible鈥 hablar de derecho de informaci贸n o de libertad de expresi贸n en Turqu铆a, y advierte de que, una vez 鈥渄erribados鈥 los medios de comunicaci贸n tradicionales, los principales afectados est谩n siendo las redes sociales. En los primeros siete meses de 2020, la polic铆a turca investig贸 14.186 cuentas de redes sociales, emprendiendo acciones legales contra 6.743, y en enero de este a帽o entr贸 en vigor la nueva enmienda a la Ley de Internet por la que el Estado se asegura el control sobre las plataformas en l铆nea. De acuerdo con el texto, las plataformas extranjeras deben declarar un representante en el pa铆s que responda a las 贸rdenes de retirada de contenido del gobierno en un plazo de 48 horas. Mientras que YouTube y Facebook ya han obedecido, Twitter afronta un veto en publicidad y, de seguir incumpliendo la ley, su ancho de banda se reducir谩 en un 90% a partir de mayo.

El s铆ndrome de S猫vres

鈥淓rdogan reprime los medios de comunicaci贸n porque 茅l no cree ni ha cre铆do nunca en la democracia鈥, explica Guillaume Perrier, ex corresponsal de Le Monde en Estambul y autor del libro Dans la t锚te de Recep Tayyip Erdogan. Nacido en el seno de una familia islamista-conservadora, el mandatario turco sufri贸 desde joven lo que Perrier denomina 鈥渆l s铆ndrome de S猫vres鈥: un trauma generado por el Tratado de S猫vres (1920), equivalente en Turqu铆a al diktat alem谩n, y que se manifiesta en el temor a un nuevo desmembramiento del pa铆s y en una actitud totalitaria con las minor铆as que lo habitan y que reclaman su emancipaci贸n (griegos, armenios, alev铆es y kurdos).

No obstante, este periodista franc茅s reconoce que, pese a su conservadurismo, los dos primeros gobiernos de Erdogan como primer ministro (2003-2011) fueron bastante progresistas: inici贸 las negociaciones para la adhesi贸n de Turqu铆a a la Uni贸n Europea (UE) e implement贸 importantes reformas como la abolici贸n de la pena de muerte, el uso del idioma kurdo en los tribunales o la aprobaci贸n de una ley para la libertad de expresi贸n.

鈥淎l principio, Erdogan estuvo muy interesado en el sistema democr谩tico por una raz贸n simple: la democracia ha sido un medio para llegar al gobierno, pero tambi茅n para contrarrestar el poder del ej茅rcito en la pol铆tica鈥. Seg煤n explica Perrier, las fuerzas armadas, defensoras del laicismo, protagonizaron hasta cinco golpes de Estado en los 煤ltimos 60 a帽os en Turqu铆a y llegaron a destituir a Erdogan como alcalde de Estambul tras el memorando militar de 1997. Las reformas de la UE garantizaban al mandatario turco una democratizaci贸n del poder pol铆tico y, por ende, su independencia con respecto al ej茅rcito. 鈥淯na vez concluy贸 este proceso, Erdogan no sinti贸 m谩s necesidad de Europa e inici贸 un periodo de deconstrucci贸n鈥.

El resultado, dos d茅cadas despu茅s, es un pa铆s con 铆ndices de democratizaci贸n m谩s bajos que los que hab铆a en 2003, seg煤n el Freedom House, y asentado sobre una pol铆tica exterior panturquista consistente en la uni贸n de todos los pueblos de habla turca desde los Balcanes hasta Siberia. Las tropas turcas est谩n hoy presentes en Siria y en Libia, antiguas regiones del Imperio Otomano, y en su obsesi贸n por mantener el territorio turco unificado, Erdogan ha extendido el control sobre toda disidencia: desde la prensa cr铆tica hasta los activistas de izquierda. 鈥淓rdogan se ve a s铆 mismo como un sult谩n y, como Putin en Rusia, pretende devolver Turqu铆a a la esfera internacional鈥, informa Perrier.

