November 9, 2020
De parte de Valladolor
142 puntos de vista


 

Hay
veces
en
las
que
te
paras
a
mirar
este
sistema
y
te
llega
una
sensaci贸n
extra帽a.
La
sensaci贸n
se
parece
a
la
que
tienes
en
un
sue帽o,
cuando
la
sucesi贸n
de
las
cosas
se
produce
con
un
absurdo
que
resulta
a
la
vez
desconcertante
y
natural.
En
un
momento
de
lucidez
te
dices
que
no
tiene
sentido
que
las
cosas
ocurran
as铆
y
titubeas,
pero
los
acontecimientos
se
suceden
a
toda
velocidad
y
s贸lo
puedes
adaptarte,
decirte
que
debe
de
ser
as铆,
que
si
el
resto
act煤a
con
normalidad
es
que
sin
duda
debe
de
ser
normal
y
que
ya
se
te
pasar谩
ese
desconcierto
que
te
llega
al
est贸mago.

No
es
por
azar
si
durante
la
oleada
revolucionaria
que
se
abre
en
1917
aparece
el
mecanismo
del

extra帽amiento

en
las
vanguardias
art铆sticas.
Tampoco
lo
es
el
que
muchos
de
los
que
lo
pondr谩n
en
marcha,
como
Maiakovski,
Einsenstein
o
Brecht,
vinculen
su
actividad
directamente
a
las
esperanzas
de
la
revoluci贸n
mundial.
Este
mecanismo,
que
consiste
en
romper
la
inercia
en
que
el
receptor
asume
la
informaci贸n
que
le
va
llegando,
en
dislocarle
y
generar
en
茅l
una
sensaci贸n
de
extra帽eza
frente
a
lo
que
observa,
se
utiliz贸
en
un
intento
de
sacarle
de
la
pasividad
y
cambiar
su
mirada:
prepararla,
podr铆a
decirse,
para
ver
el
nuevo
mundo
que
estaba
naciendo.

Algo
semejante
ocurre
en
los
momentos
de
crisis.
La
absurda
normalidad
del
capital
se
resquebraja
y
por
momentos
nos
golpea
la
idea
de
que
hay
algo
que
no
est谩
bien.
Que
no
est谩
bien
de
ra铆z,
en
lo
profundo
de
su
l贸gica.
La
crisis
que
ha
detonado
la
pandemia
es
un
claro
ejemplo,
porque
enfrenta
de
manera
radical
nuestra
integridad
f铆sica
con
los
intereses
de
la
econom铆a:
una
econom铆a
que,
al
desmoronarse,
se
vuelve
cada
vez
m谩s
brutal
y
perversa.

Cuando
era
ya
evidente
que
el
COVID
hab铆a
aterrizado
en
Europa,
y
cuando
las
noticias
que
llegaban
de
China
dejaban
pocas
dudas
del
desarrollo
exponencial
de
los
contagios
y
su
potencia
catastr贸fica,
la
burgues铆a
industrial
del
norte
de
Italia
lanz贸
una
campa帽a
contra
el
confinamiento
con
la
consigna
#YesWeWork.
Unas
semanas
m谩s
tarde,
un
v铆deo
mostraba
el
desfile
interminable
de
camiones
militares
sacando
cad谩veres
de
B茅rgamo.
Ya
no
cab铆an
m谩s
en
el
cementerio
de
la
ciudad.

#YesWeWork
es
una
buena
consigna
para
describir
el
absurdo
antihumano
del
capital.
No
se
trata
de
un
mero
gesto
de
cinismo,
aunque
lo
sea.
No
expresa
solo
el
profundo
desprecio
que
la
burgues铆a
tiene
por
las
vidas
de
quienes
explota.
Eso
ya
lo
sab铆amos.
Es
una
consigna
apropiada
porque
al
recuperar
el

Yes
We
Can

de
Obama
da
voz
al
delirio
de
una
clase
dominante
desorientada,
consciente
de
que
las
costuras
del
capitalismo
est谩n
saltando
y,
sin
embargo,
incapaz
de
dar
otra
respuesta
que
la
huida
hacia
adelante,
caiga
quien
caiga.
#YesWeWork
es
su
particular
ejercicio
de

coaching
:
si
el
capitalismo
se
est谩
desmoronando,
hay
que
poner
buena
cara
y
esforzarse
m谩s.
Todo
es
una
cuesti贸n
de
actitud.

Pero
la
actitud
de
la
burgues铆a,
por
fuerza,
est谩
orientada
en
el
sentido
del
propio
capital.
Y
el
capital
tiene
un
sentido
de
v铆a
煤nica,
consistente
en
superar
sus
crisis
agravando
las
condiciones
que
har谩n
estallar
las
siguientes.
Lo
que
muestra
de
fondo
la
situaci贸n
sanitaria,
econ贸mica
y
social
que
estamos
atravesando
es
que
el
capital
se
encuentra
en
un
callej贸n
sin
salida,
encerrado
en
un
modo
de
funcionamiento
que
est谩
agonizando
y
que
sin
embargo
no
puede
abandonar.

