October 2, 2021
De parte de La Haine
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En Afganist谩n no ha muerto el imperialismo norteamericano, aunque ha recibido una derrota que tendr谩 grandes consecuencias estrat茅gicas. Fin del “siglo norteamericano”

Cuando el 煤ltimo d铆a de agosto de 2021 el general de divisi贸n Chris Donahue subi贸 en Kabul al avi贸n de carga estadounidense C-17, se cerraba la guerra m谩s larga de las que ha participado EEUU. Hab铆an transcurrido veinte a帽os de muerte y devastaci贸n en Afganist谩n.

Tras el caos en el aeropuerto internacional, donde los soldados norteamericanos llegaron a disparar contra la multitud, el mundo contempl贸 la destrucci贸n de documentos y material b茅lico, los 煤ltimos bombardeos con drones que asesinaron a siete ni帽os que jugaban en un patio de Kabul, y la retirada del 煤ltimo militar norteamericano, que mostraba la humillaci贸n y la verg眉enza del pa铆s que todav铆a pretende dirigir el planeta. Atr谩s, quedan numerosas matanzas, impunes por el momento, como la que extermin贸 a treinta campesinos afganos, en 2019, en la provincia de Nangarhar, que el Pent谩gono achac贸 a un 芦error禄 de los drones. Afganist谩n ha padecido muchos errores semejantes. Cuando despegaba el 煤ltimo avi贸n norteamericano, Blinken, el viejo ‘halc贸n’ que dirige el Departamento de Estado, declaraba que su pa铆s dirigir谩 su diplomacia con Afganist谩n desde Doha, la capital aliada de una monarqu铆a medieval.

Mientras tanto, en el Pent谩gono, ante la prensa, el general Kenneth F. McKenzie, un veterano de las sangrientas campa帽as en Iraq y Afganist谩n, jefe del United States Central Command (USCENTCOM), Comando Central estadounidense, intentaba dar la impresi贸n de que su pa铆s no abandonar谩 a todos aquellos colaboracionistas con la ocupaci贸n estadounidense que se han quedado atr谩s, varados en un pa铆s en manos del talib谩n. Y el jefe del Pent谩gono, el general Lloyd Austin, declaraba su orgullo por la misi贸n, aunque no pod铆a esconder la evidencia de la humillaci贸n. Dejaban atr谩s un Afganist谩n donde no solo vuelven a gobernar aquellos que EEUU desaloj贸 veinte a帽os atr谩s, sino que ni siquiera han conseguido desmantelar las bases del terrorismo islamista, objetivo que sirvi贸 de pretexto para la invasi贸n.

Porque la invasi贸n de Afganist谩n no fue sovi茅tica, sino estadounidense: la URSS hab铆a firmado un tratado con el gobierno revolucionario afgano de Najibul谩, y acudi贸 a su solicitud de ayuda. En la conmoci贸n de los atentados del 11 de septiembre de 2001, EEUU entr贸 a sangre y fuego en el pa铆s unas semanas despu茅s, armado de la seguridad de su enorme poder militar y de la avidez del programa neocon (Project for the New American Century que agrup贸 a los Bush, Cheney, Wolfowitz, Rumsfeld, Perle y otros). Pero los planes definidos por los neocon eran demasiado ambiciosos.

Pese a algunas iniciativas, visibles sobre todo en Kabul, EEUU no ha reconstruido el pa铆s, y lo abandona como el mayor productor de opio del mundo, con redes de traficantes de las que participan sus protegidos en el pa铆s, aunque algunos, como el primer presidente que impusieron, Hamid Karzai, negocien con los talib谩n e incluso critiquen a sus antiguos protectores norteamericanos. Washington tampoco deja organismos democr谩ticos: tras una fachada electoral levantada para consumo del mundo, han gobernado de facto los ‘se帽ores de la guerra’, beneficiarios y c贸mplices de la corrupci贸n, del robo de las ayudas internacionales, del tr谩fico de drogas y de los subsidios, y las instituciones democr谩ticas han sido siempre una mentira, con elecciones fraudulentas y gobiernos t铆teres.

