September 2, 2021
De parte de SAS Madrid
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Por 5.500 euros te saca volando de Afganist谩n y por un poco m谩s puedes contratar el paquete premium ‘puerta a puerta’ que incluye mercenarios que te recogen en casa y se aseguran de que llegues vivo al aeropuerto de Kabul. La oferta resultar铆a incre铆ble si no viniera del fundador y expresidente de Blackwater Erik Prince, un aut茅ntico emprendedor de la guerra con d茅cadas de experiencia en sacar tajada de la desesperaci贸n, el caos y la violencia.

No est谩 muy claro si ese servicio expr茅s de evacuaci贸n era real o una de sus habituales fanfarronadas. Tal vez era simplemente su forma de buscar un plan B, ya que la ca铆da de Afganist谩n ha complicado su ambiciosa propuesta para que EEUU “privatizara” la ocupaci贸n del pa铆s y le encargara su gesti贸n por un m贸dico precio. Dice que a Donald Trump le tuvo casi convencido, pero el regreso al poder casi simult谩neo de Joe Biden y de los talibanes no augura nada bueno para esa idea revolucionaria. 

Con esas propuestas estrafalarias, Prince puede parecer un iluminado, pero no hace tanto que sus mercenarios de gatillo f谩cil hac铆an trabajos secretos para la CIA y se paseaban por el Irak ocupado asesinando civiles. En los seis a帽os siguientes a los atentados del 11-S, Blackwater le factur贸 al Gobierno de EEUU casi 850 millones de euros por diferentes servicios, as铆 que no se puede culpar a su fundador por mantener viva la esperanza de que vuelvan las vacas gordas. 

Hace una d茅cada ya que Erik Prince tuvo que abandonar Blackwater acosado por las pol茅micas. La empresa sigue viva, aunque para alejarse de su terror铆fica imagen p煤blica se ha rebautizado con el nombre de Academi, una marca que suena m谩s a escuela de idiomas de barrio que a batall贸n de exmilitares de alquiler. Su fundador tambi茅n se ha reinventado y ahora se dedica a viajar por el mundo asesorando (y estafando) a multitud de dictadores o aspirantes a serlo. Todav铆a hay muchos clientes que buscan “crear un Blackwater”.

Un millonario en las fuerzas especiales

En realidad no se puede decir que Erik Prince se haya hecho millonario con la guerra, ya que es millonario desde el momento en que naci贸. Los Prince eran una de las familias m谩s ricas del estado de Michigan y adem谩s ten铆an una enorme influencia pol铆tica desde hace d茅cadas. Sus padres ya financiaban las luchas de la derecha religiosa mucho antes de que Erik se gastara m谩s de ocho millones de euros en apoyar a candidatos republicanos en 2016 o que otra de sus hijas, Betsy De Vos, entrase a formar parte del Gobierno de Trump. 

Erik Prince pudo incluso haberse dedicado a la pol铆tica profesional. En su juventud fue becario en la Casa Blanca durante el mandato de Bush padre, pero dice que se desencant贸 r谩pidamente al observar que el entonces presidente “invitaba a grupos homosexuales” y llegaba a acuerdos con la oposici贸n que inclu铆an subidas de impuestos. Poco despu茅s tom贸 una decisi贸n que iba a cambiar su vida para siempre: Prince se alist贸 en las fuerzas especiales de la Marina Estadounidense, los SEALS, en 1997.

En sus cuatro a帽os en las fuerzas especiales, EEUU estuvo en paz y Erik Prince jam谩s vivi贸 una situaci贸n real de combate, pero cuando abandon贸 la carrera militar ya ten铆a en la cabeza la idea que le har铆a famoso. Con una peque帽a parte de su herencia compr贸 un terreno en un 谩rea pantanosa para crear un campo de entrenamiento militar a la que, por el color de las aguas en la zona, llam贸 Blackwater. A finales de los a帽os 90 era poco m谩s que un campo de tiro, pero entonces Al Qaeda asesin贸 a 3.000 personas el 11 de septiembre de 2001 y todo cambi贸 para la empresa y su fundador.

