July 18, 2022
De parte de Valladolor
207 puntos de vista

Ha muerto un trabajador de la limpieza
viaria de Madrid por un golpe de calor.

¿Un accidente? No ¿Consecuencia de la
“crisis climática”? Tampoco.

Es un asesinato.

El pasado viernes 15, un trabajador de la
limpieza viaria de Madrid, contratado por la empresa Urbaser
(propiedad del fondo de inversión Platinum) y que trabajaba en el
lote 5 de la concesión del Ayuntamiento de Madrid (Puente de
Vallecas, Moratalaz, Villa de Vallecas y Vicálvaro), murió después
de un golpe de calor y tras ser trasladado al hospital desde Puente
de Vallecas, que es donde desempeñaba en ese momento sus labores.

El calor extremo que se vive en Madrid cada
verano, cuando alcanzar 40 grados de temperatura durante la tarde es
algo habitual, no ha hecho que las empresas concesionarias de este
servicio pongan ningún tipo de medida de seguridad o prevención que
impida este tipo de sucesos. Trabajando a temperaturas que superan
con mucho lo recomendable desde un punto de vista médico, utilizando
uniformes de poliéster que impiden la transpiración e incrementan
la temperatura corporal en varios grados por encima de la temperatura
ambiente, empujando carros de varios kilos y sometiéndose por lo
tanto a un esfuerzo nocivo a estas temperaturas, no es extraño que
una muerte así tenga lugar.

Como todo el mundo sabe la concesión de los
servicios de limpieza viaria por parte del Ayuntamiento a
determinadas empresas (además de Urbaser, Cespa-Ferrovial,
Valoriza-Sacyr, OHL y ACS, es decir, las grandes representantes de
las empresas de servicios y construcción nacionales) es un gran
negocio para estas. Concretamente, Urbaser ha recibido 233,56
millones de euros por gestionar el lote que incluye Puente de
Vallecas y, dado que el contrato incluye penalizaciones a esta
cantidad por incumplimientos del contrato, las empresas exigen a sus
trabajadores que acudan a la limpieza en cualquier situación, por
nociva que esta resulte para su salud, sea cual sea el riesgo físico
que implique… incluso si es la muerte.

La culpa de esta muerte no la tiene ni el azar
ni las “condiciones meteorológicas extremas” de que habla la
prensa: la tiene la empresa que obligó al trabajador a realizar sus
tareas cuando el riesgo era máximo, que no le proporcionó el
uniforme adecuado para atenuar este riesgo y que no diseñó
correctamente su ruta para evitarle la exposición al calor durante
las horas más duras de su jornada, es decir, la empresa que asume
como un coste laboral incluso el riesgo de muerte de un operario y lo
mide con el coste que hubiera supuesto adecuar sus condiciones de
trabajo a las exigencias de seguridad que implica el calor del
verano, tomando la decisión de aceptar el riesgo de muerte antes que
incrementar el gasto en prevención. La culpa la tiene, igualmente,
el Ayuntamiento de Madrid, que otorga las concesiones, tanto de
limpieza como de cualquier otro servicio que implique el trabajo de
la mano de obra proletaria, sin responsabilizarse de las condiciones
de seguridad que impongan las empresas concesionarias, sin exigirles
garantías de ningún tipo a este respecto… Hace pocos días saltó
la noticia de que la Comisión Nacional de la Competencia había
detectado que las principales constructoras del país, entre ellas
algunas de las concesionarias del servicio de limpieza de Madrid, por
constituir un cártel destinado a repartirse los contratos públicos
desde 1992, ejemplo de la naturaleza de la relación entre el sector
público y privado: el Ayuntamiento de Madrid, como el conjunto del
Estado, sabe perfectamente a quién y en qué condiciones da sus
contratos.

