August 31, 2022
De parte de Nodo50
250 puntos de vista

Como pocas veces, un hito electoral es tan pol铆ticamente relevante en el largo plazo. En Chile, la relevancia del plebiscito tiene pesos distintos seg煤n distinta es tambi茅n la historia de cada clase que va a medirse el domingo 4 de septiembre. La historia de la lucha de clases en el Chile de las 煤ltimas d茅cadas llega as铆 a un punto de inflexi贸n en el que o se abre una etapa hist贸rica de nuevo tipo, o la vieja pol铆tica de pacto entre clases medias y la oligarqu铆a retoma el control del proceso, con o sin nueva constituci贸n.

Es del todo importante se帽alar la forma en que las clases populares han incidido en este proceso, as铆 como el rol fundamental que les cabe en la votaci贸n final. La densidad del acontecimiento convoca al primer plano a todas las facetas de un ciclo largo de luchas sociales y pol铆ticas en la crisis del Estado pinochetista; y para quienes tengan la honestidad de verlas, resaltan abigarradas en las clases populares las distintas organizaciones y movimientos en lucha desde hace d茅cadas. Han sido la fuerza cr铆tica que ha destrabado cada fase, desde 2011, tambi茅n desde 2006, de esta larga conflictividad social contra el neoliberalismo.

Este domingo, tambi茅n ellas se juegan su propia recomposici贸n pol铆tica, su posibilidad y sus condiciones. Y en el cuadro resultante tambi茅n resaltan los l铆mites de la alianza social que hoy llama a votar por el 芦Apruebo禄.

Lucha de clases

Dicha alianza social, como se ha profundizado en otros textos, viene luchando y avanzando electoralmente desde hace unas dos d茅cadas, y est谩 compuesta por los grupos m谩s j贸venes de las clases populares y medias urbanas, con un protagonismo notorio del movimiento estudiantil y del movimiento feminista. El enemigo com煤n que llev贸 a estos grupos a la 芦disposici贸n a comportarse como clase禄 estuvo en que una serie de pol铆ticas neoliberales emprendidas desde la d茅cada de 1980 y agudizadas durante la primera d茅cada del siglo XXI, que fueron minando sostenidamente la capacidad de reproducci贸n de las clases medias, especialmente de los grupos profesionales y el funcionariado estatal o paraestatal, y as铆 tambi茅n desacreditaban la promesa de movilidad social para las clases populares.

Luego, tras las elecciones de 2017, un sector de la alianza 鈥攑rincipal pero no 煤nicamente los nuevos partidos de izquierda y ligados a las clases medias鈥 se convirti贸 en alternativa electoral y fue conquistando posiciones en el parlamento y los municipios. El otro sector de la alianza social, debilitado y anclado en las clases populares y ciertos partidos de izquierda menos exitosos, agudiz贸 su cr铆tica a la pol铆tica formal as铆 como al orden neoliberal. Esa fue la raz贸n de que en la revuelta de 2019, aunque formalmente pregonaban m谩s o menos las mismas ideas y persegu铆an similares objetivos, los partidos de izquierda y los movimientos sociales se mantuvieran distantes y no pudieran actuar bajo una estrategia unificada.

La dispar valoraci贸n del acuerdo parlamentario del 15 de noviembre de ese a帽o 鈥攜 que  consagr贸 el proceso constitucional que vive ahora su momento definitivo鈥 es muestra de esa distancia en una alianza desigual. Desde entonces y de diversas formas, los l铆mites manifiestos de la alianza social no dejan de dificultar el 茅xito pol铆tico de la inmensa diversidad articulada de luchas sociales que hoy se encuentran en la alternativa del 芦Apruebo禄.