Porque
en
煤ltima
instancia
lo
que
se
est谩
desmoronando
es
la
propia
mercanc铆a.
El
hecho
de
que
las
relaciones
sociales
se
organicen
en
torno
al
dinero,
midiendo
la
cantidad
de
trabajo
que
cada
productor
ha
gastado
para
poder
exigir
un
equivalente,
esa
l贸gica
misma,
la
l贸gica
del
valor
y
del
capital,
se
est谩
rompiendo
por
dentro.
La
producci贸n
de
bienes
materiales,
la
acumulaci贸n
concentrada
de
conocimiento
humano,
la
potencia
productiva
de
nuestra
sociedad
es
tal
hoy
en
d铆a
que
sencillamente
esta
forma
de
organizar
el
trabajo
social
pierde
su
sentido.

Expresi贸n
de
ello
son
el
desempleo
estructural,

que
no
deja
de
crecer
,
y
la
ingente
cantidad
de
dinero
sin
valor,
de
capital
ficticio,
de
endeudamiento
generalizado
de
la
sociedad.
En
Europa,
se
calcula
que
para
2030
se
habr谩n
perdido
m谩s
del

20%
de
empleos

por
la
automatizaci贸n,
algo
que
la
crisis
que
ha
detonado
la
pandemia
s贸lo
est谩
acelerando.
Muchos
de
los
puestos
de
trabajo
que
se
est谩n
perdiendo
en
esta
crisis
econ贸mica
no
van
a
regresar.
Ante
este
hecho,
la
Uni贸n
Europea
obliga
a
que
sus
ayudas
sean
destinadas
a
la
digitalizaci贸n,
y
lo
hace
con
todo
el
sentido.
Inserta
en
el
coraz贸n
de
la
din谩mica
capitalista,
la
automatizaci贸n
de
la
producci贸n
es
incuestionable.
La
煤nica
forma
de
no
dejarse
arrollar
por
ella
es
correr
en
su
misma
direcci贸n.

Pero
esa
direcci贸n
es
catastr贸fica.
Si
no
hay
trabajo
que
explotar,
tampoco
hay
ganancias.
Solo
el
cr茅dito
permite
un

poco
de
aire
,
y
es
precisamente
lo
que
lleva
dando
ox铆geno
al
capitalismo
desde
los
a帽os
70.
La
propia
burgues铆a
reacciona
confusamente
ante
ello.
As铆,
en
1976
al
primer
ministro
franc茅s
se
le
pon铆an
los
pelos
de
punta
al
ver
c贸mo
la
deuda
p煤blica
ascend铆a
al
16%
respecto
al
PIB.
Uno
de
sus
sucesores,
Fran莽ois
Fillon,
afirmaba
en
1998
que
Francia
estaba
en
situaci贸n
de
quiebra
con
un
68%.
Cuando
en
abril
de
2020
茅sta
apuntaba
con
llegar
al
120%,
un
diputado
de
su
mismo
partido
declaraba
que
la
煤nica
soluci贸n
a
la
quiebra
es
que
Francia
se
endeude.
Y
no
s贸lo
Francia.
Para
enfrentar
la
profunda
crisis
que
est谩
estallando,
la
Fed,
el
Banco
de
Inglaterra
y
el
BCE
han
dado
v铆a
libre
al
endeudamiento
estatal
y
privado.
El
mensaje
es
claro:
la
煤nica
receta
econ贸mica
de
este
sistema
enfermo,
tanto
de
la
izquierda
como
de
la
derecha,
es
tirar
la
pelota
hacia
adelante.

Esto
necesariamente
conlleva
una
p茅rdida
de
valor
del
dinero.
Pero
la
crisis
econ贸mica
es
tan
profunda
que

la
Fed
ha
abandonado
toda
pol铆tica
de
control
de
la
inflaci贸n

y
mantendr谩
el
flujo
imparable
del
dinero
鈥攁unque
qu茅
dinero
ya,
sino
un
creativo
ejercicio
de
contabilidad鈥
para
evitar
los
riesgos
de
deflaci贸n.

Pero
que
el
dinero
y
el
trabajo
asalariado
dejen
de
tener
sentido
no
implica
ni
que
esta
sociedad
colapse
por
s铆
misma,
ni
que
transitemos
gradualmente
a
otro
tipo
de
sistema.
Bien
al
contrario,
la
huida
hacia
adelante
del
capital
se
parece
a
la
de
aquellos
altos
mandos
de
la
marina
alemana
que,
en
1918,
convencidos
de
la
derrota
y
deseosos
de
salvar
su
honor,
mandaron
a
los
marineros
de
Kiel
a
un
ataque
suicida
contra
la
flota
inglesa.