Herramientas de censura

El control sobre la prensa en Turqu铆a se ha extendido con gran rapidez a trav茅s de una controvertida Ley antiterrorista, el C贸digo Penal y la Ley de Internet. La primera fue dise帽ada en 1993 para combatir al PKK, un grupo armado marxista leninista que desde 1984 reivindica el Kurdist谩n, una naci贸n propia dentro de Turqu铆a. Si bien la vaguedad con que fue redactada la Ley antiterrorista ha posibilitado una represi贸n contundente contra sus integrantes, tambi茅n ha hecho que esta devenga en la herramienta de censura favorita del gobierno turco contra los periodistas y activistas de derechos humanos. 鈥淟as cl谩usulas contra el terrorismo son muy amplias, lo cual permite hacer un uso abusivo de aquellas. Nosotros vemos una gran necesidad de reformar la Ley antiterrorista y el C贸digo Penal en l铆nea con los est谩ndares internacionales鈥, denuncia Sarah Clarke, directora del Programa para Europa y Asia Central de la organizaci贸n internacional ARTICLE 19.

En 2012, m谩s del 95% de los periodistas encarcelados estaba acusado de propaganda terrorista o de pertenecer al PKK tras haber estado con miembros de dicha organizaci贸n mientras recababa informaci贸n sobre el terreno, o haber publicado reportajes con descripciones de sus actividades. Y, en 2013, 8.995 simpatizantes de izquierda resultaron encarcelados por esta misma ley tras haber participado en las multitudinarias protestas en la plaza Taksim en contra de la construcci贸n de un centro comercial en el parque Gezi y la deriva islamista del Ejecutivo. Sin embargo, no fue hasta 2015 cuando los encarcelamientos por terrorismo se incrementaron de manera notable.

Aquel a帽o, el Movimiento G眉len, una influyente cofrad铆a musulmana, fue declarado por el gobierno como una organizaci贸n terrorista (FET脰). Erdogan acus贸 a su l铆der, el cl茅rigo y antiguo aliado, Fethullah G眉len, de sacar a la luz unos esc谩ndalos de corrupci贸n que afectaban de lleno al Ejecutivo con el objetivo de derribarlo. A trav茅s de la Ley antiterrorista, se cerraron decenas de empresas pertenecientes a dicha cofrad铆a, entre ellas el diario Zaman. Ya en 2016, cuando el intento de golpe de Estado perpetrado por una facci贸n del ej茅rcito supuestamente ligada a Fethullah G眉len, una purga se cobr贸 la destituci贸n de 150.000 funcionarios pertenecientes al Movimiento G眉len.

Por su parte, el C贸digo Penal, promulgado en 2004, ha sido empleado numerosas veces por Erdogan para perseguir todo tipo de cr铆tica hacia su persona. Art铆culos relativos a la difamaci贸n y al insulto le han permitido interponer hasta tres demandas contra los caricaturistas de la revista Leman, dos de las cuales se cerraron con el pago de sanciones econ贸micas. Adem谩s, art铆culos referidos al espionaje y la filtraci贸n de informaci贸n secreta han motivado la detenci贸n de un gran n煤mero de periodistas de investigaci贸n. En octubre de 2020, cuatro periodistas que informaron sobre dos aldeanos kurdos que hab铆an sido arrojados de un helic贸ptero militar fueron arrestados y en 2018, Pelin 脺nker y Orhan Erin莽, dos periodistas del Cumhuriyet que informaron sobre los Paradise Papers (una investigaci贸n del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigaci贸n sobre para铆sos fiscales), fueron demandados por el ministro de Finanzas por da帽os y perjuicios.