Las dos d茅cadas de ocupaci贸n norteamericana y de la OTAN han sido un magn铆fico negocio para las empresas de armamento, las compa帽铆as de mercenarios, los intermediarios y traficantes de droga, los comisionistas de la guerra, los pol铆ticos corruptos estadounidenses y afganos, y los grupos de notables colaboracionistas. Ha servido tambi茅n como campo de pruebas de nuevas armas y formas de bombardeos letales. Pero veinte a帽os de ocupaci贸n es demasiado tiempo, y afectaba gravemente al presupuesto: seg煤n un estudio de la Universidad Brown, en esas dos d茅cadas EEUU ha gastado en Afganist谩n 2,3 billones de d贸lares y 243.000 personas han muerto a causa de la guerra. Adem谩s, Washington necesita limitar la carga de Oriente Medio para concentrarse en la 芦contenci贸n禄 de China.

El pacto con los talib谩n en Doha para la retirada militar norteamericana fue gestado por el gobierno Trump. Obedec铆a al objetivo de limitar el gasto, tan gravoso para el presupuesto, al temor de seguir sufragando una guerra interminable, a la reorganizaci贸n de su dispositivo militar para orientarlo hacia los oc茅anos 脥ndico y Pac铆fico y el Mar de China meridional, y a la esperanza de Trump de que la finalizaci贸n de la guerra afgana le reportar铆a beneficios electorales para ganar las elecciones de 2020 ante Biden. Pero los estrategas del Pent谩gono y del Departamento de Estado calcularon mal, basando decisiones en informes que estaban lejos de responder a la realidad, como hab铆a puesto de manifiesto ya en 2019 ‘The Washington Post’ publicando los 芦The Afghanistan Papers禄, donde muchos responsables militares y pol铆ticos reconoc铆an las mentiras con que los gobiernos de Bush, Obama y Trump ocultaron la verdad sobre la situaci贸n en el pa铆s.

EEUU no esperaban un desenlace tan r谩pido: los helic贸pteros, blindados y aeronaves abandonados en los hangares son la constataci贸n de una humillante derrota, que ha alarmado a sus propios aliados: Dominic Raab, ministro de Asuntos Exteriores brit谩nico, intentaba explicar en la C谩mara de los Comunes el incuestionable desastre, aludiendo a que los informes de los servicios secretos compartidos por los brit谩nicos con los norteamericanos negaban, pocas semanas antes de su ca铆da, que Kabul estuviese en riesgo de pasar a manos de los talib谩n.

Con el fin de la guerra, el nuevo r茅gimen debe gestionar el gasto p煤blico, adem谩s de la dif铆cil situaci贸n en que queda el pa铆s. Los talib谩n son un movimiento local, con ramificaciones en Pakist谩n, que forma parte del confuso mundo del fascismo islamista, y cuyos milicianos son incluso m谩s extremistas que los de veinte a帽os atr谩s, aunque sus actuales dirigentes intentan un ejercicio de pragmatismo ante la dura realidad del pa铆s: afirman que su nuevo gobierno impondr谩 la sharia, es decir un conjunto de disposiciones y leyes que creen son voluntad divina (aunque en su interpretaci贸n discrepen de otros grupos islamistas), pero deber谩n regirse por algunas concesiones porque no disponen de t茅cnicos y funcionarios para reactivar el aparato del Estado, y su aparente moderaci贸n es una muestra de que pretenden negociar con otros sectores de la sociedad afgana y encontrar un acomodo internacional que les permita el acceso a capitales, fuentes de financiaci贸n e inversiones, m谩s all谩 del que puedan facilitar Arabia, Qatar y Pakist谩n, ahora que los fondos aportados por EEUU se han terminado.

