February 16, 2022
De parte de La Haine
342 puntos de vista

Mecanismos solapados y no declarados de la guerra econ贸mica, las 鈥渞evoluciones de colores鈥, el ‘lawfare’, el neoliberalismo de guerra, la paraestatalidad

Adelanto del libro “El nuevo Plan C贸ndor: geopol铆tica e imperialismo en Am茅rica Latina y el Caribe” (Editorial Batalla de Ideas / Instituto Tricontinental de Investigaci贸n Social, 2022).

Quiz谩s pocos recuerden que la tercera d茅cada del siglo XXI comenz贸 violentamente un 3 de enero del 2020: con un ataque a茅reo al Aeropuerto Internacional de Bagdad, Irak. El operativo de precisi贸n fue llevado a cabo a trav茅s de los drones inteligentes Predator B.

Tripulados virtualmente desde cientos de kil贸metros de distancia por operadores estadounidenses, lanzaron dos proyectiles aire-tierra Hellfire R9X a un convoy de las milicias iraqu铆es respaldadas por el gobierno de Ir谩n. En el ataque result贸 asesinado el comandante de la Fuerza Quds, Qasem Soleimani, el militar de m谩s prestigio en Ir谩n y uno de los principales art铆fices de la pol铆tica de paz en el Oriente Medio.

Como quien quiere dar a entender exactamente lo contrario de lo que afirma, el por entonces presidente de EEUU, Donald Trump, asegur贸 que su gobierno no buscaba un 鈥渃ambio de r茅gimen鈥 ni tampoco dar comienzo a una guerra. Como fuera, era evidente que 鈥渃ambio de r茅gimen鈥 y 鈥済uerra鈥 aparec铆an como dos elementos de importancia para interpretar aquella coyuntura; y tambi茅n para los tiempos por venir. El asunto, irreductible, era que con tan solo apretar un bot贸n no solo mor铆a un general, sino tambi茅n las breves esperanzas de paz de una d茅cada que comenzaba as铆, guerrerista y violenta.

Por entonces, una r谩pida escalada de declaraciones y movimientos militares parec铆an poner al planeta al borde de una conflagraci贸n mundial. En boca de todos, civiles y militares, especialistas y legos, occidentales y no occidentales, sonaba una palabra que parec铆a ser la clave de b贸veda para la comprensi贸n de tan complejos acontecimientos: la geopol铆tica. En lo que va de este siglo y, m谩s todav铆a, tras el reto global presentado a la humanidad por la emergencia de la pandemia de COVID-19, la geopol铆tica parece ya parte de nuestro vocabulario cotidiano.

De la geopol铆tica de las vacunas, a la geopol铆tica del petr贸leo, de la geopol铆tica imperialista a la geopol铆tica de la integraci贸n, de la geopol铆tica del clima a la geopol铆tica militar; parece en vano intentar comprender algo sin ella. Las tentativas liberacionistas de los pueblos no pueden prescindir de la dimensi贸n geopol铆tica como una herramienta epistemol贸gica, ni tampoco como una mediaci贸n estrat茅gica fundamental. Es notorio que el poder se concentra en el espacio de forma desigual. El espacio ser谩, por lo tanto, un terreno privilegiado de la acci贸n pol铆tica ya sea imperial o antiimperial, colonial o liberadora.

A esta nueva situaci贸n global, determinada por la emergencia de COVID-19, se suman otros 鈥渟ignos de los tiempos鈥 entre ellos, los indicadores cada vez m谩s evidentes de una nueva transici贸n hegem贸nica global; el desplazamiento del eje geopol铆tico del mundo hacia Oriente; el conflicto entre unipolarismo y pluricentrismo; la crisis de las principales instituciones del autodenominado 鈥渕undo occidental鈥; la militarizaci贸n y paramilitarizaci贸n incesante de la vida; la consolidaci贸n de 鈥渘uevas derechas鈥 y la fascistizaci贸n en proceso de diversos sectores sociales; la nueva revoluci贸n tecnol贸gica y la irrupci贸n de corporaciones de nuevo tipo; la desenfrenada disputa por los bienes de la naturaleza, de cara a que la rueda de la hiperproducci贸n y el consumo contin煤e girando; el agravamiento del cambio clim谩tico y de todos los indicadores de la crisis ecol贸gica; la erosi贸n del neoliberalismo como sistema econ贸mico 鈥攅 ideol贸gico鈥 hegem贸nico; la eventualidad de una crisis econ贸mica de magnitud hist贸rica; el declive de los EEUU y el simult谩neo recrudecimiento de su accionar imperialista en Am茅rica Latina y el Caribe. Fen贸menos que nos urgen a una reflexi贸n estrat茅gica y situada sobre la actualidad geopol铆tica de la regi贸n en el marco de un mundo convulso e incierto.

