January 24, 2021
De parte de Nodo50
136 puntos de vista


La cancelaci贸n de las cuentas del presidente de Estados Unidos plantea no solo un debate sobre la censura en internet, sino una reflexi贸n acerca de la mentira que siempre ha supuesto la libertad de expresi贸n y que ahora se evidencia en el ciberespacio

Roberto Amorebieta
@amorebieta7

La semana anterior, el mundo se sorprendi贸 con la noticia de que dos de las redes sociales m谩s importantes, Twitter y Facebook, hab铆an suspendido primero y cancelado despu茅s las cuentas del presidente de Estados Unidos. Por supuesto, la cancelaci贸n de las cuentas obedeci贸 a la incitaci贸n -irresponsable, por decir lo menos- que Trump hizo a sus seguidores a que no se dejaran 鈥渞obar las elecciones鈥 y al consiguiente asalto al Capitolio en Washington, que configur贸 una de las escenas m谩s grotescas de esta, la evidente agon铆a del imperio estadounidense.

Las reacciones a la decisi贸n de estas redes sociales -Facebook con casi 2.500 millones de usuarios y Twitter con m谩s de 340 millones- se movieron entre dos polos: El primero, que celebr贸 la cancelaci贸n por considerarla responsable, debido a las consecuencias imprevisibles que estaban teniendo las publicaciones de Trump, llamando a la desobediencia civil o directamente incitando a la violencia. Por otro lado, los voceros de la ultraderecha exhibieron su rostro m谩s hip贸crita al condenar la decisi贸n por hallarla contraria a la libertad de expresi贸n.

Es comprensible que cualquier persona con un m铆nimo esp铆ritu democr谩tico sienta al menos un alivio de que semejante orate haya sido silenciado en el ciberespacio -una de sus principales tribunas- pero la decisi贸n de las redes sociales no deja de ser inquietante porque por una parte sienta un precedente preocupante para el futuro de la libertad de expresi贸n, y por otra deja entrever la inmensa hipocres铆a que se esconde justamente tras el significado real que tiene la propia libertad de expresi贸n, esta vez en las redes sociales.

Libertad de expresi贸n vs. Responsabilidad

Uno de los primeros debates que se han abierto tiene que ver con los l铆mites de la libertad de expresi贸n. Es conocido que la Declaraci贸n de los Derechos Humanos, la Constituci贸n e incluso el buen juicio reconocen que cualquier individuo debe tener la libertad de expresar sus pensamientos y opiniones sin restricciones, en especial porque cuando se imponen limitaciones a esa libertad, se est谩 muy cerca de incurrir en comportamientos autoritarios o dictatoriales.

No obstante, la libertad de expresi贸n no puede ser ilimitada porque, como lo indica un principio b谩sico de convivencia, cualquier libertad implica una responsabilidad. Una cosa es quemar la bandera de Estados Unidos -como en el caso Texas vs. Johnson, cuando en 1984 un juez reconoci贸 el derecho de cualquier estadounidense a 鈥減rofanar los s铆mbolos patrios鈥, absolviendo al militante comunista Gregory Lee Johnson por haber quemado la bandera en una protesta contra el belicismo del gobierno- y otra es gritar 鈥溌uego, fuego!鈥 en un teatro atestado de gente. Lo primero claramente es el ejercicio de un derecho ciudadano, lo segundo es una irresponsabilidad criminal.

En el caso que nos ocupa, una cosa es que Trump haya utilizado la mentira como su principal herramienta discursiva -cerca de 30 mil trinos durante todo su mandato, seg煤n el Washington Post鈥 y otra cosa es que haya lanzado arengas temerarias a una multitud armada con fusiles de asalto. Lo primero -las mentiras- ha servido para sembrar el odio y la desinformaci贸n entre sus seguidores, algo condenable sin duda pero que ha sido asumido como pintoresco por los grandes medios y las redes sociales. Lo segundo -las arengas- ha desencadenado el famoso asalto al Capitolio.