Es posible incluso que el mul谩 Abdul Ghani Baradar y los suyos incluyan en el gobierno a representantes de las minor铆as (uzbekos, tayikos, etc.) y de los sectores que gobernaron con los norteamericanos, como indican sus negociaciones con Karzai y Abdullah, aunque siempre subordinados al talib谩n. Sus dirigentes afirman que van a gobernar para terminar con la corrupci贸n, y saben que si la ayuda internacional desaparece, la crisis y la hambruna ser谩n inevitables. Si los talib谩n quieren acabar con el cultivo de la adormidera, como hicieron en su anterior gobierno, deber谩n asegurar otros medios de vida a los campesinos que la siembran.

Y van a gobernar impregnados del viejo anticomunismo islamista y con resortes neoliberales semejantes a los que impone la autocracia saud铆. Y saben que EEUU puede convivir perfectamente con ello, como hace con Riad. Deben afrontar los problemas de la gobernaci贸n: Afganist谩n necesita alimentos, vacunas contra la Covid-19, medicamentos; padece la falta de recursos, inexperiencia, falta de t茅cnicos: la reapertura parcial del aeropuerto de Kabul ha sido posible gracias a los controladores enviados por Qatar. Los talib谩n quieren recibir ayudas de China, Rusia, Pakist谩n, Turqu铆a, de los pa铆ses 谩rabes, y tambi茅n de la Uni贸n Europea y de EEUU. La 芦ayuda humanitaria禄 no depende de condiciones pol铆ticas, pero s铆 las tienen las 芦subvenciones al desarrollo禄.

La derrota norteamericana afectar谩 a su diplomacia y prestigio, a su influencia pol铆tica, a la proyecci贸n de su fuerza militar, incluso a su hegemon铆a en la OTAN, y centrar谩 su actividad en el 芦pivote hacia Asia禄 que lanzaron Obama y Hillary Clinton. EEUU invadi贸 Afganist谩n movido [supuestamente] por el ansia de venganza por los atentados del 11 de septiembre de 2001, pero tambi茅n porque pretend铆a dise帽ar el nuevo mapa de Oriente Medio, controlar los yacimientos de hidrocarburos y las rutas de abastecimiento, con el dominio del gasoducto que unir铆a Turkmenist谩n y la India a trav茅s de Afganist谩n. Tambi茅n, para asegurar que las antiguas rep煤blicas sovi茅ticas no volvieran a agruparse bajo la direcci贸n de Mosc煤, hundiendo una cu帽a en el coraz贸n del continente, y ampliando su dispositivo militar con nuevas bases en una regi贸n desde la que pod铆a monitorizar, y eventualmente atacar, a China, Rusia e Ir谩n. Washington no perd铆a de vista que, apenas tres meses antes, Pek铆n y Mosc煤 hab铆an creado la Organizaci贸n de Cooperaci贸n de Shangh谩i, con el impl铆cito pero no confesado objetivo de evitar la hegemon铆a norteamericana sobre las antiguas rep煤blicas sovi茅ticas centroasi谩ticas.

Esa aventura se cierra ahora con un r茅gimen teocr谩tico en Afganist谩n al que se puede calificar de fascista aunque tenga tambi茅n otras caracter铆sticas, propias del islamismo radical, que debe lidiar con los opositores del Panjshir (con el hijo de Maud, el viejo ‘se帽or de la guerra’) y con Daesh, Estado Isl谩mico en Iraq y Levante-Joras谩n (EIIL-J, dirigido por veteranos del yihadismo creado y financiado por EEUU contra los soldados sovi茅ticos, y por desertores del talib谩n). Las milicias talib谩n son un conjunto de hombres reclutados entre los sectores m谩s pobres de la poblaci贸n afgana, que reciben su salario de ‘se帽ores de la guerra’ que controlan el mercado de la droga, y de potencias que les financian como Arabia, Qatar y Pakist谩n, y tambi茅n de j贸venes campesinos que quer铆an vengarse porque vieron morir a muchos de los suyos en el diluvio de bombas que EEUU lanz贸: lo hicieron en 2001, con miles de ataques a茅reos y no dejaron de bombardear durante veinte a帽os.