Finalmente, los culpables de esta muerte son
también las organizaciones sindicales que, conociendo de primera
mano la situación que padecen los trabajadores de la limpieza se han
limitado a lanzar lastimeras quejas, completamente inútiles, porque
son perfectamente conscientes de que su labor es garantizar la paz
social dentro de las empresas incluso cuando esto implica una amenaza
a la propia vida de los proletarios.

El trabajador muerto en Puente de Vallecas es
otra víctima más de la barbarie capitalista, para la cual la vida
de los proletarios tiene sentido únicamente como parte de los
negocios: una vida nunca puede tener más valor, para cualquier
burgués o para cualquier empresa, que el beneficio que se puede
obtener con ella y ante el riesgo de perder este, perfectamente se
puede correr el riesgo de que un obrero pierda su vida.

Para la clase proletaria, la vida tiene valor,
también, únicamente a condición de lograr vender su fuerza de
trabajo a un patrón: sin el salario, sin el sueldo que se cobra por
empeñar las horas necesarias en un trabajo, la vida pierde su
sentido porque no se puede mantener. Es por esto que los proletarios
se ven, en principio, obligados a trabajar en cualquier
circunstancia, a aceptar las condiciones laborales más duras: porque
no hacerlo significa el paro, la miseria, la falta de casa y el
hambre, para ellos y para sus familias. Mientras la clase proletaria
permanece sometida a las exigencias empresariales, sabe perfectamente
que estas pueden endurecerse en cualquier momento, a gusto de la
patronal, si es necesario para que el beneficio que esta obtiene de
explotar la mano de obra empleada se mantenga a los niveles
adecuados. Y es por ello que una muerte así, a los trabajadores, a
los compañeros del fallecido o al resto de aquellos que padecen
condiciones similares, les resulta sumamente doloroso pero no
extraño.

Pero, de la misma manera que los proletarios
padecen esta necesidad de someterse para vivir también pueden sacar
de ella las lecciones que les permitan luchar para lograr una vida
mejor. La misma fuerza que se empeña en salir adelante cada día, en
hacer de tripas corazón para aguantar unas condiciones de trabajo
tan duras, es la fuerza que la clase proletaria puede emplear en
enfrentarse a su enemigo más directo, a la patronal, y a sus
aliados, en defensa de unas condiciones de vida mejores, tanto sobre
el terreno salarial como sobre el de la seguridad y la prevención
laborales.

Los mismos trabajadores de la limpieza viaria
de Madrid han demostrado ya en alguna ocasión que su fuerza, cuando
se lanzan a la lucha, es inmensa. En 2013, por ejemplo, en medio de
la mayor crisis económica que se recuerda, cuando las empresas
concesionarias del nuevo contrato firmado con el Ayuntamiento aquel
año exigieron realizar más de mil despidos, los trabajadores se
negaron a aceptarlos y se lanzaron a una huelga de 13 días en la que
mostraron una fuerza que logró hacer retroceder a las empresas.
Durante el tiempo que duró la huelga, los trabajadores no sólo
afrontaron la falta de salario, sino también la presión continua
del conjunto de la burguesía que se esforzó en no retroceder ni un
centímetro: sacó a su policía a la calle, cargando contra las
manifestaciones, deteniendo ilegalmente a miembros de los piquetes,
chantajeando a los servicios mínimos, etc. Utilizó, igualmente,
toda la presión que pudo haciendo que la prensa predispusiese al
resto de los trabajadores contra los huelguistas, llamándoles
criminales… Pero, pese a todo, la unión de los proletarios en la
lucha, su capacidad para utilizar medios y métodos clasistas, les
permitió lograr una victoria, al menos parcial.

Este tipo de ejemplos de lucha en los que los
trabajadores rompen con la política de colaboración entre clases
que es la norma tanto a nivel general como a nivel particular, en
cada empresa, muestra que la fuerza que da la determinación a no
ceder ante las exigencias de la patronal, ante las condiciones de
vida y de trabajo que busca imponer, es donde reside la verdadera
capacidad de los proletarios para escapar del destino que les depara
la clase burguesa, que sólo por esta vía pueden evitarse sucesos
como la muerte del trabajador del pasado viernes.