Nuevas doctrinas y estrategias de intervenci贸n

Una conocida an茅cdota ilustra algunas de nuestras vicisitudes continentales. En enero de 1897, el artista Frederic Remington fue enviado a Cuba por el ‘New York Journal’, propiedad de William Randolph Hearst. Remington estaba all铆 para cubrir la eventual guerra que habr铆a de desarrollarse, pero nada acontec铆a. El dibujante dirigi贸 entonces un cable a su jefe, en el que le expres贸:

鈥擳odo est谩 tranquilo. No hay problemas. No habr谩 guerra. Deseo volver.

A lo que Hearst respondi贸:

鈥擯or favor, mant茅ngase all铆. Usted proporcione las im谩genes y yo proporcionar茅 la guerra.

Poco m谩s de un a帽o despu茅s, el 15 de febrero de 1898, se produjo la explosi贸n del vapor norteamericano Maine, anclado en la bah铆a de La Habana. En torno a este episodio, posiblemente una operaci贸n de bandera falsa, los medios de comunicaci贸n 鈥攏o solo el de Hearst, sino tambi茅n el ‘New York World’ de Joseph Pulitzer, convertido hoy casualmente en un prestigioso galard贸n鈥 difundieron la sem谩ntica de la guerra y ayudaron a convencer a la opini贸n p煤blica de la justicia de la causa norteamericana. Esto dio cobertura ideol贸gica y est铆mulo pol铆tico a una acci贸n militar largamente planificada.

Luego de triunfar en la guerra Hispano-Cubano-Norteamericana, EEUU tom贸 posesi贸n de las antiguas colonias espa帽olas de Filipinas, Cuba y Puerto Rico. As铆 comenz贸 a consolidar su control territorial en el Caribe, esa 鈥渇rontera imperial鈥 estrat茅gica (Bosch, 1985). Ya en el siglo XX, el dominio de este espacio fue ampliado con la secesi贸n de Panam谩, una prolongada ocupaci贸n de Hait铆 y Rep煤blica Dominicana y la compra a Dinamarca de las denominadas Islas V铆rgenes Estadounidenses. Hoy este es el centro de operaciones del Comando Sur, desde donde irradia su influencia a todo el continente.

Nada es completamente nuevo bajo el sol. Existe una continuidad patente respecto de aquella articulaci贸n de dispositivos pol铆ticos, militares y comunicacionales puestos al servicio de la intervenci贸n y nuestro propio presente geopol铆tico, aunque las formas y los pretextos de la guerra se hayan desplazado hacia competencias que en otro tiempo ten铆an una relaci贸n m谩s distante con las operaciones estrictamente militares.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde los tiempos del Maine y desde los golpes de Estado 鈥渃l谩sicos鈥 que supimos conocer y sufrir en nuestro continente a lo largo de los siglos XIX y XX. Aquellos asociados a煤n, en la imaginer铆a popular, a los desembarcos de marines, los escuadrones de paracaidistas, los tanques en las plazas, los bombardeos de edificios p煤blicos y las proclamas en palcos militares.

A lo largo de su historia como rep煤blica imperial, EEUU, ha desarrollado doctrinas y corolarios imperialistas que han expresado una serie de justificaciones econ贸micas, geopol铆ticas, filos贸ficas y hasta religiosas para su expansionismo. La Doctrina Monroe-Adams y el llamado Destino Manifiesto son apenas dos de las m谩s conocidas, pero no las 煤nicas. Estas doctrinas y corolarios han encontrado tambi茅n su correlato estrat茅gico en diferentes paradigmas de lo que EEUU llama su 鈥渟eguridad nacional鈥, pero que nosotros preferimos denominar como 鈥渄octrinas de intervenci贸n鈥 o de 鈥渃ontrainsurgencia鈥, dado que, con las heroicas excepciones de la 鈥渋nvasi贸n鈥 de Pancho Villa a los ex estados mexicanos apropiados por los yankis en 1916, o del asalto al Congreso de EEUU protagonizado por Lolita Lebr贸n y otros independentistas boricuas en 1954, la 鈥渟eguridad nacional鈥 norteamericana nunca ha sido amenazada por las naciones ubicadas al sur del R铆o Bravo.

Por el contrario, un sin fin de excusas han sido esgrimidas para intervenirnos. Desde hace dos siglos, EEUU ha desplegado una consistente pol铆tica de control hemisf茅rico, desde Alaska a la Patagonia, e incluso con proyecci贸n hacia la Ant谩rtida.

Si bien hay estrategias geopol铆ticas de largo aliento, durante las 煤ltimas d茅cadas se han producido cambios trascendentales en las formas y en los m茅todos de intervenci贸n.

驴Un nuevo Plan C贸ndor?

