February 3, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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por Lydia Morales Ripalda

En 1990 apareci贸 la edici贸n espa帽ola del ensayo de Alain Minc 鈥淟a gran ilusi贸n. La Europa comunitaria y la Europa continental鈥 [1]. La obra fue saludada como 鈥渆l primer libro pol茅mico inteligente sobre Europa鈥 (Lib茅ration) o como 鈥渦n gran libro en el que se hace un interesante an谩lisis de la evoluci贸n alemana鈥 (Le Nouvel Economiste). La ilusi贸n a la que hac铆a referencia el t铆tulo no era esperanza, sino enga帽o: 鈥渆l mercado 煤nico de 1993 es un mito que nos ciega y nos oculta la transici贸n de una Europa atl谩ntica a una Europa continental dominada por Alemania y cada vez m谩s alejada de los Estados Unidos鈥 (Le Point). Esa transici贸n conllevaba el riesgo de descubrir que el futuro que se promet铆a radiante estuviera, en realidad, cargado de amenazas y que 鈥淓uropa鈥 pudiera traer consigo desagradables sorpresas.

Desde la primera p谩gina del pr贸logo el autor abandonaba las autocensuras de la correcci贸n pol铆tica: 鈥渄ejemos de llamarnos a enga帽o. No existe ning煤n problema europeo, lo que se plantea es un problema alem谩n. Por debajo de los fastos de 1992, e inadvertida para el europeo com煤n, otra Europa 鈥搉o la atl谩ntica de la CEE- estaba prepar谩ndose para tomar posiciones dominantes en el futuro. Sigilosamente Alemania se preparaba para resurgir como poder centroeuropeo y con ese resurgimiento volver铆a de nuevo su tradicional proyecto geopol铆tico de dominaci贸n continental, desde el Atl谩ntico hasta los Urales. Si Alemania consegu铆a llevar hasta el final su evoluci贸n habr铆a reunificaci贸n, la CEE atl谩ntica ser铆a sustituida por una estructura continental y Europa 鈥渘o existir谩, sino que ser谩 en el siglo XXI lo que eran los Balcanes en el siglo XIX鈥.

Minc advert铆a de que se estaba usando la quimera de Europa como excusa debilitadora del Estado-naci贸n. 鈥淣uestra pasi贸n por Europa presenta todos los s铆ntomas de una transferencia psicoanal铆tica: esperamos de un milagro europeo que nos exima de los esfuerzos obligatorios dentro de un marco nacional鈥 Pero esa visi贸n quim茅rica tendr谩 el destino de todas las transferencias psicoanal铆ticas: un bienestar pasajero y un gran enga帽o鈥. Minc denunciaba que la ret贸rica ingenua y un谩nime estaba hurt谩ndoles a los europeos el gran debate: el de qu茅 Europa quer铆an. Mientras la Europa atl谩ntica de la Comunidad Europea se ofrec铆a como 鈥渆spacio de ensue帽o鈥, la Europa continental que ser铆a dominada por Alemania iba tomando posiciones subrepticiamente. 鈥淯na agrada y la otra se identifica con un giro total鈥. Minc tem铆a a la segunda y avisaba a Francia. 鈥淓xisten todav铆a m谩rgenes de maniobra. Ahora bien, dentro de tres o cuatro a帽os habr谩n desaparecido. Todo es posible todav铆a; nada est谩 definitivamente perdido, pero la voz de alarma se corresponde con la urgencia鈥. Minc daba esta voz de alarma en 1989. S贸lo un a帽o m谩s tarde Alemania se reunificaba.

La primera parte del ensayo del analista franc茅s, 鈥淒e la Europa occidental a la Europa continental鈥, analizaba la sustituci贸n subrepticia de la CEE atlantista por el proyecto geopol铆tico continental alem谩n. Esa CEE atlantista era una realidad estrat茅gica producto del Tel贸n de Acero y, como tal, estaba expuesta a desaparecer con 茅l. En los a帽os 50 y 60 鈥渢odo parec铆a sencillo y definitivo. El superpoder铆o militar norteamericano garantizaba una protecci贸n absoluta a Europa occidental (鈥). Con una Gran Breta帽a en funciones de 51潞 estado de la Uni贸n y una Alemania Federal visceralmente solidaria, los EEUU, conscientes de su superioridad nuclear, garantizaban la paz a la alianza atl谩ntica sin problema alguno. Dentro de un espacio estrat茅gico tan seguro, los prontos franceses poco peso ten铆an: gratificadores para Francia, irritantes para los EEUU, indiferentes para los dem谩s. Independencia nuclear, defensa contra cualquier agresi贸n venga de donde venga, antiamericanismo ideol贸gico: otras tantas manifestaciones nacionales que ten铆an lugar 鈥揹emasiado a menudo se nos olvida- al amparo de un paraguas nuclear protector estadounidense (鈥) Las veleidades francesas no trastornaron en demas铆a este equilibrio estrat茅gico鈥. Esta situaci贸n tan c贸moda para Europa occidental s贸lo pod铆a degradarse. Cuando EEUU dej贸 de ser militarmente omnipotente por los desarrollos armament铆sticos de la URSS, y cuando los misiles intercontinentales sovi茅ticos lograron la capacidad de alcanzar su territorio, los gobiernos estadounidenses empezaron a mostrarse reacios a arriesgarse por la Europa occidental, primero, y a correr con todos los gastos de su defensa, despu茅s. 鈥淟os europeos tardaron a帽os en entender que el desacoplamiento entre los EEUU y Europa estaba en ciernes en la respuesta graduada, es decir, en la negativa de los primeros a arriesgarse a su aniquilamiento nuclear con tal de atender a la salvaguardia autom谩tica de la segunda鈥.

El desacoplamiento entre la Europa occidental y los EEUU hizo a Alemania salir sigilosamente de su hibernaci贸n. 鈥淟a evoluci贸n se ha ido realizando pasito a pasito鈥, se帽alaba Minc. 鈥淯na relaci贸n exclusiva con los EEUU se ve铆a sustituida paulatinamente por una red diplom谩tica compleja de la que la alianza norteamericana constitu铆a la dominante y no ya la base鈥. El que la presi贸n sovi茅tica adoptase una apariencia m谩s amable fue el empuj贸n definitivo.  La Alemania Federal empez贸 a colocarse como el jugador fuerte del centro de Europa. 鈥淟a Mittel Europa, esa vieja noci贸n de la Europa de las nacionalidades, volv铆a a hallar de esta suerte una existencia latente鈥. El desmantelamiento de los misiles Pershing americanos de suelo alem谩n constituy贸 鈥渓as primicias del sistema de seguridad continental que de ahora en adelante sucede al atlantista. Entramos de lleno en un universo diferente鈥. Los equilibrios de poder dentro de Europa tambi茅n se alterar铆an. 鈥淓l sistema de ayer supon铆a el equilibrio de fuerzas entre las grandes potencias europeas; el de hoy postula la aplastante superioridad de uno de los jugadores. Deja de ser un sistema de seguridad para convertirse en un instrumento latente de dominaci贸n鈥. 驴Qu茅 ocurrir铆a? Minc anticipaba el escenario: unos EEUU fuera de juego y tanto m谩s desligados de los asuntos europeos cuanto m谩s progresara el desarme estrat茅gico, una URSS que dar铆a por sentado que se iba a producir ese desacoplamiento, una Centroeuropa donde el tel贸n de acero se ir铆a debilitando y volvi茅ndose permeable y Alemania se ir铆a haciendo cada vez m谩s fuerte, una Francia que vacilar铆a entre mantener el nexo con los EEUU y el aislamiento estrat茅gico y una Gran Breta帽a que, 鈥減ara que conserve sentido su solidaridad con los EEUU, no jugar谩 la carta de Europa m谩s que de forma selectiva, cogiendo tal aspecto, rechazando tal otro鈥︹ Para el resto del continente quedar铆a la docilidad al superpoder铆o alem谩n que se anunciaba y la 鈥渇inlandizaci贸n鈥 [2]. Y Minc advert铆a: 鈥淣o se trata de unas visiones de pesadilla, sino de la proyecci贸n del espacio estrat茅gico tal como va cobrando forma ante nuestros ojos鈥.