No menos pol茅micos resultan los art铆culos del C贸digo Penal relativos a la turquicidad (identidad nacional turca). En 2007, la vulneraci贸n de este art铆culo provoc贸 que YouTube permaneciera cerrada durante dos a帽os. La indignaci贸n de la extrema derecha por unos v铆deos sobre la supuesta homosexualidad del padre de la Rep煤blica, Kemal Atat眉rk, lleg贸 hasta un tribunal de Estambul que calific贸 el contenido en la plataforma de 鈥渁gravio p煤blico a la turquicidad鈥, sentando el antecedente a la Ley N掳 5651, titulada 鈥淩eglamento de Publicaciones de Internet y la represi贸n de los delitos cometidos por medio de dicha publicaci贸n鈥, y que el gobierno promulg贸 en mayo de ese mismo a帽o.

La Ley de Internet

Concebida inicialmente para hacer frente a las 鈥渃recientes preocupaciones por la disponibilidad de pornograf铆a infantil y contenido obsceno en Internet, y los sitios web que proporcionan informaci贸n sobre sustancias ilegales consideradas da帽inas para los ni帽os鈥, la Ley de Internet con el tiempo se ha convertido en un instrumento m谩s de la censura del Estado.

En 2014, en medio de los esc谩ndalos de corrupci贸n que obligaron a Erdogan a sustituir a medio Ejecutivo, el Parlamento turco aprob贸 una enmienda que permite al gobierno bloquear cualquier p谩gina web por su propia iniciativa, sin necesitar permiso judicial, y en 2018 extendi贸 el control del Consejo Supremo de Radio y Televisi贸n (RT脺K) a los servicios de v铆deo online, como Netflix, debiendo disponer desde entonces de una licencia para operar.

Desde su aprobaci贸n, las principales redes sociales se han enfrentado a una censura intermitente que en ning煤n caso ha sido total. La existencia de circumvention tools (herramientas de evasi贸n) ha permitido a gran parte de la poblaci贸n burlarla. El propio Erdogan as铆 lo reconoci贸 en noviembre de 2008 cuando, respondiendo a las cr铆ticas por el bloqueo de YouTube, declar贸 poder acceder a la plataforma y anim贸 a la poblaci贸n a 鈥渉acer lo mismo鈥. Adem谩s, el d铆a despu茅s de su bloqueo, el 29 de abril de 2017, el portal Wikipedia en turco registr贸 1.100.000 visitas; lo que evidencia el uso de dichos instrumentos por parte de los usuarios turcos.

Entre las herramientas m谩s populares destacan los sistemas de nombres de dominio (DNS), los sistemas de navegaci贸n cifrada que enmascaran la ubicaci贸n del dispositivo redirigiendo su tr谩fico a servidores de todo el mundo antes de llegar a su destino, y las redes privadas virtuales (VPN). Las redes sociales tambi茅n han ofrecido sus propios canales para sortear la censura. Twitter, bloqueada en 2014, lleg贸 a dise帽ar un plan que permit铆a a sus usuarios publicar tuits enviando SMS.

鈥淎l principio era tan f谩cil como cambiar la DNS en el ordenador: que era abrir una ventanita y cambiar los n煤meros. Luego han ido bloqueando con m谩s profundidad鈥, informa Ilya U. Topper, corresponsal en Turqu铆a de la agencia EFE, quien reconoce no utilizar tanto las VPN pues 鈥渘uevamente YouTube, Wikipedia, Facebook son accesibles鈥. Todo cambiar铆a, dice, si Twitter finalmente no nombra un delegado en Turqu铆a y se restringe su acceso en mayo.

A la pol茅mica enmienda a la Ley de internet sobre las plataformas extranjeras, se une la decisi贸n de la Oficina de Comunicaciones de la presidencia turca de trasladarse a BiP, la aplicaci贸n de mensajer铆a encriptada perteneciente a la compa帽铆a turca, Turkcell. La noticia, motivada por la nueva pol铆tica de privacidad de WhatsApp, ha generado incertidumbre entre los periodistas. En 2016, una aplicaci贸n similar fue el principal motivo de las detenciones arbitrarias que se produjeron tras la noche del golpe de Estado. Seg煤n el gobierno, Bylock hab铆a sido utilizada por los golpistas y todos aquellos miembros del movimiento de G眉len para organizar tanto el golpe de Estado fallido como sus asuntos clandestinos.