Esos l铆mites no son sino la imposible armon铆a entre los componentes de una alianza social que se visti贸 y asumi贸 como una homogeneidad popular. All铆 dentro estallan las diferencias entre los intereses directos de las clases populares y aquellos de las capas medias as铆 como entre sus diversas composiciones pol铆ticas. En otro momento se plante贸 as铆: 芦por una parte, la necesidad de las viejas capas medias por asegurar un lugar en el Estado y en su direcci贸n, [鈥 un esp铆ritu generacional de renovaci贸n de la vieja administraci贸n del orden, sin modificar las relaciones de producci贸n de ese orden. Por otra parte, quienes vieron en la pol铆tica la posibilidad de incidir en su propia crisis de vida, profesorado proletarizado y perseguido por igual, j贸venes titulados, frustrados y precarizados, estudiantes de universidades de mercado y endeudados en general. El 2011 fue fruto de la alianza de estas partes, lo que vino despu茅s [2017, 2019 鈥 2022] fue su jerarquizaci贸n ante la pol铆tica formal禄.

Una oportunidad perdida

Esos l铆mites se expresan hoy en los problemas que podr铆an causar la derrota del bando del 芦Apruebo禄. La desigual alianza popular se muestra desgastada, y sus l铆deres en el Gobierno parecen dar cuenta que no pueden o no quieren resolver los problemas de las mayor铆as por la v铆a de abrir un conflicto reformista con las elites. M谩s all谩 de la ideolog铆a, m谩s all谩 de las buenas razones, los valores y principios (todos parte de la forma que entienden la pol铆tica en las clases medias: como disputa de ideas dentro y bajo el orden del Estado), para las clases populares la participaci贸n en la pol铆tica, votando o en las barricadas, tiene razones concretas. 

La lucha de clases es algo muy pr谩ctico, por m谩s poes铆a que le quiera montar encima; y es m谩s normal que las clases populares chilenas no conf铆en en la pol铆tica y abandonen el voto que el proceso contrario. Ya sea por obligaci贸n o por opci贸n, salvo en los breves per铆odos de 1958-1973 y de 1990-1999, en general y su mayor铆a, las clases populares se han mantenido indiferentes a los procesos institucionales y a sus definiciones electorales. Si esta vez han votado masivamente y por la izquierda en los 煤ltimos a帽os es porque, a pesar de todo, el Frente Amplio y el Partido Comunista han sabido representar una alternativa concreta de mejoramiento de sus vidas. Eso s铆: no sabemos si la de promover reformas o la evitar el mal mayor del pinochetismo.

As铆, tambi茅n ha sido desigual la campa帽a. Por una parte, las direcciones del Gobierno y de los partidos la asumi贸 como una pelea ideol贸gica, llena de consignas sobre el destino del pa铆s o abstractos republicanos. Poco sobre mejoras concretas en la vida, sobre poder y garant铆as. As铆 responde al tipo de escena que monta la derecha, hablando de amor o bandera, de unidad nacional o alguna otra cosa que poco importa en los urgidos barrios populares de las grandes ciudades. Esos barrios son estrat茅gicos para el 芦Apruebo禄, pues son los que masivamente le han dado victoria a la izquierda en un agotador ciclo de siete elecciones en tres a帽os, y que hoy la tienen en el gobierno de Chile.

Pero buena parte de la campa帽a los ha convocado ya no a subir el sueldo m铆nimo, a condonar las deudas universitarias o a trabajar menos horas (como fue la promesa de diciembre de 2021 cuando gan贸 Gabriel Boric la presidencia apoyado principalmente por las clases populares de las grandes ciudades), sino a cuestiones inmateriales. Poco se ha hecho por promover las garant铆as sociales, pues parece querer evitar una campa帽a que a la vez sea un conflicto.