Al analizar la presumible retirada americana de los asuntos europeos, Minc observaba que los activistas antiyanquis del viejo continente nunca hab铆an comprendido la idiosincrasia de los EEUU. 鈥淟os han cre铆do expansionistas por naturaleza e imperialistas por vocaci贸n, cuando de hecho se encontraban ante una potencia imperial por accidente鈥. Su modelo libertario-capitalista era m谩s apto para buscar el contagio que el imperium. Y aunque los EEUU han ejercitado ese imperium a menudo con dureza, 鈥渢al estado no les es connatural鈥. Lo probaba el hecho de que, m谩s all谩 de proteger el territorio patrio, su geopol铆tica hubiera carecido siempre de la visi贸n de conjunto de toda genuina vocaci贸n imperial. Con respecto a la Europa occidental sus movimientos eran claros. Los EEUU estaban obsesionados con eliminar o desplazar la amenaza directa sobre su territorio y una vez que hab铆an dejado de ser invulnerables frente a la URSS, el sistema de seguridad atl谩ntico ten铆a por fuerza que resquebrajarse. Ese desacoplamiento de Europa se iba a reforzar, se帽alaba Minc, por importantes cambios internos dentro del pa铆s. 鈥淟os EEUU que acud铆an volando en auxilio de las democracias en 1941 eran todav铆a el hijo predilecto de Europa. Cultura, mentalidad, relaciones econ贸micas, inmigraci贸n de primera generaci贸n, esnobismo, incluso v铆nculos sociales: todo los atra铆a hacia la vieja Europa鈥. Sin embargo, cuarenta o cincuenta a帽os despu茅s, eso hab铆a cambiado. Los grandes flujos migratorios ya no eran europeos, sino asi谩ticos, del mundo negro y de la Am茅rica hispana. Para todos esos nuevos estadounidenses la vieja Europa no significaba nada especial. La gran burgues铆a blanca, anglosajona y protestante (los WASP) hab铆a perdido, igualmente, el monopolio del poder. 鈥淎 unos EEUU metamorfoseados, corresponde otra elite鈥, se帽alaba Minc. 鈥淎 esta nueva elite, unos nuevos horizontes. Y a estos nuevos horizontes, otro sistema diplom谩tico y estrat茅gico. Qui茅rase o no los EEUU han experimentado un cambio de 180潞. Su centro de gravedad ya no se encuentra en la costa este鈥. Para los a帽os venideros Minc pronosticaba una creciente imbricaci贸n con M茅xico y Canad谩 y un giro decidido hacia el eje Asia-Pac铆fico. Tambi茅n un debilitamiento econ贸mico que abonar铆a su retirada de los asuntos europeos. La presencia militar en el viejo continente no desaparecer铆a, pero se reducir铆a. El   repliegue y el desarme eran cap铆tulos obvios de donde ahorrar. 鈥淐onviene conocer el precio que esto representa para Europa: cuanto m谩s reduzcan los EEUU su sistema de protecci贸n central, tanto menos estar谩n dispuestos a ponerlo en juego para proteger a un tercero, japon茅s o europeo鈥. El ahorro y el desarme agravar铆an el desacoplamiento. Y la propia opini贸n p煤blica estadounidense lo consolidar铆a aplaudi茅ndolo. 鈥淚nclinada mayormente hacia el consumo, hasta el extremo de vivir a cr茅dito, poco sensible a los riesgos de agresi贸n externa, sin cultura ni tradici贸n militares, dicha opini贸n p煤blica no aceptar谩, con miras a reforzar la baza estrat茅gica de su gobierno, sufrir con mayor intensidad una recesi贸n que de todas maneras le resultar谩 insoportable. La ingenuidad de la opini贸n norteamericana, su natural creencia de poder铆o y su convencimiento de estar a salvo de cualquier amenaza son otras tantas razones que hacen a煤n m谩s dif铆cil la existencia de una voluntad estrat茅gica鈥.

Cada cent铆metro de retirada de los EEUU de los asuntos europeos significar铆a un nuevo cent铆metro de avance en el poder continental de Alemania. En 1989, cuando Minc escribe, 鈥淎lemania se mueve, y Europa con ella, puesto que, ma帽ana como hoy, hoy como ayer, el problema europeo se reduce, una y otra vez, al problema alem谩n鈥. Entre proclamas de respeto a Alemania, Minc observaba, con todo, cu谩n dif铆cil era se帽alar lo que estaba pasando porque hablar de las ambiciones de dominio continental de Alemania era una especie de tab煤. Cuando se se帽alaba que Alemania se estaba moviendo en esa direcci贸n, se recib铆an de inmediato acusaciones de 鈥渃eder a los espectros de anta帽o, caer en la germanofobia de baja estofa鈥 o 鈥渘egar el milagro europeo鈥. Y sin embargo, el respeto hacia ese pa铆s que Minc dec铆a sentir, 鈥渘o debe ser sin贸nimo ni de ceguera ni de ilusiones. Alemania se ha puesto en movimiento y nada la detendr谩鈥.

Al analizar las tendencias alemanas en curso, Minc empezaba por el entonces pujante movimiento alternativo y 鈥渧erde鈥 que hab铆a prendido en los estratos burgueses germanos y hab铆a adquirido un enorme respaldo. Dicho movimiento hab铆a popularizado en la sociedad alemana unos valores 鈥鈥渓a naturaleza, la ecolog铆a, la paz鈥– y una cultura 鈥鈥渦na extra帽a amalgama de anarqu铆a personal, izquierdismo pol铆tico, mitos de la naturaleza y reflejos pacifistas, todo ello sin el menor atisbo de marxismo鈥. Aunque las resonancias del culto a la tierra del viejo y temible nacionalismo alem谩n eran bastante obvias, Minc se cuidaba de expresarlo tan expl铆citamente. 鈥溌縍esurgimiento del antiguo culto germ谩nico a la naturaleza? 驴Reminiscencias de la hipot茅tica alma alemana?鈥, se preguntaba. Sea como fuere, el movimiento verde ser铆a muy 煤til para las l铆neas estrat茅gicas de Alemania con sus 鈥渋nnumerables manifestaciones en los confines de las bases norteamericanas, su rechazo progresivo de los s铆mbolos de los EEUU, el retorno de las referencias a la Mittel Europa y otros tantos indicios de un movimiento de opini贸n que constituye, de ahora en adelante, el tel贸n de fondo de las posiciones estrat茅gicas del gobierno alem谩n鈥. A esa sociedad civil poco le importaba la solidaridad atl谩ntica. 鈥淪e niega a que su territorio se convierta en un 鈥檝ertedero nuclear鈥; despu茅s de la opci贸n doble cero s贸lo sue帽a con la desnuclearizaci贸n completa; se sentir铆a m谩s segura sin las bases norteamericanas; en la presencia estadounidense ve un obst谩culo para la paz y no ya una protecci贸n; aspira a una Europa sin fronteras ni tel贸n de acero, en la que la posibilidad de circular libremente vendr铆a a representar, por s铆 sola, todas las libertades鈥︹ En suma, el clima social id贸neo para iniciar desde el poder el gran movimiento geoestrat茅gico.

El mercado 煤nico que se anunciaba en la Europa occidental para 1992, obviamente, beneficiaba a Alemania. Este pa铆s ten铆a una econom铆a potente que necesitaba 谩reas de expansi贸n para sus multinacionales y a la que el mercado interior, sin posibilidades de crecer demasiado y con una demograf铆a en ca铆da libre, no le bastaba. El declive demogr谩fico de la Rep煤blica Federal era otro argumento, si es que hac铆an falta m谩s, para desear la reunificaci贸n y el abrir v铆as hacia el Este. Ya en 1989, cuando escrib铆a Minc, Alemania estaba trabajando para convertir a Europa oriental en su zona de influencia econ贸mica. 鈥淓st谩 empe帽ada en que sus clientes del este se vuelvan solventes, en abastecerlos y en convertirlos asimismo en contratistas subsidiarios con salarios bajos鈥. Hab铆a puesto en pr谩ctica, 鈥渁 la chita callando, un aut茅ntico plan Marshall鈥 para el este. 鈥淪in tr谩mites burocr谩ticos para la concesi贸n de subsidios; sin levantar ning煤n revuelo sociopol铆tico, pero con una eficacia temible鈥. Una eficacia que no exclu铆a, aunque Minc no lo mencionara, el soborno y la corrupci贸n de las 茅lites pol铆ticas locales para conseguir que beneficiaran a las empresas y los intereses alemanes. Ha sido esta una estrategia tan sistem谩tica (ah铆 est谩n los famosos 鈥渃onvolutos鈥 del embajador en Espa帽a Guido Brunner [3]) que durante a帽os, y hasta hace no tanto, los sobornos corporativos incluso desgravaban a la hora de tributar al fisco alem谩n [4].

