June 17, 2021
De parte de Briega
201 puntos de vista


Estos días, en Italia ha pasado un hecho insólito: una carta ha conmocionado y avergonzado tanto al país que ha obligado a todos los políticos a posicionarse contra el racismo. También, desafiando nuevas cuotas de cinismo, los de los partidos que han hecho bandera de la xenofobia y el racismo, como por ejemplo la Liga de Matteo Salvini y el partido postfascista Hermanos de Italia. La carta, que relata el dolor y el intenso malestar psicológico que provoca el racismo, la escribió Seid Visen, italiano de origen etíope, exjugador juvenil del Milán, muerto por suicidio el 4 de junio a los 20 años. La había enviado a sus amigos íntimos y a su psicóloga en 2019. Quienes conocían bien a Seid decidieron leerla durante su funeral. Las reflexiones que el joven escribió sobre el auge del racismo y el fascismo en Italia son de una profundidad conmovedora.

Seid, que fue adoptado por una pareja de italianos blancos cuando tenía 7 años, dejó escrito cómo ha se ha sentido un chico negro viviendo en Italia los últimos años, en que la extrema derecha ha tomado tanta fuerza. “Siento las miradas de asco por todas partes donde voy”, explicaba. El dolor y la perplejidad de ver como se normalizaba el fascismo, cómo incluso miembros de su familia “alababan a Mussolini o al capitán Salvini”. O cómo aquellos a quien consideraba amigos hacían vivas a la organización neofascista CasaPound.

Seid tuvo que dejar el trabajo porque había demasiados clientes que rechazaban que los sirviera él. Le reprochaban que ocupaba un lugar de trabajo que tendría que ser “para un italiano”. La contradicción de sentirse italiano; el peso de no parecerlo. Después de aquello, para sus adentros algo cambió: “Cómo si en mi cabeza se hubieran creado automatismos inconscientes, como si me avergonzara de ser negro, tuviera miedo de ser confundido por inmigrante y tuviera que demostrar que era como ellos, italiano, blanco”, explicaba. Llegó a hacer bromas racistas contra los inmigrantes para intentar diferenciarse: “Era por miedo. Miedo al odio que veía en los ojos de la gente de mi entorno contra los inmigrantes.”

Los amigos han querido hacer pública su carta para denunciar el dolor que arrastraba a causa del racismo, así como su sensibilidad. Los padres, en cambio, que se han sentido señalados, han querido desmarcarse. “No se ha suicidado por racismo. Era un chico estimado y querido. Su funeral lleno de gente lo demuestra”, dijo el padre. La madre añadía que el confinamiento había hecho estragos en el ánimo sensible de Seid. La extrema derecha se ha aferrado en las declaraciones de los padres desconsolados para negar la denuncia de Seid, negar el racismo en Italia y negar haberlo atizado.

Sin embargo la carta de Seid ha puesto un espejo frente al país y todos los partidos se han visto obligados a responder. “La desesperación de este chico es una mancha que tiene que cubrir de vergüenza a todo el que cultive el desprecio hacia el otro”, dijo la ministra berlusconiana Mara Carfagna. “Pedimos perdón”, escribió el demócrata Enrico Letta. “Muchos tendrán que reflexionar sobre el peso de las palabras. A veces, matan. Un dolor inmenso. Descansa en paz, Seid”, tuiteó la portavoz del partido de Bepe Grillo Lucia Azzolina.

Cuando Seid escribió la carta, en Italia estaba, desde hacía meses, el gobierno de la Liga y el Movimiento 5 Estrellas, que significó la institucionalización del racismo. Crecieron exponencialmente los ataques racistas –y el aumento no se ha parado–, hasta el punto de que se puso de moda el “tiro al negro” al grito de “¡Viva Salvini!”. El entonces ministro del Interior definía los refugiados como “carne humana”, se burlaba de los naufragios en que morían criaturas, hablaba de una “invasión de inmigrantes que quieren aniquilar la raza blanca”, proponía un censo étnico de gitanos para ver cuántos podía expulsar y citaba a Mussolini. ¿Y sus socios? Lo defendían: “No es verdad que desde el gobierno se atice el racismo”, dijo el vice primer ministro del Movimiento 5 estrellas Luigi di Maio. También negó el aumento de los ataques racistas: “Es una exageración de los medios. En Italia no hay ningún problema de racismo”, aseguraba, ante la indignación de la comunidad negra. Las palabras de Seid han puesto de acuerdo por primera vez a todos los partidos –excepto a la extrema derecha–: sí, como denuncian hace tiempo quienes lo sufren, Italia tiene un problema con el racismo. Y nadie ha sabido afrontarlo.

LAS FRASES

Por todas partes donde voy, siento las miradas de asco de las personas por mi color de piel
Seid Visen
Carta escrita en 2019

Pensad en Seid cuando hacéis bromitas sobre el color de la piel o discursos cínicos sobre los inmigrantes
Claudio Marchisio
Exjugador de la Juventus

Moussa Baldo, víctima del racismo

El pasado 23 de mayo, Moussa Baldo, de 23 años, apareció colgado en el centro de repatriación de Turín. Había llegado a Italia escapando de la situación política de Guinea y había empezado a estudiar. En Impera, se hizo querer enseguida y se incorporó al tejido asociativo local. Sus amigos lo recuerdan intelectualmente inquieto y sensible. Después de años de intentar sin éxito obtener asilo, malvivía en Ventimiglia. Allí el 9 de mayo, mientras pedía limosna ante un supermercado, tres italianos lo apalearon brutalmente. “¡No ha hecho nada! ¡Lo mataréis!”, gritaban desesperados los vecinos que filmaron la agresión racista. El sistema falló: las autoridades decidieron expulsarlo sin ninguna asistencia ni explicación. Gravemente herido y psicológicamente destrozado, privado de libertad y a punto de ser deportado al infierno de qué había huido. Según el abogado de la familia, en el centro se le vulneraron todos los derechos, y se ha abierto una investigación por homicidio involuntario, secuestro y abuso de autoridad.




Fuente: Briega.org