Republicanismo mesocr谩tico o clasismo intuitivo y popular parece ser el dilema irresuelto en campa帽a. Con el Gobierno y los partidos m谩s inclinados a la primera opci贸n, las cosas han ido cuesta arriba a la hora de asegurar el fundamental voto popular. As铆, las consignas del apruebismo oficial parecen decir que nunca hubo un conflicto frontal y de clases y culturas, sino una mal entendida b煤squeda de acuerdos. Nada m谩s desmovilizador. Parece que no se asumieron en serio las tesis que siempre rondaron en los intelectuales de la nueva izquierda, como que el Estado era un campo en disputa y que alcanzar el Gobierno era solo un paso en esa lucha. Alcanzado el Gobierno y funcionando la convenci贸n, la izquierda de Apruebo Dignidad cancel贸 la pol铆tica del conflicto social y se dispuso en tono administrativo, es decir, burocr谩tico.

Aunque ha habido importantes actos de masas a favor del Apruebo, especialmente en los barrios populares, la movilizaci贸n son menores que en a帽os anteriores, y con la derecha m谩s envalentonada en las calles. As铆, una posible desmovilizaci贸n popular contrasta con la fuerte movilizaci贸n del pinochetismo hist贸rico, que s铆 ha planteado el plebiscito en clave de un conflicto del todo o nada contra la izquierda, las minor铆as y todo aquello que huela a pueblo. De esta forma, se ha perdido la posibilidad de hacer del plebiscito un punto de llegada de una lucha pol铆tica que expresa la posibilidad de resolver conflictos hist贸ricos, gruesos y a la vez profundamente materiales: sobre el agua, la tierra, el trabajo y la convivencia entre chilenos e ind铆genas.

Administrar no es transformar

Pase lo que pase el 4 de septiembre, para las clases populares 鈥攅n un ciclo en el que siempre prim贸 el deseo de vencer en conflictos parciales por sobre el de alcanzar el gobierno estatal y desde administrar la crisis鈥 se alcanzan los l铆mites pol铆ticos de su composici贸n. Sin partidos propios, con sus organizaciones sociales debilitadas o divididas y con buena parte de sus cuadros mejor formados destinados a labores de gobierno, no hubo forma de hacer de este plebiscito el hito final en la larga lucha contra el pinochetismo.

Sin un sentido de que algo real se disputa, dif铆cil est谩 para sus franjas organizadas volver a convocar masivamente a las bases de las clases populares, especialmente a la juventud. Salvo algunos sectores de la izquierda radical con presencia en la convenci贸n, especialmente las feministas, pocas fuerzas han planteado en tono dram谩tico la profundidad de las consecuencias pol铆tica de una victoria o una derrota. Lo que resulte va desde afianzar en la Constituci贸n lo que se ha ganado hasta ahora en las luchas sociales o bien volver a quedar en manos de los partidos, de la vieja alianza entre clases medias y oligarqu铆a que ha definido una y otra vez desde el siglo XIX, sin las mayor铆as populares y en acuerdos siempre afines a la explotaci贸n y el autoritarismo elitario, la forma de la sociedad y el Estado.

Puede que si gana el 芦Rechazo禄 de todas formas haya nueva Constituci贸n, y que en ella se establezcan muchos de los derechos sociales que se proponen actualmente, pero lo que ser谩 sin duda derrotado es la pol铆tica plebeya, la legitimidad de su violencia defensiva y no homicida como herramienta pol铆tica, el protagonismo popular e ind铆gena que ha tenido el proceso y que ha sido tan insoportable para la derecha, el empresariado y el criollismo de clases medias. Eso ser谩, de nuevo y de no ganar el 芦Apruebo禄, expulsado moral y materialmente de la polis.

Es el l铆mite de la desigual forma de acceder a la pol铆tica que tienen las clases en el Chile actual. Si la derecha ha logrado penetrar en las clases populares promoviendo el 芦Rechazo禄, con mentiras y discursos abiertamente falaces o violentos y antisociales, es por la ausencia de una construcci贸n material de la pol铆tica de izquierdas entre las clases populares. No hay instituciones que medien la realidad, no hay medios de prensa ni articulaciones instituidas entre los partidos y las clases populares. Si su mentira gana es porque nadie estaba imponiendo la verdad. No se asume que la destrucci贸n neoliberal de la sociedad civil en pos de poner en su lugar el mercado solo se puede superar con la construcci贸n de una red social, una cultura, alternativa. Una sociabilidad alternativa y cr铆tica.