Lo que Minc s铆 contaba, y con detalle, era el plan de ayuda a la RDA que, ya por entonces, preparaba el terreno para la deseada reunificaci贸n. Dicho plan abarcaba multitud de aspectos. Por ejemplo: 鈥渓a convertibilidad del marco del este en marco del oeste sobre la base de 1 por 1, lo que permite que una moneda de pacotilla disponga artificialmente del mismo poder adquisitivo que una de las monedas m谩s solventes del mundo鈥. O por ejemplo, 鈥渓a asunci贸n financiera de los jubilados del este, autorizados a emigrar al oeste, donde quedan cubiertos por la seguridad social de la RFA que sustituye al sistema social de la RDA鈥. O tambi茅n, que los productos de la RDA entraban en la CEE sin aranceles, gracias a la libre circulaci贸n entre las dos Alemanias. Minc relataba como a trav茅s del canal discreto de las Iglesias alemanas y de 鈥渓as mil y una organizaciones que gravitan en torno a estas鈥 se hab铆an hecho llegar r铆os de dinero a los alemanes del este, acrecentando su poder adquisitivo. Otras v铆as eran m谩s cl谩sicas: pr茅stamos del estado, ayudas a la exportaci贸n que permit铆an que las empresas del oeste vendieran a sus clientes del este 鈥渉asta un l铆mite rayano en la insolvencia鈥 o cr茅ditos masivos concedidos por bancos de la  RFA. Minc expon铆a la estrategia de dichos bancos: controlar entidades bancarias en Europa occidental y canalizar su recolecci贸n de dinero procedente del ahorro en los pa铆ses del oeste en forma de cr茅ditos al este. 鈥淓stos bancos rechazar铆an, por descontado, semejante presentaci贸n, explicando que los dep贸sitos no son fungibles, ni los pr茅stamos indiferenciados. 驴Pero acaso no hace eso el Deutsche Bank cuando aumenta sus recursos en Italia, haci茅ndose con bancos del pa铆s, y reduce sus pr茅stamos a todo el mundo excepto al este? De esta forma se pone a operar, sin bombos ni platillos, una bomba de dinero que aspira ahorro del oeste para financiar el consumo del este. Actuando as铆 pocos rivales pueden tener las instituciones financieras alemanas. Adem谩s, vinculan la adjudicaci贸n de estos cr茅ditos a la adquisici贸n de productos alemanes, creando nuevos mercados a sus industriales鈥. Para 1989 esos mercados estaban ya bien establecidos, hasta el punto de que las grandes empresas del oeste eran incapaces de rivalizar con las alemanas en el oriente europeo. Minc no se privaba de insinuar las c谩lidas relaciones (aunque sin mencionar la provechosa pr谩ctica del soborno) que exist铆an entre las grandes empresas alemanas y los oligarcas pol铆ticos del este. 鈥溌緾u谩ntos patronos alemanes frecuentan a los ministros o viceministros sovi茅ticos con motivo de las cacer铆as invernales en Carelia? 驴Cu谩ntos tienen puerta abierta en el Kremlin?鈥. El primer extranjero a quien recibi贸 Gorbachov nada m谩s llegar al poder fue un antiguo responsable del Deutsche Bank鈥 En resumen, el Drang nach Osten, la marcha hacia el Este que fue un principio clave en la pol铆tica prusiana del siglo XIX, era para la Alemania de finales de los ochenta un concepto estrat茅gico, un hecho econ贸mico y una realidad sociol贸gica. El 鈥渋mperio econ贸mico del medio鈥 ya estaba creado para cuando lleg贸 la reunificaci贸n pol铆tica.

Minc subrayaba algo importante para entender el despliegue del dominio alem谩n: que las grandes l铆neas estrat茅gicas y geopol铆ticas de Alemania son asumidas como propias y conjuntamente por gobernantes y corporaciones, pero tambi茅n por todo el espectro pol铆tico alem谩n, convirti茅ndose as铆 en suprapartidistas. Una situaci贸n esta inimaginable en pa铆ses como Espa帽a. El autor hac铆a un repaso por la pol铆tica alemana del momento. Todos abrazaban la Ostpolitik, todos privilegiaban la 鈥渁proximaci贸n interalemana鈥 (eufemismo para la reunificaci贸n) a la construcci贸n de la Comunidad Europea atlantista, todos quer铆an el alejamiento de los EEUU del viejo continente, todos ped铆an la desnuclearizaci贸n de Centroeuropa y todos jugaban la baza del neutralismo y la distensi贸n. Y no estaban solos. Bancos, corporaciones, sindicatos, iglesias, prensa y buena parte del mundo de la cultura los acompa帽aban en esa misma direcci贸n. La estrategia de reunificaci贸n era clara: primero reconstruir el nacionalismo alem谩n y las conexiones de toda 铆ndole entre las dos Alemanias y, tras eso, reconstruir el Estado. 鈥淰ivimos prisioneros de im谩genes trasnochadas鈥, dec铆a Minc, 鈥渓os m谩rtires del Muro, Berl铆n hemipl茅jico鈥︹. La realidad era que, antes de la ca铆da del Muro, la frontera entre las dos Alemanias era casi completamente permeable, las comunicaciones casi libres y la emigraci贸n del este al oeste estaba autorizada. La Alemania del Oeste lo llevaba con discreci贸n  鈥減or temor a que unas relaciones demasiado ostensibles provocaran rechazo鈥, la del Este lo mismo por la incomodidad de 鈥渦na pr谩ctica cotidiana en oposici贸n con su ret贸rica鈥. En la URSS 鈥渓o miraban desde lejos鈥 y en los gobiernos occidentales 鈥渉ac铆an como si no viesen nada鈥. De ah铆 el total desfase respecto de la realidad alemana en los ciudadanos corrientes de la Europa atl谩ntica.

La Mitteleuropa, el espacio geoestrat茅gico de esta Alemania de nuevo lanzada al sue帽o de la dominaci贸n continental, se identificaba, seg煤n Minc, con cuatro c铆rculos conc茅ntricos. El primer c铆rculo, formado por el territorio 鈥揾oy reunificado- de las extintas RFA y RDA. Un segundo c铆rculo 鈥渟e ajusta a las fronteras de la gran Alemania de anta帽o鈥. El tercero englobaba todos los estados de Centroeuropa. Y el cuarto llegaba hasta las regiones occidentales de la  URSS. Era a este espacio de cuatro c铆rculos al que se destin贸 la suerte de Plan Marshall clandestino ya referido. Minc se deten铆a en algunos territorios del cuarto c铆rculo: el Volga sovi茅tico con sus dos millones de alemanes, los estados b谩lticos influenciados durante mucho tiempo por Prusia y Ucrania, hoy de triste actualidad por el choque geoestrat茅gico entre Rusia y Alemania. Sobre Ucrania Minc se帽alaba 鈥渟us complejos v铆nculos con la Europa del Centro, sus pulsiones pro-alemanas m谩s ambiguas y su forma de volverse hacia Alemania para resistir a Rusia鈥. Era a Rusia, a la URSS de entonces, a qui茅n Minc otorgaba la capacidad de determinar si el reposicionamiento alem谩n como poder continental saldr铆a o no adelante. En aquel momento sus relaciones eran excelentes. La RFA era la sociedad m谩s 鈥渟oviet贸fila鈥 de toda la Europa occidental. Y la URSS ve铆a la consolidaci贸n de Alemania cual gran poder continental como la mejor manera de conseguir la retirada de los EEUU de los asuntos europeos. Jugar a esa carta ten铆a sus riesgos, pero al final el reposicionamiento se produjo. Las pugnas por 谩reas de control y de influencia entre Rusia y Alemania llegar铆an m谩s tarde: hoy las estamos viendo.