El nuevo gobierno afgano de Baradar convertir谩 esas milicias en el nuevo ej茅rcito afgano, aunque encontrar谩 obst谩culos: muchos de los trescientos mil militares del ej茅rcito que organizaron EEUU y la OTAN con Karzai y Ghani han quedado a la intemperie (aunque muchos solo exist铆an en las n贸minas que cobraban altos mandos y pol铆ticos del r茅gimen t铆tere de Washington y mandos de la OTAN), y una parte intentar谩 buscar nuevos patrocinadores.

Por otra parte, la lealtad de muchos grupos que han hecho de la guerra su forma de vida es precaria, como muestra la historia de la organizaci贸n muyahidin de Jalaluddin Haqqani, cuya red luch贸 contra la rep煤blica de Daud (el defenestrador del 煤ltimo rey afgano), atac贸 al gobierno comunista de Najibul谩 recurriendo a saqueos, decapitaciones y violaciones, trabaj贸 para EEUU, cobr贸 de la CIA, m谩s tarde colabor贸 para los servicios secretos pakistan铆es (ISI) y despu茅s se hizo talib谩n cuando las tropas del mul谩 Omar conquistaron Kabul, y combati贸 a las tropas norteamericanas, cobrando tambi茅n de Arabia y de los Emiratos 脕rabes Unidos. Su hijo, Sirajuddin Haqqani, es ahora ‘hombre fuerte’ en el gobierno del mul谩 Baradar. Pero EEUU intentar谩 acomodarse a la nueva situaci贸n e incluso mantener bases militares en Afganist谩n. No abandona la regi贸n, quiere seguir influyendo, directamente y a trav茅s de su alianza con Arabia y las monarqu铆as del golfo, e Israel, y quiere mantener una cierta inestabilidad en Afganist谩n para evitar que China desarrolle proyectos econ贸micos en el pa铆s.

Papel de China

Para el gobierno de Pek铆n no hay duda de que la l贸gica de la retirada norteamericana de Iraq y Afganist谩n, sin admitir la derrota, radica en el hecho de que EEUU necesita concentrar sus fuerzas en la contenci贸n de China, y Oriente Medio se hab铆a convertido en un pesado fardo. Pese a su distancia y prevenci贸n con los talib谩n, China ha celebrado el final de la ocupaci贸n militar estadounidense y afirma respetar la soberan铆a afgana. Est谩 tambi茅n dispuesta a colaborar en la reconstrucci贸n del pa铆s, siempre que deje de ser un refugio del terrorismo islamista: es una de las condiciones que pone Pek铆n para su cooperaci贸n econ贸mica, aunque en el seno del movimiento seminarista coexisten diferentes posiciones al respecto. Suhail Shaheen, portavoz talib谩n, ha declarado que esperan la colaboraci贸n de China en la reconstrucci贸n, y aunque Pek铆n se muestra muy prudente ante la situaci贸n en el pa铆s, y espera la evoluci贸n de los acontecimientos, est谩 dispuesto a facilitar asistencia humanitaria y ayuda para superar la devastaci贸n.

El uzbeko Abdul Salam Hanafi, dirigente talib谩n y uno de los responsables de la oficina del movimiento en Qatar, mantiene conversaciones con el ministerio de Asuntos Exteriores chino, y se declara partidario de que Afganist谩n participe en el desarrollo de la nueva ruta de la seda. Pero otros asuntos acaparan tambi茅n la atenci贸n de China: est谩 alerta a la actividad de los destacamentos terroristas, y teme que grupos uigures utilicen Afganist谩n como base para sus ataques en el Xinjiang. Le preocupa tambi茅n el mercado de la droga: bajo la dominaci贸n norteamericana, Afganist谩n se convirti贸 en el mayor productor del mundo de hero铆na, casi el noventa por ciento del total, y una parte de ese volumen fue introducido clandestinamente en China.