鈥淪i al final por no utilizar la aplicaci贸n no voy a ser invitado a actos de prensa y dejo de recibir la agenda presidencial, acabar茅 sucumbiendo鈥, dice el reportero espa帽ol Albert Naya con resignaci贸n cuando es preguntado por BiP. 鈥溌縈erma el derecho a la informaci贸n? Totalmente. Pero 驴qu茅 vas a hacer? Yo soy freelance y tengo que producir para poder subsistir. Pero ellos si te quieren joder, lo van a hacer. Ellos tienen todas las de ganar鈥.

Represi贸n en tiempos de Covid

鈥淎lgunos gobiernos han identificado una oportunidad para arrogarse un poder desmedido. Han suspendido el Estado de derecho e, incluso, la democracia representativa y el sistema de justicia鈥, denunci贸 la Fundaci贸n Internacional para la Libertad en su manifiesto Que la pandemia no sea un pretexto para el autoritarismo. Desde que en marzo se registr贸 el primer contagio por Covid-19 en Turqu铆a, el IPI ha contado hasta 18 violaciones de la libertad de prensa relacionadas con la pandemia.

Periodistas como Idris 脰zyol y Mustafa Ahmet Oktay fueron detenidos por 鈥渟embrar el caos y el p谩nico en la poblaci贸n鈥 al publicar datos que contradec铆an las estad铆sticas oficiales de contagios, y el telediario de Fox TV fue multado y censurado durante tres noches por los comentarios cr铆ticos de su presentador sobre las pol铆ticas estatales contra el coronavirus. En centros p煤blicos, como la Universidad de Bo臒azi莽i, no solo las reuniones al aire libre han sido prohibidas bajo el motivo de la pandemia, sino tambi茅n los comunicados de prensa y la distribuci贸n de folletos.

Pero son los periodistas encarcelados, privados ya de por s铆 del derecho de libertad de expresi贸n, los m谩s vulnerables en este nuevo escenario. 鈥淟as condiciones sanitarias de las c谩rceles turcas son terribles鈥, advierte Andr茅s Zaragoza, responsable de Amnist铆a Internacional (AI). 鈥淎lgunas prisiones, como la de Silivri, tienen miles de presos que est谩n completamente hacinados. Si el virus entra all铆, puede ser catastr贸fico鈥.

En abril de 2020, el gobierno turco aprob贸 una ley consistente en la liberaci贸n de hasta 90.000 presos para aliviar las c谩rceles superpobladas. Sin embargo, al excluir los delitos relacionados con el terrorismo, esta no ha tenido ninguna repercusi贸n en los periodistas presos quienes s铆 que se han visto afectados por la nueva distribuci贸n de los peri贸dicos. De acuerdo con la misma ley, solo los diarios que reciben publicidad de la Agencia Estatal de Publicidad (B陌K) pueden circular en las c谩rceles. De modo que peri贸dicos, como BirG眉n y Evrensel, que carecen del respaldo de la B陌K por su postura cr铆tica con respecto al gobierno, resultan desde ahora inaccesibles para la poblaci贸n reclusa.

El perro de la pol铆tica

Mientras que ARTICLE 19 sit煤a a Turqu铆a en un 鈥渆scenario cr铆tico sin precedentes鈥, otras organizaciones como el IPI o Amnist铆a Internacional reconocen que la situaci贸n no ha empeorado tanto 鈥渃omo cabr铆a esperar鈥. El n煤mero de encarcelamientos de periodistas se ha reducido en la mitad con respecto a 2018, al mismo tiempo que Erdogan ha manifestado su voluntad de 鈥渧olver a reconducir su desgastada relaci贸n鈥 con los 27 pa铆ses miembros tras el enfrentamiento que tuvo lugar el pasado mes de agosto con Grecia y Chipre por las prospecciones marinas ilegales en el Mediterr谩neo. No obstante, coinciden en el deterioro de la justicia local.