Yes,
we
work
.
En
medio
de
una
pandemia
que
ha
alcanzado
largamente
el
mill贸n
de
muertos
鈥攕eg煤n
cifras
oficiales鈥,
la
m谩quina
del
trabajo
sigue
funcionando.
Y
es
una
m谩quina
de
matar.

En
Espa帽a,
el
desconfinamiento
se
hizo
con
una
campa帽a
publicitaria
orquestada
en
todos
los
medios
de
comunicaci贸n
del
pa铆s
con
un
solo
objetivo:
hemos
ganado,
todo
va
bien,
abran
las
terrazas,
consuman
y
sobre
todo
sirvan
las
copas,
que
llegan
los
alemanes.
Apenas
un
mes
y
medio
despu茅s
del
final
del
confinamiento
la
curva
de
contagios
volv铆a
a
ascender
a
toda
velocidad.
Para
salvar
el
turismo,
se
rechaza
cualquier
medida
de
prevenci贸n
real
y
en
su
lugar
se
dan
algunas
medidas
de
maquillaje:
mascarilla
obligatoria,
prohibido
fumar
en
la
calle,
m谩ximo
de
reuni贸n
a
grupos
de
diez.
A
partir
de
septiembre,
como
en
tantos
otros
sitios
del
hemisferio
norte,
la
vuelta
a
clase
se
hace
presencial
y
en
mitad
del
caos.
Los
propios
pol铆ticos,
de
izquierdas
y
derechas,
lo
explican:
todos
los
alumnos
se
van
a
contagiar,
los
profesores
por
tanto
tambi茅n
y
鈥攙a
de
suyo鈥
algunos
morir谩n.
Pero
sin
aparcar
a
los
ni帽os
en
la
escuela,
los
padres
y
las
madres
no
pueden
seguir
haciendo
funcionar
la
m谩quina
del
trabajo
asalariado.
Despu茅s
del
personal
sanitario
y
los
trabajadores
esenciales
鈥攑ara
el
capital鈥
con
el
primer
confinamiento,

los
profesores
son
la
siguiente
hornada
en
la
venta
de
carne
de
ca帽贸n
.

Esto
no
va
a
parar.
En
primer
lugar,
porque
la
aparici贸n
del
coronavirus
era
la
cr贸nica
de
una
matanza
anunciada.

Producto
caracter铆stico

de
la
relaci贸n
del
capital
con
la
naturaleza,
las
condiciones
que
han
hecho
emerger
esta
pandemia
s贸lo
pueden
empeorar:
cuanto
m谩s
fuerte
es
la
crisis
del
valor,
m谩s
salvaje
es
su
consumo
de
energ铆a
y
recursos
naturales,
menos
miramientos
puede
tener
la
producci贸n
con
la
destrucci贸n
de
los
h谩bitats
naturales,
m谩s
miseria
social
se
genera,
m谩s
se
debilita
el
sistema
inmune
de
nuestra
especie,
m谩s
crecen
las
megal贸polis,
m谩s
forzados
se
ven
los
Estados
a
reducir
el
gasto
sanitario
para
dedicarlo
a
la
deuda
y
la
represi贸n.
Como
un
c谩ncer
en
su
fase
terminal,
el
capital
se
descontrola
y
alcanza
todos
los
贸rganos
de
un
cuerpo
social
enfermo.

En
este
contexto,
no
hay
que
sorprenderse
porque
el
Estado
burgu茅s
se
comporte
como
un
Estado
burgu茅s.
Reprime:
naturalmente.
Su
funci贸n
es
garantizar
que
el
flujo
de
mercanc铆as
y
trabajadores
contin煤e
con
la
mayor
normalidad
posible.
Si
eso
supone
200
muertos
diarios
en
cada
pa铆s
鈥攅l
equivalente
a
un
avi贸n
lleno
de
pasajeros
que
se
estrella
todos
los
d铆as鈥,
es
un
precio
que
est谩
m谩s
que
dispuesto
a
pagar.
Si
eso
supone
penalizar
el
espacio
privado
en
que
se
tejen
lazos
de
solidaridad
y
apoyo
mutuo,
lo
har谩.
Si
aumenta
las
multas,
los
juicios,
si
tiene
que
mandar
a
la
polic铆a
para
aplastar
las
protestas
contra
el
hambre,
no
tiene
m谩s
que
firmar.
Para
eso
los
capitalistas
le
rinden
su
tributo.
La
izquierda
y
la
derecha,
sus
bailes
parlamentarios,
sus
chivos
expiatorios,
sus
malabarismos
para
que
el
colapso
sanitario
no
se
convierta
en
un
colapso
funerario
con
cad谩veres
ardiendo
en
las
calles,
todo
eso
no
es
m谩s
que
el
tel贸n
de
fondo
de
una
obra
de
teatro
macabra.