Y no olvida la exigencia de responsabilidades por una de las guerras m谩s sangrientas del siglo XXI: en el debate sobre la resoluci贸n del Consejo de Seguridad acerca de la situaci贸n en Afganist谩n, donde China y Rusia se abstuvieron, el embajador chino exigi贸 a EEUU que dejase de bombardear a la poblaci贸n civil afgana y afirm贸 que deb铆a tener responsabilidad penal por el asesinato de civiles. Adem谩s, China ha exigido p煤blicamente que se investiguen los cr铆menes cometidos por EEUU y la OTAN durante sus dos d茅cadas de ocupaci贸n, a trav茅s de una comisi贸n internacional. Aunque EEUU no tiene la menor intenci贸n de hacerlo: dos d铆as despu茅s de su retirada, el Pent谩gono calificaba de 芦justo禄 el bombardeo que acab贸 con la vida de siete ni帽os en Kabul, justific谩ndolo porque consideraban que el coche donde jugaban era una amenaza terrorista inminente.

China quiere, sobre todo, estabilidad en la regi贸n: le preocupa la llegada de islamistas al Xinjiang, y le preocupa la actividad de los grupos dirigidos por la CIA y el Pent谩gono, consciente de que siguen siendo uno de sus instrumentos de intervenci贸n, desde Siria a Ir谩n pasando por Pakist谩n o el C谩ucaso. Tambi茅n recela de la actividad del uigur Movimiento Isl谩mico de Turkest谩n Oriental (ETIM), que fue creado en Pakist谩n en la d茅cada de los noventa y que mantiene lazos con la CIA norteamericana. El ramal pakistan铆 de la nueva ruta de la seda padece los embates de 芦misteriosos禄 grupos terroristas, y del Ej茅rcito de Liberaci贸n de Beluchist谩n (ELB), que se adjudic贸 el atentado de julio de 2021 en Dasu que caus贸 la muerte de nueve ingenieros chinos, y que volvi贸 a repetirse con el atentado contra trabajadores chinos de la autopista Gwadar Eastbay Expressway Projet que forma parte del ‘Corredor econ贸mico chino-pakistan铆’, sin ser reivindicado.

En el Beluchist谩n operan otros grupos terroristas, como Tehreek-i-Taliban Pakistan (TTP), que mantiene excelente relaci贸n con los talib谩n afganos, y el Mossad interviene en la regi贸n en su plan de acoso al vecino Ir谩n. Washington califica como terrorista al ELB, pero sus servicios secretos lo respaldan extraoficialmente por dos motivos: es 煤til para atacar intereses chinos en Pakist谩n, y podr铆an aumentar su apoyo para lograr la fragmentaci贸n del Pakist谩n si Islamabad fortalece sus lazos econ贸micos con Pek铆n. India tambi茅n apoya al ELB, como carta contra Pakist谩n, eterno rival.

La retirada norteamericana de Afganist谩n va a influir tambi茅n en otros escenarios que interesan a Pek铆n: el Mar de China meridional, el estrecho de Taiw谩n, y todo el arco mar铆timo que va desde Jap贸n hasta Singapur, as铆 como la evoluci贸n del QUAD, el foro estrat茅gico creado por Cheney y el japon茅s Abe, donde EEUU pretende consolidar un frente pol铆tico y militar con Jap贸n, India y Australia para acosar a China.

Rusia critica tambi茅n con dureza la aventura norteamericana, y considera a los talib谩n un sanguinario grupo terrorista, aunque es consciente de que deber谩 enfrentarse a los litigios que crea el nuevo r茅gimen. Por ello, como Washington y Pek铆n, ha mantenido contactos con los talib谩n y definir谩 su actitud conforme al proceder del nuevo r茅gimen teocr谩tico. Putin ha calificado la situaci贸n en Afganist谩n como una cat谩strofe, y quiere evitar una desestabilizaci贸n que afecte a Tayikist谩n, Uzbekist谩n y Turkmenist谩n, convertido este 煤ltimo en una dictadura herm茅tica, aunque con intereses para hacer llegar sus hidrocarburos a trav茅s de Afganist谩n.