Lo novedoso -y que ning煤n medio se atreve a denunciar- es que lo segundo ha sido una consecuencia de lo primero, es decir, la avalancha de mentiras ha abierto el camino para que esas multitudes fan谩ticas est茅n dispuestas a usar la violencia. Dicho de otro modo, la tolerancia y complicidad de los medios y las redes con el estilo incendiario de Trump ha provocado este estallido de violencia y los que presumiblemente vendr谩n.

He aqu铆 la gran hipocres铆a de los medios y de las redes sociales con respecto a la libertad de expresi贸n. Les gusta cuando les da audiencia, pero se escandalizan cuando conduce a la violencia, una violencia que ellos mismos han contribuido a incubar.

El futuro de la libertad de expresi贸n

Uno de los principios de la llamada 鈥渢ecnoutop铆a鈥 es que internet es un espacio libre, ajeno a las restricciones que imponen los gobiernos. Por ello, cualquier persona con un dispositivo electr贸nico puede proferir sus opiniones sin ning煤n impedimento. No obstante, esta libertad no es total.

Ya es conocida la censura que han impuesto las redes a opiniones que no son de su agrado, como la advertencia de que RT es un medio financiado por el gobierno ruso o la cancelaci贸n de las cuentas del grupo llamado 鈥淪egunda Marquetalia鈥. Lo ir贸nico es que mientras se advierte que Rusia financia RT, no se dice nada de que Inglaterra haga lo mismo con la BBC o que Estados Unidos financie VOA. Lo mismo sucede con los grupos 鈥渆xtremistas鈥. La 鈥淪egunda Marquetalia鈥 fue cancelada mientras toda suerte de grupos fascistas campean a sus anchas por las redes sociales.

Pero el problema no es solo ideol贸gico o geopol铆tico. Lo m谩s grave es que los gobiernos democr谩ticos de todo el mundo tienen legislaciones que protegen y regulan la libertad de expresi贸n mientras estas decisiones las est谩n tomando empresas privadas, grandes conglomerados de comunicaciones que monopolizan el acceso a internet y obedecen a los intereses de sus accionistas sin responsabilizarse con sus usuarios.

La so帽ada 鈥渁narqu铆a鈥 del ciberespacio no es sino una entelequia, debido al control que de facto ejercen estas empresas sobre los contenidos que circulan en la red. A este paso, la libertad de expresi贸n no ser谩 un derecho ciudadano sino un privilegio que podr谩n ejercer quienes tengan suficiente capital o quienes emitan opiniones que coincidan con las de los due帽os de las empresas tecnol贸gicas.

Censura o regulaci贸n

Un medio como VOZ, que ha sido v铆ctima de la censura y la persecuci贸n, no puede unirse de forma acr铆tica al coro que aplaude la cancelaci贸n de las cuentas de Trump, porque entendemos que el problema es mucho m谩s complejo. No se trata de celebrar la censura a nuestros contradictores y condenar la que se ejerce contra nosotros. Porque el problema no est谩 en la censura en s铆, sino en el car谩cter que ha adquirido la comunicaci贸n en el siglo XXI. La censura siempre ser谩 indeseable, pero los excesos en el uso de la libertad de expresi贸n tambi茅n tienen consecuencias imprevisibles y -casi siempre- perjudiciales para la convivencia democr谩tica.

Por ello, de lo que se trata es de identificar que la comunicaci贸n en la actualidad no tiene ese car谩cter libre que muchos optimistas le otorgan, como de hecho nunca la ha tenido. Lo que s铆 es cierto es que, como sostiene el expresidente ecuatoriano Rafael Correa, desde que se invent贸 la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del due帽o de la imprenta. Y hoy, en tiempos de redes sociales cuando la prensa tradicional est谩 pasando por un momento de transici贸n, al parecer la libertad de expresi贸n se ha convertido en la voluntad de los due帽os de Facebook, Twitter y Google.

馃摙 Si te gust贸 este art铆culo y quieres apoyar al semanario VOZ, te contamos que ya est谩 disponible la tienda virtual donde podr谩s suscribirte a la versi贸n online del peri贸dico. 

tienda.semanariovoz.com




Fuente: Semanariovoz.com