驴Y Francia? Cuando Minc avisaba en el pr贸logo de que quedaba poco tiempo para maniobrar ante lo que se avecinaba, su preocupaci贸n no era la suplantaci贸n sigilosa de la CEE por una uni贸n continental muy distinta, sino el papel secundario en el que iba a verse Francia en ese nuevo orden europeo dominado por Alemania. El autor escrib铆a para un p煤blico franc茅s, un p煤blico minoritario adem谩s, el de quienes se interesan por las cuestiones de geoestrategia y de alta pol铆tica. 驴Qu茅 hacer? Minc estaba convencido de que s贸lo cab铆a hacer una cosa: convencer a Alemania de que incorporara a Francia en el ejercicio de su imperium sobre el continente, esto es, hacerla creer en la conveniencia de formar un eje de poder germano-franc茅s. Puesto que Francia era objetivamente m谩s d茅bil s贸lo pod铆a jugar una baza: su condici贸n de potencia con armamento nuclear. Se trataba de ofrecer a Alemania la protecci贸n del paraguas nuclear galo a cambio de que Alemania compartiera con Francia el dominio pol铆tico continental. 鈥淗ace veinte a帽os la Rep煤blica Federal se habr铆a carcajeado de esta protecci贸n de pacotilla, por lo muy convencida que estaba entonces de la solidez del paraguas nuclear norteamericano鈥, dec铆a Minc. Pero a punto de empezar la d茅cada de los noventa la situaci贸n era completamente distinta. El desacoplamiento estadounidense era un hecho irreversible y las nuevas ambiciones continentales de Alemania tambi茅n. Minc advert铆a severamente: 鈥渘os quedan tres o cuatro a帽os para jugar esta 煤ltima baza鈥, la de ofrecer a Alemania la protecci贸n del paraguas nuclear galo a cambio de que Alemania concediera un eje de poder germano-franc茅s sobre el continente. 鈥淧asado este tiempo la suerte estar谩 echada de forma definitiva鈥. Los pol铆ticos franceses estaban ya en ello. Pero Minc les reprochaba indefiniciones y cautelas que pod铆an echar a perder la baza y acabar con Francia arrinconada o en posici贸n subordinada en el nuevo escenario continental que se preparaba. 鈥淟a batalla de Alemania ser铆a la batalla de Francia鈥, hab铆a proclamado enf谩ticamente Chirac. 驴Eso que quer铆a decir exactamente? 鈥淨ue las fuerzas convencionales francesas interviniesen en caso de producirse una agresi贸n contra Alemania, evidente. Que las fuerzas nucleares t谩cticas fuesen utilizadas a modo de 煤ltima advertencia seg煤n la doctrina oficial, ciertamente. Ahora bien, que Francia utilizase su fuerza disuasoria para defender a Alemania y que el santuario nuclear franc茅s englobase el territorio alem谩n, 隆nada menos seguro! Los estrategas franceses rechazan una intervenci贸n at贸mica en una frontera concreta. Descartan la automaticidad para amparar la libertad de maniobra del jefe del estado鈥. En el momento en que escrib铆a Minc esos mismos estrategas distingu铆an a 鈥淎lemania en tanto que territorio aliado y a Francia en tanto que territorio sagrado鈥. Pero as铆 no se iba a ning煤n sitio, les advert铆a el autor. No se cierra una alianza sin saber a qu茅 atenerse y Alemania no ten铆a en aquel momento garant铆as ciertas de que Francia estuviera dispuesta a ser su paraguas nuclear con todas las consecuencias. 鈥淓n esta inmensa partida Francia dispone del comod铆n de la extensi贸n de su garant铆a nuclear a Alemania鈥, se帽alaba Minc. 鈥淧ero de tanto sacarlo sin llegar a jugarlo, de tanto dejarlo ver sin soltarlo, de tanto mostrarlo a medias, al final acabar谩 perdi茅ndolo, y el d铆a en que por fin lo lance sobre el tapete, cabe la posibilidad de que la partida haya terminado ya鈥. Francia no pod铆a permitirse que eso sucediera. Esa indefinici贸n ten铆a que cambiar.

Minc se demoraba entonces por los vericuetos de la pol铆tica militar francesa, que como las directrices geoestrat茅gicas en Alemania, se caracterizaba por un consenso general dentro del poder pol铆tico y fuera de 茅l. Era esta pol铆tica militar una de las claves para apuntalar la grandeur francesa, la ilusi贸n de seguir siendo una gran potencia. Sus fuerzas armadas intentaban ser una r茅plica a escala reducida de las de los Estados Unidos y la URSS. Poder铆o nuclear, una fuerza de intervenci贸n de calidad allende los mares y unas fuerzas convencionales eficientes. Con ello se buscaba mantener la independencia del 鈥榮antuario nacional鈥, tener la capacidad de defenderse sin necesitar de otros y, de paso, seguir desempe帽ando el papel de potencia colonial. La apuesta por este modelo hab铆a estimulado la aparici贸n de una pujante industria militar y armament铆stica francesa. La revoluci贸n espacial, l贸gicamente, se le escapaba a un pa铆s del tama帽o de Francia. Pero aspiraba a construir con Alemania una pol铆tica espacial europea orientada fundamentalmente a la ambici贸n civil, aunque sin excluir la preocupaci贸n militar. Todo este modelo, se帽alaba Minc, iba a encontrarse, tarde o temprano, con dificultades financieras. Para consolidar ese eje germano-franc茅s de dominaci贸n en Europa Francia iba a tener que ponerle a Alemania sobre la mesa una potencia nuclear al d铆a. Y la concentraci贸n del esfuerzo militar en lo nuclear, precio a pagar para jugar a ser una potencia europea, iba a hacer muy dif铆cil conservar una fuerza de intervenci贸n exterior de calidad, necesaria para jugar a ser una potencia colonial. Minc recomendaba crear sinergias militares con Alemania: 鈥淎 aquellos pa铆ses que no est谩n provistos de armas at贸micas les toca equiparse con verdaderos medios convencionales y a Alemania en primer lugar鈥. El desarme nuclear de la URSS y EEUU en Europa brindaba una 鈥渙portunidad formidable鈥 a Francia: la de incrementar el valor estrat茅gico de su armamento nuclear, de su fuerza disuasoria. Esa era la carta clave para lograr el triunfo de participar en el banquete del dominio continental alem谩n. Y Minc abogaba por jugarla a fondo con 鈥渓a fusi贸n de las fuerzas convencionales, los armamentos compartidos, la repartici贸n de las tareas, la unidad de mando鈥. Las elites de poder estaban estudiando esa posibilidad. 鈥淓l Plan Schmidt contempla una especializaci贸n natural, el armamento nuclear para Francia y el convencional para Alemania, una contribuci贸n financiera de Alemania para la modernizaci贸n de la fuerza disuasoria y el mando integrado para Francia, dado que est谩 en juego la utilizaci贸n del arma suprema: en efecto, lo nuclear no se delega鈥. A la pol铆tica del paso a paso en lo militar ya en marcha 鈥搃nstauraci贸n del Consejo Francoalem谩n de Defensa, maniobras militares conjuntas, estandarizaci贸n de equipamientos- deb铆a sumarse de una vez una voluntad pol铆tica clara: la de 鈥渁sumir la defensa del aliado como si de la propia se tratase鈥. La cristalizaci贸n de esa estrategia iba demasiado lenta con respecto al ritmo de la nueva deriva alemana y de la retirada de EEUU de los asuntos europeos. 鈥淵a no hay tiempo que perder鈥︹, era el llamamiento imperioso de Minc.