China tambi茅n est谩 preocupada por esa hip贸tesis desestabilizadora, porque algunas rutas de transporte atraviesan esa regi贸n y adem谩s es fuente de hidrocarburos, y su apuesta por la cooperaci贸n econ贸mica en la regi贸n es bien vista por Mosc煤, consciente de que si abre paso contribuir谩 a la estabilidad en Afganist谩n y limitar谩 los riesgos y las amenazas para las rep煤blicas de Asia central, con las que Rusia quiere seguir recomponiendo los lazos con que estaban unidas a ella en la Uni贸n Sovi茅tica. Pero esas previsiones dependen de la actuaci贸n norteamericana, y Mosc煤 no olvida los antecedentes y la responsabilidad de los servicios secretos estadounidenses en el env铆o y la infiltraci贸n terrorista en Chechenia y el C谩ucaso ruso y su actividad desde Azerbeij谩n, uno de los centros operativos de la CIA en la regi贸n.

Europa desairada

La Uni贸n Europea teme las consecuencias de la derrota norteamericana, y no se atreve a sacar conclusiones: buena parte de sus miembros fueron arrastrados a una guerra en Afganist谩n y ni siquiera les consultaron cuando Washington decidi贸 la retirada, y ahora teme una nueva oleada de refugiados, un 芦茅xodo masivo hacia Europa禄 como lo defini贸 el ministro de Asuntos Exteriores italiano, problema con el que EEUU no debe lidiar: al igual que ocurri贸 con la guerra y el 茅xodo sirio, cuyo promotor fue Washington, la posible llegada masiva de refugiados afganos afectar谩 a Europa y no a EEUU. Afectar谩 tambi茅n a los pa铆ses vecinos. Seg煤n cifras de ACNUR, en 2020, dos millones doscientos mil refugiados afganos se encuentraban en Ir谩n y Pakist谩n, mientras que en EEUU apenas hab铆a dos mil. EEUU, pese a ser el principal responsable de la devastaci贸n y la crisis, se desentiende del problema, mientras los ministros de Justicia e Interior de la Uni贸n Europea proponen 芦ayudar禄 a los pa铆ses lim铆trofes de Afganist谩n, con el estrafalario argumento de que los refugiados 芦deben quedarse en la regi贸n禄. Es decir, la Uni贸n Europea quiere comprar con dinero la voluntad de algunos gobiernos, como hizo con Turqu铆a para frenar a los refugiados sirios.

Bruselas ha decidido establecer una delegaci贸n (como camuflaje de embajada) en Kabul y plantea cinco ‘condiciones’ al talib谩n: que no se convierta en refugio del terrorismo, que respete los derechos humanos y los de las mujeres y que permita la libertad de prensa en el pa铆s, adem谩s de formar un gobierno amplio e 芦inclusivo禄 (que los talib谩n ya preparan y Pakist谩n impulsa), que permita la libre salida del pa铆s de quienes opten por ello y una justa gesti贸n de la ayuda humanitaria. En realidad, la Uni贸n Europea sabe que ninguna de esas condiciones va a cumplirse, pero le sirven para justificar su permanencia en el pa铆s, aunque de momento no reconozcan formalmente la dictadura talib谩n.

Despu茅s de todo, tampoco esas condiciones son cumplidas por Arabia Saud铆, Qatar o los Emiratos 脕rabes Unidos, sin que ello suponga el menor obst谩culo para que mantengan magn铆ficas relaciones con la Uni贸n Europea y con EEUU. Hablar de la Uni贸n Europea es hablar de Berl铆n y Par铆s, y si la Comisi贸n de Bruselas defiende mantener el di谩logo con los talib谩n, es por temor a perder influencia en el pa铆s y en la regi贸n. La solitaria Gran Breta帽a, tras el Brexit, permanece como sol铆cito aliado de EEUU, sin que ello le suponga m谩s reconocimiento internacional ni mayor influencia.

