December 24, 2020
De parte de Paco Salud
330 puntos de vista

脷ltimo discurso de Ricardo Flores Mag贸n pronunciado a los
trabajadores migrantes en Estados Unidos, 1917:

芦Deseo decirles algunas palabras acerca de un mal h谩bito,
bastante generalizado entre los seres humanos. Me refiero a la indiferencia,
ese mal h谩bito que consiste en no fijar la atenci贸n en asuntos que ata帽en a los
intereses generales de la humanidad.

Cada quien se interesa por su propia persona y por las
personas m谩s allegadas a 茅l, y nada m谩s; cada quien procura su bienestar y el
de su familia, y nada m谩s, sin reflexionar que el bienestar del individuo
depende del bienestar de los dem谩s; y que el bienestar de una colectividad, de
un pueblo, de la humanidad entera, es el resultado de circunstancias
favorables, es la consecuencia natural, l贸gica, de un medio de libertad y de
justicia.

As铆, pues, el bienestar de cada uno depende del bienestar de
los dem谩s, bienestar que s贸lo puede ser posible en un medio de libertad y de
justicia, porque si la tiran铆a impera, si la desigualdad es la norma solamente
pueden gozar de bienestar los que oprimen, los que est谩n m谩s arriba que los
dem谩s, los que en la desigualdad fundan la existencia de sus privilegios.

Por lo tanto, el deber de todos es preocuparse por los
intereses generales de la humanidad para lograr la formaci贸n de un medio
favorable al bienestar de todos. S贸lo de esa manera podr谩 el individuo gozar de
verdadero bienestar.

Pero vemos que en la vida corriente ocurre todo lo
contrario. Cada uno lucha y se sacrifica por su bienestar personal, y no lo
logra, porque su lucha no est谩 enderezada contra las condiciones que son
obst谩culo para obtener el bienestar de todos. El ser humano lucha, se afana, se
sacrifica por ganarse el pan de cada d铆a; pero esa lucha, ese af谩n, ese
sacrificio no dan el resultado apetecido, esto es, no producen el bienestar del
individuo porque no est谩n dirigidos los esfuerzos a cambiar las condiciones
generales de convivencia, no entra en los c谩lculos del individuo que lucha, se
afana y se sacrifica la creaci贸n de circunstancias favorables a todos los
individuos, sino el mezquino inter茅s de la satisfacci贸n de necesidades
individuales, sin hacer aprecio de las necesidades de los dem谩s, y con
frecuencia, aun con prejuicio de los intereses de los otros. Nadie se interesa
por la suerte de los dem谩s. El que est谩 trabajando s贸lo piensa en que no le
quiten el trabajo y se alegra cuando en una rebaja de trabajadores no entra 茅l
en el n煤mero de los cesantes, mientras que el que no tiene trabajo suspira por
el momento en que el burgu茅s despida a alg煤n trabajador para ver si, de esa
manera, logra 茅l ocupar el puesto vacante, y hay algunos tan viles, hay algunos
abyectos, que no titubean en ofrecer sus brazos por menos paga, y otros que en
un momento de huelga se apresuran a llenar los lugares desocupados moment谩neamente
por los huelguistas.

En suma, los trabajadores se disputan el pan, se arrebatan
el bocado, son enemigos los unos de los otros porque cada quien busca solamente
su propio bienestar sin preocuparse del bienestar de los dem谩s, y ese
antagonismo entre los individuos de la misma clase, esa lucha sorda por el duro
mendrugo, hace permanente nuestra esclavitud, perpet煤a la miseria, nos hace
desgraciados, porque no comprendemos que el inter茅s del vecino es nuestro
propio inter茅s, porque nos sacrificamos por un inter茅s individual mal
entendido, buscando en vano un bienestar que s贸lo puede ser el resultado de
nuestro inter茅s por los asuntos que ata帽en a la humanidad entera, inter茅s que,
si se intensificara y se generalizara, dar铆a como producto la transformaci贸n de
las condiciones actuales de vida, ineptas para procurar el bienestar de todos
porque est谩n fundadas en el antagonismo de los intereses, en otras basadas en
la armon铆a de los intereses, en la fraternidad y la justicia.