El d铆a siguiente al intento de golpe de Estado de 2016, 193 miembros del Tribunal Supremo, dos miembros del Tribunal Constitucional, 2.400 jueces y 508 abogados fueron destituidos acusados de tener v铆nculos con Fethullah G眉len. Para Ugur Tok, director de la asociaci贸n Platform for Peace and Justice, si bien el Poder Judicial de Turqu铆a nunca fue completamente independiente, despu茅s de la purga, este se ha convertido en el 鈥減erro de la pol铆tica鈥. La mitad de todos los jueces en Turqu铆a tiene ahora menos de tres a帽os de experiencia y muchos de ellos han sido miembros de las ramas locales del partido gobernante AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo).

De entre todas las instituciones, sostiene Sarah Clarke, solo el Tribunal Constitucional defiende en la actualidad el imperio de la ley en Turqu铆a, habiendo restablecido sitios web como Wikipedia y reconocido la inocencia de varios periodistas y activistas acusados de terroristas, como el presidente de Amnist铆a Internacional, Taner K谋l谋莽, o el columnista Sahin Alpay. Sin embargo, tras la detenci贸n de dos de sus miembros, este atraviesa una etapa cr铆tica.

En su reciente reuni贸n con miembros del Tribunal Constitucional, Clarke fue informada de nuevas amenazas en forma de declaraciones pol铆ticas procedentes del gobierno, as铆 como de la desobediencia de algunos tribunales inferiores a la hora de implementar sus decisiones, violando el Art铆culo 153 de la Constituci贸n. 鈥淓stos hechos, unidos al temor de sus miembros a resultar arrestados, han incrementado considerablemente la lentitud del Tribunal Constitucional y, por tanto, la revisi贸n de los casos de los periodistas acusados鈥, afirma Clarke, para quien 鈥渦na justicia lenta es una justicia denegada鈥.

Europa: intereses contrapuestos

Se trata, en cualquier caso, de amenazas bien conocidas por las autoridades europeas que anualmente publican informes muy detallados sobre la situaci贸n pol铆tica en Turqu铆a. Sin embargo, la falta de actuaciones encaminadas a restablecer las libertades en el pa铆s ha hecho que aquellas autoridades sean criticadas a menudo por los activistas de derechos humanos. 鈥淓s cierto que la Uni贸n Europea ha sancionado recientemente a Turqu铆a por las prospecciones ilegales en el Mediterr谩neo, pero hasta el momento no la ha penalizado por vulnerar sistem谩ticamente los derechos humanos鈥, se queja el subdirector del IPI, Scott Griffen. Esta aparente 鈥渋nacci贸n鈥, apunta, podr铆a deberse a la existencia de intereses geopol铆ticos, los cuales relegan la defensa de los 鈥渄erechos fundamentales鈥 a un segundo plano. Miembro de la Uni贸n Aduanera y de la OTAN, Turqu铆a es el cuarto cliente m谩s importante de la UE y un aliado en la lucha contra el islamismo radical del Daesh. Adem谩s, seg煤n el abogado Carlos Lacaci, la crisis de los refugiados sirios ha posibilitado el empoderamiento de Erdogan frente a las autoridades europeas. 鈥淎 pesar del pacto Turqu铆a-UE firmado en marzo de 2016, el Ejecutivo turco ha amenazado de forma reiterada con abrir las fronteras con Grecia y permitir la entrada masiva de refugiados al continente, situando a Europa en una posici贸n vulnerable鈥, informa con preocupaci贸n Lacaci.