Minc dedicaba, posteriormente, varios cap铆tulos a analizar qu茅 podr铆a traer a la Europa comunitaria el inminente mercado 煤nico. El proyecto de Europa que se estaba alumbrando era fundamentalmente materialista y econ贸mico. La Europa unida habr铆a podido empezar a existir sobre otros supuestos, observaba Minc, cosa que 鈥渟e suele olvidar demasiado a menudo鈥. Por ejemplo, sobre supuestos pol铆ticos, 鈥渁 trav茅s de un embri贸n de organizaci贸n que habr铆a creado las semillas de una confederaci贸n鈥 aut茅ntica de estados soberanos. O sobre supuestos militares, sobre una verdadera comunidad de defensa exclusivamente europea. O sobre supuestos culturales, con iniciativas transnacionales que protegieran y alimentaran la vigencia de la gran herencia cultural europea y acercaran sistemas y programas educativos. O sobre supuestos jur铆dicos, a trav茅s de una armonizaci贸n de los derechos civil y penal y la estructuraci贸n de un espacio judicial europeo. La prioridad dada al supuesto 鈥渢odo-econ贸mico鈥 hac铆a del mercado 煤nico y liberalizado un objetivo tan problem谩tico como ambiguo, porque su din谩mica iba a invadir otros 谩mbitos y a someterlos bajo el pretexto de la econom铆a. La 鈥渃iudadan铆a 煤nica鈥 que se estaba dise帽ando iba a convertir al 鈥渉omo europeanus鈥 del mercado liberalizado en el 鈥渕谩s marxista de los seres鈥, una criatura convertida en 鈥渆uropea鈥 por la primac铆a absoluta de lo econ贸mico y de los intereses dinerarios m谩s descarnados, no por 鈥渟u cultura, su arraigo y sus derechos ciudadanos鈥. Minc se帽alaba que 鈥溍簄icamente un proselitismo europeo asaz ingenuo puede hacer creer que de la econom铆a surgir谩 con toda naturalidad una comunidad鈥 fraternal y genuina. La realidad, probablemente, ser铆a muy otra. 鈥淓l d铆a que los europeos sopesen las ventajas y los costes del gran mercado, el despertar puede llegar a ser brutal鈥. Cualquier analista sensato pod铆a anticipar las tensiones venideras entre los pa铆ses ganadores y los pa铆ses perdedores de ese gran mercado. O entre las capas sociales v铆ctimas de sus efectos y las oligarqu铆as. O el mecanismo insidioso que se esconde, irremediablemente, en los organismos de poder transnacionales y sin controles democr谩ticos. Minc recordaba los poderes 鈥渃asi soberanos鈥 del FMI y como este se empleaba con dureza inusitada con las naciones en quiebra, mientras no impon铆a la menor regla de conducta a esas potencias econ贸micas que, a su vez, eran las primeras en demandar rigor con los d茅biles endeudados con ellas o sus bancos. 驴Qui茅n podr铆a asegurar que Alemania no actuar铆a del mismo modo en el continente y desde los organismos transnacionales y no electos europeos? 鈥淟os m谩s fuertes no tienen ning煤n inter茅s en que se promulguen reglas destinadas a limitar sus superventajas sobre los m谩s d茅biles. Si estas reglas forman parte del decorado, se resignan a ellas. Pero si no existen, 驴por qu茅 ir铆an a contribuir a establecerlas?鈥 De ah铆 el riesgo de que el gran mercado provocara desequilibrios permanentes y sin contrapesos capaces de atenuar los da帽os.

Minc avizoraba una cat谩strofe que hoy, veinticinco a帽os m谩s tarde, est谩 tr谩gicamente vigente en los pa铆ses del sur de Europa. Si los da帽os sociales y materiales adquir铆an ribetes dram谩ticos 鈥渓a necesidad del Estado acabar谩 imponi茅ndose. Pero en vez de verla manifestarse a nivel europeo, ser谩n los Estados miembros quienes, al ser interpelados, deber谩n reaccionar. Ser铆a una verdadera cat谩strofe. Al verse ellos obligados a subsanar los estragos de la Europa unida, los gobiernos econ贸micamente m谩s d茅biles s贸lo podr谩n optar entre 1) un reflejo antieuropeo, 2) la mendicidad cerca de los estados m谩s opulentos de la comunidad o 3) la amenaza de dar al traste con el sistema. Y esta 煤ltima hip贸tesis no ser铆a la peor, pues quiz谩 ser铆a la 煤nica capaz de sacudir la inercia comodona de aquellos que habr谩n ganado en ese juego del gran mercado鈥. En cualquier caso, era obvio que 鈥渓os fuertes no podr谩n volverse m谩s fuertes y los d茅biles m谩s d茅biles sin que nada acontezca鈥. Sin reglas y compensaciones que corrigieran esa situaci贸n 鈥損or ejemplo, mecanismos de Estado-providencia a nivel europeo- la Europa supranacional estaba llamada a generar y padecer 鈥渃onflictos insoportables鈥. El mercado, 鈥渟in contrapesos y sin sistema de redistribuci贸n, tiene un efecto mec谩nico: los fuertes se hacen m谩s fuertes y los d茅biles m谩s d茅biles鈥. Minc anticipaba una verdadera 鈥減esadilla darwiniana鈥 en esa Europa continental y liberalizada que estaba por venir y que generar铆a 鈥渃onsiderables desigualdades como tel贸n de fondo鈥. Y ve铆a muy posible que s贸lo la amenaza de rebeli贸n de algunas sociedades, en especial de sus sectores maltratados y depauperados, pudiera arrancar la necesaria concesi贸n de un Estado-providencia continental o de sistemas de compensaci贸n comunitarios.

En el campo de batalla econ贸mico del mercado 煤nico el problema alem谩n volver铆a a surgir. Estado y grandes corporaciones y bancos forman en Alemania un aparato de poder inextricablemente entrelazado que act煤a de consuno. Juntos tejen la red de intereses geopol铆ticos alemanes y juntos 鈥渃ierran a cal y canto el territorio nacional 鈥揾a de transcurrir mucho tiempo antes de que una OPA hostil se produzca en Alemania- y mantienen la disciplina en el aparato de producci贸n鈥. 驴Qui茅n podr铆a sospechar que en un consejo de administraci贸n del Deutsche Bank o de Siemens se tratan 鈥渙peraciones cuya motivaci贸n no es 煤nicamente econ贸mica鈥 sino tambi茅n pol铆tica? Y sin embargo ocurre. Con el mercado alem谩n cerrado para las corporaciones de otros pa铆ses europeos y con las corporaciones alemanas colonizando buena parte del sur, del centro y del este de Europa los problemas acabar铆an tarde o temprano apareciendo. Minc a帽ad铆a a este desequilibrio b谩sico otra fuente de problemas y descontento social en la fiscalidad. La liberalizaci贸n del mercado europeo iba a suponer la evasi贸n masiva de capitales: 鈥渆l hecho de que los para铆sos fiscales cobren semejante influencia le ser谩 cargado en su cuenta a Europa鈥. O en su defecto, y para que las carteras importantes no huyeran del todo, se les impondr铆a una fiscalidad tan baja que equivaldr谩 a una exoneraci贸n. 鈥淓videntemente鈥, pronostica Minc, 鈥渉abr谩 que transferir todo eso que se deja de ganar sobre las rentas del trabajo鈥 y los impuestos indirectos. De esta forma la Europa fiscal 鈥渉abr谩 llegado al resultado 鈥揾ablando claro- de exonerar a los ricos y gravar a los pobres. 隆Vaya justicia redistribuidora al rev茅s!鈥. Minc pronosticaba que para finales del siglo XX la desigualdad patrimonial en Europa, especialmente en algunos pa铆ses, ser铆a tan fuerte que suscitar铆a 鈥渢ensiones, conflictos e insatisfacciones, sobre todo en una sociedad en proceso de envejecimiento donde prevalecer谩 la fortuna asentada鈥.

Buena parte del denso ensayo de Minc se demoraba en cuestiones que hoy est谩n superadas o han perdido su actualidad. Pero los an谩lisis sobre lo que 茅l llamaba 鈥渆l problema alem谩n鈥 y la evoluci贸n de una Europa liberalizada y dominada por Alemania eran clarividentes. 鈥淣o es fruto del azar el que el futuro de la construcci贸n europea se centre en Alemania, del mismo modo que la deriva del continente se realiza en torno a dicho pa铆s鈥, advert铆a una vez m谩s. 鈥淣o existe cuesti贸n europea alguna, s贸lo existe la cuesti贸n alemana. Este antiguo precepto del siglo XIX vuelve a cobrar toda su vigencia. Reconocerlo as铆 no significa estar cediendo a germanofobia alguna. Es, simplemente, tener en cuenta la realidad y no especular con sue帽os鈥. Un 鈥減roblema alem谩n鈥 que el antiguo secretario de estado estadounidense Henry Kissinger hab铆a resumido en una frase: 鈥渄emasiado grande para Europa, demasiado peque帽a para el mundo鈥. Ese tama帽o y ese peso excesivos dentro del continente se han unido a un sentimiento de superioridad con respecto a otros pueblos que ha tomado formas m谩s inofensivas o m谩s sinistras seg煤n los momentos hist贸ricos. La combinaci贸n de ambos elementos es la clave del referido 鈥減roblema alem谩n鈥. Y la exacerbaci贸n de esos dos factores 鈥揹emasiado peso, demasiado sentimiento de superioridad- ha producido disrupciones severas dentro del continente que acabaron en dos guerras mundiales, dos destrucciones de Europa y un genocidio, todo ello en menos de cien a帽os. Con esos precedentes terribles y cercanos, 驴era sensato permitir la aparici贸n de una estructura continental como la actual UE, con la que una Alemania reunificada volver铆a a imponer su dominio sobre Europa?