La indiferencia es nuestra cadena, y somos nosotros nuestros
propios tiranos porque no ponemos nada de nuestra parte para destruirla.
Indiferentes y ap谩ticos vemos desfilar los acontecimientos con la misma
impasibilidad que si se tratara de asuntos de otro planeta, y como cada quien
se interesa 煤nicamente por su propia persona, sin preocuparse de los intereses
generales, de los intereses comunes a todos, nadie siente la necesidad de
unirse para ser fuertes en las luchas por el inter茅s general; en donde resulta
que, no habiendo solidaridad entre los oprimidos, el Gobierno se extralimita en
sus abusos y los amos de toda clase hacen presa de nosotros, nos esclavizan,
nos explotan, nos oprimen y nos humillan.

Cuando reflexionamos que todos los que sufrimos id茅nticos
males tenemos un mismo inter茅s, un inter茅s com煤n a todos los oprimidos, y nos
hagamos, por lo tanto, el prop贸sito de ser solidarios, entonces seremos capaces
de transformar las circunstancias que nos hacen desgraciados por otras que sean
favorables a la libertad y al bienestar.

Dejemos ya de apretarnos las manos y de preguntar
angustiados qu茅 ser谩 bueno hacer para contrarrestar las embestidas de la
tiran铆a de los Gobiernos y de la explotaci贸n de los capitalistas. El remedio
est谩 en nuestra mano: un谩monos todos los que sufrimos el mismo mal, seguros de
que ante nuestra solidaridad se estrellar谩n los abusos de los que fundan su
fuerza en nuestra desuni贸n y en nuestra indiferencia.

Los tiranos no tienen m谩s fuerza que la que les damos
nosotros mismos con nuestra indiferencia. No son los tiranos los culpables de
nuestros infortunios, sino nosotros mismos. Preciso es confesarlo: si el
burgu茅s nos desloma en el trabajo y exige de nosotros hasta la 煤ltima gota de
sudor, 驴a qui茅n se debe ese mal sino a nosotros mismos, que no hemos sabido
oponer a la explotaci贸n burguesa nuestra protesta y nuestra rebeld铆a? 驴C贸mo no
ha de oprimirlos el Gobierno cuando sabe que una orden suya, por injusta que
ella sea y por m谩s que lastime nuestra dignidad de hombres, es acatada por
nosotros con la vista baja, sin murmurar siquiera, sin un gesto que haga
constar nuestro descontento y nuestra c贸lera? 驴Y no somos nosotros mismos, los
desheredados, los oprimidos, los pobres, los que nos prestamos a recibir de las
manos de nuestros opresores el fusil destinado a exterminar a nuestros hermanos
de clase, en los raros momentos en que la mansedumbre y la habitual
indiferencia ceden su puesto a las explosiones del honor y del decoro? 驴No
salen de nuestras filas, de la gran masa proletaria, el polizonte y el mayordomo,
el carcelero y el verdugo?

Somos nosotros, los pobres, los que remachamos nuestras
propias cadenas, los causantes del infortunio propio y de los nuestros. El
anciano que tiende la mano temblorosa en demanda de un mendrugo; el ni帽o que
llora de fr铆o y de hambre; la mujer que ofrece su carne por unas cuantas
monedas, son hechura nuestra, a nosotros deben su infortunio, porque no sabemos
hacer de nuestro pecho un escudo; y nuestras manos, acostumbradas a implorar,
son incapaces de apretarse, como tenazas, en el cuello de nuestros verdugos.禄

-Discurso 铆ntegro, extra铆do del aut茅ntico peri贸dico
anarquista “Regeneraci贸n”, 1917.

Pensamientos Magonistas




Fuente: Pacosalud.blogspot.com