Ajeno a las cuestiones geopol铆ticas, est谩 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), 煤ltimo lugar al que los acusados de pa铆ses miembros del Consejo de Europa pueden acudir. Desde 1954, el TEDH ha dictado cerca de 3.000 resoluciones relativas a ciudadanos turcos. En noviembre de 2020, conden贸 la detenci贸n arbitraria del periodista del diario Cumhuriyet, Ahmet Sik, y en febrero cit贸 a Turqu铆a a comparecer para que explicara el cese de 169 jueces. Sin embargo, la lentitud del TEDH y la desobediencia de los tribunales turcos han puesto en entredicho su efectividad. Casos como el del periodista encarcelado Ahmet Altan, contin煤an pendientes cuatro a帽os despu茅s de haber sido presentada la solicitud, y otros sobre los que el TEDH ya se ha pronunciado no han tenido el efecto esperado en Turqu铆a, como el del activista Osman Kavala, quien contin煤a encarcelado pese a la sentencia absolutoria dictada hace un a帽o por este tribunal.

Agotados los mecanismos europeos, algunas voces reclaman a la comunidad internacional nuevas v铆as legales de protecci贸n de los derechos humanos. En una entrevista con el Consejo General de la Abogac铆a Espa帽ola, Ali Yildiz, fundador de la plataforma The Arrested Lawyers, apuntaba como alternativas la utilizaci贸n de la Ley Global Magnitsky sobre Responsabilidad de Derechos Humanos, o la realizaci贸n de una consulta al Relator Especial de la ONU con el fin de utilizar los mecanismos de Naciones Unidas.

Periodismo comprometido

Otras voces, en cambio, han decidido emprender por cuenta propia una lucha contra el r茅gimen turco a trav茅s de plataformas y movimientos sociales. Desde su despacho en la Casa Turca (Madrid), el periodista Mehmet Siginir gestiona Proderechos, un portal web de noticias en espa帽ol que cre贸 en 2017 y dedicado a la difusi贸n de art铆culos de investigaci贸n sobre los 鈥渃onstantes ataques鈥 a la libertad de expresi贸n en Turqu铆a. El objetivo: combatir la desinformaci贸n generada por el Ejecutivo y dar voz a los periodistas silenciados en su pa铆s. De acuerdo con la encuesta realizada por el Center for American Progress en 2018, un 70% de los turcos piensa que los medios de comunicaci贸n presentan informaci贸n sesgada y poco confiable, y una mayor铆a, el 56%, que la prensa no puede hablar libremente y est谩 m谩s controlada por el gobierno. 鈥淒esgraciadamente, quienes en Turqu铆a se mantienen al frente no tienen las suficientes plataformas u oportunidades donde poder alzar voz, ni dar alguna respuesta a las acusaciones del gobierno鈥, lamenta Siginir.

Exiliado en Espa帽a desde 2016, este editor turco figura en la actualidad en la lista de periodistas buscados por el r茅gimen de Ankara, acusado de terrorista. En su despacho dispone de estanter铆as con libros del cl茅rigo conservador Fethullah G眉len. Siginir es su traductor oficial al espa帽ol. 鈥淧ersonalmente, veo que la comunidad internacional no me considera un terrorista. Pero esto no es suficiente鈥, reconoce. En la primera entrevista de trabajo que realiz贸 en Espa帽a, el director de la compa帽铆a le pregunt贸 abiertamente si era terrorista tras conocer que hab铆a trabajado para una revista del Movimiento G眉len. 鈥淒ime t煤, si esto me ocurre en un pa铆s democr谩tico, como Espa帽a, 驴qu茅 no ocurrir谩 en un pa铆s donde solo se escucha una transmisi贸n estatal y solo salen noticias tal como quiere el gobierno?鈥. Ahora, a trav茅s de Proderechos, Siginir trabaja para evitar que este tipo de episodios siga sucediendo.

FUENTE: Miguel Dur谩n D铆az-Tejeiro / El Salto Diario

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Fuente: Kurdistanamericalatina.org