Afecta tambi茅n a Europa, la desairada posici贸n de la OTAN, que ha sufrido un golpe demoledor, llegando Jens Stoltenberg incluso a reconocer que su funci贸n en Afganist谩n era de mera ayuda a EEUU, olvidadas ya las falaces proclamas de libertad y democracia con que disfrazaron una operaci贸n imperialista m谩s. Todo ello deber铆a afectar a los pa铆ses miembros, y mientras Francia sigue jugando con la idea de un ej茅rcito europeo, sin mayores consecuencias aunque la Uni贸n decida la creaci贸n de un 芦fuerza de reacci贸n r谩pida禄, idea mal acogida por EEUU y Stoltenberg, otros pa铆ses, como Espa帽a, deber铆an iniciar el proceso para liquidar las bases norteamericanas, que ni sirven para la defensa de cada pa铆s ni ayudan a definir una nueva pol铆tica exterior europea que abandone la subordinaci贸n a Washington y tienda la mano a Pek铆n y Mosc煤.

Afectaciones en la regi贸n

La India es uno de los grandes perdedores de la ca铆da del gobierno Ghani, al que apoyaba, y el nuevo gobierno afgano aviva la enemistad india con Pakist谩n, con quien se enfrenta en Cachemira a trav茅s de grupos terroristas que convierten a esa regi贸n en un peligroso polvor铆n por la posesi贸n de armas nucleares de Delhi e Islamabad. Pakist谩n acusa adem谩s a la India de 芦sabotear禄 la paz en Afganist谩n, y se niega a asumir sus responsabilidad en los frecuentes atentados en terrirorio indio, donde operan decenas de organizaciones terroristas, muchas con dependencia del ISI pakistan铆. Junto a ello, las diferencias con Pek铆n se mantienen, agravadas por el riesgo que representa el QUAD al que EEUU arrastr贸 a Delhi. Y la presencia en el gobierno talib谩n de Sirajuddin Haqqani (hijo de Jalaluddin Haqqani, activo organizador del terrorismo contra la India) inquieta en Delhi: los Haqqani, hoy en el bando talib谩n, son los feroces asesinos muyahidin organizados por Washington que en 1987 rodeaban la ciudad de Jost, durante el gobierno de Mohammad Najibul谩 de la Rep煤blica Democr谩tica de Afganist谩n aliada de la Uni贸n Sovi茅tica. Los Haqqani son expertos en organizar atentados suicidas.

A su vez, Pakist谩n, que estuvo en el origen del nacimiento talib谩n, y en el de los muyahidin que crearon y financiaron EEUU y Arabia, sigue siendo su principal apoyo. Pocos d铆as despu茅s del fin de la ocupaci贸n norteamericana, el 4 de agosto, el general Faiz Hameed llegaba a Kabul para discutir la composici贸n del nuevo gobierno afgano. Casi dos millones de afganos viven refugiados en el pa铆s, pero Islamabad no quiere admitir m谩s. Los generales pakistan铆es son aliados de Washington, y su gobierno quiere mantener tambi茅n buena relaci贸n con Pek铆n y Mosc煤, mientras que Ir谩n (que influye culturalmente en Afganist谩n: el dar铆, lengua oficial junto al past煤n, es un dialecto del persa) desconf铆a de Pakist谩n, aliado a su vez de Arabia y gran enemigo de Teher谩n en muchos de los conflictos regionales. Islamabad quiere controlar la frontera con Afganist谩n, y que no perjudique a China, y se compromete a seguir vigilando el terrorismo del TTP (los Tahrik-e-Taliban pakistan铆es, muy activos con coches-bomba), de Daesh, y del ETIM (Movimiento Isl谩mico de Turkest谩n Oriental, que EEUU, con Trump y Pompeo, borr贸 de su lista de organizaciones terroristas en su campa帽a antichina), aunque su capacidad para hacerlo es limitada. En Pakist谩n operan m谩s de diez grupos islamistas que recurren al terrorismo, y no hay que olvidar que los atentados han causado en las dos 煤ltimas d茅cadas decenas de miles de muertos pakistan铆es y que, de hecho, ha sido el pa铆s m谩s afectado por la guerra afgana.