Si Bush padre hab铆a decepcionado a Prince, Bush hijo iba a hacerle de oro. El Ej茅rcito de EEUU no era lo suficientemente grande como para ocuparse de la monumental ‘guerra contra el terrorismo’ que estaba empezando, as铆 que el Gobierno hizo lo que hacen casi siempre los gobiernos en una situaci贸n as铆: subcontratar. El problema es que no hab铆a tantas empresas que pudieran ocuparse de la seguridad de una base en Irak o de proteger a los diplom谩ticos estadounidenses en Afganist谩n. Ah铆 es donde Erik Prince supo ver una oportunidad y convirti贸 a Blackwater en algo m谩s que una empresa de seguridad privada.

La clave de su 茅xito fue que, en sus inicios, Blackwater contrataba principalmente a exmilitares estadounidenses. El n煤cleo duro de sus mercenarios eran veteranos de las fuerzas especiales como el propio Prince que ganaban como “contratistas” mucho m谩s dinero que como militares profesionales. Aunque pronto adquirieron una merecida fama de tener gatillo f谩cil, el personal estadounidense en Irak y Afganist谩n se sent铆a m谩s seguro en sus manos que en las de soldados reci茅n llegados o tropas iraqu铆es. Los contratos p煤blicos le llov铆an. 

Adem谩s de las adjudicaciones millonarias del Pent谩gono y del Departamento de Estado, Blackwater no tard贸 en hacer negocios tambi茅n con la CIA. El propio Erik Prince ha explicado que, aparte de dar formaci贸n a los esp铆as de la agencia y de poner en marcha su pol茅mico programa de bombardeos con drones, tambi茅n lo contrataron para crear un equipo secreto que iba a localizar y matar a l铆deres de Al Qaeda. Se gastaron varios millones en esta operaci贸n, pero no lleg贸 a realizarse ninguno de los asesinatos.

Aunque los atentados no se produjeran finalmente, el hecho de que la CIA contara con una empresa privada para montar una operaci贸n secreta de asesinatos extrajudiciales ilustra bien hasta qu茅 punto Blackwater hab铆a penetrado en el aparato militar y de inteligencia estadounidense de aquellos a帽os. Eran tiempos dorados para Erik Prince, pero todo iba a cambiar s煤bitamente en la ma帽ana del 16 de septiembre de 2007.

El desastre que enterr贸 a Blackwater

En un negocio tan complicado como el de Erik Prince, es imposible no tener malas noticias de vez en cuando. En 2004 su empresa perdi贸 a cuatro empleados en una emboscada en Irak y una multitud descuartiz贸 y quem贸 los cad谩veres. Sus familias demandaron a la compa帽铆a, pero el verdadero desastre que cambi贸 para siempre a Blackwater no vino de la muerte de los suyos a manos de la insurgencia, sino de la matanza que sus propios mercenarios llevaron a cabo en una c茅ntrica plaza de Bagdad.

Era una ma帽ana tensa en la capital iraqu铆 porque hab铆a explotado una bomba. Dos grupos de exmilitares de Blackwater escoltaban a unos diplom谩ticos estadounidenses a trav茅s de un atasco en la plaza Nisour cuando, por razones desconocidas, uno de ellos dispar贸 contra el conductor de un coche. Aparentemente el veh铆culo sigui贸 avanzando con el fallecido al volante y eso llev贸 a los estadounidenses a pensar que les estaban atacando. Entonces comenz贸 la matanza de verdad.

Los mercenarios se pusieron a disparar como locos. Ametralladoras, granadas… La gente estaba atrapada en el atasco y no pod铆a huir, mientras algunos empleados de Blackwater trataban a voces de convencer a sus compa帽eros de que pararan. Cuando acab贸 el tiroteo hab铆a 14 civiles iraqu铆es muertos, incluidos dos ni帽os de nueve y 11 a帽os, y casi una veintena de heridos. Ninguno estaba relacionado con la insurgencia y nunca se ha podido demostrar, pese a las explicaciones de Blackwater, que alguien disparara primero contra los estadounidenses.

La matanza provoc贸 una enorme indignaci贸n popular y llev贸 al Gobierno iraqu铆 a anunciar que retiraba la autorizaci贸n a Blackwater para operar en el pa铆s, pero entonces alguien descubri贸 que la compa帽铆a, en realidad, nunca hab铆a tenido esa autorizaci贸n. Cuando la fiscal铆a iraqu铆 se dispuso a procesar a los mercenarios por el crimen, alguien le record贸 que las autoridades ocupantes se hab铆an asegurado de que los mercenarios gozar谩n de inmunidad total ante los tribunales de Irak.