En el 煤ltimo tercio del siglo XX, EEUU, articul贸, dirigi贸, respald贸, legitim贸, una serie de dictaduras militares en todo el continente, configurando as铆 una orientaci贸n 鈥渃l谩sica鈥 de la Guerra Fr铆a. La articulaci贸n de los gobiernos derechistas en Am茅rica del Sur para detener, torturar y asesinar personas el 鈥淧lan C贸ndor鈥 fue respaldada por la CIA y el Pent谩gono, que asesoraron a los dictadores. Se trat贸 de una operaci贸n que alcanz贸 la coordinaci贸n incluso con dictaduras de Am茅rica Central, como analiz贸 en detalle S. Calloni (2016).

Hoy, ante un nuevo estado de situaci贸n, aquella orientaci贸n se reedita, utilizando a煤n m谩s instrumentos de intervenci贸n, pero de manera m谩s opaca y fragmentaria. A la fecha apenas si tenemos algunos indicios y lecturas parciales de lo que sin dudas son l铆neas maestras de la pol铆tica imperial para la regi贸n. Es a esta pol铆tica a la que diversos l铆deres del continente han denominado como el 鈥渘uevo Plan C贸ndor鈥.

Uno de los primeros en referirse a este concepto fue el expresidente de Ecuador, Rafael Correa. En septiembre de 2016, en la XVII Cumbre del Movimiento de Pa铆ses No Alineados (MNOAL), Correa se帽al贸 que la regi贸n estaba haciendo frente a una contraofensiva imperial que buscaba mellar los m谩rgenes de soberan铆a recuperados durante los primeros a帽os del siglo XXI, cuando emergieron, producto de las luchas populares contra el neoliberalismo, gobiernos que impulsaron pol铆ticas populares y de integraci贸n.

Para septiembre de 2016 ya se hab铆an desarrollado diferentes golpes 鈥渂landos鈥, entre los que se destacan el impeachment contra Dilma Rousseff, un proceso de destituci贸n de nuevo tipo, a trav茅s del Parlamento. Algo similar hab铆a ocurrido en 2012 en Paraguay con el expresidente Fernando Lugo. Incluso un antecedente m谩s remoto, el del derrocamiento del primer gobierno popular del presente siglo, el del haitiano Jean-Bertrand Aristide, se hab铆a perpetrado en 2004 con un cobertura dizque 鈥渉umanitaria鈥. Otras intervenciones, como la de 2009 en Honduras, que derroc贸 a Manuel Zelaya, y la de 2019 en Bolivia, que desplaz贸 a Evo Morales, tendr铆an tintes m谩s cl谩sicos, aunque con 鈥渋nnovaciones鈥 propias de la 茅poca.

En julio de 2021, el propio Evo Morales retom贸 la idea: 鈥淩eafirmamos que se halla en marcha el Plan C贸ndor 2 y debemos acordar medidas para que los gobiernos de la derecha de Latinoam茅rica no sigan participando en los golpes de Estado bajo la direcci贸n de EEUU, provocando luto y dolor a nuestros pueblos鈥, public贸 en su cuenta de twitter. A continuaci贸n, difundi贸 un documento que demostraba la participaci贸n del gobierno de Mauricio Macri en el apoyo de la dictadura boliviana encabezada por Jeanine 脕帽ez.

El mismo concepto hab铆a sido abordado por el hondure帽o Manuel Zelaya, para referirse a la utilizaci贸n de las llamadas 鈥渙rganizaciones no gubernamentales鈥 (ONG) en la guerra de baja intensidad de esta 茅poca, en particular contra Nicaragua. Pocas semanas despu茅s, el medio estadounidense ‘The Grayzone’ develar铆a en detalle el esquema de financiamiento gubernamental de EEUU a estas organizaciones.

El paradigma anterior de intervenci贸n dominante, conocido como guerra de 鈥済uerra asim茅trica鈥, implicaba la confrontaci贸n entre fuerzas convencionales (ej茅rcitos regulares nacionales o fuerzas regulares de ocupaci贸n) contra fuerzas insurgentes (formaciones guerrillas, organizaciones pol铆tico-militares de todo tipo, etc茅tera). De ah铆 la doctrina del 鈥渆nemigo interno鈥 com煤n a las pol铆ticas de terrorismo de Estado articuladas en lo que se conoci贸 como el Plan C贸ndor, cuando el Pent谩gono, asesor贸 y articul贸 a su servicio a las dictaduras militares de Am茅rica del Sur, en las d茅cadas de 1970 y 1980, e incluso la idea del 鈥渆nemigo difuso鈥 tan utilizada para justificar las guerras en Medio Oriente a partir de la d茅cada de 1990.

Como toda variaci贸n dentro de una misma l铆nea estrat茅gica, mantiene continuidades. El asedio econ贸mico a Venezuela, por ejemplo, es continuidad del bloqueo a Cuba, que tambi茅n se ha actualizado.