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Veinticinco a帽os despu茅s del an谩lisis prospectivo de Alain Minc la Uni贸n Europea es, en buena medida, el pseud贸nimo amable con el que se emboza el IV Reich, la cuarta oleada de imperialismo alem谩n sobre el Viejo Continente. Francia, como recomendaba encarecidamente Minc, ha intentado convertirse en la comparsa de Alemania en el ejercicio de ese imperium, evitando verse completamente arrinconada o convertida en otro estado finlandizado m谩s. Hoy por hoy la preponderancia del eje germano-franc茅s, aun con ocasionales tensiones entre ambas potencias, es total y nadie dentro de la UE parece capaz de retar este estado de cosas. La 煤ltima vez que alguien lo intent贸, peleando un eje alternativo Londres-Madrid-Roma-Varsovia de vocaci贸n netamente atlantista, una oportuna matanza islamista a cuatro d铆as de unas elecciones generales acab贸 con el desaf铆o para los restos.

Ante este panorama, y de un modo poco sorprendente, Gran Breta帽a ha puesto sobre la mesa un refer茅ndum para votar su salida de la estructura continental. Si esa retirada se consuma, no ser铆a de extra帽ar que desde el eje germano-franc茅s se respondiera dando alas, abierta o subrepticiamente, al separatismo escoc茅s y que el Reino Unido pudiera ver su estabilidad interna, e incluso su propia integridad territorial, seriamente comprometidas. La guerra dentro de la Europa actual no ha desaparecido, simplemente se hace por otros medios. Y esto es algo que en Espa帽a, con dos separatismos a los que nunca les han faltado insidiosas tutelas exteriores, no se deber铆a olvidar.

Veinticinco a帽os despu茅s del an谩lisis de Minc, en fin, los pa铆ses de Europa meridional se encuentran, no s贸lo en una situaci贸n de 鈥渇inlandizaci贸n鈥 con respecto a Alemania, sino convertidos en lo que Paul Manson llam贸 gr谩ficamente 鈥渃olonias deudoras con un poco de autonom铆a鈥 [5]. En nuestros pa铆ses han cristalizado esa pesadilla darwiniana y esos 鈥渃onflictos insoportables鈥 que Minc pronosticaba cinco lustros atr谩s para la Europa continental, liberalizada y dominada por Alemania. Preguntado por su explicaci贸n de la crisis griega en particular, y de la crisis de la Europa meridional en general, el economista estadounidense Richard Wolff [6] se帽alaba que dos factores se hab铆an unido para provocar el desastre: las condiciones creadas por la eurozona y el colapso econ贸mico global de 2008. Era evidente que los estados implicados en el proyecto de la Uni贸n Europea 鈥渢en铆an agendas distintas y capacidades tambi茅n muy diferentes鈥 para imponer esas agendas. Las elites del sur que incorporaron a sus pa铆ses al proyecto cometieron dos errores de resultados tr谩gicos. El primero, pensar que sus salarios m谩s bajos mover铆an actividad productiva de Alemania y los otros pa铆ses del norte al sur. Eso no pas贸, 鈥渘o entendieron que los alemanes no estaban por la labor de que eso ocurriera y que andaban muy ocupados tomando multitud de medidas para garantizar, no s贸lo que las industrias alemanes no dejar铆an el pa铆s para irse al sur, sino que de hecho, iba a ocurrir lo contrario鈥; esto es, que las corporaciones alemanas (y secundariamente las francesas) iban a ocupar los mercados del sur y se iban a quedar con las empresas de alg煤n valor que all铆 hubiera. El segundo error fatal de las elites del sur fue no entender que si las corporaciones del norte m谩s rico iban, no ya a deslocalizar, sino a expandir su producci贸n en alg煤n otro sitio, ese no iba a ser el sur de Europa, sino Europa del Este, primeramente, y Asia, Iberoam茅rica e incluso 脕frica, despu茅s, mercados en los que les interesaba m谩s instalarse productivamente y donde la mano de obra era a煤n m谩s barata. El proyecto europeo, por tanto, no estaba llamado a industrializar m谩s a los pa铆ses del sur, sino lo contrario, a destruir o poner en venta su sector primario y sus empresas de valor y a entregar sus mercados a las grandes corporaciones germanas y francesas.

A este vicio de origen se hab铆a venido a superponer el colapso econ贸mico de 2008. Wolff rechazaba el argumento simplista, muy utilizado en Alemania, de que los pa铆ses del sur hab铆an vivido 鈥減or encima de sus posibilidades鈥, porque en realidad todos los pa铆ses hab铆an hecho lo mismo. Todos los pa铆ses hab铆an pedido prestado a un ritmo creciente. Los propios Estados Unidos, recordaba Wolff, tienen una deuda descomunal resultado de 鈥渉aber vivido por encima de sus posibilidades鈥 a una escala inimaginable antes. El problema de pa铆ses como Grecia era que los mismos bancos que antes la hab铆an empujado a endeudarse concedi茅ndole pr茅stamos, al estallar la crisis financiera dejaron de prestarle con las condiciones precedentes porque hab铆a clientes econ贸micamente m谩s potentes a la caza desesperada de fondos. 鈥淎s铆 Grecia descubri贸 que sus prestamistas, fundamentalmente bancos alemanes y franceses, ten铆an clientes m谩s atractivos y de repente las condiciones para ella se hicieron mucho m谩s onerosas. Los tipos de inter茅s subieron, las condiciones se endurecieron y el viejo patr贸n de pr茅stamo de Grecia se vio confrontado con un cambio de actitud radical de sus prestamistas tradicionales鈥. Wolff se帽alaba el c铆rculo vicioso de endeudamiento a que lleva a muchos Estados occidentales la din谩mica de la econom铆a liberalizada. Minc ya lo hab铆a se帽alado tambi茅n en su ensayo. Grandes capitales y corporaciones no tributan apenas, bien porque se evaden del pago de impuestos o bien porque le arrancan a los Estados ventajas para no pagar apenas a cambio de no marcharse. Los gastos del Estado y los servicios que provee al grueso de la poblaci贸n deben cargarse entonces a las espaldas de las clases medias y bajas v铆a impuestos directos e indirectos. Sin embargo, cuando la presi贸n fiscal sobre estas deviene confiscatoria, o cuando la prestaci贸n de servicios se recorta o se deteriora gravemente, esas clases medias y bajas, que num茅ricamente son la abrumadora mayor铆a, se vengan con la contestaci贸n social y con el castigo en las urnas. El recurso habitual de los gobiernos para escapar de esta situaci贸n 鈥搇as oligarqu铆as no se dejan gravar, la masa maltratada castiga con el desorden y en las urnas- es conseguir dinero v铆a endeudamiento. Como dec铆a Wolff, ese es un arreglo muy atractivo para bancos y corporaciones, para esas mismas oligarqu铆as que no se dejan gravar, en suma. Ellos son quienes prestan el dinero y al hacerlo obtienen ping眉es beneficios, adem谩s de incrementar a煤n m谩s su capacidad de presi贸n e influencia sobre los gobiernos.