No
entraremos
en
una
nueva
normalidad.
Seguir谩
siendo
la
misma
normalidad
del
capital,
cada
vez
m谩s
catastr贸fica
y
salvaje.
Pero
al
igual
que
la
propia
crisis,
los
movimientos
de
lucha
ven铆an
de
antes
y
la
pandemia
s贸lo
puede
funcionar
como
catalizador.
A
finales
de
2018
se
inicia
con
los
chalecos
amarillos
en
Francia
una
oleada
de
luchas
a
nivel
internacional
que
se
extender谩
a
lo
largo
del
siguiente
a帽o.
Se
suceden
las
revueltas
de
Sud谩n
y
Hait铆.
Poco
despu茅s
llega
Hong
Kong,
que
paraliza
el
pa铆s
durante
semanas
y
pone
en
riesgo
la
gobernabilidad
de
ese
basti贸n
de
los
juegos
del
hambre
donde
se
disputan
de
las
distintas
potencias
imperialistas.
El
oto帽o
de
2019
concentrar谩
potentes
enfrentamientos
en
L铆bano,
Irak,
Ecuador.
En
L铆bano
e
Irak
las
protestas
hacen
caer
al
primer
ministro,
en
Ecuador
obligan
a
cambiar
la
sede
del
gobierno.
Si
a
principios
de
octubre
Sebasti谩n
Pi帽era
presum铆a
ante
los
medios
de
la
estabilidad
de
Chile
en
una
Latinoam茅rica
convulsionada
por
los
enfrentamientos
de
clase,
apenas
unas
semanas
despu茅s,
con
las
calles
del
pa铆s
ardiendo,
cambiar谩
el
tono:
芦estamos
en
guerra
contra
un
enemigo
poderoso,
implacable禄,
que
su
propia
esposa
describir谩
como
una
芦invasi贸n
alien铆gena禄
que
les
sobrepasa.

A煤n
cuando
un
tercio
de
la
poblaci贸n
mundial
se
encuentra
confinada,
en
mayo
de
2020
estalla
la
ira
en
Estados
Unidos
por
el
asesinato
de
George
Floyd.
Unos
d铆as
despu茅s
la
revuelta
se
ha
extendido
por
todo
el
pa铆s,
y
no
hay
confinamiento
ni
estado
de
alarma
que
consiga
pararla.
Los
manifestantes
llegan
hasta
la
Casa
Blanca
y
Trump
corre
a
refugiarse
en
el
b煤nker,
como
apenas
un
a帽o
antes
lo
hac铆a
Macron
en
el
punto
m谩s
谩lgido
del
movimiento
de
los
chalecos
amarillos.
En
agosto
regresa
el
L铆bano
y
poco
despu茅s
Bielorrusia,
donde
una
oleada
de
huelgas
fabriles
se
suma
a
las
mayores
movilizaciones
desde
la
ca铆da
de
la
URSS.
En
los
momentos
en
que
esto
se
escribe,
Nigeria
est谩
ardiendo.

Nos
ha
tocado
vivir
los
estertores
de
un
mundo
absurdo.
Presa
de
su
propia
agon铆a,
el
capital
nos
pide
que
sacrifiquemos
nuestras
vidas
y
la
de
nuestros
seres
queridos
por
seguir
alimentando
una
m谩quina
que
ni
siquiera
se
sostiene.
Desempleo,
deuda,
incendios,
pandemias,
depresi贸n:
ese
es
el
horizonte
de
una
vida
sin
sentido,
de
un
sistema
social
sin
sentido
por
el
que
nos
piden
dejar
hasta
la
煤ltima
gota
de
sangre.
Moral
de
victoria,
lo
llaman,
y
ni
la
propia
burgues铆a
consigue
convencerse.

En
todo
sue帽o,
hay
una
pugna
entre
la
normalidad
y
el
desconcierto.
Llegado
un
punto,
la
herida
se
abre
y
s贸lo
nos
queda
una
alternativa:
mantenernos
en
茅l
o
despertar.
Toda
crisis
es
un
comienzo.
As铆,
cuando
los
altos
mandos
alemanes
quisieron
enviar
a
los
marinos
de
Kiel
a
una
muerte
segura,
acabaron
provocando
una
revoluci贸n.
En
aquel
momento
la
l贸gica
de
este
mundo
se
hab铆a
quebrado.

 


Grupo
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Fuente: Valladolorentodaspartes.blogspot.com