La izquierda, dentro y fuera del Gobierno, ha sido poco m谩s que una alternativa de administraci贸n estatal, que emerge para las elecciones o para exigir reformas haciendo como si el mercado salvaje que domina y da forma a lo social fuese la naturaleza. La izquierda no produce instituciones aut贸nomas para combatir a las instituciones de la 茅lite politizadas a favor del 芦Rechazo禄 como la gran prensa o espacios de autoeducaci贸n. Observa impotente c贸mo se producen esos espacios desde las clases populares 鈥攓ue van desde bares a redes de asociaci贸n y que en la pandemia resurgieron por un breve per铆odo鈥 pero no acompa帽an su constituci贸n en una nueva forma pol铆tica popular, en un nuevo bloque hist贸rico que es, a decir de Gramsci, cuando 芦las  fuerzas materiales son el contenido y las ideolog铆as la forma [鈥 porque las  fuerzas materiales no ser铆an concebibles hist贸ricamente sin forma  y las ideolog铆as ser铆an caprichos individuales sin las fuerzas materiales禄.

La izquierda se relaciona con la nueva sociabilidad popular como proveedor de servicios, como administradora, dentro o fuera del Estado. Sin esa fuerza de una nueva vida social, sin ese movimiento de la vida cotidiana, no se vence.

Punto de inflexi贸n

Porque si observamos la historia sin creer que debe ajustarse a ning煤n ideal republicano, lo que sabemos es que a la pol铆tica van las clases populares no cuando son bien educadas, no cuando se han modernizado, no cuando se han politizado, sino cuando asumen que les sirve. Han aprendido a desconfiar de las promesas lisonjeras de la pol铆tica formal que revisten intereses ajenos y a participar cuando les conviene. En los 煤ltimos a帽os se han comprometido masivamente con el cambio de la Constituci贸n y con la izquierda en las elecciones de todo tipo. Ha sido un camino en que se han fortalecido y se han recompuesto como actor pol铆tico, como fuerza social y pol铆tica.

De ah铆 que la derrota del 芦Apruebo禄 ser铆a peor para las clases populares antes que para cualquier otro grupo social. Ser铆a un golpe bajo la l铆nea de flotaci贸n de una recomposici贸n pol铆tica mucho peor que para las clases medias, cuyos partidos no arriesgan perder total control del proceso constituyente. La movilizaci贸n in茅dita de los 煤ltimos a帽os en torno al cambio constitucional, y antes en las luchas sociales, se ver铆a deslegitimada y en las palabras que el discurso restaurador del pacto de la Transici贸n habr铆a logrado instalar como narrativa. Mientras las clases medias siempre podr谩n resolver este impase en el parlamento, pues el Estado seguir谩 existiendo y su composici贸n pol铆tica est谩 asegurada, las clases populares perder谩n buena parte de lo avanzado.

Una victoria, en cambio, ser铆a un salto adelante: legitimar铆a el proceso pol铆tico dirigido por las clases populares por un tiempo suficiente para superar los l铆mites que ahora las paralizan. No solo abrir铆a un nuevo ciclo hist贸rico constitucional, m谩s democr谩tico e igualitario, sino que adem谩s refundar铆a la rep煤blica y la democracia con el pueblo al medio. Para la izquierda ser铆a un paso enorme. Dar铆a un nuevo aire a las vanguardias de las clases populares para continuar su recomposici贸n y superar las limitaciones hist贸ricas. Es posible mantener la alianza por un tiempo, porque el enemigo de las clases populares seguir谩 siendo la oligarqu铆a y habr谩 obligaci贸n de defender la nueva Constituci贸n, pero eso se podr铆a hacer con fuerza propia.




Fuente: Jacobinlat.com