Al d铆a de hoy, el imperialismo norteamericano ha refinado y complejizado hasta el infinito sus m茅todos de control, intervenci贸n y 鈥渃ambio de r茅gimen鈥, pero muchas veces nuestra capacidad reflexiva se orienta todav铆a a analizar estrategias en desuso o paradigmas ya caducos. Incluso han cambiado, dr谩sticamente, los actores de la confrontaci贸n. As铆 qued贸 demostrado ante la imposibilidad de conceptualizar y actuar de forma adecuada frente a las nuevas doctrinas de intervenci贸n desplegadas sin soluci贸n de continuidad en pa铆ses como Venezuela, Bolivia, Colombia, Brasil, Argentina o Hait铆.

Todos podemos reconocer con facilidad un golpe de Estado en su modalidad cl谩sica: pero m谩s opacos nos resultan a煤n los mecanismos solapados y no declarados de la guerra econ贸mica, las 鈥渞evoluciones de colores鈥, el lawfare, el neoliberalismo de guerra, la paraestatalidad, la narcopol铆tica, el oenegeismo colonial, el intervencionismo humanitario, la violencia sexual trasnacional, el terrorismo medi谩tico o la instrumentalizaci贸n pol铆tica del ultraconservadurismo religioso.

Se trata sin duda de tiempos dif铆ciles, distantes ya de los momentos m谩s c谩lidos de la primavera latinoamericana y caribe帽a. Pero la ofensiva imperialista no solo maximiza sus esfuerzos injerencistas y su despliegue belicista, sino tambi茅n su a煤n formidable capacidad de disputa intelectual, cultural y moral. Por eso no ha de sorprendernos la proliferaci贸n y circulaci贸n de las teor铆as coloniales m谩s diversas, elaboradas en las usinas del enemigo y difundidas aqu铆 como formas deliberadas de desmovilizaci贸n y confusi贸n organizada en lo que parece ser una suerte de 鈥渘ueva Guerra Fr铆a cultural鈥, parafraseando el t铆tulo del conocido estudio de Frances Stonor Saunders.

El hecho de fondo es que EEUU ha respondido al reto del socialismo del Siglo XXI y a la emergencia de formidables movimientos obreros, campesinos, ind铆genas, negros, feministas y de la econom铆a popular, en ascenso en todo el continente desde fines de la d茅cada de 1980, con un renovado Imperialismo para el Siglo XXI, en el que todav铆a algunos ide贸logos sue帽an con que sea 鈥渆l nuevo siglo norteamericano鈥.

En esta contraofensiva imperial lo que se observa es una multiplicaci贸n y sofisticaci贸n de las t谩cticas y las modalidades de intervenci贸n. En las 煤ltimas d茅cadas se ha generalizado el enmascaramiento de la guerra a trav茅s de actividades que tradicionalmente, en la doctrina liberal, figuraban en el campo de lo civil. Entre ellas podemos mencionar la comunicaci贸n, la cultura, la justicia, la religi贸n, la ayuda humanitaria, etc茅tera.

En la mayor铆a de los casos, el acontecer de estos mecanismos ser谩 paralelo al de la implantaci贸n del propio neoliberalismo en el continente, o coincidir谩 con procesos regionales no siempre sincronizados en cada uno de nuestros pa铆ses (la desmovilizaci贸n de las insurgencias, los cambios constitucionales, las pol铆ticas de ajuste estructural, el cese de las dictaduras, los post conflictos, etc茅tera).

Pero es preciso no perder de vista que parte de estas doctrinas son comunes al conjunto de la regi贸n, y tambi茅n al resto de los pa铆ses del Sur Global: as铆, la pol铆tica de sanciones sufrida por Venezuela ser谩 similar a la aplicada a Ir谩n, el recurso a fuerzas irregulares conectar谩 a Colombia con Siria, o el uso de la violencia sexual como instrumento de control territorial trasnacional nos llevar谩 desde Hait铆 hasta el Congo.

En las doscientas cincuenta y cuatro p谩ginas de “El nuevo Plan C贸ndor. Geopol铆tica e imperialismo en Am茅rica Latina y el Caribe”, que tuvimos el gusto de coordinar, veinte autores y autoras de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, Hait铆 y Venezuela sistematizan estas nuevas din谩micas de intervenci贸n a partir de casos concretos. Esperamos que el conocimiento de estos procesos contribuya al debate de la intelectualidad cr铆tica, tanto aquella que habita los 谩mbitos acad茅micos como la que no, y en general, a la reflexi贸n sobre las caracter铆sticas de la guerra h铆brida en un continente sin guerras declaradas oficialmente; un fen贸meno que, seg煤n entendemos, atraviesa la etapa pol铆tica que transitamos y que, por eso mismo, lleg贸 para quedarse.

Correo del Alba




Fuente: Lahaine.org