Sin entrar en la cuesti贸n de c贸mo el sur ha acabado colonialmente sometido por la v铆a de la deuda (en esta nota se enlazan algunos an谩lisis de inter茅s [7]), cabe preguntarse por qu茅 las elites de la Europa meridional embarcaron alegremente a sus Estados en una aventura -el mercado 煤nico liberalizado de la UE y, luego, la eurozona- que ha probado ser calamitosa. Incluso se puede ir m谩s all谩: 驴por qu茅 esas elites han favorecido con tanta eficacia los intereses de otros 鈥搒ingularmente los de Alemania y Francia- en detrimento de los de sus propios pa铆ses? 驴Por qu茅 han ejecutado decisiones manifiestamente contrarias al inter茅s nacional, da帽osas para sus Estados y sus ciudadanos y lesivas para su soberan铆a? El an谩lisis de esta traici贸n pol铆tica, econ贸mica y social de las elites del sur est谩 a煤n por hacer. Pero s铆 podr铆a apuntarse que las elites meridionales han recibido incentivos grupales y personales que podr铆an explicar esa traici贸n en buena parte. Por ejemplo, han recibido ayuda para acceder al poder o conservarlo en sus parcelas dom茅sticas y han recibido puestos y cargos en el 谩mbito internacional. Tambi茅n, por qu茅 no decirlo, han encontrado la tolerancia del enriquecimiento corrupto (cuando no el fomento directo del mismo v铆a sobornos) siempre que sirvieran d贸cilmente a los intereses de las potencias dominantes. El analista Gregory Maniatis planteaba una pregunta pertinente que, aunque referida a Grecia, es v谩lida para toda la Europa meridional [8]. 驴Por qu茅 la Uni贸n Europea, y por qu茅 la famosa Troika que hab铆a ocupado Grecia tras los rescates, hab铆an hecho sistem谩ticamente la vista gorda ante la corrupci贸n y el quebranto que esta causaba a las finanzas del Estado griego? Los funcionarios de la Troika ocuparon en 2010 el Ministerio de Finanzas para imponer all铆 su voluntad, 鈥減ero rara vez iban de visita al Ministerio de Justicia鈥, se quejaba Maniatis. No s贸lo no se dejaban caer por all铆, sino que sometieron al sistema judicial del pa铆s a recortes presupuestarios salvajes que lo dejaron totalmente inoperante. 鈥淐omo resultado de la indiferencia de la UE鈥, denunciaba Maniatis, 鈥渓os fiscales griegos se vieron impotentes para investigar casos complejos de corrupci贸n con cuentas en para铆sos fiscales y cooperadores for谩neos. No se hicieron nuevas contrataciones y algunos fiscales no ten铆an siquiera fondos para llamadas de larga distancia. Mientras tanto el Parlamento griego estaba aprobando leyes que daban inmunidad a un n煤mero creciente de objetivos potenciales de la corrupci贸n鈥 驴Por qu茅 hac铆a la UE la vista gorda?鈥. La raz贸n era simple: 鈥減ara que alguien reciba un soborno, alg煤n otro tiene que pagarlo鈥 y si la justicia griega investigaba a fondo la corrupci贸n de altos vuelos, muchas grandes compa帽铆as alemanas y francesas (que, como se帽alaba Minc, a menudo act煤an al dictado o de consuno con el poder pol铆tico de sus pa铆ses) podr铆an acabar en las portadas de los peri贸dicos y en los tribunales. Tras esas compa帽铆as aparecer铆an los pol铆ticos y los diplom谩ticos de las potencias implicadas en tales tramas de soborno y corrupci贸n. As铆 las cosas, es f谩cil entender por qu茅 鈥渓os hombres de negro鈥 extranjeros no ten铆an ning煤n inter茅s en ocupar los Ministerios de Justicia meridionales y ponerlos a funcionar a pleno rendimiento contra la corrupci贸n. Y es que unas 茅lites locales corruptas pero d贸ciles a los intereses y directrices de quienes mandan en la UE siempre son preferibles a l铆deres no manchados pero que sean 鈥渄escarados鈥, que 鈥渘o vengan del establishment鈥 y que 鈥渄esaf铆en los supuestos que han modelado las pol铆ticas鈥 de la UE y de la eurozona [9].

Como observ贸 Paul Krugman [10], el analista y escritor estadounidense Matthew Yglesias 鈥渄io en el clavo cuando se帽al贸 que los pol铆ticos de los pa铆ses perif茅ricos generalmente tienen incentivos personales鈥 para cometer con sus electorados las traiciones pol铆ticas, econ贸micas y sociales que, en cambio, benefician al eje de poder de la UE o a los poderes no electos transnacionales. 鈥淪i dejas el gobierno con la alta estima de la panda de Davos hay una colecci贸n de carguetes de la Comisi贸n Europea, el FMI y similares para los que te pueden elegir incluso si te has ganado el desprecio absoluto de tus compatriotas鈥, se帽al贸 Yglesias. 鈥淓s m谩s, ganarte ese desprecio vendr铆a a ser algo as铆 como un plus. La demostraci贸n definitiva de solidaridad con la 鈥渃omunidad internacional鈥 (o con la UE) ser铆a hacer lo que la 鈥渃omunidad internacional鈥 (o el eje germano-franc茅s) quiere incluso ante la oposici贸n frontal de tus votantes鈥 [11]. Yglesias observaba que la UE actual se parece en cierta manera a la Europa del Antiguo R茅gimen: aquella estaba dominada por una nobleza transnacional, esta por una eurocracia cuyos miembros 鈥渟e identifican m谩s con sus pares que con sus propias poblaciones鈥. De hecho, convertirse en un miembro serio y respetable de esa nueva oligarqu铆a parece exigir, si no se procede de Alemania y Francia, la identificaci贸n sin fisuras con la agenda y las directrices de las dos potencias dominantes, aunque ello sea contrario al inter茅s del propio pa铆s de origen.

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A los setenta a帽os del final de la Segunda Guerra Mundial y a los veinticinco de la ca铆da del Muro de Berl铆n, Alemania 鈥渆st谩 una vez m谩s en las garras del 鈥榮turm und drang鈥, pero apenas ha sido advertido鈥. Analistas y medios convencionales mantienen hoy, a la hora de presentar la acci贸n pol铆tica de las 茅lites alemanas, tres mitos que anestesian a la opini贸n p煤blica europea. El analista P. Escobar los resum铆a [12]. El primero, el mito de una Alemania sensata que intenta mediar entre unos EEUU a煤n hegem贸nicos y una Rusia agresiva y desafiante. El segundo, el mito de una Alemania preocupada por la independencia y la estabilidad de los pa铆ses del este de Europa. Y el tercero, el mito de que Alemania no puede levantar las sanciones comerciales contra Rusia 鈥揳unque le disgustan y perjudican sus intereses econ贸micos- por una raz贸n de orden casi moral: su compromiso con la seguridad de los pa铆ses de Europa oriental. La realidad tras estos tres mitos es muy diferente. Alemania no es una mediadora entre los EEUU y Rusia, sino que busca erosionar a Rusia hoy a la vez que se prepara para desafiar a los EEUU en el futuro. Tampoco quiere la independencia y la estabilidad de los pa铆ses de Europa del este: quiere su vasallaje y, de hecho, ya lo ha conseguido. 鈥淟a estrategia de integraci贸n en la UE de los pa铆ses de la Europa oriental, dirigida por Berl铆n, fue tanto para abrir nuevos mercados para las exportaciones alemanas como para poner un tap贸n entre Alemana y Rusia鈥. Y no es la seguridad de estos estados tap贸n lo que Alemania busca, sino 鈥渆jercer un control pol铆tico y econ贸mico total sobre la periferia de la antigua URSS鈥. En cuanto a la propia UE, 鈥渁hora enfangada en un ambiente t贸xico post-democr谩tico, no igualitario y asolado por las pol铆ticas de austeridad sin v铆as claras de salida鈥, Alemania ya hace mucho que manda all铆 como due帽a absoluta, pol铆tica y econ贸micamente.

Escobar censura 谩cidamente a 鈥渓a actual ci茅naga intelectual de la EU鈥, formada en su mayor铆a por 鈥渋nsignificantes ide贸logos neoliberales鈥 asentados en, o a la caza de, 鈥渟inecuras en ese kafkiano templo de la mediocridad que es Bruselas鈥. Nadie entre esos ide贸logos habla o escribe de la cuesti贸n alemana que, de nuevo, est谩 en juego con toda su crudeza en suelo europeo. Frente a ellos el historiador y polit贸logo franc茅s Emmanuel Todd constituye un llamativo contraste por la diversidad de su discurso. Todd coincide en que detr谩s de la UE actual se encuentra ese proyecto geopol铆tico y econ贸mico de dominaci贸n alem谩n del que Minc ya hab铆a hablado hace veinticinco a帽os. Pero no se siente obligado a alertar sobre ello acompa帽谩ndolo de ning煤n elogio o cortes铆a hacia Alemania, como s铆 hac铆a Minc. Al contrario. Todd subraya que dicho proyecto abre las puertas, de nuevo, 鈥渁l inmenso potencial de irracionalidad pol铆tica鈥 de Alemania, del que ese pa铆s ha dado pruebas atroces en el pasado reciente. Las elites alemanas creen firmemente en un ejercicio del imperium sobre el continente conforme a un modelo de 鈥渄ominaci贸n no igualitaria鈥 donde cualquiera que sea la igualdad, los derechos y las protecciones que queden, eso s贸lo concernir谩 a los ciudadanos de los pa铆ses de primera clase, con Alemania a la cabeza. 鈥淏ienvenidos, por tanto, a la 鈥榙emocracia鈥 del Herrenvolk, del pueblo amo鈥, saludaba Escobar. Todd observa que cuando sienten que su pa铆s es el m谩s fuerte, 鈥渓os alemanes se toman muy mal la negativa de los m谩s d茅biles a obedecerlos, una negativa que entienden como contraria a natura y a raz贸n鈥.  