Ir谩n, otro r茅gimen teocr谩tico en la regi贸n [aunque con muchas m谩s libertades y nivel de vida m谩s alto], est谩 enfrentado a Arabia e Israel, y duramente afectado por las sanciones econ贸micas norteamericanas. Pese a su patente enemistad con EEUU, apoy贸 a las tropas norteamericanas para derribar el gobierno talib谩n en 2001, aunque la larga ocupaci贸n posterior hizo cambiar a los ayatol谩s iran铆es de estrategia: tem铆an que Afganist谩n pudiese convertirse en plataforma para atacar a Ir谩n.

Arabia conecta con los talib谩n, a quienes apoya y sirve de modelo para gobernar, y quiere aumentar su influencia en la regi贸n, mientras Qatar, donde se desarrollaron las negociaciones con Trump, mantiene una relaci贸n cercana con el mul谩 Baradar, apoya a los talib谩n, y va a colaborar en la gobernaci贸n del pa铆s. Emiratos 脕rabes Unidos reconoci贸 el anterior gobierno talib谩n, y junto a Qatar ya han enviado ayuda humanitaria a Kabul. A su vez, Turqu铆a, pese a ser miembro de la OTAN, mantiene buenos lazos con los talib谩n, e incluso ha ofrecido ayuda para volver a poner en funcionamiento el aeropuerto internacional y otros organismos: junto a Qatar se ofrece para gestionar el aeropuerto de Kabul, tal vez con ayuda holandesa.

El nuevo emirato isl谩mico talib谩n, con el mul谩 Abdul Ghani Baradar (que fue joven muyahidin contra la Rep煤blica Democr谩tica de Afganist谩n) como jefe del gobierno, y el siniestro ulema Haibatul谩 Ajundzad谩 (que se encarg贸 de aplicar la shar铆a tras la victoria talib谩n de 1996) como gu铆a supremo y emir, domina ya la totalidad del pa铆s, tras la toma del Panjshir.

EEUU fue a Afganist谩n para vengarse, y para desarrollar un plan de dominio planetario que ten铆a en Oriente Medio un objetivo central. Hoy, llora por sus 煤ltimos soldados muertos, por los m谩s de dos mil quinientos militares y cuatro mil mercenarios ca铆dos, pero no repara en los centenares de miles de muertos que ha causado su implacable m谩quina de guerra. Ahora las diversas piezas del rompecabezas de Oriente Medio se recomponen, aunque sigue la guerra en Siria, Israel no ha renunciado a impedir el poder at贸mico de Ir谩n, aun a costa de la guerra, Arabia sigue apoyando el terrorismo wahabita y el fascismo islamista, y Turqu铆a juega con el espejismo otomano. El talib谩n va a tener serias dificultades para gobernar, y ya ha empezado a aplicar la venganza y los castigos del yihadismo, aunque necesite mostrar un rostro m谩s moderado para afianzar su poder ante el mundo. El ansiado final de las guerras afganas no deber铆a suponer dejar el pa铆s en manos del fascismo islamista.

En Afganist谩n no ha muerto el imperialismo norteamericano, aunque ha recibido una derrota que tendr谩 grandes consecuencias estrat茅gicas. Pero las ansias de dominaci贸n imperial siguen ah铆, sobre todo porque Washington va a seguir utilizando su extensa red militar en el mundo (800 bases operativas) y no quiere renunciar a su hegemon铆a planetaria. Ha perecido el viejo proyecto que quiso hacer del siglo XXI el siglo norteamericano, y enfrenta el temor a la decadencia y la conversi贸n definitiva de China en la mayor potencia econ贸mica del mundo. Y, aunque sea un dif铆cil objetivo, tras la monta帽a de mentiras y el horror de la guerra que termina, el mundo deber铆a llevar ante un tribunal internacional a todos los presidentes norteamericanos que, desde George W. Bush, han bombardeado sin piedad las tierras afganas. La ocupaci贸n norteamericana ha terminado, pero continua la guerra contra China, y no podemos saber que deparar谩 el futuro a Afganist谩n, ese pa铆s llamado desolaci贸n.

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Fuente: Lahaine.org