Tras un largu铆simo proceso judicial en EEUU, un empleado de Blackwater fue condenado a cadena perpetua por asesinato y otros tres a penas superiores a 10 a帽os, aunque todos fueron indultados por Donald Trump poco antes de abandonar la Casa Blanca. La empresa, sin embargo, hab铆a empezado a sentir las consecuencias del desastre casi desde el mismo d铆a del tiroteo. En un primer momento, Blackwater intent贸 silenciar la crisis sobornando a varios altos cargos del Gobierno iraqu铆, pero el verdadero problema lo ten铆a en casa.

Para el Gobierno de EEUU, la matanza de la plaza Nisour vino a confirmar todas las sospechas sobre la compa帽铆a y sus t谩cticas, propias de una pel铆cula del oeste. Los 煤ltimos meses del Gobierno de Bush ya fueron de enfriamiento, pero la llegada de Obama a la Casa Blanca supuso una ruptura casi completa con Blackwater. No les renovaron su millonario contrato para proteger a los diplom谩ticos estadounidenses y, adem谩s, el nuevo director de la CIA inform贸 al Congreso del programa secreto de asesinatos selectivos y luego lo cancel贸. 

Blackwater y el propio Erik Prince se hab铆an convertido ya en el s铆mbolo de los excesos de la ‘guerra contra el terrorismo’ y de su alt铆simo precio. El fundador intent贸 dejar atr谩s esa reputaci贸n rebautizando la empresa y desvincul谩ndose de su gesti贸n diaria, pero no fue suficiente. A finales de 2010, tres a帽os despu茅s de la matanza en Bagdad, Prince vendi贸 su parte de la compa帽铆a y se march贸 a Abu Dhabi a emprender nuevos negocios, que hasta hoy se parecen mucho a sus antiguos negocios. 

Al mejor postor

Puede que su pasado haya impedido 煤ltimamente a Erik Prince hacer negocios con el Gobierno estadounidense, pero esa misma reputaci贸n implacable le ha hecho muy atractivo a ojos de otros l铆deres. En la 煤ltima d茅cada le ha montado un peque帽o ej茅rcito personal al pr铆ncipe heredero de Abu Dhabi, ha tratado de acabar con la pirater铆a en Somalia, ha intentado un golpe de Estado en Libia y ha ido vendiendo por medio mundo aviones fumigadores modificados para llevar todo tipo de armamento. Por el camino ha dejado muchos clientes descontentos, pero otros nuevos siguen llegando.

Quedan lejos aquellos a帽os en los que Prince se indignaba cuando llamaban a sus empleados mercenarios y presum铆a de que eran simplemente “estadounidenses trabajando para el Gobierno estadounidense”. Ahora no tiene problema en estar al servicio del Gobierno chino e incluso, en un movimiento ins贸lito para un ultraconservador como 茅l, ha estado explorando oportunidades de negocio con el r茅gimen venezolano de Nicol谩s Maduro. Tampoco tiene escr煤pulos religiosos, ya que la inmensa mayor铆a de los pa铆ses en los que ha trabajado desde que dej贸 Blackwater son de mayor铆a musulmana.

Erik Prince no pierde la esperanza de volver a hacer negocios con su Gobierno, el estadounidense, pero ahora mismo no est谩 f谩cil. En los 煤ltimos a帽os le han investigado por presuntas violaciones de las reglas de exportaci贸n de armas, el Congreso le ha acusado de mentir en una comisi贸n de investigaci贸n y el fiscal especial que estudi贸 las relaciones entre la campa帽a Trump y Rusia dice que sirvi贸 de enlace con Putin. Cuando el expresidente a煤n estaba en el poder, Prince le contaba a sus clientes que iba a ser ministro de Defensa, pero ahora, con Biden, ni eso. De cualquier manera, no es la primera batalla de la que Prince sale ileso. De hecho, en 20 a帽os no ha hecho otra cosa que caer de pie.

Enlace relacionado ElDiario.es (01/09/2021).




Fuente: Sasmadrid.org