Pero la burguesía, que es plenamente
consciente de que los proletarios llevan consigo esta capacidad de
romper con las cadenas que les aprisionan, cuenta con muy buenos
aliados a los que empeña en la tarea de redoblar la presión sobre
la clase trabajadora, de confundir sus intereses, de reforzar por
cualquier medio ese gran pacto social por el que los proletarios
ponen su trabajo y su vida para que los burgueses recauden el
beneficio. En este caso, hemos visto como las grandes organizaciones
sindicales, CC.OO. y UGT, han “lamentado” la muerte el operario
quejándose de que sus peticiones a la empresa habían sido desoídas…
¿Han convocado a los trabajadores tan siquiera a un paro en
solidaridad? ¿Les han llamado a cualquier tipo de lucha? No. Se han
limitado a reforzar la ilusión de que es posible mantener un acuerdo
con la patronal que evite estas situaciones, algo que, con un muerto
aún reciente, es evidente que la patronal no está dispuesta a
conceder si no se lucha contra ella.

Por su parte los partidos de izquierda, del
PSOE a Podemos, también han “lamentado” esta muerte y han
pedido… una investigación para aclarar las causas. Por encima de
todo y en primer lugar, de nuevo, inculcar la idea de que es posible
la convivencia en paz entre proletarios y burgueses, que será
posible evitar las muertes en el trabajo, los accidentes laborales,
el deterioro de las condiciones de trabajo, etc. confiando en los
organismos de mediación que el Estado burgués posee.

Mención aparte merece la reacción de Yolanda
Díaz, ministra de trabajo y recambio institucional de Podemos, que
ha afirmado vía redes sociales que la crisis climática, cada vez
más, es incompatible con la vida. Nos toca hacer cambios profundos
para protegernos y proteger el planeta.
En el colmo del cinismo y
la crueldad, esta fiel defensora de los intereses de clase de la
burguesía, culpa al cambio climático de la muerte de un obrero.
Como si el calor del verano no fuera previsible, como si los ritmos
de trabajo a pleno sol no fuesen responsabilidad de la patronal…
Con la consigna del cambio climático, esa especie de bandera con la
que se pretende reforzar la unión entre clases en un momento en que
todo parece indicar que tiende a resquebrajarse, se busca que los
proletarios sientan que están en el mismo barco que los burgueses,
que ambas clases sociales padecen de la misma manera una situación
idéntica para las dos… Pero la “crisis climática” no es
necesaria para explicar lo sucedido: basta con remitirse a la
política criminal de la burguesía y sus aliados de la izquierda en
el gobierno para ver a los verdaderos responsables.

La clase proletaria no puede confiar más que
en sí misma para hacer frente a este tipo de situaciones. Sólo la
fuerza que posee como clase que puede luchar, que puede ser realmente
una amenaza para el resto de clases sociales que viven de su trabajo,
representa una esperanza para ella. Tarde o temprano, deberá
recurrir esta fuerza si no quiere verse reducida a una terrible
situación que no hará sino empeorar más cada vez.

Contra la nocividad en el trabajo, los
accidentes laborales o la falta de medidas de seguridad, sólo hay
una vía que tomar:

Hoy le ha tocado a un compañero de trabajo,
mañana nos puede tocar a cualquiera, en la calle, en la fábrica, en
el transporte, en el campo… Su asesinato nos incumbe a todos. ¡Su
muerte no debe ser olvidada!

¡La reanudación de la lucha de clase
proletaria!

¡La defensa intransigente de las
condiciones de vida y lucha de los proletarios!

¡Contra cualquier ilusión de convivencia
entre la clase obrera y la burguesía!

 

Partido Comunista Internacional (El
Proletario)


16-07-2022 – www.pcint.org

 





Fuente: Valladolorentodaspartes.blogspot.com