November 15, 2020
De parte de AntiCapitalistas
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Comunicado de Anticapitalistas

Desde Anticapitalistas consideramos que este acuerdo no solo no est├í a la altura de las necesidades reales de una econom├şa europea golpeada por la pandemia, sino que adem├ís sienta las bases para los futuros recortes de derechos y contrarreformas que pagar├ín las clases populares.

Tras una de las cumbres del Consejo Europeo m├ís intensas en la historia reciente de la Uni├│n Europea, el acuerdo alcanzado sobre la bocina en torno al Fondo de Reconstrucci├│n parece contentar a casi todas las partes. Europe├şstas, mediterr├íneos, frugales o Visegrado, todos venden en casa el pacto como un ├ęxito para sus intereses. Adem├ís de sospechoso e incoherente con las posiciones de partida, este triunfalismo ret├│rico oculta que el acuerdo queda, en cuantitativa y cualitativamente, muy lejos de las necesidades reales e incluso de las expectativas iniciales.

Basta recordar que los c├ílculos oficiales m├ís conservadores cifraban en 1,5 billones de euros la cuant├şa m├şnima para empezar a abordar el relanzamiento de una econom├şa europea afectada seriamente por las consecuencias de la pandemia. Los 390.000 millones de transferencias directas y 360.000 millones en pr├ęstamos quedan muy lejos de lo solicitado por los pa├şses del Sur y, sobre todo, de las necesidades de reconstrucci├│n.

Adem├ís, el acuerdo global reduce del presupuesto general partidas sensibles que benefician principalmente a los pa├şses m├ís afectados por la pandemia. Existe un riesgo muy real de que los nuevos fondos terminen sirviendo para tapar los agujeros de los recortes complementarios. Rellenar un fondo de reconstrucci├│n con tijeretazos de otros fondos con vocaci├│n redistributiva no parece muy propio de un acuerdo hist├│rico.

Pero m├ís all├í de la insuficiencia de las cantidades, la naturaleza del acuerdo profundiza en la l├│gica neoliberal que ha ahogado a las clases populares durante la ├║ltima d├ęcada. No hay eurobonos ni emisiones de deuda conjunta reales, con el consiguiente riesgo de acumulaci├│n de intereses y deuda que termine traduci├ęndose en recortes para poder refinanciarla. Y las transferencias, supuesto gran ├ęxito del acuerdo, deben acomodarse al cors├ę del Semestre Europeo, ap├ęndice de un Pacto de Estabilidad y Crecimiento que se mantiene intacto. Por si fuera poco, los controles presupuestarios no solo no se suavizan con respecto a los Memor├índums de hace diez a├▒os, sino que ahora ser├ín los propios Estados Miembro, antes incluso de una posible intervenci├│n de la Troika, quienes se controlar├ín entre s├ş y contar├ín con capacidad de veto parcial si consideran que otro pa├şs est├í usando los fondos para partidas que no le convenzan o no est├ęn desarrollando las reformas estructurales pactadas. Recordemos que para Pa├şses Bajos esas reformas son entre otras cosas la privatizaci├│n del servicio p├║blico de pensiones.

En definitiva, el acuerdo supone para pa├şses como el Estado espa├▒ol un exiguo bal├│n de ox├şgeno cargado de intereses y condiciones camufladas, insuficiente para hacer frente al necesario cambio de modelo productivo hoy m├ís urgente si cabe. Los hombres de negro de ayer se visten hoy de gris oscuro para esperar que los pa├şses del Sur resuelvan un dilema fatal: dejar hundirse su econom├şa asumiendo los insuficientes recursos y exigentes condiciones, o acometer gastos y ver regresar a la Troika, el MEDE y sus Memor├índums de Entendimiento. Recortes para hoy o recortes para ma├▒ana que se traducir├ín en privatizaciones del sistema de pensiones y servicios p├║blicos ya maltrechos y en nuevas reformas laborales a├║n m├ís lesivas para las clases trabajadoras.

De nuevo vemos c├│mo se usa el fantasma de 2010 o las posiciones de los mal llamados pa├şses ÔÇťfrugalesÔÇŁ o del grupo de Visegrado para justificar e incluso alabar un acuerdo ÔÇťhist├│ricoÔÇŁ como soluci├│n ÔÇťmenos malaÔÇŁ. Cierto que la UE de hoy no es la de hace una d├ęcada. Entre otras cosas porque ya no puede permitirse m├ís fracturas internas ni esclerosis institucionales. La sombra del Brexit es larga, pero sobre todo la amenaza de la p├ęrdida creciente de peso como actor global en un tablero mundial cada d├şa m├ís competitivo y agresivo. Por eso las ├ęlites europeas se esfuerzan estos d├şas en esconder tras propaganda y bonitas palabras un acuerdo que no altera los cimientos de las pol├şticas de la UE, pero cuyo relato parece contentar a multitud de actores pol├şticos necesitados de justificar un consenso controvertido. Pero la Europa de hoy tampoco es la de 2010: tras una d├ęcada de planes de austeridad, la deuda p├║blica es mayor, la precariedad y desigualdades est├ín disparadas, mientras que los servicios p├║blicos y la caja de la Seguridad Social est├ín esquilmados. Un acuerdo realmente hist├│rico deber├şa haber empezado deshaciendo el camino de la austeridad e invirtiendo masivamente en sanidad p├║blica y en un cambio de modelo productivo centrado en la defensa del trabajo y del medioambiente.

Hoy es a├║n m├ís urgente en el Estado espa├▒ol y en toda Europa articular una respuesta popular, amplia, internacional y desde abajo contra los recortes y reformas estructurales que vendr├ín. Frente a la UE realmente existente y el falso dilema entre neoliberalismo europe├şsta y nacionalismo reaccionario, toca darle la vuelta a Europa.





Fuente: Anticapitalistas.org