Los efectos que esto puede tener sobre los pa铆ses europeos de 鈥渟egunda clase鈥 y sus poblaciones ya se ven en la Europa meridional, de cuya humillaci贸n y condena el caso griego es, a la vez, anuncio y paradigma. Pero Todd se preocupa, sobre todo, de los efectos que este IV Reich embozado bajo la mentira piadosa de la Uni贸n Europea puede tener en el tablero geopol铆tico internacional. Y all铆 ve dos confrontaciones larvadas: una con Rusia, la otra con los EEUU. Con respecto a los EEUU Todd pone sobre la mesa el gran 鈥渘on-dit europeo鈥: que la clave del dominio de Europa por parte de los EEUU tras la II Guerra Mundial era desactivar el peligro germano y mantener a Alemania bajo control. Ahora que el imperium estadounidense ha empezado a declinar y disolverse, tambi茅n su capacidad de sujeci贸n de una Alemania dominadora del continente se difumina. Y en ello se anuncia la emergencia de un nuevo cara a cara por la hegemon铆a sobre el espacio occidental 鈥渆ntre el continente-naci贸n americano y este nuevo imperio alem谩n, un imperio pol铆tico y econ贸mico que la gente sigue llamando 鈥淓uropa鈥 por costumbre鈥. Todd critica con dureza la falta de visi贸n de los estrategas geopol铆ticos estadounidenses a quienes singulariza en Zbig Brzezinski, su figura m谩s influyente. 鈥淥bsesionado como est谩 con Rusia, sencillamente no ha visto venir a Alemania鈥, dice Todd de Brzezinski. 鈥淣o ha visto que extender la OTAN hasta las rep煤blicas b谩lticas, hasta Polonia, estaba de facto sirvi茅ndole en bandeja a Alemania un imperio, primero econ贸mico, pero hoy ya pol铆tico. La ampliaci贸n oriental de la OTAN podr铆a al final traer la segunda versi贸n de la pesadilla de Brzezinski: una Eurasia unificada bajo un mismo imperium independientemente de los EEUU. Fiel a sus or铆genes polacos, Brzezinski tem铆a a una Eurasia bajo control ruso. Ahora corre el riesgo de pasar a la historia como otro m谩s de esos polacos absurdos que, por odio a Rusia, han asegurado el engrandecimiento de Alemania鈥.

驴Y Rusia? Todd sostiene que, al contrario que los analistas estrat茅gicos estadounidenses, los rusos s铆 han visto venir el peligro alem谩n, aunque han elegido el silencio por diplomacia. 鈥淣ecesitan tiempo鈥 para articular una geoestrategia con la que hacer frente a la amenaza. Cuando Alemania y los EEUU se embarcaron en la ampliaci贸n hacia el este de la UE y la OTAN, Rusia envi贸 mensajes claros de que Ucrania era la l铆nea roja que no podr铆an cruzar sin respuesta. Y a pesar de ello se cruz贸, porque Ucrania era una pieza que Alemania quer铆a cobrarse para su imperio: 鈥渦na poblaci贸n activa de 45 millones de personas con un buen nivel educativo que viene desde el periodo sovi茅tico鈥. Todd ofrece una explicaci贸n de la jugada geoestrat茅gica que hay bajo todos estos movimientos. 鈥淎lemania organiz贸 laboriosamente su hegemon铆a en la EU sobre la base de que este conjunto dispar de naciones proporcionar铆a a Berl铆n la econom铆a de escala para derrotar a su principal competidor industrial, los EEUU. Sin embargo, Alemania carece de recursos energ茅ticos propios. Y los suministros de petr贸leo y gas desde 脕frica y Oriente Pr贸ximo son intr铆nsecamente inestables鈥. 驴D贸nde conseguir recursos energ茅ticos alternativos? La respuesta es obvia, en Rusia. Esto se pod铆a hacer de dos formas: mediante una colaboraci贸n entre potencias que juegan como iguales o intentado minar pol铆tica y econ贸micamente a Rusia 鈥減ara hacerse finalmente con el control financiero de sus inmensos recursos鈥. Lo primero significar铆a que el Estado ruso controlar铆a esos recursos, lo segundo que lo har铆an clanes olig谩rquicos supervisados por sus amos en Berl铆n, Londres y Nueva York. Y si se consegu铆a someter financieramente a Rusia, detr谩s ir铆an otros estados del centro de Asia como Turkmenist谩n, con sus enormes reservas de gas, que quedar铆an libres para 鈥渟er sometidos al mandato alem谩n鈥.

Mientras se juegan en bambalinas estas partidas geoestrat茅gicas, inadvertidas para una opini贸n p煤blica europea a la que se mantiene ignorante de las mismas, los ciudadanos de Grecia votaron hace unos meses a un gobierno nuevo para que intente revolverse contra el destino que se les ha reservado en esta 鈥渄emocracia del Herrenvolk鈥. Los mensajes llegaron claros y distintos desde la metr贸poli berlinesa-bruselense. Que el gobierno de uno de los pa铆ses siervos -sin entrar en su orientaci贸n pol铆tica o su mayor o menor capacidad como estadistas- tenga la osad铆a de buscar el inter茅s propio por encima de los intereses de los fuertes es una pretensi贸n inaceptable y que exige un inmisericorde vapuleo pol铆tico y medi谩tico que escarmiente a cualquier otro con parecidas veleidades. 鈥淟as elecciones no cambian nada鈥, sentenci贸 el Ministro de Finanzas alem谩n Wolfgang Sch盲uble, quien aprovech贸 para criticar a los griegos por haber votado de modo 鈥渋rresponsable鈥. Y el presidente de la Comisi贸n Europea Jean-Claude Juncker remach贸, por si a煤n no hab铆a quedado suficientemente claro: 鈥渘o puede haber elecci贸n democr谩tica contra los tratados europeos鈥. No para el sur de Europa, por lo menos.

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NOTAS

[1] Alain Minc: La gran ilusi贸n. La Europa comunitaria y la Europa continental (traducci贸n de Jaime Liar谩s Garc铆a y Janine Muls), Planeta, Barcelona, 1990. Alain Minc: La grande illusion, Grasset & Fasquelle, 1989.

[2] El t茅rmino finlandizaci贸n (en ingl茅s: finlandization) fue acu帽ado en Occidente durante la Guerra Fr铆a para describir la pol铆tica de neutralidad y aquiescencia pasiva seguida por Finlandia con respecto a la URSS. El pa铆s n贸rdico, aun estando situado al oeste del Tel贸n de Acero, evitaba la toma de postura en los asuntos que pudieran irritar a la URSS. En la pr谩ctica, esto tuvo como consecuencia la reducci贸n de su soberan铆a pol铆tica y la limitaci贸n de su autonom铆a de acci贸n, sometidas ambas al influjo sovi茅tico. En el an谩lisis de los escenarios futuros de una Europa continental dominada por Alemania, Minc apostaba por que se producir铆a una 鈥渇inlandizaci贸n鈥 con respecto al Estado germano de la mayor铆a de la Comunidad Europea.

[3] Un recordatorio sobre el embajador Guido Brunner y sus 鈥渃onvolutos鈥: Necrol贸gica de Guido Brunner (el enlace por desgracia ya no funciona).
[4] Sobre la utilizaci贸n sistem谩tica de sobornos por parte de las corporaciones alemanas, v茅ase el caso de Grecia. info-grecia 鈥 Sobornos.
[5] Paul Manson: 鈥淎 Debt Colony with a bit of Home Rule鈥, 23 Feb 2015. En 2013 Der Spiegel public贸 un art铆culo de Jakob Augstein donde se afirmaba que 鈥淟os alemanes atan a los pueblos europeos con los grilletes de la deuda鈥.



Fuente: Noticiasayr.blogspot.com